15 marzo, 2006

CONTENIDO


Contenido

Prefacio

I. RESEÑA HISTÓRICA

1. Desde la Antigüedad hasta Mesmer
2. Desde Mesmer hasta Braid
3. Desde Braid hasta el período de decadencia del hipnotismo
4. Período de decadencia del hipnotismo
5. Bibliografía

II. EL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades
1. Importancia de las relaciones hipnóticas en la infancia
2. Relaciones hipnóticas de la vida diaria
3. El significado de la profundidad hipnótica
4. La sugestionabilidad y la hipersugestionabilidad
5. Bibliografía

III. FENOMENOLOGÍA DEL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades
1. El “Sueño” hipnótico
2. Cumplimiento de las sugestiones “Post-hipnóticas”
3. Fenómenos motores
4. Fenómenos sensoriales
5. Fenómenos viscerales
6. Desempeño de papel
7. Acerca de la naturaleza de los fenómenos hipnóticos
8. Bibliografía

IV. LA INDUCCIÓN DEL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades
1. Inducción hipnótica mediante el procedimiento normal o directo
2. Inducción del estado hipnótico mediante procedimientos indirectos
3. Hipnotizabilidad
4. Acerca de las demostraciones teatrales de hipnotismo
5. Bibliografía

V. HIPNOTISMO Y PSICOTERAPIA

1. Breve reseña de algunos puntos fundamentales
2. Técnica de la hipnoterapia
3. Campo de aplicación de la hipnosis terapéutica
4. Hipnoterapia de la vida diaria
5. Bibliografía

VI. ALGUNOS PRICIPIOS DE LA HIPOTERAPIA

1. Resumen de nociones básicas
2. El balance emocional y su importancia
3.La ansiedad por bloqueo temporario de relaciones hipnóticas principales
4.Criterio de curación
5.Bibliografía

VII. UN NUEVO ENFOQUE DE LA HIPNOSIS EXPERIMENTAL Y TERAPÉUTICA

1. Idem
2. Bibliografía

I-PREFACIO

EL HIPNOTISMO DE HOY

Galina Solovey y Anatol Milechnin
(1965)

“...Relegar al hipnotismo al gabinete del médico es, por los tanto, desconocer su verdadera significación.”
W. Wundt

“No solamente todo médico práctico y todo médico científico, sino también todo abogado, sacerdote y en general toda persona que tiene ansias de aplicar su conocimiento de la humanidad al beneficio del público debe tener un gran interés por el hipnotismo.”
W. Preyer

PREFACIO

La Sociedad de Hipnosis Clínica y Experimental de los Estados Unidos de Norteamérica hizo un análisis de todas las publicaciones referentes al hipnotismo de los años 1950 y 1951 y llegó a la conclusión que de 150 artículos y libros sobre este tema, solamente 35 merecían ser resumidos, mientras los restantes no tenían nada que ver con el hipnotismo contemporáneo , no haciendo más que repetir las ideas erróneas, las fantasías y los prejuicios del siglo pasado.

Las bibliotecas del mundo continúan llenas de libros de esta índole, y son muchas las personas que han obtenido sus conocimientos y formado sus opiniones con el material recogido de estas fuentes anticuadas.

Aún en el día de hoy pueden encontrarse en diversas revistas, médicas como populares, artículos escritos acerca del hipnotismo por individuos que jamás vieron personas hipnotizadas, salvo en el teatro, y que solamente se basan en la vieja literatura y los relatos populares.

Esta situación es comprensible, porque la interpretación del hipnotismo que existía en el siglo pasado ha persistido casi sin modificación hasta los últimos diez años, y sólo muy recientemente, las investigaciones y la comprensión del hipnotismo han avanzado con gran rapidez. La comprensión que existía hasta hace poco difiere tanto del hipnotismo contemporáneo, como la penicilina de la aplicación de cataplasmas en el siglo pasado.

El objeto de este libro es el de exponer los conceptos más nuevos acerca del hipnotismo, existentes en el mundo científico, en cuanto a su naturaleza, sus fenómenos, su inducción y su utilización terapéutica, depurados de toda leyenda, de todo misterio y de todo prejuicio.
Los Autores.


1. Desde la Antigüedad hasta Mesmer

Si se comprende el estado hipnótico como el conjunto de manifestaciones psicofisiológicas que sobrevienen en cualquier estado emocional de intensidad aumentada, y se define la inducción hipnótica como cualquier procedimiento que pueda desencadenar e intensificar una reacción emocional en el individuo, resulta obvio que el ser humano ha experimentado e inducido el estado hipnótico desde el momento de su aparición sobre la tierra.

No ha de extrañar que el aspecto más común y corriente del estado hipnótico (aquel que describiremos como “el hipnotismo de la vida diaria”) haya pasado sin ser reconocido hasta tiempos muy recientes. Por lo general, suele haber poca inclinación a analizar lo que es completamente “normal” y cotidiano; y estos estados hipnóticos relativamente poco profundos no son más que una parte integrante de nuestra vida psicológica de todos los días.

En cambio, desde los tiempos más remotos, se prestó considerable atención a algunas de las manifestaciones más espectaculares del estado emocional hipnótico de intensidad mayor que la habitual, sobre todo cuando la intensificación emocional era lograda por procedimientos muy especiales y relativamente dramáticos, los cuales han diferido de acuerdo a las épocas, los pueblos, las tribus, etc.

Cabe suponer que el hombre primitivo no tardó en percibir que, en el cumplimiento de ciertos rituales de canto, baile, música, pases misteriosos y palabras supuestamente mágicas, él o sus semejantes podrían presentar de modo individual o colectivo, ciertas formas realmente notables de comportamiento. Llegaban, por ejemplo, a insensibilizarse al dolor, a adquirir una marcada resistencia al cansancio hasta el grado de alcanzar una catalepsia, a ver (alucinar) “visiones”, a entrar en un estado algo similar al sueño, y a lograr la curación de ciertos trastornos, no solamente funcionales sino también orgánicos.

Estas observaciones impresionaron tan profundamente a la mente primitiva que, desde los albores de la historia, se supuso que las personas que tenían facilidad para entrar en el estado que hoy denominamos auto-hipnótico estaban dotadas de un poder de comunicarse con los dioses, y que aquellas que podían estimular (inducir) este estado en otros tenían poderes mágicos sobre sus congéneres. Tales personas quedaron rodeadas de un aura de ritos y supersticiones de donde surgieron, con toda probabilidad, los primeros sacerdotes y los primeros curanderos.

En lo esencial, las explicaciones de estros fenómenos de comportamiento han variado relativamente poco hasta los dos últimos siglos. La tendencia general ha consistido en vincularlos con el misticismo y la magia. Aun en el día de hoy tal tendencia no ha sido totalmente superada.

Hay interesantes documentos de antiguas civilizaciones referentes a hechos que pueden ser relacionados tanto con la inducción hipnótica como con la obtención de diversos fenómenos de comportamiento, propios de estados hipnóticos lo suficientemente intensos.

En la China del siglo 18 A.C. , según datos de Paton, (1) la entrada colectiva en estado hipnótico solía tener lugar en las ceremonias de culto a los antepasados. Para lograr la debida exaltación emocional en sus participantes, estas ceremonias comenzaban con música de campanas, tambores, instrumentos de cuerda, y flautas, pasándose luego a un baile rápidamente giratorio que conducía a un frenesí de convulsiones, saltos, y corridas desenfrenadas, hasta que alguien, capaz de tener alucinaciones visuales o auditivas, llegaba a “comunicarse” con el espíritu de los desaparecidos.

En el antiguo Egipto había templos en los cuales se procuraba lograr un estado hipnótico manifestado por un sueño aparente. Se ha encontrado un papiro de 3000 años de antigüedad que describe un procedimiento empleado en ese entonces que no difiere mayormente de los procedimientos que se emplean en la actualidad. A la vez, un bajo relieve hallado en una tumba de Tebas muestra a un sacerdote egipcio “hipnotizando” a un paciente.

Esta inducciones hipnóticas en los “templos de sueño” intensificaban principalmente las reacciones emocionales de tranquilidad, serenidad, seguridad, sosiego, etc., que hoy llamamos estados emocionales “positivos” o “estabilizadores”.

Pero, por otro lado, estaban las prácticas de los fanáticos derviches de Egipto, que lograban la intensificación de emociones de excitación (reacciones emocionales “negativas” o “alteradoras”) mediante violentos bailes ritualísticos que daban lugar a un “extasis” caracterizado, según informa Lane (2) por los fenómenos hipnóticos de catalepsia e insensibilidad al dolor.

Algunos de los mantras de la India, en sánscrito, mencionan los procedimientos que empleaban los faquires y santones para desarrollar estados auto-hipnóticos, en la creencia que éste era un medio de adquisición de poderes curativos.

Glasner (3) hizo recientemente un estudio cuidadoso de las numerosas alusiones al hipnotismo que se encuentran en la Biblia y en el Talmud. Cita, entre otros ejemplos, las danzas rituales de los sacerdotes de Baal, con netos efectos auto-hipnóticos, las inducciones hipnóticas individuales o colectivas logradas por los profetas, las “visiones” con características de alucinaciones hipnóticas, etc., etc.

Posteriormente, los griegos adoptaron los “templos del sueño” de los egipcios, efectuando en ellos el culto a Asclepio, dios de la medicina. En las ruinas de Asclepión de Epidauro en Grecia Central, como en otros famosos templos de Cos, Trica, Pérgamo, Lebena, Corinto y Atenas se han encontrado muy instructivas tabletas con inscripciones y bajo relieves dejados por pacientes hace dos mil años.

Según las informaciones recogidas (4 y 5), el procedimiento seguido en esos templos para inducir el “sueño” hipnótico y aprovecharlo con fines terapéuticos, tenía sutilezas y complejidades muy afines a las que constituyen el arsenal de los psicoterapeutas modernos.

El paciente ya solía desarrollar una reacción emocional de cierta intensidad en las etapas “preparativas” de “sueño curativo”, las cuales consistían en una larga peregrinación a través de espinosos caminos, seguidas por oraciones colectivas en un ambiente de gran solemnidad y en un baño purificador con aceites aromáticos en la víspera. El momento culminante sobrevenía cuando el paciente, después de haber bebido un vaso de vino (posiblemente medicado) entraba en un “extraño estado intermedio entre el sueño y la vigilia”, (4) en el cual se le aparecía una apacible figura vestida de blanco que le hablaba con voz suave, limitándose, frecuentemente, a frases de poco sentido, enumerando las cualidades del dios.

Las inscripciones encontradas revelan que en los templos de Asclepio se hicieron curaciones de parálisis, epilepsia, ceguera, hidropesía, heridas, cefaleas, esterilidad, dispepsias, reumatismos, y muchas otras enfermedades. Seguramente, muchos enfermos veían en Asclepio su último recurso y, según palabras de Bender, (4) respondían a “las influencias espirituales y psicosomáticas encontradas en los asclepiones”.

Por otro lado, los Druidas o casta sacerdotal de los Celtas de la antigua Bretaña recurrían corrientemente a la inducción hipnótica mediante rimas y encantaciones. Llevando al sujeto a un “sueño mágico”, le hacían ver visiones supuestamente proféticas, dominar sus pasiones, rectificar sus engaños, o entrar en un estado de muerte aparente, (6) correspondiente a lo que hoy llamamos estado hipnótico estuporoso.

Muchas de estas variadas prácticas que hacían uso del hipnotismo en la antigüedad han persistido hasta la fecha en ciertas tribus o unidades sociales que pueden ser calificadas de “primitivas”. El interesante material recogido por Bender, (4) Acherknecht, (7) Rivers (8) y Williams, (9) revela que estas tribus todavía no hacen distinción entre medicina, magia y religión. En ellas se comprende la enfermedad como un hecho sobrenatural y se la trata por medio de ceremonias mágico-religiosas en las cuales pueden encontrarse elementos fisio y psicoterapéuticos bien definidos. Es bien comprensible que estas ceremonias produzcan una exaltación emocional, a la cual el hombre primitivo parece ser excepcionalmente susceptible, confiriendo así a los pacientes un intenso matiz emocional de seguridad y optimismo, que favorece sus defensas frente a enfermedades no solamente funcionales sino también orgánicas.

En el Círculo Ártico, la exaltación emocional (estado emocional hipnótico) es lograda en un ambiente de oscuridad mediante el toque continuo de tambores, el canto y los bailes. Se eligen como shamanes (sacerdotes) precisamente a aquellas personas que han demostrado tener facilidad para lograr ciertos fenómenos hipnóticos. El requisito principal es que puedan lograr uja catalepsia que les permita permanecer rígidos e inmóviles durante largo tiempo, en un estado catalogado como “éxtasis”.

El shaman suele estimular la entrada colectiva en estado hipnótico de quienes le rodea, procurando a veces que experimente alucinaciones (“visiones”) o que asuman algún determinado papel. Este último hecho caracteriza la práctica popular de las “posesiones”..

En varias partes de África se recurre a la adoración del fuego, a los cantos, a los bailes.

En Bali se ha cultivado un arte muy especial para la inducción hipnótica que ha sido descrito y fotografiado por numerosos observadores.
Es igualmente importante el papel del hipnotismo en las peculiares experiencias de los yoghis en la India. Behanon (10) ha hecho un estudio sobre estas experiencias, comparando la terminología Oriental y Occidental para la descripción de hechos similares.

Un éxtasis cataléptico muy similar al de los yogis- que permite permanecer e una actitud extraordinaria por largo tiempo- es también logrado por los monjes cristianos del monte Athos.

Son particularmente interesantes las pintorescas ceremonias mágico-religiosas-terapéuticas de los indios navajos del sudoeste de los Estados Unidos (11,12,13,14) acerca de las cuales hay una abundante literatura. En ellas se conservan también todos los elementos de danzas sagradas, magia, oraciones, himnos y racionalizaciones, que constituyen los ingredientes de la medicina primitiva, destinada principalmente a inducir un estado emocional intensificado (hipnótico) propicio para la curación.

Dice acertadamente Bender (4) que, si bien la medicina primitiva parece extraña, aun absurda, para el observador moderno, ella no solamente es significativa y lógica dentro del ambiente de una sociedad primitiva, sino a la vez resulta lo suficientemente eficaz como para resistir el embate de la ciencia moderna.

Hoy en día, Carrel (15) ha hecho meditar al hombre moderno, destacando como ciertas actividades de profunda significación emocional, entre ellas el estado de oración, “pueden causar modificaciones anatómicas así como funcionales en los tejidos y órganos”.

Es digno de destacarse que, aunque en el día de hoy, y dentro de las grandes ciudades progresistas del Brasil, han fracasado los esfuerzos por desarraigar las ceremonias de neto corte primitivo que constituyen las “macumbas”. Estas se valen no solamente del canto, del tabaco, y de un batir especial de tambores (en un ambiente de multitud que favorece mucho la intensificación emocional), sino también de los mismos toques de cuello, torax, y otras regiones del cuerpo que se utilizan para la inducción hipnótica con fines terapéuticos y experimentales en el moderno procedimiento de la “Letargia”, promovido por el Hermano Vitricio y la Asociación Brasileña de Estudios Letárgicos.

¿Cuándo apareció la primera tendencia al análisis crítico del estado hipnótico y de sus fenómenos, precursora del estudio científico de los mismos?

Ya en la Edad Media, mientras todavía imperaba el dogmatismo y estaba muy restringido el derecho de dar a los hechos otra interpretación que no fuese la oficialmente aceptada por la Iglesia, algunos espíritus intuitivos y atrevidos tuvieron el valor de afirmar que los llamados “milagros” de ese peculiar estado que hoy llamamos estado hipnótico, eran debido al poder de la imaginación y de la fe.

Repitiendo un concepto ya expuesto por los antiguos griegos, el gran Avicena ya había sostenido en el siglo X que la imaginación es capaz de enfermar o curar.

Más tarde, el célebre filósofo italiano, Pomponatio de Mantua, que vivió entre 1462 y 1525, escribió las siguientes notables palabras: “No es increíble que la salud pueda ser producida al exterior por el alma que la imagina, así como ella lo desea...Hay hombres que tienen propiedades salutarias poderosas. Estas propiedades se exhalan por la fuerza de la imaginación y del deseo, y producen efectos notables sobre los cuerpos que las reciben”.

El obispo de Angers, al exorcizar en 1599 a la paciente Marta Boissier, a quien se suponía poseída del demonio, pidió que le alcanzasen el libro de exorcismos, pero en vez de leer el correspondiente conjuro, recitó versos de la Eneida, logrando el mismo efecto de excitación emocional y convulsiones que se solía obtener con la ceremonia del exorcismo (16).

Otra corriente ideológica de la misma época sostenía que los supuestos milagros eran producidos por fuerzas naturales de índole física. Así Paracelso (1493-1541) admitía la existencia de un fluido desconocido, mediante el cual el hombre podría ejercer influencia tato sobre sus semejantes como sobre objetos inanimados, afirmando a la vez que la imaginación puede ejercer efectos saludables o mórbidos, determinando así curaciones o enfermedades.

En su “Philosophia Sagax” hizo la notable declaración de que toda ceremonia , conjuro, palabra o signo será de poco valor si el que opera no aporta la tensión psíquica requerida. Destaca que el verdadero poder mágico reside en la fe- que no es una mera opinión o adhesión espiritual-sino una fuerza que estimula el espíritu y cura enfermedades.

La teoría, insinuada por Paracelso, de que el imán puede ejercer acción sobre las enfermedades fue desarrollada por el afamado médico y químico belga, Van Helmont, (1577-1644) quien dio el nombre de “magnetismo” a la “acción física de las ideas sobre los seres vivientes, por intermedio del principio vital”,

Pero pese a tales ideas, expuestas por personalidades aisladas, prevalecía netamente el ambiente de magia y milagrerío.

El público seguía creyendo firmemente en el poder curativo de índole sobrenatural que emanaba del “toque” o de la “imposición de manos” de reyes y de barones. Consta en la historia que a veces eran los propios reyes quienes menos creían en su supuesto poder. Así, en los comienzos del siglo XVIII, Guillermo de Inglaterra solía decir a los pacientes que tocaba: “Dios te dé mejor salud y más sentido común”.

El mismo procedimiento de toques fue explotado por numerosos taumaturgos, entre los cuales adquirió especial renombre Valentino Greatrakes en el siglo XVII.

Un siglo más tarde se hizo extremadamente célebre el sacerdote exorcista Josef Gassner, quien realizaba curaciones apareciendo ante sus enfermos ataviado con un impresionante ropaje negro, hablando en latín, blandiendo un crucifijo y ordenando a los demonios que saliesen. En el estado emocional así logrado, muchos de sus pacientes caían e un desmayo o en convulsiones, alcanzando aun el aspecto alarmante de una muerte aparente(que hoy describiríamos como el estado estuporoso que resulta de una intensificación emocional extrema, correspondiente a la profundidad máxima del estado hipnótico).

La actuación del Padre Gassner fue observada con sumo interés en el año 1770 por Franz Mesmer, quien no se dejó seducir por la interpretación demoníaca de los fenómenos de comportamiento y de las curaciones logradas, sino prefirió pensar en una fuerza curativa de índole física que no tendría por qué ser sobrenatural. El desarrollo de esta línea de pensamiento hizo que Mesmer marcase una nueva época en la historia del hipnotismo.

2. Desde Mesmer hasta Braid

Se ha escrito mucho acerca de Mesmer, y se ha criticado con mucha severidad a este pintoresco personaje, olvidando muchas veces que él vivió en una época muy especial de la historia: una época en que sobrevino un violento movimiento de péndulo desde el extremo en que se aceptaba toda clase de superstición y milagrerío, hasta el extremo opuesto, de positivismo no menos ingenuo, que negaba admitir, todo aquello que no podía ser tomado entre los dedos, medido, o matemáticamente demostrado.

Franz Antón Mesmer nació el 23 de mayo de 1733 en Suabia. Desde su juventud, mostró gran capacidad para el estudio, y su familia le proporcionó las mejores oportunidades para su instrucción. Empezó estudiando e un monasterio jesuita, luego cursó leyes, obtuvo un doctorado en filosofía, y por último, ingresó en la Facultad de Medicina de Viena, en la cual se graduó en 1766.

En esos tiempos, antes de haber presenciado la demostración de hipnotismo que determinó el curso de su vida, Mesmer estaba particularmente interesado en una hipótesis, ya expuesta e el siglo XV por Paracelso, como también por Hell, Kirchner y otros, que admitía la existencia de una fuerza universal, de naturaleza desconocida, que llenaba el Universo e influía a la vez sobre los planetas y los seres vivientes. Sus razonamientos sobre este tema están documentados e su tesis doctoral “De planetarum influx”, escrita en 1765.

Después de haber observado los fenómenos hipnóticos provocados por el Padre Gassner, le fue relativamente fácil incorporarlos a su hipótesis físico-astrológica que ya tenía elaborada, y de aquí provino su famosa doctrina magnética, cuyas bases son la siguientes:

El cuerpo humano- según Mesmer- estaría formado por la misma sustancia que constituye el Universo y estaría atravesado por el mismo fluido sutil que llena los espacios celestiales Tal fluido habría de pasar por vía del sistema nervioso, en armonía con su movimiento a través del Universo. El mantenimiento de esta corriente armónica daría salud, y toda perturbación de la misma ocasionaría enfermedad. Por consiguiente, todas las enfermedades tendrían un mecanismo común, y se necesitaría siempre la misma terapéutica para restablecer la armonía perdida.

Estas ideas, que constan en los Aforismos de Mesmer (17) publicados en 1785, eran muy aceptables en aquella época. Una teoría fluidística resultaba satisfactoria tanto para los filósofos que buscaban el “imponderable primordial”, o “la sustancia universal que constituye la esencia misma de Dios”, etc. etc., como para los científicos que se interesaban por los estudios de Franklin sobre el fluido eléctrico.

Para aplicar la teoría mesmeriana a la práctica, se requería un medio para concentrar y dirigir este supuesto fluido. Un jesuita célebre, el Padre Hell, aconsejó a Mesmer que utilizara un imán para este fin, el cual, de acuerdo con las ideas de Van Helmont y Maxwell, representaría la fuerza de gravitación que mantiene el equilibrio del Universo.

Mesmer acogió la idea, pero pronto descubrió que el imán no le era necesario, pues bastaba la sola influencia de su persona para obtener los efectos curativos deseados. Para explicar este sorprendente hecho, supuso que existirían algunos seres especiales que tendrían la particularidad de ser “magnetizadores”, resultando capaces de influir sobre el flujo magnético de otros individuos.

Haciendo una serie de pases a lo largo del cuerpo de su paciente, a la vez que estimulaba su confianza e el procedimiento, Mesmer lograba que sus enfermos riesen, llorasen, durmiesen o entrasen en catalepsias o convulsiones. A Mesmer le interesaba muy especialmente desencadenar una “crisis” convulsiva, pues dice en sus Aforismos (17) que “ninguna enfermedad cura sin crisis” (Aforismo 333).

Mesmer obtuvo un éxito sensacional en el tratamiento de Franziska Oesterlin, una joven que sufría trastornos diversos, incluyendo desmayos, estados de melancolía, retenciones de orina, parálisis transitorias y crisis convulsivas. Pronto comenzaron a afluir los pacientes, y la fama de Mesmer a resonar. El público de Viena lo quería mucho y tenía una fe enorme en él. Mesmer reconoció la importancia de esta fe como una condición esencial para que el desconocido “fluido” pasase al paciente.

Pero fueron precisamente sus éxitos los que trajeron su desgracia. Los colegas de Mesmer lanzaron un ataque contra su procedimiento tan heterodoxo. El golpe de gracia sobrevino cuando Mesmer trató en 1777 a la joven María Teresa Paradis, una talentosa pianista ciega, muy conocida en Viena, hija del secretario del Emperador y ahijada de la Emperatriz María Teresa, quien le había otorgado una pensión. Esta joven había perdido la vista a los cuatro años de edad, y había sido tratada infructuosamente durante 10 años por el mejor oculista de Europa: El Dr. Von Störk.

Bajo la asistencia de Mesmer, María Teresa Paradis recuperó la vista, lo cual distrajo su atención de la música. Los padres asustados ante la posibilidad de perder la pensión, ocasionaron una escena violentamente emotiva, insistiendo e retirar a la paciente de los cuidados de Mesmer, tras lo cual la ceguera volvió a producirse.

El Dr. Von Störk aprovechó la circunstancia para humillar a Mesmer, quien en 1788 decidió abandonar Viena y establecerse en Paris.

En París, Mesmer quiso precaverse de la oposición de los demás médicos, y solicitó a la Academia de Ciencias y a la real Sociedad de Medicina que pusieran a prueba sus métodos. Pero no hubo avenencia, porque no se pudieron poner de acuerdo con respecto a las pruebas prácticas a que debía ser sometido el procedimiento.

El público empezó muy pronto a agolparse ante la clínica de Mesmer y el número de pacientes se hizo muy superior al que Mesmer hubiera podido atender en forma individual. Para no rechazar a los enfermos, Mesmer ideó una aparatosa técnica de asistencia colectiva, que concordaba con su teoría del magnetismo animal, y a la vez se prestaba admirablemente, en todos sus detalles, para estimular una reacción emocional- hecho fundamental para la curación por mecanismos psicógenos.

Los enfermos eran conducidos a un gran recinto, oscuro y silencioso, con pesados cortinajes y espejos que reflejaban débiles luces. En el centro del salón había una gran cubeta que contenía botellas de agua, cerradas y “magnetizadas”, del fondo de las cuales emergían barras o varillas de hierro dulce.

En un silencio sepulcral, los enfermos permanecían sentados, sosteniendo est6as varillas, o tocando las puntas de los dedos del vecino, a modo de una cadena magnética. De pronto se sentía a lo lejos un música muy suave, siendo a veces el propio Mesmer quien tocaba el armonio.

En el largo período de espera, siempre había alguien que emitía un grito o tenía una convulsión, lo cual se comprendía como una “crisis” curativa. Tarde o temprano, otros seguían su ejemplo. Cuando la expectativa iba acercándose a su culminación, aparecía la imponente figura de Mesmer, vestido con un largo manto lila y llevando una varita de hierro, con la cual tocaba suavemente a los más reacios. Al contacto de la varilla de Mesmer, los pacientes empezaban a sudar, suspirar, gritar o gemir, entrando algunos de ellos en agitación o convulsiones, y quedando otros en una inmovilidad cataléptica.

Frecuentemente la exaltación emocional colectiva conducía a las extraordinarias escenas que Deleuze (18) describe en los siguientes términos: “De todos lados estallaban explosiones de risa sardónica, gemidos lastimeros y torrentes de lágrimas. Los sujetos eran arrojados hacia atrás en sacudidas espasmódicas, las respiraciones sonaban como estertores de muerte y se manifestaban síntomas terribles. Súbitamente los actores de estas raras escenas se dirigían frenética o extasiadamente los unos hacia los otros, ya regocijándose y abrazándose, ya alejando de sí a sus vecinos con horror”.

El entusiasmo por estos procedimientos se hizo enorme. Cuando Lafayette regresó de Europa a Estados Unidos, comunicó a Washington: “Traigo a América, además de los armamentos, el regalo más preciados de Europa: el Mesmerismo, esa munición extraordinaria contra la enfermedad y el dolor”.

Se ha dicho que toda Francia sufrió una “mesmeromanía”.

Los adeptos fundaron una sociedad rotulada “Orden de la Armonía” que exigía que los magnetizadores fueran depurados en ceremonias de iniciación. A la vez, varios aventureros e impostores, como el Conde de Saint Germain y el Conde Cagliostro, hicieron una mezcla de magnetismo animal y de magia que contribuyó ulteriormente al descrédito de la doctrina mesmérica.

En tales circunstancias, la Academia Francesa de medicina y Ciencias no podía seguir ignorando a Mesmer. En 1784 ésta nombró una comisión especial para que investigase las afirmaciones del creador de la doctrina del magnetismo animal. Esta comisión incluyó personajes tan célebres como Benjamín Franklin, inventor del pararrayos, el gran químico Antoine Lorenzo Lavoisier, el astrónomo Bailly, el botánico Jussieu, y José Ignacio Guillotin, quien recomendó el empleo de la máquina que luego llevó su nombre

El punto principal que debatió esta comisión concernía a la existencia o inexistencia del fluido magnético.

Mesmer y su discípulo Deslon fueron invitados a presentar pruebas a este respecto. En una de estas pruebas, Deslon magnetizó a un determinado árbol y llamó a u joven “sensible al fluido magnético” quien, de acuerdo a la teoría, debería experimentar una convulsión en el momento de abrazar ese árbol. Pero el sujeto manifestó fenómenos psicosomáticos de sudación y dolor de cabeza al acercarse a los primeros tres árboles y entró en convulsiones mientras todavía se hallaba a unos nueve metros del árbol magnetizado.

La Comisión concluyó que “la imaginación sin magnetismo produce convulsiones y el magnetismo sin imaginación no produce nada”. El veredicto fue que “nada prueba la existencia del fluido magnético animal; que este fluido inexistente es, por lo tanto, inútil”.

Pero esta comisión no negó de modo alguno “la existencia de una fuerza que actúa sobre el hombre...y que está latente en el magnetizador”. Le faltó, sin embargo, dar un importantísimo paso: plantear el problema de la naturaleza de esta peculiar relación Inter.-personal que “exalta la imaginación” y da lugar a innegables manifestaciones psicofisiológicas.

De hecho, el problema que se planteó- y se resolvió- se refería a hechos físicos. No se planteaba el análisis de los factores psicológicos que entraban en juego en la aplicación de los procedimientos mesméricos.

El informe de esta comisión desacreditó oficialmente a Mesmer y lo dejó marcado como un charlatán. A continuación, Mesmer abandonó París, viajó por Inglaterra, Italia y Alemania y, finalmente, se estableció e Suiza, donde atendió a los pobres, enseñó a quienes estaban interesados en aprender sus técnicas y se dedicó a la música, hasta su muerte el 5 de marzo de 1815.

Pese a que la posteridad ha sido dura con Mesmer, el significado de su contribución al hipnotismo contemporáneo está muy bien expresado en sus propias palabras que figuran en sus memorias: ”Será siempre suficiente para mi fama que yo haya sido capaz de abrir un vasto campo de investigación a la especulación de la ciencia, que haya logrado, por así decirlo, trazar el lecho de esta nueva vía”.

Charles d´Eslon, uno de los pocos médicos que continuaron apoyando a Mesmer, hizo la siguiente importante observación: “Si Mesmer no tenía otro secreto que la habilidad para lograr que la imaginación ejerza influencia sobre la salud, ¿no bastaría eso sólo para hacer de él un médico maravilloso?”

Opina Stefan Zweig, (19) que Mesmer hizo mucho más que abrir simplemente un nuevo camino, que fue un Colón que descubrió un nuevo continente para la ciencia: un continente con infinitos archipiélagos y tierras vírgenes para ser explorado en un largo plazo de tiempo: la psicoterapia.

Ya en 1823, a los ocho años de la muerte de Mesmer, una segunda comisión de la Academia Francesa afirmó que: “la investigación acerca del magnetismo animal debía ser estimulada, dado que constituye una rama interesante de la psicología”.

Los discípulos de Mesmer continuaron trabajando en Francia y Alemania. En los últimos años de la vida del maestro habían ido a estudiar con él numerosos médicos de Austria, Suecia y Rusia, como también el entonces famoso médico Wolfart, enviado especialmente por el rey de Prusia. Estos discípulos crearon el término”mesmerismo” para designar lo que se había conocido como “magnetismo animal”.

En 1813, Deleuze publicó su voluminosa “Historia Crítica del Magnetismo Animal” con una exposición detallada y prudente de las doctrinas y métodos de Mesmer.

Un aporte revolucionario al mesmerismo fue hecho en Francia por el Marqués de Puységur, quien no era médico sino un entusiasta magnetizador.

Experimentando con un joven campesino, Víctor Race, quien nunca había oído hablar de “crisis” curativas, Puységur tuvo la sorpresa de encontrar que este muchacho no reaccionaba a la “magnetización” con agitación y convulsiones, sino entraba en un sueño tranquilo y agradable entre las manos del “magnetizador”, con fantasías placenteras de sosiego y bienestar.

Pero no se trataba del sueño ordinario, pues se podía lograr que el sujeto en ese estado hablase, caminase y obedeciese órdenes. Puységur reconoció que había logrado producir un estado afín al sonambulismo espontáneo. Esto significaba haber hallado una llave para el misterioso “lado nocturno de la naturaleza” que los filósofos habían estado contemplando con curiosidad y temor.

Dado que la experiencia de este estado dejaba al sujeto plácido y contento y fue seguida por una neta mejoría de los dolores torácicos que habían motivado el tratamiento, podemos decir que este caso memorable fue el precursor no reconocido de los procedimientos modernos de psicoterapia mediante la sola inducción de un estado hipnótico de modalidad estabilizadora (con matices de tranquilidad, serenidad, etc.)

Pero lo que más interesó a Puységur fue otro hecho. Se tuvo las impresión de que el sujeto, una aldeano sencillo y rudo, hablaba un lenguaje más refinado en el estado sonambúlico que en su estado normal.

Esto dio lugar a la tendencia a conectar el estado hipnótico con la adquisición de facultades parasicológicas.

El hecho en sí exaltó poderosamente las fantasías y dio lugar a las más disparatadas suposiciones acerca de las milagrosas posibilidades que podrían existir e el estado hipnótico. Entre otras cosas, se dijo que, bajo este estado, un analfabeto podía adquirir la capacidad de hablar lenguas totalmente desconocidas para él, que se podía llegar a predecir acontecimientos futuros, que se adquiría la vista del interior del cuerpo, y que se lograba la comunicación con los espíritus. Aparecieron los “mediums” profesionales, cuyas afirmaciones infundadas repugnaban a los científicos.

Otro personaje original de la misma época que ha dejado profundas huellas en la historia del hipnotismo fue un monje portugués, el Abate Faría. El gran neurocirujano portugués, Prof. Dr. Egas Moniz, ha reunido recientemente sus datos bibliográficos, procurando separar la verdad de las múltiples leyendas (20).

José Custodio de Faría nació en Candolim, una aldea de la India portuguesa. Pese a que se suele afirmar que residió largo tiempo en la India y el Lejano Oriente, donde conquistó el título de Brahmín y aprendió a inducir estados sonambulísticos con fines curativos, se ha demostrado que, habiendo salido de la India portuguesa a los quince años de edad, nunca más dejó Europa.

Ostentaba numerosos títulos que figuran en el frente de su libro “De la cause du sommeil lucide ou étude de la natur de l´homme”. Estos eran: Brahmín, Doctor en Teología y Filosofía, Miembro de la Sociedad Médica de Marsella, ex profesor de la Universidad de Francia, etc. Parece probable que tales títulos eran legítimos.

Aparentemente, fue un ferviente discípulo del marqués de Puységur, a quien dedicó su el libro con los siguientes términos: “Os es debido de mi parte, con tanta mayor justicia, que reconozco en vuestros sabios pareceres y en vuestras bondadosas instrucciones el germen de mis meditaciones y la perseverancia de mis esfuerzos”.

Faría tiene el extraordinario mérito de haber defendido por primera vez la doctrina que el sueño hipnótico no resulta de ningún fluido o fuerza especial emitidos por los magnetizadores, sino de las propias susceptibilidades de las personas sobre quien se obra.

Al comentar, en el libro arriba mencionado, las llamadas “crisis salutarias” de los pacientes de Mesmer, afirmó que estas crisis no resultaban de modo alguno de un “magnetismo animal” sino del temor pánico que se apoderaba de dichas personas. Esto ya infiere que la hipnosis no es otra cosa que una reacción emocional intensa.

Además destacó que no hay diferencias esenciales entre el sueño lúcido o sonambulismo provocado y el sueño natural. Consta en su libro el siguiente notable párrafo:

“Yo no puedo concebir cómo la especie humana fue lo bastante extraña como para ir a buscar la causa de este fenómeno en una tina, en una voluntad externa, en un fluido magnético, en el calor animal y en mil otras extravagancias ridículas del género, mientras que esta especie de sueño es común a toda la naturaleza humana y a todos los individuos que se levantan, que caminan y que hablan estando dormidos”. Agregó que el sueño tiene distintos matices y distintos grados, concibiendo el grado más profundo como el “sueño lúcido”.

Destacó la importancia de la predisposición del individuo para la entrada en sueño lúcido, admitiendo a la vez que la licuidad de la sangre aumenta esta predisposición, pues observó que algunas personas que no habían podido lograr ese peculiar estado, entraban en él fácilmente después de una sangría.

Finalmente, determinó que la causa del sonambulismo reside en el propio sujeto y no en el magnetizador. Dice “es una verdad demostrada por mí que no hacen epoptas (es decir, hipnotizables) a los que no lo son naturalmente; no se busca más que desarrollar a los que ya lo son, todas las veces que se prestan de buena fe”.

Muchas de las conclusiones geniales del Abate Faría habían de ser imperecederas, siendo “redescubiertas” varias veces por los hipnólogos modernos.

Otras figuras que se destacaron en el terreno del mesmerismo en Francia fueron Du Potet, quien atribuyó las manifestaciones del mesmerismo simultáneamente a un fluido y al alma, y La Fontaine, sobrino del afamado fabulista, quien hizo una extensa gira de conferencias por Europa, difundiendo la teoría del Magnetismo Animal.

En Alemania, el mesmerismo fue particularmente bien recibido. Se crearon cátedras para la enseñanza de la doctrina del magnetismo animal, y la Academia de Ciencias se interesó por las publicaciones sobre este tema. Entre los trabajos científicos de mayor interés figuran los de Karl Christian Wolfart, profesor de Magnetismo de la Academia de Berlín, Johann Caspar Lavater, discípulo del Marqués de Puységur, y Arnold Weinholt, quien publicó 50 casos tratados exitosamente con magnetismo, presentando una disertación seria acerca de las indicaciones y limitaciones de esta forma de tratamiento.

Por otra parte, los filósofos alemanes Fichte, Hegel y Schellig manifestaron vivo interés por la doctrina magnética.

El mesmerismo llegó a Inglaterra sólo después de la muerte de Mesmer, en los alrededores del año 1820, y muy pronto, dos hombres de ese país se destacaron en la historia del hipnotismo: John Elliotson y James Braid.

Elliotson es recordado por su brillantez y gran prestigio, y su enorme entusiasmo por el “magnetismo”. El se adhería firmemente al concepto mesmeriano de que el magnetismo animal era una fuerza física emanada de la persona del magnetizador, que podía ser acumulada en un cuerpo metálico. De acuerdo con estas ideas, su procedimiento para entrar a un sujeto en estado mesmérico consistía en darle a tocar una moneda de níquel “magnetizada”. Consta en la historia, que en una de las demostraciones de Elliotson, el redactor del conocido periódico científico “The Lancet” sustituyó disimuladamente la moneda de níquel “magnetizada” por un simple pedazo de plomo. El sujeto entró en estado mesmérico al tocar el plomo, por lo cual se inculpó a Elliotson de fraude en sus demostraciones.

Elliotson y sus colaboradores se entusiasmaron muy especialmente con el empleo del mesmerismo para hacer indoloras las intervenciones quirúrgicas, publicando sus trabajos e la revista “Zoist” que apareció entre 1843 y 1855. Esta revista contenía principalmente historias de casos médicos y quirúrgicos tratados exitosamente con mesmerismo, entreveradas con observaciones e hipótesis en el campo de lo parapsicológico.

Se tiene información de que ya en 1829, el cirujano francés Jules Cloquet había efectuado una extirpación de seno bajo un sueño mesmérico.

En 1842, el cirujano inglés Ward hizo la primera amputación de muslo bajo anestesia mesmérica. Llevó el caso a la real Sociedad de medicina y Cirugía de Inglaterra, pero ésta recibió su comunicación con incredulidad y hostilidad, llegándose a proponer que ni siquiera se debía dar entrada en las Actas de la Sociedad a la lectura de tal trabajo ¡para no manchar la seriedad y el prestigio de dicha organización!

Entre tanto, un joven cirujano escocés, James Esdaile, quien trabajaba en la India para la British East India Company, se dedicó a operar en gran escala bajo el estado mesmérico, (22) contribuyendo con regularidad a la revista “Zoist” co informes acerca de su labor. En los años 1845-1851 hizo varios miles de operaciones menores y más de 300 operaciones de cirugía mayor bajo este estado, sin que los pacientes sufriesen.

Esdaile inducía el estado hipnótico sin sugestión verbal alguna. Su procedimiento consistía principalmente en proporcionar estímulos táctiles a modo de pases rítmicos, y en soplar suavemente sobre la cara del paciente. Cuando se tardaba en lograr un estado hipnótico lo suficientemente profundo para los fines de la analgesia, intervenían dos o más operadores, quienes se turnaban cada 15 minutos.

Es digno de hacer notar que las operaciones mayores realizadas por Esdaile bajo anestesia mesmérica tuvieron un 5 % de mortalidad. Esta cifra resulta asombrosamente baja para una época en que se carecía de plasma, de buenos antisépticos y de instrumental quirúrgico perfeccionado. Este hecho está a favor de la suposición de que el estado hipnótico de tipo positivo favorece de por sí una movilización más eficaz de los recursos naturales de adaptación y de recuperación del paciente.

Pese al enorme interés de su labor, también Esdaile encontró una violenta oposición de sus colegas, lo cual lo obligó a dejar su hospital y volver a Inglaterra, donde fue centro de grandes controversias. En el curso de éstas, sus opositores llegaron a decir que la abolición del dolor era un sacrilegio, o que los pacientes que no habían dado señal alguna de sufrimiento mientras se les operaba, eran simplemente personas enseñadas a fingir que no sentían dolor.

Estas discusiones cesaron cuando se descubrió la anestesia por el éter que hizo fortuna por la rapidez y facilidad de sus aplicación, a pesar de no carecer de algunos riesgos importantes, inexistentes en la más lenta y laboriosa anestesia hipnótica.

3. Desde Braid hasta el período de decadencia del hipnotismo
Otro nombre destacado es el de james Braid, quien creó el término “hipnotismo”, tomado de la palabra griega “hypnos”, que significa sueño.

Braid (1795-1864) había trabajado como cirujano en las minas de Lancashire, y luego como oculista y médico general de Manchester, contribuyendo a las revistas médicas más importantes de su tiempo.

En 1841 tuvo la curiosidad de asistir a una de las demostraciones públicas de “magnetismo” hechas en su ciudad por el freno-magnetizador La Fontaine, quien había llegado precedido por una fama extendida a toda Europa.

Braid pensó primeramente que se trataría de un impostor, y fue con el propósito bien definido de desenmascararlo, pero tuvo la sorpresa de encontrar que este hombre tenía algo que él desconocía. Honestamente, admitió que ese algo o podía ser descartado de entrada, sino que debía ser sometido a estudio.

A continuación, Braid empezó a experimentar sobre sus familiares, su servidumbre y sus amigos, y pronto aprendió a inducir el estado mesmérico. Pero no se conformó con la hipótesis magnética que se ofrecía para la explicación de los hechos, sino que al igual que el Abate Faría, comprendió desde un principio que era el propio sujeto quien desarrollaba el estado mesmérico en sí mismo.

Lo que más interesó a Braid fue que los magnetizados de la Fontaine no podían abrir sus párpados. Pensó que la simple fatiga de los ojos podría ser el elemento desencadenante del proceso neurofisiológico que da lugar a la hipnosis.

Aplicando un procedimiento de fijación ocular en que se exigía categóricamente del sujeto un considerable esfuerzo de ojos y párpados, Braid vio que, al cabo de un tiempo, las pupilas del sujeto se contraían y luego se dilataban, y finalmente, los párpados vibraban y tendían a cerrarse.

A continuación, los miembros del hipnotizado tenían tendencia a permanecer en cualquier posición en que se les colocaba. A la vez, sobrevenía una cierta exaltación de las actividades sensoriales, de la resistencia muscular y de algunas facultades mentales, seguida luego de una depresión, conducente a un torpor profundo. Como es natural, no todos los sujetos reaccionaban de igual manera; algunos no pasaban de un ligero adormecimiento, mientras que otros alcanzaban un coma profundo.

La presencia concomitante de una dilatación pupilar, una aceleración del pulso, etc., como también el hecho de que los pacientes de Braid salían del estado hipnótico con ciertos trastornos, como cansancio general, dolores de cabeza, espasmos de acomodación, vértigos, etc. , indican que Braid efectuaba una inducción hipnótica mediante la estimulación de reacciones emocionales de modalidad alteradora.

Pronto Braid hubo de rectificar sus convicciones iniciales, pues encontró que la fijación de la mirada no era suficiente de por sí para la inducción hipnótica, dado que fracasaba frecuentemente cuado no intervenía un factor psíquico de expectación del “sueño” una disposición del sujeto para concentrarse en lograrlo.

También se vio precisado a reconocer que hay diferencias indiscutibles entre el estado hipnótico y el sueño ordinario, pues la experiencia le demostró que muchos de los fenómenos más espectaculares del estado hipnótico, tales como la analgesia y la catalepsia, podían ser obtenidos en sujetos que conservaban los ojos abiertos y la apariencia de estar despiertos.

Estos hechos condujeron a Braid a admitir la importancia del monoideísmo, tanto en el proceso de inducción hipnótica como en el logro de los fenómenos. Hizo ver que el simple hecho de colocar al sujeto en una determinada actitud despertaba en éste ciertas ideas o ciertos sentimientos. Por ejemplo, al juntar las manos en actitud de rezar, se desencadenaba un estado psíquico de devoción, al cerrar el puño, una reacción de ira, etc. Tal eras la sugestión “por el gesto”.

Braid utilizó la sugestión para la precipitación de ciertos fenómenos de comportamiento, pero tiene el mérito de haber puesto en claro que la sugestión es un mero desencadenante de los fenómenos hipnóticos y no la explicación total de los mismos.

Además tuvo el acierto de afirmar que el hipnotismo de ninguna manera debía ser considerado como una panacea, pues “quien habla de un remedio universal debe ser un tonto o un embaucador”,(22)

Tuvieron que pasar muchas décadas hasta que los notables conclusiones de Braid pudieran ser debidamente apreciadas.
Entre tanto, en Francia, el magnetismo animal se iba depurando gradualmente de los oropeles con que lo habían revestido Mesmer y sus seguidores. Aparecieron algunos trabajos serios sobre este tema, como los de Valpeau, Guerineau, Azam, Demarquay, Giraud-Teutlon, y otros.

Pero, simultáneamente, había muchos que recurrían a prácticas extravagantes, prometían resultados fantásticos, o confundían el mesmerismo con las demostraciones de poderes ocultos, todo lo cual contribuía al descrédito del mesmerismo.

El libro fundamental de Braid, “Neurypnology or the Rationale of Nervous Sleep”, publicado en 1843, (23) fue ignorado por un tiempo en ese país, pero luego llegó a ejercer muy considerable influencia, principalmente por haber impresionado profundamente al Dr. Azam, de Burdeos, de quien fue seguidor el médico e campaña, Ambroise Auguste Liébault (1823-1904) quien llegó a ser una de las figuras más renombradas en la historia del hipnotismo.

En 1864, Liébault comenzó a practicar el hipnotismo terapéutico en la ciudad de Nancy y, en el curso de cerca de veinte años, acumuló una considerable experiencia en este campo de acción. En 1884, el eminente Profesor de Medicina de Estraburgo. Hipólito Berheim (1837-1919), convencido de la veracidad de las curas que Liébault había logrado en algunos enfermos mediante el hipnotismo, no vaciló en admitir que, a pesar de su fama, él podía aprender algo de aquel médico rural. El encuentro de Liébault y Bernheim condujo a la fundación de la escuela de Nancy.

Esta escuela siguió muchas veces las directivas trazadas por el Abate Faría, particularmente en lo que se refiere al concepto de que el estado hipnótico es logrado por el propio sujeto.

Tiene el especialísimo mérito de haber dado origen a un procedimiento de inducción hipnótica (para fines terapéuticos) basado en el empleo de estímulos suaves y tranquilizadores, desencadenando lo que hoy llamamos una reacción emocional “estabilizadora”.
Inicialmente, Liébault definió el estado hipnótico como un estado que “...se obtiene mediante la sugestión verbal, sin maniobras, y no es otra cosa que un sueño provocado, caracterizado sobre todo por la sugestionabilidad que puede ser utilizada con un fin terapéutico”.

Más adelante, Bernheim (24) hizo una fundamentalísima rectificación, diciendo: “La observación de los hechos y la reflexión me han llevado a modificar mi concepción que había sido la de Liébault. La sugestionabilidad creada en el sueño provocado no es proporcional a su profundidad; es lo contrario que me parece verdad”...

Lo que es más, dicho autor destacó que “el sueño provocado (hipnótico) no tiene propiedades particulares, o siendo más que el sueño normal más o menos profundo...la sugestionabilidad existe en el estado de vigilia...los fenómenos llamados hipnóticos pueden ser provocados en este estado”...

Bernheim descartó por completo el arraigado concepto de la dominación del hipnotizado por el hipnotizador, al haber puesto en claro los siguientes puntos:
1) Estar sugestionado no significa de modo alguno estar automatizado.
2) La sugestión está lejos de ser irresistible.
3) Los sujetos eminentemente sugestionables no son la regla, pues la mayoría solamente tienen una sugestionabilidad limitada a ciertos dominios, obedeciendo a algunas sugestiones y no a otras.
4) Cada sujeto cumple el acto sugerido a su manera, según sus aptitudes.
5) Las personas normales son más fáciles de hipnotizar que las nerviosas o histéricas.

La escuela de Nancy aplicó el hipnotismo en gran escala con fines terapéuticos. Por su clínica pasaron alrededor de 10.000 enfermos en los primeros 6 años de su existencia, documentándose cuidadosamente sus historias. Al lado de numerosos éxitos terapéuticos hubo también muchísimos fracasos, perfectamente explicables por las deficiencias del procedimiento terapéutico que hacía hincapié en las sugestiones directas destinadas a eliminar síntomas.

Entre los más célebres seguidores de la Escuela de Nancy figuran Beaunis, autor de “El Sonambulismo Provocado” y Liegeois, Profesor de la Facultad de Derecho, quien se ocupó de la relación del hipnotismo con el derecho civil y criminal.

Mientras se estaba realizando todo este trabajo en la Escuela de Nancy, otra muy conocida escuela: de la Salpetriere, dirigida por Jean Martín Charcot (1825-1893) encaraba el hipnotismo de un modo radicalmente diferente.

Charcot y sus discípulos sostenían el principio básico de que el estado hipnótico puede ser inducido sin sugestión alguna. En el transcurso de sus inducciones hipnóticas, procuraban por lo general evitar toda conversación con sus pacientes con el expreso fin de no darles sugestiones inadvertidamente. A veces hasta llegaban a no hablar en absoluto.

Sus métodos de inducción hipnótica eran variados. Con frecuencia empleaban estímulos violentos, como el ruido inesperado de un gong, el fogonazo de una explosión de pólvora de algodón, o el acercamiento de amoníaco a la nariz del sujeto, los cuales, obviamente, desencadenaban una reacción emocional alteradora. Otras veces, se hacía que el sujeto fijase su mirada sobre un objeto colocado en el campo visual normal (sin obligarlo a forzar la vista como sucedía e el procedimiento de Braid, o se empleaban estímulos monótonos tales como el sonido rítmico de una campana o el zumbido de un motor próximo al oído del sujeto. También se efectuaba la estimulación táctil de diversas zonas de la piel, consideradas zonas hipnógenas.

Con estos diversos métodos, y sin sugestión directa alguna, se alcanzaban fenómenos hipnóticos tan evidentes como la catalepsia y la analgesia

Lo sorprendente era que la escuela de Charcot se desinteresaba por los factores psicológicos. Charcot creía en la “metaloterapia” propuesta por Burcq, y no desdeñaba la utilización de imanes para la inducción hipnótica.

Hubo una larga y famosa controversia entre la Escuela de Nancy y la Escuela de Salpetriere, que tenía por tema fundamental: “El estado hipnótico ¿resulta de la sugestión psicológica o de una acción física?“ A Charcot le interesaban las manifestaciones somáticas del estado hipnótico; a la Escuela de Nancy, las características psicológicas de dicho estado. Tal controversia se prolongó durante diez años, hasta la muerte de Charcot, acaecida en 1893.

Otro interesante personaje de ese período de auge del hipnotismo, fue un farmacéutico de Nancy, Emile Coué, cuya fama ha quedado ligada al empleo de la autosugestión con fines terapéuticos.

Pero Coué descubrió algo mucho más fundamental que la autosugestión en sí: la importancia de la postura cómoda y de la relajación muscular para la entrada en ese peculiar estado en el que las sugestiones resultan eficaces (25). Ese peculiar estado es precisamente lo que hoy comprendemos por reacción emocional de modalidad estabilizadora, o estado hipnótico positivo.

4. Período de decadencia del hipnotismo

No deja de causar asombro el hecho histórico de que el hipnotismo, después de haber recibido su consagración oficial con los trabajos de Braid, Bernheim, Charcot y otros, haya sufrido rápidamente una brutal decadencia.

Este hecho o ha de ser atribuido (como se suele decir) al entusiasmo desmedido de prácticos ignorantes. Al contrario, los responsables del descrédito del hipnotismo fueron las mismas grandes autoridades que habían logrado su consagración.

Liébault, Bernheim y sus seguidores merecieron el respeto general por su extensísima práctica clínica. Pero de ellos partió la gravísima equivocación de haber esperado demasiado de las posibilidades terapéuticas de la sugestión directa, eliminadora de síntomas. La creencia de que la sugestión directa podría ser la panacea de las panaceas evidentemente sólo pudo ser seguida de un profundo desencanto.

Charcot, en cambio, no tenía práctica alguna con el hipnotismo. Según la biografía del Prof. Guillain (26) “...él nunca hipnotizó personalmente a un paciente, nunca supervisó una sesión, y por consiguiente, no estaba en una posición para evaluar el procedimiento”.
Pero Jean Martín Charcot, Profesor de la prestigiosa clínica de Salpetriere, tenía una inmensa autoridad académica. Aún hoy se le reconoce como fundador de la neurología francesa, por sus descripciones de nuevas enfermedades del sistema nervioso, particularmente de la esclerosis lateral amiotrófica que lleva su nombre, por su original concepción de la histeria, y por muchos otros trabajos.

El error fundamental de Charcot consistió en haber querido extraer leyes y generalizaciones aplicables a la totalidad de las personas normales, de unas pocas observaciones sobre mujeres histéricas, hipnotizadas por sus colaboradores en el ambiente colectivo de su clínica, donde bien se conocía el comportamiento que se esperaba hallar en los hipnotizados.

Basándose en este limitadísimo material que, por cierto estaba lejos de ser representativo de la generalidad de las personas, Charcot supuso, que solamente los histéricos podían ser hipnotizados. Afirmó que el hipnotismo no era otra cosa que un síntoma de la histero-epilepsia, es decir, un hecho patológico. En otras palabras, el estado hipnótico y la histeria fueron considerados idénticos.

Fue precisamente la celebridad de Charcot lo que magnificó las consecuencias de su comprensión errónea del hipnotismo. Como dice Alexis Carrel (27) “...cuanto más eminente es un especialista, más peligroso es...Es así como grandes hombres, que han contribuido asl progreso humano en uno de sus sectores, hablando de cosas que no comprenden bien, lo retrasan e otros”.

Es un hecho corriente en la historia que las afirmaciones de las grandes autoridades hayan sido tomadas como dogmas y que dichos dogmas hayan obstaculizado el progreso de la ciencia.

Con respecto al caso particular de Charcot, dice Maguín, (28): “Con dificultad se le puede perdonar, pues su error aun hoy ensombrece todo lo que se refiere al magnetismo”.

Merece citarse, como consecuencia de la presunción infundada de Charcot, la siguiente declaración de uno de sus seguidores: Liebermeister, Profesor de la Universidad de Tubingen: “Es más fácil hacer histéricos a los sanos por la aplicación del hipnotismo, que sanar a los histéricos” (29).

Así surgió la noción de que el hipnotismo es peligroso.
Otras grandes autoridades científicas, responsables de la decadencia del hipnotismo, fueron Pierre Janet e Ivan P. Pavlov.

Pierre Janet (1857-1947), Profesor y Director del laboratorio psicológico de la Salpetriere, fue un colaborador cercano de Charcot, y continuó desarrollando sus ideas referentes a la naturaleza del estado hipnótico.

Identificando siempre el hipnotismo con la histeria, Janet aplicó a ambos su propia teoría de la disociación de la personalidad. Declaró que los histéricos están predispuestos a sufrir una fragmentación espontánea de su vida mental, mediante la cual ciertas ideas y ciertos recuerdos logran desprenderse de la personalidad del individuo y funcionar en forma automática, independientemente de su conciencia y su voluntad (30).

El hipnotismo correspondería, según Janet, a una disociación de la personalidad, de esa misma índole, pero con la particularidad de ser lograda artificialmente. Así, la persona hipnotizada se convertía en un autómata inconsciente, dominado por la voluntad más poderosa del operador.

Estas suposiciones falsas captaron la imaginación de escritores de novelas policiales, historietas, libretos de cine, etc., dándoles tema para narraciones ficticias truculentas con figuración de personajes dotados de poderes sobrenaturales para dominar sobre otras personas. Tales disparatadas invenciones fueron aceptadas con asombrosa credulidad, y muy pronto se difundieron temores absurdos relacionados con la supuesta “dominación hipnótica”, la posibilidad de que el hipnotismo haga “perder el control sobre uno mismo”, que se “debilite la voluntad”, etc., etc.

Es interesaste señalar que estos mismos temores están expresados en los escritos del célebre filósofo de la India, Swami Vivekananda (31), quien declara que la psicología y la religión hindúes son decididamente contrarias al hipnotismo (pese a que la práctica del Yoga no es otra cosa que el logro de estados autohipóticos relativamente profundos), por considerar que el estado hipnótico es una condición morbosas, en la cual el hipnotizador, mediante el poder dominador de su voluntad más fuerte, arrastra al sujeto, subordinando la mente de éste y terminando por privarlo prácticamente de alma.

En lo referente a tales supuestos peligros del hipnotismo, el ofuscamiento colectivo se hizo tan marcado, que impidió que se prestara atención a las declaraciones sensatas de investigadores científicos como el propio Bernheim y un gran número de estudiosos del presente siglo, quienes procuraban hacer comprender que la realidad clínica y experimental del hipnotismo no concuerda con los fundamentos de la teoría de la dominación. Estos autores clamaban con sobrada razón-pero sin perder oídos- que el hipnotizado, lejos de comportarse como un autómata, es una persona capaz de razonar, de resolver problemas complejos, de improvisar detalles, de apartarse de la línea de acción propuesta por el hipnotizador y aún de negarse a cumplir las órdenes de éste, cuando tales órdenes contrarían sus propias tendencias o convicciones previas, demostrando claramente que conserva su “razonamiento” y su “voluntad” (32).

Las bibliotecas del mudo aún continúa llenas de libros que se limitan a transcribir las ideas equivocadas que surgieron de los conceptos de Charcot y Pierre Janet y que fueron divulgadas por aquellos continuadores que tomaron las doctrinas de sus maestros como hechos intangibles, que no requerían ser comprobados, sino solamente repetidos y difundidos.

Aun en la actualidad son muchas las personas, tanto en los ambientes de intelectuales como entre el público en general, que han obtenido sus conocimientos y formado sus opiniones en base al material recogido de tales fuentes.

Hasta en las revistas de medicina general o de especialización psiquiátrica del día de hoy suelen encontrarse declaraciones absurdas acerca del hipnotismo, fundadas en la creencia en la dominación del hipnotizador sobre el hipnotizado, recordatoria de los tiempos medioevales post-mesmerianos, cuando se creía en brujerías y en la magia. Ellas constituyen resabios del período de decadencia del hipnotismo que han llegado hasta el día de hoy.

Otra poderosa influencia nefasta para el desarrollo del hipnotismo científico provino del célebre fisiólogo ruso, Ivan P. Pavlov (1849-1936).

Pavlov se limitó a recoger algunas de las ideas erróneas acerca del hipnotismo que se difundían en su tiempo y, sin detenerse a comprobarlas, procuró encontrarles una explicación “fisiológica” de acuerdo a su propia teoría sobre los mecanismos de la “actividad nerviosa superior”.

Estas deas concernían principalmente: 1) la importancia de la sugestión en el estado hipnótico; 2) la suposición de que la sugestión es tato más eficaz cuando más profundo es el estado hipnótico; 3) la interpretación del estado hipnótico como un sueño parcial.

Pavlov insistió especialmente sobre “la considerable y casi invencible fuerza de la sugestión durante la hipnosis y después de ella” (33).

Pero cualquier persona que tenga alguna práctica con el hipnotismo, aplicado a pacientes comunes y corrientes de consultorios y no a “mediums” especialmente seleccionados, puede comprobar fácilmente que esto no se ajusta a la realidad.

Como dice acertadamente Kretschmer (34): “La sugestión no desempeña (en la hipnosis) más papel que el que le pertenece en toda terapéutica médica, o dicho más correctamente, en toda relación interhumana importante”.
En cuanto a la relación entre la “sugestionabilidad” y la profundidad hipnótica, la práctica demuestra que la aceptación de sugestiones es máxima en el estado de vigilia o en el estado hipótico liviano. En un estado hipnótico profundo, el sujeto ni siquiera oye las sugestiones del operador. Cabría decir que la sugestionablidad es inversamente proporcional a la profundidad hipnótica.

Finalmente, si es que ha una relación entre el estado hipnótico y el sueño fisiológico que permita describir a la hipnosis como un “suelo parcial”, esto es solamente se puede referir la modalidad “estabilizadora” del estado hipnótico, y nunca a la modalidad “alteradora”, que es completamente diferente del sueño fisiológico.

Está demás decir que, si los hechos que se procura explicar no concuerdan con la realidad, ninguna explicación “materialista” o “idealista”, o “fisiológica”, puede conferirles validez.

Al ser falsas las premisas, se derrumba todo el sistema construido sobre ellas.

Lo penoso es que la teoría de Pavlov llegó a convertirse en dogma para determinados círculos científicos, donde se abandonó todo intento de investigación, procurándose confirmar sobre “mediums” seleccionados , las afirmaciones pavlovianas. En tales círculos, se aceptó a priori una supuesta “peligrosidad” del hipnotismo, considerándose necesario recurrir a leyes para prohibir o restringir la utilización de la hipnosis.

El ejemplo más característico se encuentra en la Unión Soviética, donde la prohibición de la hipnosis es casi total, permitiéndose solamente su utilización e los institutos de investigaciones del Estado. En caso de que un médico quiera emplear la hipnosis en su consultorio, éste debe obtener una autorización especial del gobierno, que le podrá ser otorgada solamente si él es especialista en neuro-psiquiatría, con una formación de, por lo menos, cinco años. Aun sí, la aplicación de la hipnosis debe ser presenciada por una tercera persona (35). ¡A tal extremo llega el temor a la supuesta sugestionabilidad hipnótica!

En la eventualidad de conducirse un parto sin dolor bajo estado hipnótico en la Unión Soviética (36), se requiere que estén presentes simultáneamente el obstetra y un psiquiatra autorizado por el estado para inducir la hipnosis y dar “sugestiones”. Lo mismo s lo que concierne al trabajo odontológico bajo hipnosis.

Nicolaev (35) se lamenta de que, con tales restricciones, la casi totalidad de los médicos se ven privados de una terapéutica útil.

Esto contrasta con el proceder en otros países más desprejuiciados, donde la hipnosis es empleada provechosamente para fines terapéuticos por odontólogos y especialistas en cualquier campo de la medicina.

Actualmente, se están haciendo esfuerzos en la Unión Soviética por abolir las leyes surgidas de una posición dogmática, con lo cual todos los médicos y odontólogos tendrán la posibilidad de valerse de la hipnosis y habrá amplias perspectivas para la investigación en este terreno.
*
También Freud causó una demora en el desarrollo del hipnotismo por haber partido de una noción completamente equivocada a su respecto.

Como indica con sumo acierto Kretschmer (34), Freud sufrió el error fundamental de considerar la sugestión como lo más esencial en la hipnosis, “y así se origió la inextirpable opinión de que la hipnosis sólo servía para aportar al paciente sugestiones de poca monta, encubriendo sus verdaderos conflictos, alcanzando con esto éxitos engañadores, aparentes, y cómodos. ¿Cómo puede descoserse tan completamente la esencia de la hipnosis?”
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Todas las suposiciones teóricas acerca del hipnotismo hubieron de tener, necesariamente, sus proyecciones prácticas.

Mientras que en los tiempos de mesmer la terapéutica con hipnotismo era concebida como una “transmisión de flujo magnético”, en la época de las teorías de dominación se creía que el terapeuta debía “imponer su voluntad” al enfermo para librarlo de los síntomas que lo aquejaban, haciendo uso de la sugestión directa.

Al creerse que se podía eliminar mediante la sugestión los síntomas de cualquier enfermo, obviamente abundaron los fracasos, con el consiguiente desencanto respecto a las posibilidades terapéuticas del hipnotismo.

Pero estos fracasos eran fracasos de la sugestión directa, resultando de una concepción completamente equivocada del hipnotismo y de una manera inadecuada de aplicarlo con fines terapéuticos.

El concepto del hipnotismo como una “dominación” y los tratamientos por sugestiones directas eliminadoras d síntomas no fueron más que “tanteos a ciegas” efectuados en una época e que había una ignorancia casi total tanto acerca de las características del hipnotismo como acerca de los requisitos dela psicoterapia.

El hipnotismo era un instrumento que no se sabía manejar, como podría no saberse manejar un remedio muy activo, sin que esto descarte las excelentes potencialidades de este remedio.

La época de los primeros tanteos fue seguida por un largo período de estacionamiento en los conocimientos referentes al hipnotismo.
No es que no hayan faltado investigadores interesados en este tema. Lo que sucedió fue que la labor de éstos pasó inadvertida, no solamente para el público en general, sino también para una gran parte del ambiente médico, aun el psiquiátrico.

Mientras estos investigadores procuraban separar las fantasías referentes al hipnotismo de la realidad, indagar la naturaleza del estado hipnótico, o idear y ensayar nuevos procedimientos hipnoterapéuticos, eran muchísimas las personas que continuaban repitiendo (y enseñando) los conceptos erróneos del período de decadencia de la hipnosis.

Sólo en el momento actual está surgiendo una comprensión completamente nueva del hipnotismo, basada sobre nuevos conceptos y plena de nuevas posibilidades prácticas, que concuerda perfectamente con los requisitos de la ciencia.

Hay que destacar que tanto en tiempos pasados como en la actualidad, el desarrollo de la hipnosis científica ha sido conducido en forma predominantemente por personas ajenas a la medicina. Ello es comprensible porque la hipnosis terapéutica no es más que un solo aspecto de la hipnosis en general.

Así, en el período contemporáneo, los Bachilleres LeCron y Bordeaux iniciaron en 1950, en los Estados Unidos de América, un nuevo período de interés por la hipnosis, mediante sus libros y la organización de cursos, continuados hasta el día de hoy, para médicos, odontólogos, y otras personas interesadas en la hipnosis.

No menos destacado ha sido el papel del maestro de escuela primaria, Milton V. Kline (Education Degree), quien fundó en 1951 la primera revista norteamericana dedicada a la hipnosis clínica y experimental: “The Journal of Clinical and Experimental Hipnosis”, siendo además autor de varios libros sobre la materia.
Actualmente, en 1965, Kline es presidente de la sección estadounidense de la “International Society of Clinical and Experimental in Hipnosis”. Tambié constituyen figuras relevantes en el desarrollo de la hipnosis en los Estados Unidos el rabino Samuel Glasner, el Reverendo Alden B. Sears, el Doctor en Física y Matemáticas, André M. Weitzenhoffer, y otros.

Lo mismo puede decirse con respecto al Brasil, donde fuero pioneros de la hipnosis científica contemporánea, desde el año 1955, el psicólogo Karl Weissem, y el conocido hipnólogo Prof. José Ramón Molinero. Por sus cursos pasaron varios centenares de médicos, odontólogos y psicólogos brasileños.

Por otra parte, el Doctor en Leyes, Paulo Paixao, junto con el Hermano Vitricio (Profesor de Colegios Maristas) han desarrollado el interés por la hipnosis mediante varios libros y numerosas conferencias e colegios y universidades. Ellos sostienen un concepto moderno de la hipnosis, afirmando que la hipnosis es una parte integrante de la vida cotidiana, que la sugestión no juega rol especial en la hipnosis, que la hipnosis no tiene peligros, que la plaga de las “macumbas” en Brasil no es más que una hipnosis colectiva, etc. Su labor dio lugar a la fundación de la Asociación Brasileña de Estudios Letárgicos compuesta por personas interesadas por la hipnosis, sin distinción de profesiones. El actual Presidente de dicha Asociación el es el Profesor Alcindo de Brito.

Las primeras sociedades de hipnosis para profesionales en el Brasil no fueron fundadas por médicos sino por odontólogos. Así, en el año 1956, los Doctores en Odontología Alberto L. Barreto y Eurico Da Silva Mattos organizaron la Sociedad Paulista de Hipnosis, la primera en el Brasil y en América del Sur, reuniendo odontólogos, psicólogos y médicos.

Es lamentable que el expresidente del Brasil, Janio Quadros, guiado por motivos puramente políticos, haya tomado en 1960 el ejemplo de la U.R.S.S., prohibiendo la práctica de la hipnosis o la disertación sobre ella a toda persona no médica. Tal legislación expulsó de este campo de acción a pioneros tan notables como Weisseman, Molinero, Paixao, Hermano Vitricio, de Brito, y otros.

Actualmente, Brasil y la U.R.S.S. son los únicos países en el mundo que restringen tan severamente el uso y la enseñanza de la hipnosis. En todos los demás países, la libertad para la práctica, la investigación y las demostraciones de hipnosis no está restringida, salvo en algún que otro detalle- como ser la prohibición, en algunos lugares, de utilizar a menores de edad como sujetos para demostraciones teatrales de hipnosis.

Lo curioso es que la iniciativa que llevó a la prohibición de la hipnosis para personas no médicas en el Brasil provino de una de las sociedades de menor número de miembros: la Sección Brasileña de la “International Society of Clinical and Experimental Hipnosis”, dirigida por el Dr. Moraes Passos, de decididas tendencias reflexológicas y pavlovianas, quien, sin embargo, reconoce la autoridad de los dirigentes no médicos de dicha sociedad en los Estados Unidos: el maestro Kline, el Rabino Glasner, el Bachiller LeCron, el reverendo Sears, el Profesor de Física y Matemáticas Weitenhoffer, y otros.

Al haber varias sociedades de Hipnosis en el Brasil, tales como la Sociedad Brasileña de Hipnosis Clínica y Medicina Psicosomática de Campinas (Presidida por el Prof. Dr. Hené Chaves), la Sociedad Paulista de Hipnotismo (Presidida por el Dr. Alberto L. Barreto), la Asociación de Estudios Letárgicos, y otras ¿cómo es que la decisión oficial se basó en las tendencias de solamente una de estas sociedades, sin tener en cuanta a las demás? Esto pudo haberse debido al desconocimiento absoluto de la naturaleza de la hipnosis o a la influencia de una ideología puesta por encima de la ciencia.

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II-EL ESTADO HIPNÓTICO

II- EL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades:

Son completamente erróneas las suposiciones, todavía corrientes, de que el sujeto hipnotizado está necesariamente en un estado de sueño, o que el estado hipnótico constituye una anomalía del comportamiento humano, que se presenta exclusivamente en el consultorio del terapeuta, el laboratorio del experimentador o en otras circunstancias poco habituales, donde se le induce por medio de un curioso ritual que no tiene paralelo alguno en la vida cotidiana.

Contrariamente a estas creencias populares, el “sueño” no es más que uno de los numerosos “fenómenos” que pueden tener lugar en el estado hipnótico; el estado hipnótico no solamente es “normal”, sino también de aparición muy frecuente; y la inducción hipnótica se efectúa en forma “espontánea” e inadvertida tan corrientemente que todos solemos ser “hipnotizadores” o “hipnotizados” (o hipnotizadores e hipnotizados a la vez) en el transcurso de nuestras relaciones diarias con otras personas.

Aún más, el hipnotismo constituye uno de los elementos básicos en el proceso de la vida psíquica, desempeñando un papel de suma importancia para el mantenimiento de la salud física y psicológica desde los primeros momentos de la vida extra-uterina.

El hipnotismo constituye un proceso psicológico complejo , cuya descripción debe comprender no solamente los “fenómenos hipnóticos” sino también otros aspectos, como ser: las relaciones hipnóticas primarias del niño con su madre o sustitutos maternos, el significado de la profundidad del estado hipnótico, los atributos del estado hipnótico, las relaciones hipnóticas de la vida diaria, la inducción hipnótica, la curación de enfermedades por medio del hipnotismo, etc. Todos estos temas están tan entrelazados que ninguno de ellos puede ser abordado aisladamente de los restantes.

Si se quiere situar el estado hipnótico dentro de la nomenclatura corriente de los procesos psicológicos, se le debe comprender como una reacción emocional de intensidad aumentada, que tiene dos modalidades básicas.

Una modalidad es ilustrada típicamente por las inducciones realizadas por Charcot, dando un golpe fuerte y súbito de gong detrás de la cabeza de un sujeto totalmente desprevenido, o haciendo explotar un paquete de pólvora de algodón en su proximidad. El sujeto, intensamente alarmado, solía desarrollar inmediatamente el estado hipnótico.

Algo semejante ocurría en las sesiones colectivas de hipnosis de Mesmer, donde según declaró el Abate Faría en 1819, la reacción de los pacientes con “crisis” no resultaba de modo alguno de un “magnetismo animal”, sino del temor pánico que se apoderaba de dichas personas.

Ambos ejemplos se refieren al estado hipnótico que llamamos de modalidad alteradora o “negativa”. El sujeto reacciona con una intensa excitación, con matices psicológicos principalmente de temor, con tensión y actividad muscular, y con un conjunto de cambios viscerales, tales como la aceleración del pulso, la aceleración de la respiración, etc., constituyendo una reacción “ergotropa”.

La otra modalidad de estado hipnótico fue utilizada inicialmente por Liebault y Bernheim, siendo la que se emplea fundamentalmente en el día de hoy para fines terapéuticos. Liebault y Bernheim se aproximaban al sujeto con una actitud tranquilizadora y reconfortante, haciéndolo sentar cómodamente y diciéndole con voz suave, persuasiva y arrulladora que se pusiera cómodo, que ablandara su cuerpo, etc.

Con este proceder. El sujeto desarrolla un estado hipnótico de modalidad estabilizadora o “positiva”, con matices psicológicos principalmente de tranquilización, con relajación muscular, y con cambios orgánicos que determinan la regularización de las funciones viscerales y la restitución de energías, es decir, con una reacción orgánica “trofotropa”.

Ha de hacerse notar que existe una muy limitada categoría de individuos, los llamados “hipnófilos”, quienes pueden colocar a su organismo en el mismo estado que habitualmente acompaña la estimulación emocional alteradora o estabilizadora, pero haciéndolo “en frío”, es decir, sin la experiencia psicológica de emoción. Son tales algunos individuos que se prestan repetidamente como sujetos para demostraciones de hipnotismo, fakires, etc.

Con esto, el misterio del hipnotismo viene a ser el misterio de nuestras reacciones emocionales, y la ciencia del hipnotismo se convierte en el estudio del comportamiento humano o animal en las reacciones emocionales que alcanzan considerable intensidad.

Interpretado así, como un estado emocional de intensidad aumentada, el estado hipnótico más primitivo y simple puede ser identificado como el peculiar estado emocional que sobreviene en el niño al recibir las caricias y los arrullos de sus padres cuando él los necesita (“estado hipnótico positivo”) o el estado emocional que experimenta un niño ante la actitud severa y autoritaria de sus progenitores (“estado hipnótico negativo”) (1). Un cambio en la actitud de los padres de “cariñosa” a “severa” o viceversa, produce con suma facilidad el pasaje de una modalidad del estado hipnótico a otra (2).

Claro está que las caricias discordantes con las necesidades como en los casos de sobre-protección, no inducen el estado hipnótico, sino pueden tener un efecto irritante o nulo.

En las diferentes etapas del desarrollo del individuo, el estado hipnótico varía en cuanto a significación, profundidad y efectos sobre el organismo.

Importancia de las Relaciones Hipnóticas en la Infancia

Las experiencias hipnóticas de la primera infancia tienen una enorme significación para la supervivencia, el desarrollo, la educación y la formación de la personalidad del individuo.

Es bien sabido que los niños entran fácil y rápidamente en el estado hipnótico. El único requisito es que se sepa ganar su confianza. Por esto se aconseja a los novicios comenzar su aprendizaje de inducción hipnótica con niños.

Se ha comprobado, además, que las “técnicas”* de inducción hipnótica son muy semejantes a los procedimientos que las madres emplean normalmente para “tranquilizar”, “acariciar” o “arrullar” a sus hijos.

(*Nos referimos aquí a los procedimientos naturales de inducción hipnótica. En cuanto a los “pases”, las luces brillantes, las varas de hierro, las miradas fijas, etc., éstos serán tratados en el Capítulo IV, Inducción del Estado Hipnótico, como efectos de pre-sugestiones dependientes del procedimiento natural.)

Entre otros autores, H. Rosen (3) ha señalado que en la inducción hipnótica las cadencias y la modulación de la voz del terapeuta “duplican el tono y la manera de un padre cariñoso, quien gustosamente lee cuentos de hadas a un niño de tres años de edad...”; Ambrose (4) ha indicado los elementos de inducción hipnótica que están presentes en las canciones de cuna, los cuentos infantiles y las palabras tranquilizadoras de las madres; LeCron y Bordeaux (5) han afirmado que la madre hipnotiza a su hijo cuando lo arrulla cantándoles suavemente y acunándolo e sus brazos; y Ferenczi (6) ha sido el primero en describir el “hipnotismo materno”, derivado de una actitud autoritaria. No se trata de una semejanza superficial, como podría pensarse, sino de una total equivalencia.

Los autores han hecho un experimento en base a este punto con niños particularmente pequeños (7).

Elegimos de una Policlínica un grupo de niños, física y psicológicamente sanos, de 25 a 37 meses de edad: el nivel de edad más bajo en que los encontramos capaces de comprender lo que queríamos decirles.

Comenzamos haciendo varias visitas al ambiente familiar de cada uno de los seleccionados con el propósito de observar todos los matices del trato cariñoso que la madre y los demás componentes del hogar proporcionaban al niño al alimentarlo, vestirlo, bañarlo, arrullarlo, etc., y a la vez, para obtener la confianza del pequeño.

Logrado esto, la madre nos traía al chico al consultorio a “visitarnos”, como si lo hubiera llevado a visitar a un viejo y buen familiar. En un momento oportuno dirigíamos al niño a un sillón acogedor e intentábamos imitar el trato cariñoso de la madre lo más exactamente posible, repitiendo sus diminutivos, sus palabras de elogio, y los cuentos sencillos que le habíamos oído contar. Hablábamos con una voz suavemente modulada, a veces acariciando al niño. Al mismo tiempo intercalábamos “sugestiones”, diciendo, por ejemplo: “te estás poniendo blandito..., blandito...; tus manos, tus piececitos...se están poniendo bien blanditos..., estás como en un bañito tibio...y lo encuentras lindo..., calientito...y estás bien blandito..., blandito...; tu cuello..., tus manos...,todo está blandito...me haces caso sólo a mí..., no le haces caso a nada más..., sólo a mí....Tus ojitos se están poniendo pesados...pesados...y se quieren cerrar...ciérralos....Tú estás tranquilito y contento...Pronto..., muy pronto..., tú vas a ver algo... Vas a ver un árbol... con una manzana grande y roja... como en tu libro de cuentos... la manzana va a tener ojitos..., naricita..., boquita... y orejitas... todos colorados..., y te va a sonreír... y tú vas a sonreírle a ella...”

En un lapso de 4 a 35 minutos, vimos a los niños ablandarse, quedar quietos, dejar caer sus párpados y mostrar una expresión facial particularmente plácida.

Es obvio que para provocar los “fenómenos de comportamiento” que se consideran característicos del estado hipnótico, hay que vencer una dificultad: la de hacer que los niños comprendan lo que queremos de ellos. Logrado esto, los “fenómenos” se obtienen como en cualquier otro hipnotizado.

Tres de nuestros niños sonrieron con sus ojos cerrados a la manzana grande y roja que les describíamos; dos niños obedecieron cuando se les indicó que levantaran una mano mientras seguía “durmiendo”; una niña de treinta y siete meses de edad concentró su atención sobre nosotros e forma tal y se abstrajo e forma tan marcada de los ruidos del mundo exterior, que obedecía las órdenes apenas audibles susurradas por nosotros, pero parecía no darse cuenta cuando varias personas, incluyendo su madre, entraron en la pieza y le hablaron en voz alta, de acuerdo con instrucciones dadas previamente. Siguiendo u procedimiento ideado por Erickson y Erickson (8), logramos que el brazo de un niño se pusiese rígido, rodeando a éste, con ausencia de movimientos voluntarios e insensibilidad para el cansancio (catalepsia) y quedase en la misma posición durante largo tiempo hasta que se le dijo que lo moviera.

El mismo método de inducción hipnótica que imita el proceder materno, aplicado a niños mayores, nos ha permitido obtener fenómenos más complejos, haciendo uso de la capacidad más desarrollada de estos niños para la expresión verbal de sus fantasías y sus experiencias subjetivas. (Para los niños de 6-9 años se utiliza también el hipnotismo de tipo “paterno”, es decir “autoritario”).

Basta observar la relación materno-infantil para percibir que la madre da sugestiones al niño contiguamente. Es de observación corriente que cuando un niño ha caído y se ha lastimado y viene llorando a la madre, ésta lo acaricia, y frota, o besa, o sopla sobre la región dolorida, sugiriendo que el dolor va a pasar, y el niño pronto deja de percibir el dolor y sigue jugando. La anestesia que se logra es la misma anestesia hipnótica.

Hasta ahora, nos hemos estado refiriendo a los niños que ya han adquirido el entendimiento de la palabra hablada. Pero es obvio que la madre procede en igual forma mucho antes de que el niño llegue a esta etapa de su desarrollo, más precisamente, desde el día en que el niño nace, expresándose por medio de la entonación de su voz, sus movimientos, sus gestos, etc., una actitud comprensiva, reconfortante y aceptadora. Al hacerlo proporciona al niño numerosísimas oportunidades para establecer condicionamientos (9) y asociaciones para el peculiar estado emocional que experimenta a causa de esta actitud, que le permitirán reinstalar el mismo estado en el futuro.

Los parientes u otros sustitutos maternos, lo mismo que el experimentador puede aplicar el procedimiento de la madre y hacer uso de los condicionamientos y asociaciones que ella ha creado en el bebé. Gerard (10) indica que un lactante se apaciguará casi al instante cuando es levantado, acariciado y arrullado por una mujer maternal, aunque ella sea una extraña para él. Esto es comprensible, porque muchos elementos en el sistema de condicionamiento son universales: la entonación suave, la cadencia de la voz, o de los movimientos, la monotonía agradable, etc. Las madres lo saben por instinto.

Está de más decir que no podemos aplicar las pruebas tradicionales de la hipnosis, todas ellas basadas sobre la sugestión verbal, a niños muy pequeños, pero hay también comunicaciones no-verbales que se transmiten por gestos, cambios de la voz, modificaciones en el movimiento, etc., y que parecen ser conocidas a una edad muy temprana. Se observa corrientemente que un bebé quejoso es el reflejo de una madre con disturbios emocionales. Un dicho popular mantiene que la leche de una madre que ha sufrido una alteración emocional se convierte en un “veneno” para el bebé. Sin embargo, los mismos efectos aparecen en niños alimentados con mamadera. Se ha hablado de una “telepatía” entre la madre y el hijo, pero esta comunicación bien puede tener lugar a través de los sentidos ordinarios, dado que los estudios de Charlote Bühler (11) sobre la reacción social del lactante han demostrado que el bebé puede reconocer movimientos, gestos y expresiones faciales mucho antes de comprender las palabras. Por otro lado, Meras (12) ha hecho hincapié sobre la enorme importancia de las “sugestiones no-verbales” en la hipnosis a toda edad.

Repetimos que la expresión del cariño materno, cuando el niño tiene necesidad de él, es equivalente a una inducción hipnótica. Por consiguiente, toda madre (o sustituto materno) efectúa inducciones hipnóticas en su hijo desde el nacimiento de éste.

¿Qué sucede si el niño de primera infancia no recibe estas expresiones de cariño maternal, cuando él las necesita careciendo, por consiguiente, de estímulos para la reacción emocional estabilizadora o “trofotropa”?

la salud del niño se compromete en forma grave- tan grave como si no recibiese alimento- produciéndose aun su muerte.
Los textos pediátricos relatan un experimento trágico del rey Federico I de Prusia, quien, deseando tener gete fuerte, ordenó que los niños de un asilo recibiesen buen alimento pero ninguna caricia, y todos los niños murieron.

El investigador contemporáneo, R.A. Spitz (13, 14, 15), ha publicado una serie de importantes artículos acerca de los resultados desastrosos que se obtuvieron con el cuidado estricto y “esterilizado” de los niños e las instituciones, separándolos de las madres y manipulándose solamente cuando lo exigían los cuidados de rutina.

El citado autor ha presenciado y filmado la muerte de treinta y cuatro bebés e un asilo, quienes recibieron la satisfacción de todas sus necesidades físicas, salvo de su necesidad de caricias. La vitalidad de estos niños decayó en forma visible a los tres meses de s separación de sus padres. Veintisiete niños murieron antes de haber alcanzado un año de edad, siete en su segundo año. Los veintiún niños que sobrevivieron, quedaron todos con graves deficiencias físicas y mentales.

En una observación rigurosamente controlada sobre 200 niños, quienes tuvieron una insuficiencia del “trato maternal”, el mismo autor encontró marasmo seguido de muerte en un 37 %. Otros casos mostraron una gran depresión, una desnutrición que llegaba a la caquexia, y un desarrollo retardado.

Otra investigadora en este campo, Margarethe A. Ribble, (16) indica que los niños que no han recibido el trato maternal pueden presentar s}dos aspectos diferentes. Algunos de éstos se comportan de un modo negativo: negándose a tomar el alimento, reteniendo su orina y sus materias fecales, y llorando con insistencia, aun con una retención prolongada de su aliento. Pese a la buena alimentación, se desnutren en forma progresiva. Otros niños parecen haber abandonado la lucha, mostrándose deprimidos, aletargados y muy débiles, con irregularidades en su respiración y funcionamiento digestivo deficiente, empeorando hasta entrar en un estado de colapso que precede a la muerte.

Los psiquiatras Mahler (17) y Bellack (18) han indicado que la insatisfacción de las necesidades de trato maternal cariñoso predispone a los niños a la psicosis y a la esquizofrenia.

Hay una íntima conexión entre el psiquismo y el cuerpo (ésta explica los fenómenos hipnóticos, las llamadas enfermedades psicosomáticas y las curaciones por medio de la hipnoterapia, que se estudiarán más adelante). Cuanto más pequeño es el niño, tanto mayor es la interdependencia entre su cuerpo y su mente: lo que altera la psiquis, invariablemente alterará el cuerpo y viceversa.

Entre las publicaciones más recientes figura el trabajo de las doctoras Geliner-Ortigues y Aubry (19), describiendo detalladamente el caso de Paul E., de 18 meses de edad, quien fue traído en un estado de gran desnutrición, con sordera de origen psíquico y marcado retraso de desarrollo, explicables por la privación del trato cariñoso y maternal, y quien, al recibir este trato de los terapeutas, mejoró con gran rapidez desde el punto de vista físico y psíquico.

El estado hipnótico inducido por la madre o los sustitutos maternos determina una estabilización emocional que favorece el desarrollo fisiológico y psicológico normal del niño, constituye una fuente de “seguridad” que ayuda a éste a restablecer el equilibrio alterado por los traumatismos psicológicos de la vida cotidiana, entrenándolo a soportar las agresiones psicológicas en el futuro, hace posible el proceso educativo, y al mismo tiempo, proporciona oportunidades para que el niño desarrolle asociaciones y reflejos condicionados, que le permitirán establecer relaciones hipnóticas con los demás en el futuro, con los beneficios antedichos.

Relaciones Hipnóticas de la vida diaria

Acabamos de demostrar que las relaciones hipnóticas del niño con sus padres son vitalmente necesarias para el niño. Pero esto no indica que la madre transmite algo a su hijo, pues, al contrario, la capacidad para entrar en estado hipnótico es innata (como la capacidad parta hablar, caminar, etc. ), debiendo ser desarrollada. La madre ayuda al niño a desarrollar su capacidad para entrar en el estado hipnótico.

El destacado psiquiatra Milton H. Erickson (20) ha dicho que el proceso hipnótico es comparable al proceso vital que tiene lugar en el huevo, que es meramente estimulado por el calor de una incubadora.

Del mismo modo, el operador no impone el estado hipnótico a un sujeto adulto, sino solamente le ayuda a desarrollar este proceso en sí mismo, aprovechando para la “inducción” de un estado hipnótico de modalidad “estabilizadora” los condicionamientos y las asociaciones al estado emocional hipnótico originalmente inducido por las caricias y los arrullos maternos. Tales condicionamientos y asociaciones se constituyen por un mecanismo posiblemente comparable al de los “reflejos condicionados” de Pavlov (9), que Watson ha vinculado a las reacciones emocionales del infante (22).

Las asociaciones del estado emocional hipnótico con factores interpersonales o impersonales, constituidas en el transcurso de las relaciones hipnóticas del individuo con sus padres, o son invariables. Algunas asociaciones universales persisten durante toda la vida de la persona, mientras que otras se van modificando y adquiriendo características individuales.

La asociación del proceso de desarrollo del estado emocional hipnótico con ciertas actitudes interpersonales, tales como una actitud aceptadora, comprensiva, reconfortante, etc., constituye la base para la inducción del estado hipnótico por los procedimientos directos e indirectos (que analizaremos detalladamente en un capítulo especial), con la condición fundamental de que el individuo esté emocionalmente dispuesto a aceptar dicha actitud. Esto no significa, sin embargo, que la actitud apropiada será aceptada de un modo automático de cualquier persona, aun si el individuo la necesita.

Las asociaciones impersonales se refieren a situaciones y factores que originalmente acompañaron las caricias maternas, tales como el estado de relajación muscular, el ambiente tibio, la música suave, etc., y que luego se modificaron y elaboraron de acuerdo con la experiencia de la persona en la vida.

La presencia de estos factores en el curso de una inducción hipnótica por procedimiento directo favorece la obtención de un estado emocional hipnótico profundo con mayor rapidez. A la vez, dichos factores impersonales juegan un papel capital en el desarrollo de un estado auto-hipnótico en el individuo emocionalmente dispuesto a lograrlo, por ejemplo, para estabilizar su estado emocional, hecho importante para el mantenimiento de la salud psíquica ante las emociones alteradoras.

La estimulación de los condicionamientos y las asociaciones, ya sea el estado emocional hipnótico positivo o el estado emocional hipnótico negativo, puede tener lugar en cualquier ambiente. El momento en que una persona logra efectuar esta estimulación e un individuo dispuesto a reaccionar emocionalmente a ella, corresponde a un contacto hipnótico, que puede ser “positivo” o “negativo” según el caso (23)

El contacto hipnótico no es más que un instante teórico, el cual puede desvanecerse al instante , o constituir el punto de partida de una relación interpersonal hipnótica, más o menos profunda y duradera. En nuestra vida diaria abundan los contactos hipnóticos fugaces y las relaciones hipnóticas frustradas o breves, al grado de poder decirse que nuestras vidas están repletas de ellos.

Todas estas experiencias son tan “normales” y tan corrientes que su propio carácter cotidiano hace que no se les preste mayor atención ni se les tome como objeto de estudio. Sin embargo, ellas constituyen la base de las relaciones hipnóticas que tienen lugar en el consultorio del médico que emplea hipnotismo terapéutico, en el laboratorio del experimentador sobre psicología, o en la escena del hipnotizador teatral.

Para la demostración de la equivalencia entre el hipnotismo deliberadamente inducido y las relaciones hipnóticas de la vida diaria, resulta muy interesante confrontar las recomendaciones de dos autores bastante conocidos, uno en el ambiente literario y otro e el ambiente científico. El primero es Dale Carnagie, con sus consejos para ganar amigos e influir sobre los demás, expuestos en su libro “Cómo Ganar Amigos e Influir sobre las Persona” (24). El segundo, Milton H. Erickson, que ha sido llamado “el hipnotizador clínicamente más astuto de nuestro tiempo”, con sus indicaciones representativas del proceder habitual de los terapeutas modernos como base para la inducción del estado hipnótico por el procedimiento natural.

Como se verá, las indicaciones dadas por estos dos autores son idénticas, pese a que uno de ellos se refiere a la mejor manera de tratar a la gente e influir sobre ésta , y el otro a la inducción hipnótica.

“Muestre simpatía por las ideas y deseos del prójimo”. (Carnagie)

“Vayan al encuentro de los deseos y la capacidad de comprensión del sujeto”. (Erickson)

“Consiga que la otra persona diga: “Sí, sí” inmediatamente”. (Carnagie)

“Hagan unas simples preguntas casuales, todas ellas determinando la respuesta “Si”. Cuando tienen a la persona diciendo “sí” a esto y “sí” a aquello, la persona ya es receptiva”. (Erickson)

“Permita que el prójimo salve el prestigio...” (Carnagie)

“Déjenle salvar el prestigio...” (Erickson)

“Llame indirectamente la atención sobre los errores de los demás”. (Carnagie)

“Es siempre mejor conseguir las cosas indirectamente” (Erickson)

“Interésese auténticamente por los demás,,,” “Hable siempre de lo que le interesa al prójimo”: (Carnagie)

(Explicando la que se hizo en una demostración) “Ella (la sujeto) sin duda sentía que yo estaba interesado e lo que ella decía y hacía y yo puse énfasis e su propio interés y bosquejé las posibilidades para ella”. (Erickson)

Podrían citarse muchos ejemplos de recomendaciones paralelas.

Tanto Erickson como Carnagie buscan que el sujeto se sienta motivado para actuar de acuerdo con los deseos de ellos.

Después de esta preparación, Erickson logra en el ambiente experimental o terapéutico que el sujeto realice tareas sencillas, como mla de mover una mano, cerrar los ojos, etc., y lo llama una “inducción hipnótica”, que puede ser “dormida” o “despierta”.

Carnagie obtiene un comportamiento más complejo en la vida diaria, como la firma de un contrato conveniente para ambos, y los llama “influir” sobre una persona.

Tanto Erickson como Carnagie propone actos adecuados al ambiente en que se encuentran, lo cual constituye un requisito importante para la inducción del estado hipnótico.

Por consiguiente, es evidente que la disposición emocional del sujeto para entrar en estado hipnótico no se logra con sugestiones de levantamiento de mano, o cierre de ojos, sino por la “preparación” sutil que las precede y gracias a la cual el sujeto puede reaccionar tanto a estas proposiciones como a proposiciones diferentes.

Watkins (25), ha dicho con razón que “ la inducción de un trance hipnótico no es cuestión de manipulación técnica, sino un problema de comprensión e interacción en el ambiente de una relación interpersonal íntima”.

A la vez que son extremadamente frecuentes, las relaciones hipnóticas de la vida diaria se encuentra en continua fluctuación.

Hay fluctuaciones cualitativas, que corresponden a la alternancia de los estados hipnóticos “positivos” y “negativos”, y fluctuaciones cuantitativas relacionadas con la prolongación de las relaciones hipnóticas.

Es muy fácil el pasaje de las formas positivas de la hipnosis que están asociadas a una actitud cariñosa y comprensiva, a las formas negativas, ligadas a una actitud autoritaria, lo cual reproduce la misma alternancia que existe en el estado emocional de un niño en el curso de sus relaciones con sus padres.

Siendo el estado hipnótico un estado emocional, su duración es breve (de varios minutos a varias horas después de haberse sustraído de la causa estimulante). Pero a igual que los estados emocionales restantes, el estado hipnótico puede ser reactivado, repetidamente. Un operador que ha inducido un estado hipnótico en un sujeto una vez, tiene probabilidades aumentadas de poder reactivar este estado en sus encuentros sucesivos con el mismo sujeto. Un simple saludo puede ser suficiente para reactivar un estado hipnótico. Si estas personas se encuentran diariamente y permanecen en contacto varias horas al día, la relación hipnótica puede ser permanente.

Pero esto no significa que la relación hipnótica se mantendrá por tiempo ilimitado, pues en cualquier momento ella puede ser interrumpida y bloqueada por una actitud contraria a los deseos o las convicciones de la persona. Este bloqueo transitorio o duradero, no solamente puede tener lugar en las relaciones Inter.-personales de la vida diaria, como por ejemplo, entre padres e hijos, sino también en el ambiente terapéutico o experimental, entre el hipnotizador y el sujeto, cuando el terapeuta, habiendo inducido el estado hipnótico una o dos veces, se encuentra imposibilitado para volver a hacerlo e las sesiones siguientes.

Llamamos relación hipnótica principal a la relación hipnótica constantemente reactivada, como la del niño y sus padres, y la que puede existir entre el alumno y el maestro, el creyente y el consejero religioso, o entre amigos íntimos, esposos, etc.

Las relaciones hipnóticas secundarias son las que se mantienen por poco tiempo.

La posibilidad de establecer relaciones hipnóticas secundarias con un número grande de personas, aumenta a medida que se amplía el círculo de contactos interpersonales de un individuo, como ocurre en el curso de su desarrollo normal desde su infancia. En determinado momento, una relación hipnótica secundaria puede llegar a ser la principal, y la principal puede volverse secundaria o desaparecer.

Admitimos que las relaciones hipnóticas principales juegan un papel capital en la educación, es decir en la elaboración de costumbres, conceptos, valores éticos y religiosos, etc. (todo lo que se comprende por educación). En esto se incluye la constitución de prejuicios.

Es comprensible la enorme importancia de las relaciones hipnóticas principales para la constitución de las convicciones y la personalidad de un individuo. Sus efectos, favorables o desfavorables, difícilmente podrán ser contrarrestados por otra persona que establece una relación hipnótica secundaria con el mismo individuo, y pretende “re-educarlo” en el curso de ésta.

La educación se efectúa sobre la base de dos relaciones hipnóticas: la de carácter positivo y la de carácter negativo.

¿Por qué en el proceso de la educación de los niños, algunos conceptos quedan firmemente grabados en las mentes de éstos y otros se esfuman rápidamente? Sobre esto influye el carácter positivo o negativo de las relaciones hipnóticas, como también el hecho de que los datos sean incorporados con emociones concomitantes o sin éstas. En todo caso, esta línea de capital importancia para la educación, requiere una investigación intensiva, pues hasta ahora no se ha relacionado la educación, con las relaciones hipnóticas.

Puede haber relaciones hipnóticas multipersonales. Es fácil comparar a la madre que tiene relaciones hipnóticas simultáneas con varios hijos, con el operador que induce y mantiene una relación hipnótica con más de un sujeto. Es también posible y conocido el hecho de que varios operadores comportan la relación hipnótica con una determinada persona.

Las relaciones hipnóticas pueden entrelazarse de manera muy diversa. Un individuo puede tomar a la vez el papel de “sujeto” en una relación hipnótica y de “operador” en otra (siendo a la vez “estimulado” y agente “estimulador”). Por ejemplo, Erickson (20) ha hecho un interesante experimento. Uno de sus ayudantes indujo el estado hipnótico en uno de los sujetos experimentales, a la vez Erickson indujo el estado hipnótico en ese ayudante. El sujeto experimental y el ayudante de Erickson entraron en estado hipnótico casi al mismo tiempo.

Además el estado hipnótico puede ser estimulado por factores impersonales emocionalmente significativos para aquella persona en especial, que con cierta frecuencia acompañaron este estado durante la época de elaboración de sus condicionamientos, como el estado de relajación muscular, la música, el sonido del agua o del viento, o las más diversas manifestaciones de la naturaleza e la forma de sonidos, aromas, colores, etc. Este estado, que llamamos auto-hipnótico, es experimentado por todas las personas en el curso de su vida, algunas más y otras menos, aun alcanzando mayores o menores profundidades hipnóticas. Los Yoghi (26), mediante un entrenamiento cotidiano, logran estados auto-hipnóticos profundos, con todos sus fenómenos.

Williams (27), ha descrito un número de circunstancias normales y corrientes de la vida diaria en las cuales los estados auto-hipnóticos tienen lugar con cierta frecuencia: la pesca en aguas tranquilas, el reposo en contacto con la naturaleza, escuchando el viento en la copa de los árboles, el ruido del mar, el zumbido de los insectos, etc., la entrada en la atmósfera solemne de un templo, el disfrute de la música, de ciertas formas de literatura, etc. Las reacciones a estos estímulos son netamente individuales; algunas personas entran en estado auto-hipnótico ante unos estímulos, otros con estímulos diferentes.

Asimismo, otro psicólogo, Maslow, ha destacado la importancia de un estado especial, experimentado con un grado superior de intensidad y frecuencia por las personas con salud psíquica ideal, que permite “derivar inspiración, fuerza y revivificación de la naturaleza, de la música o de otras experiencias básicas de la vida” y tener “una relativa estabilidad frente a los desengaños, los golpes, las privaciones, las frustraciones, etc...” (28). Tal estado emocional corresponde a la auto-hipnosis, si bien el mencionado autor no le aplica este nombre.

El estado auto-hipnótico, al igual que el estado hipnótico inducido por otras personas, tiene un efecto de estabilización emocional.

Como hecho interesante, hay que agregar que los estados auto-hipnóticos fueron conocidos por los pueblos primitivos, y los estímulos que los desencadenan han formado parte de los rituales de estos pueblos (bailes, batir de tambores, adoración del fuego, etc.) tanto en tiempos pasados como en la actualidad.

Mediante un entrenamiento suficiente, pueden lograrse estados auto-hipnóticos de una considerable profundidad, con todos sus fenómenos: insensibilidad al dolor, resistencia al cansancio, etc. (como los yogis). El desarrollo de la capacidad para entrar en estado auto-hipnótico puede ser acelerado por medio de una inducción hipnótica interpersonal.

Es corriente que un sujeto en quien se induce el estado hipnótico en el ambiente terapéutico o experimental, dé consejos de cómo se logra mejor la inducción hipnótica e él. Estas son las personas que entran frecuentemente en un estado hipnótico de cierta profundidad. Ellas piden que se hable más lentamente, o dicen que quieren tener la fantasía de estar recostados sobre la espalda, mirando el desplazamiento de las nubes, o imaginar que un ómnibus los arrulla con su ruido mientras observa el paisaje tras la ventanilla.

Hay otras personas que después de varias sesiones de inducción hipnótica, a menudo habiendo logrado un estado profundo, preguntan: “dígame, ¿cuándo me va a hipnotizar?” Cuando se les dice que han estado bajo estado hipnótico en varias sesiones, estos individuos se sorprenden y declaran que lo que sintieron en las sesiones o puede ser hipnotismo, pues se trata de un estado completamente normal que han experimentado repetidamente.

Estos ejemplos revelan una vez más la falta de diferencia entre el hipnotismo experimental y el de la vida diaria.

El significado de la Profundidad Hipnótica

Hasta los últimos tiempos se acostumbraba a hablar de estado hipnóticos “livianos”, “medios”, “profundos” y “profundísimos”, aun reconociendo que no existe ninguna delimitación precisa e éstos.

Esta clasificación se basaba e los fenómenos de comportamiento que el sujeto puede presentar en las diferentes etapas de la “profundización” del estado hipnótico, sobre lo cual pueden encontrarse en la literatura tablas de diferentes autores especificando los fenómenos que corresponden a cada etapa de profundidad. (Davies y Husban, (30); Friedlander y Sarbin, (31); LeCron y Bordeaux, (5) y otros.)

Ello constituye un criterio groseramente esquemático, porque es corriente encontrar que los fenómenos que un individuo logra e un estado hipnótico liviano sean logrados por otro solamente en un estado profundo, y viceversa.

Estas tablas indican por ejemplo que en el estado hipnótico liviano el sujeto suele presentar relajación muscular, inmovilización de la mirada, caída de sus párpados, etc., etc.; que en el estado medio hay además una cierta insensibilidad al dolor, ciertas ilusiones, etc.; y que en el estado hipnótico profundo, también llamado sonambulístico, el sujeto suele presentar la pérdida de sensibilidad al dolor o al cansancio, una influencia sobre el funcionamiento de diferentes vísceras, una confusión entre su propia imaginación y la realidad, etc., etc.

Estas escalas fueron confeccionadas sobre la base de los viejos procedimientos de inducción hipnótica que comienzan con sugestiones de sueño. Pero el concepto del hipnotismo como un estado de sueño ha pasado a la historia, siendo bien sabido que el estado hipnótico no requiere que el sujeto esté en estado de sueño, y que todos los fenómenos hipnóticos tienen lugar en el estado de “hipnotismo despierto”.

Puede encontrarse un ejemplo muy ilustrativo de hipnotismo despierto en una demostración de Erickson (29), quien llevó al estado hipnótico “sonambulístico” a una de sus estudiantes y bajo tal estado ella dio una larga conferencia científica referente al hipnotismo a un auditorio compuesto por psicólogos y psiquiatras, la mayoría de los cuales eran expertos en esta materia.

Al terminar, se preguntó al auditorio si alguien había notado algo anormal en el comportamiento de la conferencista. Nadie había notado ninguna anormalidad ni reconocido el estado hipnótico profundo bajo el cual ella se hallaba.

Este ejemplo muestra que en algunas formas de “sonambulismo” resulta difícil distinguir el estado hipnótico del estado no hipnótico. Una profundización mayor del estado hipnótico se revela por cierta lentitud en los movimientos de la cabeza, cierta pérdida de la movilidad facial, cierto embotamiento psíquico y motriz, etc.

Erickson (29) ha descrito el estado hipnótico profundísimo o estuporoso como un estado pasivo, que carece de la actividad espontánea del estado sonambulístico. Las reacciones del individuo se vuelven incompletas y retrasadas y éste se vuelve incapaz de apreciar su yo. De aquí se puede pasar a una marcada depresión de las funciones orgánicas, dando lugar a una aparente “animación suspendida”.

La moderna interpretación de la profundización del estado hipnótico (32) está vinculada al concepto de una retrogresión psicológica a un nivel más temprano del desarrollo de un individuo, lo cual concuerda perfectamente con la comprensión del hipnotismo como la reinstalación de una situación infantil.

La retrogresión se efectúa en forma continua, sin que haya etapas ni fronteras. El estado de hipnotismo “profundo” corresponde aproximadamente al funcionamiento psicológico de un niño de 1 a 3 años de edad, mientras que el estado “profundísimo” o estuporoso tiene las características de la psicología del recién nacido. Claro está que en este proceso retrogresivo, la persona no se despoja de toda la experiencia que ha adquirido hasta la fecha, sino, como lo indican Kubie y Margolin (33), la “canaliza” a través de un mecanismo psicológico menos maduro.

El paralelismo entre el comportamiento del sujeto en las etapas profundas de la hipnosis y el comportamiento del niño en las etapas tempranas de sus desarrollo, puede ser observado claramente en la confrontación de las siguientes características:

El niño es más espontáneo en su comportamiento, inhibe menos sus propios impulsos, entiende en forma más literal lo que se le dice, tiene menos sentido del humor, concentra más sus esfuerzos en un propósito limitado, al igual que la persona hipnotizada.

Entre las peculiaridades de la psicología infantil que se manifiestan en grado máximo en el niño de 1 a 3 años, ha de señalarse la noción muy imperfecta de la realidad. Kurt Lewin (34) indica que mientras el adulto diferencia claramente entre aquello que está solamente en su pensamiento y aquello que existe en el mundo exterior, el niño tiene gran facilidad para confundirlos.

Piaget (35) describe en el niño “una confusión entre lo que es interno y lo que es externo, o la tendencia a proyectar en el mundo exterior aquellos objetos que no son más que el resultado de su propia actividad mental...”

En sus juegos, hasta los niños mayores proyectan sus fantasías sobre los objetos más usuales. Un palo se vuelve caballo y es usado como tal. Una niñita puede atribuir las características de un bebé a un trapo atado con un cordel, del mismo modo que una muñeca muy bien hecha. Se dice que la imaginación de un niños es muy viva. La vivacidad de la imaginación también caracteriza el estado hipnótico de cierta profundidad.

La denominada “imaginación eidética” (o “visión fotográfica”) es también una característica del niño, si bien es estudio difícil antes de los seis años de edad. Gracias a ella, el niño puede mirar atentamente un objeto y más tarde “verlo” nuevamente, después de un período de tiempo que puede extenderse a años. La imagen eidética puede ser exacta o puede diferir del original en color, forma, detalle, etc. Allport (36) ha destacado que puede encontrarse la reproducción eidética de objetos muy complejos, con reconocimiento de detalles minúsculos que difícilmente hubieran sido retenidos en la memoria: los botones del saco de una persona que pasa, las letras de un aviso en idioma extranjero, la longitud y dirección de las sombras de un camino, etc. Quien “ve” eidéticamente suele presentar los mismos movimientos y las mismas expresiones faciales que se encontrarían en una persona que observa y describe objetos reales. Según datos de Klüver (37), hasta ciertas leyes fisiológicas de la visión se cumplen (como la aparición de colores complementarios o el fenómeno de Purkinge) La misma “visión fotográfica” (o su equivalente auditivo) constituye un fenómeno del estado hipnótico.

Tanto la imaginación muy vivas como el “eidetismo” son muy vecinas a la alucinación, que constituye una forma extrema de proyección del pensamiento propio en el mundo exterior Bernfield (38) afirma que “la niñez se distingue por sus imágenes alucinatorias más frecuentes y que el carácter alucinatorio de la representación mental constituye un elemento básico en el comportamiento infantil”. Ya hemos indicado que la alucinación constituye uno de los fenómenos más llamativos del estado hipnótico.

Mientras que el adulto requiere una racionalización de cualquier afirmación que se le hace y debe integrarla en el sistema de conocimientos que él ha constituido hasta el momento, el niño puede aceptar afirmaciones sin racionalización y fácilmente admite efectos “mágicos”. Los cuentos de hadas suelen ser aceptados pese a todas sus extravagancias. En esta forma, el niño puede aceptar con toda facilidad proposiciones extravagantes cuando éstas provienen de una persona que está en situación apropiada para dárselas y no contrarían sus propios deseos de aceptarla, al igual que el sujeto bajo estado hipnótico.

Es conocida la gran facilidad que tienen los niños para difundir sus impulsos psíquicos al funcionamiento de su cuerpo. La inestabilidad emocional (“nerviosismo”) de un niño fácilmente se expresa en vómitos, pérdida de apetito (o apetito excesivo), estreñimiento, etc. Muchos niños pueden vomitar a voluntad. El niño “interesado” en alguna actividad puede tener gran resistencia al cansancio, y se conoce la “catalepsia” (capacidad de mantenerse una parte del cuerpo inmóvil por largo tiempo) normal de los niños pequeños. Ya hemos indicado cómo la madre puede “sugerir” a un niño que se ha lastimado que su dolor calmará muy pronto, obteniendo efectivamente el alivio de ese dolor. El sujeto en estado hipnótico vuelve ha adquirir la misma capacidad.

También hay una equivalencia en el comportamiento caprichoso y antojadizo de un niño y el del sujeto hipnotizado.

Estas diferentes características tienen una base común: la insuficiencia de las inhibiciones. El niño, a diferencia del adulto, no inhibe la transformación de sus impulsos en acción (de lo cual deriva su “espontaneidad”), no inhibe sus fantasías por medio del sentido crítico, no inhibe la difusión de sus estímulos psíquicos a su cuerpo. La mencionada catalepsia resulta una anuencia de la sensación de cansancio que inhibe la realización de un esfuerzo máximo y evita que el adulto haga uso de las energías reservadas para situaciones de emergencia. Exactamente lo mismo puede decirse respecto a la persona en estado hipnótico de cierta profundidad.

Al igual que estas características fundamentales, todos los “fenómeno” hipnóticos (que serán descritos en el Capítulo III) reproducen modalidades de comportamiento que pueden encontrarse normalmente en los niños.

El recién nacido conserva ciertos rasgos del comportamiento fetal (estudiado con gran interés en los últimos años). Duerme o dormita aproximadamente el 80 % de su tiempo, y fuera de sus cortos períodos de vigilia solamente puede ser despertado por estímulos fuertes, como la incomodidad, el hambre, los ruidos fuertes o los cambios de temperatura. Tiene así la misma falta de contacto relativa con el mundo exterior que caracteriza al estado hipnótico profundísimo o estuporoso. (En un estudio experimental más preciso, Soltman, A. Westphal y C. Wetphal han comprobado que los tejidos musculares y nerviosos del recién nacido responden menos a los estímulos externos que los del adulto) (39, 40, 41).

La sensibilidad y las percepciones del recién nacido son imperfectas. En los primeros días de vida, su sensibilidad al dolor es débil. Luego, las sensibilidades cutáneas y auditivas son las que se desarrollan con mayor rapidez. Poco sabemos del estado de conciencia del recién nacido. W. James (42) presume que éste debe consistir en “una gran confusión exuberante y zumbante”. En forma comparable, existe una imperfección y un carácter borroso de las percepciones en el estado estuporoso.

El paralelismo entre el estado hipnótico profundísimo estuporoso y la psicología del recién nacido puede verse en el siguiente experimento (43).

Se eligió para este estudio experimental a una mujer inteligente de 34 años de edad, quien, tras un largo entrenamiento, había adquirido la capacidad de entrar en el estado hipnótico estuporoso.

En el curso de una sesión hipnótica, mientras ella o había alcanzado todavía el nivel más profundo, se le preguntó si estaba dispuesta a colaborar en un experimento, realizando una tarea que necesitaba de su inteligencia y capacidad de auto-observación para ser llevada a cabo satisfactoriamente y que ayudaría a aclarar un aspecto muy poco conocido del estado hipnótico. Ella aceptó gustosamente.

Se le dijo que debía observar muy cuidadosamente sus sentimientos e impresiones bajo el estado que ella juzgara ser el más “profundo” que era capaz de lograr, y relatarnos después lo que ella sintió en ese estado. El experimento podría durar 2-3 sesiones hasta que ella hubiese acumulado las experiencias y observaciones necesarias.

En las sesiones siguientes se lograron estados estuporosos, durante los cuales se introdujeron algunas variaciones en la actitud hacia ella, cambiando el tono de voz, haciendo ciertos ruidos, tirando de la frazada con la cual se cubría, etc.

Recién en la quinta sesión ella reveló un deseo de relatar lo que había sentido en el estado hipnótico profundo, estuporoso. Su relato fue registrado con un grabador de sonido.

“Es como si estuviese acostada en una cuna muy cómoda o sobre alguna nube. No se quiere nada, todo parece muy agradable, y uno no quiere salir de este estado La cabeza de uno no trabaja, no se puede hablar porque las palabras no vienen. No se piensa en nada, solamente se siente, y no se comprende lo que se siente. Las cosas son simplemente agradables o desagradables. Se siente con la piel o con los oídos. Cuanto menos trabaja la cabeza, tanto más sensibles se ponen la piel y los oídos. Uno oye todos los ruidos, pero ellos no molestan uno no los distingue, de dónde vienen y qué son. Solamente cuando aparece un ruido inesperado o desagradable, uno tiembla y quiere llegar o gritar para que este ruido desaparezca. Pero cuando se siente una mano tibia o una frazada calientita, es tan calmante, tan agradable, tan agradable. No se entienden las palabras, uno solamente quiere escuchar la voz. Si la voz se detiene es tan, es desagradable, como si se hubiese perdido algo importante. Si es agradable, uno quiere sonreírse o reír. Si se abren los ojos no se ven objetos, las cosas no son cosas, ellas no tienen perspectivas, ellas no son claras, sus márgenes son borrosos, como en una niebla, y uno las mira y no sabe lo que ve y no se da cuenta si está cerca o lejos. Cuando usted me está hablando, yo no comprendo las palabras, pero encuentro agradable oír una voz, ella me tranquiliza, y también me tranquilizo si siento una mano tibia sobre mi frente o una frazada suave alrededor de mí. Si oigo un ruido fuerte o hace frío, tengo sensaciones desagradables. Pero si siento que una mano está acariciando mi frente y oigo una voz suave, sonrío como si fuera involuntariamente y quiero apretarme contra la camilla. Uno no siente el cuerpo para nada, uno se siente tibio y cómodo. Pero uno se vuelve muy infeliz si la frazada cae de pronto (en ese momento la temperatura de la pieza era de 16 ° C.). Es tan desagradable. Uno se siente con frío y tiembla. Y si hay un ruido áspero e inesperado, éste golpea los oídos tan fuerte que uno siente un espasmo muy desagradable en todo el cuerpo, uno cierra los puños y sus piernas se endurecen. Uno quiere gritar y llora, y se siente muy desgraciado. Pero si oye una voz agradable, todo pasa, y una onda agradable inunda todo el cuerpo y uno quiere permanecer en este estado para siempre. Cuando uno oye una voz insistiendo que debe comprender las palabras habladas, uno quiere resistirse y en ese momento la cabeza empieza a trabajar y el estado agradable desaparece”.

Este experimento muestra claramente que la persona en estado estupososo tiene un embotamiento marcado de sus actividad mental, que sus percepciones son mal definidas con predominio de la sensibilidad de su piel y sus oídos, que le agrada oír una voz tranquilizadora, que siente en forma difusa lo agradable y los desagradable, tendiendo a reaccionar con todo su cuerpo en ambos casos; y que procura combatir lo que le resulta irritante por medio del llanto o del grito. Todos esto es muy similar al comportamiento de un niño de pocos meses de edad.

El estado de retrogresión a la psicología de la primera infancia, con todos los fenómenos que derivan de él, es una consecuencia natural de cualquier estado emocional lo suficientemente intenso (como el temor, la ira, la alegría, etc.)

No hay ningún fenómeno que se obtenga en la retrogresión psicológica hipnótica que no pueda producirse también en los estados retrogresivos desencadenados por las más diversas emociones de la vida diaria (44). Por ejemplo, una persona que tiene una profunda emoción de temor, suele ver u oír lo inexistente (alucinaciones), presentar manifestaciones psicosomáticas diversas, como una aceleración de su pulso, un disturbio digestivo, etc., movilizar recursos extraordinarios, como, por ejemplo, para correr con una velocidad que no lograría en su estado corriente.

Lo único que distingue la hipnosis es el hecho de que la reacción emocional alteradora o estabilizadora es estimulada deliberadamente.

La Sugestionabilidad y la Hipersugestionabilidad

Siendo el estado emocional hipnótico positivo equivalente al estado emocional que experimenta un niño al recibir las caricias de sus padres cuando él las necesita, este estado emocional hipnótico se acompaña invariablemente de una especial motivación, equivalente también a los deseos e impulsos que tienen los niños para aceptar las proposiciones y acceder a los pedidos de sus progenitores, pero esta aceptación e incorporación en sí mismo no se hace en forma pasiva, sino activamente.

Esta motivación es uno de los atributos básicos del estado emocional hipnótico. Constituye solamente una disposición emocional (23).

La sugestionabilidad es la expresión de la motivación del estado emocional hipnótico por medio de una actividad psíquica o física orientada a la ejecución de las proposiciones u órdenes recibidas, tanto verbales como implícitas o no-verbales.

Para que las proposiciones y las órdenes recibidas bajo el estado hipnótico ( a llamarse de aquí e adelante “sugestiones”) sean aceptadas y ejecutadas, es necesario que no contraríen las convicciones ni se opongan a los deseos o los intereses del individuo.

Existía la idea, muy difundida entre el público, pero completamente equivocada, que un sujeto puede ser obligado a hacer todo lo que el operador quiere.

En principio, el sujeto no hará jamás en estado hipnótico, de cualquier profundidad, lo que sus “convicciones” o su “conciencia” le impedirían hacer en su estado corriente. Un operador que da precisamente las proposiciones que concuerdan con la disposición del sujeto para aceptarlas, refuerza su relación hipnótica con éste pero el operador que da proposiciones que el sujeto se ve precisado a rechazar, debilita o destruye la relación hipnótica (bloqueo).

Esto ya se sabía en el siglo pasado. En la clínica del conocido neurólogo francés Charcot, se procuró obligar a una joven alumna en estado hipnótico profundo a desvestirse ante un auditorio de numerosos estudiantes. En vez de obedecer esta orden, la joven salió del estado hipnótico profundamente indignada. Es de suponer que una artista de variedades, acostumbrada a mostrarse en público con poca ropa, hubiese cumplido sin reparos la sugestión.

Todas las sugestiones deben ser dadas en un ambiente propicio, o precedidas de una explicación que satisfaga al sujeto.

En las diferentes etapas del desarrollo psicofisiológico del individuo, hay una variación en sus intereses, sus convicciones, sus deseos y sus impulsos, lo cual debe ser tenido en cuenta al darle sugestiones, para que éstas sean aceptadas.

Así el niño de primera infancia, que todavía no ha tenido suficiente experiencia en la vida, puede aceptar prácticamente todas las proposiciones que le den sus padres, con la sola excepción de aquellas que lo dañan físicamente, y aún éstas, mientras no ha tenido la experiencia de ese daño. Acepta las afirmaciones de que su perrito habla, que su dolor pasará al acariciar la madre la región dolorida, que las hadas y los Reyes Magos existen, etc.

Al avanzar la maduración, el individuo va acumulando experiencia, elaborando convicciones y desarrollando sus capacidades intelectuales, sus gustos, sus valores éticos, et.

Por ello, un individuo maduro ya no aceptará cualquier proposición que le sea dada en estado hipnótico, sino las proposiciones que puede incorporar a su propia psicología, sus pensamientos, sus costumbres, sus reglas morales, las convenciones sociales que ha aceptado, etc.

Llamamos “hiper-sugestibilidad” a la “sugestibilidad”* de una persona que tiene en ese momento un estado psicológico igual al que existe en la primera infancia, caracterizado por su falta de sentido crítico y de inhibiciones, tanto para la difusión de las representaciones mentales al cuerpo, como para la proyección de las fantasías en el mudo exterior.
(*: usamos indistintamente las voces sugestibilidad o sugestionabilidad y los términos con ellas compuestos)

La hipersugestionabilidad existe en el estado hipnótico profundo (dado que la profundidad hipnótica corresponde a una retrogresión a la psicología de la primera infancia), como también en los estados de retrogresión psicológica causados por cualquier otra emoción los suficientemente intensa, habitual en la vida diaria- como por ejemplo, el temor. Gracias a la hipersugestionabilidad pueden obtenerse los diversos “fenómenos hipnóticos”, como las alucinaciones, las modificaciones viscerales de origen psíquico, etc., que serán analizados en el Capítulo III.

La sugestión y la hiper-sugestibilidad solamente movilizan las capacidades que están dentro del individuo. Ellas no pueden crear ni talentos n habilidades que el individuo o tiene. Es completamente fantástico el tema de la novela de George Du Maurier “Trilby”, adaptado para la película cinematográfica “Svengali”, que presenta al la heroína Trilby, totalmente carente de capacidad para el canto, transformándose en una gran cantante bajo la influencia de las sugestiones dadas por el hipnotizador Svengali.

La sugestionabilidad constituye la base para la educación y re-educación. En el transcurso de sus relaciones hipnóticas principales, mantenidas por constante reactivación durante años, el individuo absorbe e incorpora a su propia personalidad la atmósfera de convicciones, prejuicios, nociones éticas, apreciación de valores, etc., de los ambientes correspondientes.

Parte de ello se absorbe con la sola participación del estado emocional hipnótico, mientras que en otra parte, el estado emocional hipnótico se acompaña de otras emociones concomitantes. Por ejemplo, una superstición puede ser incorporada por algunas personas con una emoción de pavor, mientras que otras personas la incorporan sin emoción alguna.

Las sugestiones verbales y no verbales incorporadas en el curso de la educación podrían durar mucho tiempo después de la terminación de la relación hipnótica que les dio origen. Este conjunto de sugestiones constituye VERDADERAS SUGESTIONES POST-HIPNÓTICAS.

Pese a ello, puede ocurrir que a la larga, la experiencia vital del individuo le obligue a desechar algunas de estas convicciones, y que nuevas relaciones hipnóticas prolongadas , de tipo principal, tengan un efecto re-educador.

La persona tendrá en el futuro una receptividad especial, más o menos marcada según las circunstancias, para aquellos datos provenientes de lecturas, películas cinematográficas, conversaciones post-hipnóticas emocionalmente incorporadas.

Los datos de esta índole desencadenan en circunstancias adecuadas el mismo estado emocional de variable intensidad que originariamente le estaba ligado. Es un hecho corriente en la vida diaria que un recuerdo estimule cierta emoción profunda.

En tal caso, la persona desarrolla en sí misma un estado auto-hipnótico de mayor o menor intensidad.

Si la persona en estado auto-hipnótico tiene la oportunidad de entrar en contacto con alguien que, a su parecer, puede ser un efectivo representante de las convicciones o prejuicios cuya estimación estuvo en el origen de su estado emocional actual, habrá una trasformación espontánea de este estado auto-hipnótico e una relación interpersonal hipnótica. Para esto basta con que la segunda persona haga un solo gesto o diga una sola palabra plenamente concordante con las convicciones y prejuicios en cuestión. Ilustraremos esto con ejemplos en el capítulo referente a la Inducción Hipnótica.

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III-FENOMENOLOGÍA DEL ESTADO HIPNÓTICO

III-FENOMENOLOGÍA DEL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades

El sujeto en estado hipnótico, suele conservar su lucidez mental, pudiendo asociar y organizar ideas, resolver problemas, aun complejos, hacer cálculos, improvisar detalles y tomar decisiones, comportándose en una forma tan adecuada a las circunstancias en que se encuentra, que por lo general resulta imposible reconocer la existencia del estado hipnótico. Ya hemos citado un caso experimental de Erickson (1), en el cual un grupo de psiquiatras y psicólogos no reconoció el estado hipnótico sonambulístico* de una joven que terminaba de darles una conferencia científica.

(*Según Esdaile, el estado sonambulístico es un estado hipnótico liviano que tiene lugar en ciertas personas antes de llegar al estado hipnótico profundo, o después de la salida de éste.)

El estado hipnótico puede manifestarse solamente por algunas modificaciones musculares y viscerales, ya sea en el sentido de una tensión y excitación (reacción “ergotropa”), o en el sentido de una relajación con regularización visceral (reacción “trofotropa”), caracterizando los estados emocionales “alterador” y “estabilizador” respectivamente. Cuando se trata de un estado hipnótico de poca profundidad, tales modificaciones dan lugar a un comportamiento que no difiere ostensiblemente del que se presenta espontáneamente en variadas circunstancias de la vida diaria.

Con todo, suele haber una cierta modificación de la productividad intelectual del sujeto, tanto más marcada cuanto más profundo es su estado hipnótico. Es corriente que, las tareas sencillas que requieren concentración e una sola idea, mejoramiento de la memoria, vivacidad de fantasía, etc., se cumplan más eficientemente. Pero al mismo tiempo, la persona hipnotizada tiene menos sentido del humor, tiende a acceder seria y literalmente a lo que se le propone, carece del sentido de proporción y persigue una meta con actividad desmesurada, por lo cual hay tareas en las cuales su productividad está disminuida.

Es obvio que la confusión de la fantasía con la realidad, posible en algunos sujetos, puede crear situaciones contradictorias e incompatibles. Por ejemplo, un individuo puede alucinar a una mujer con el aspecto de una quinceañera y luego ver que ella tiene cincuenta y tantos años. Como regla general, el sujeto trata de racionalizar estas contradicciones, pudiendo dar en el citado caso una explicación “lógica” acerca de la influencia que puede tener la iluminación sobre la apariencia de una persona, los cambios que pueden resultar del maquillaje, etc. Solamente en etapas relativamente profundas del estado hipnótico se reduce la necesidad de hacer tales racionalizaciones, al aparecer una cierta “pereza” para la actividad mental.

La posibilidad de obtener los “fenómenos” del estado emocional hipnótico, dependen de la combinación de tres factores fundamentales: la RETROGRESIÓN al funcionamiento psicológico de la primera infancia, con su característica inhibición imperfecta, tanto de la tendencia primitiva a confundir la fantasía con la realidad (mientras no se ha desarrollado el sentido crítico), como de la difusión de los impulsos psíquicos al cuerpo; la SUGESTIONABILIDAD derivada de la motivación para aceptar las proposiciones del operador; las CARACTERÍSTICAS INDIVIDUALES del sujeto, en cuanto a su capacidad innata para unos y otros fenómenos y su habilidad para desarrollar los fenómenos que tiene en estado de latencia.

Ya hemos analizado detenidamente la retrogresión y la sugestibilidad.

La práctica muestra que ningún sujeto puede tener todos los numerosos fenómenos que se conocen. Por ejemplo, es bien posible que un sujeto logre una anestesia o una alucinación con relativa facilidad, hasta en un estado hipnótico liviano, mientras otros sujetos solamente las logren en un estado hipnótico más profundo, tras un largo período de entrenamiento, o no las logren jamás. Es posible que estas últimas personas tengan facilidad para fenómenos diferentes, como la catalepsia, la influencia sobre las funciones viscerales, etc.

Al mismo tiempo, la posibilidad de obtener un determinado fenómeno en un sujeto varía de acuerdo al procedimiento que utiliza el operador.

El fenómeno debe ser solicitado de una manera comprensible para el sujeto. Por ejemplo, no es lo mismo decirle “su páncreas va a segregar más insulina”, que sugerirle una viva representación mental de estar comiendo azúcar, lo cual puede repercutir sobre las secreciones digestivas y pancreáticas en el individuo bajo estado hipnótico. A veces, el sujeto indica lo que hay que decir o hacer para obtener en él un determinado fenómeno. Por ejemplo, una joven pidió que pasásemos el dedo por la mejilla en el lugar donde se quería obtener una anestesia para un extracción dentaria. Otra persona dijo que le sería más fácil lograr un enrojecimiento de su mano si le diésemos la proposición de imaginar que un sol fuerte la estaba calentando.

El fenómeno se obtendrá mucho más fácilmente si se justifica la proposición. Así, para obtener un aumento de la fuerza muscular, podemos sugerir al sujeto que apriete el dinamómetro con la mano lo más fuertemente que pueda, “porque esto le ayudará a conocer el límite de sus fuerzas, lo cual le será muy útil en la vida”. Basta con que la racionalización sea aceptable para el sujeto, aunque ella sea inexacta o ilógica.

Se logra aumentar la gama de los fenómenos hipnóticos en un mismo sujeto haciendo uso de la relación hipnótica “negativa” para obtener los fenómenos que no se obtienen con la relación hipnótica “positiva” y viceversa. Hemos tenido sujetos de ambos sexos que no cumplía ciertas proposiciones aun sencillas, como las de levantar una mano o ejecutar algún movimiento, cuando éstas eran dadas en la forma suave que caracteriza la relación hipnótica positiva. Pero cuando asimos una actitud más categórica (relación hipnótica negativa), diciéndoles con voz autoritaria que podían levantar su mano, etc., las proposiciones fueron cumplidas.

En general, podrían hacerse varios centenares de citas bibliográficas referentes a los fenómenos que han sido obtenidos por diversos investigadores. Pero intentaremos solamente hacer una breve reseña de estos fenómenos, deteniéndonos en los más característicos, para dar una comprensión más clara de las formas de comportamiento que pueden encontrarse en las personas en estado hipnótico.

Todos estos fenómenos se pueden obtener en los estados hipnóticos inducidos por medio de una relación interpersonal, y muchos de ellos también en el estado auto-hipnótico.

1. El “Sueño” Hipnótico

Las técnicas de inducción hipnóticas utilizadas casi hasta los últimos años, solían hacer mucha insistencia al sujeto de que éste “se estaba cansando” y que “quería cerrar los ojos y dormir”. El sujeto, motivado para acceder a las proposiciones del operador, efectivamente cerraba sus ojos y quedaba relativamente inmóvil, lo cual, conjuntamente con la tranquilidad y relajación muscular que le confería el estado emocional hipnótico, le daba un aspecto similar al de una persona dormida.

De aquí se generalizó la idea de que el sujeto en estado hipnótico es una persona que duerme, cumpliendo las proposiciones del operador de moverse, hablar, etc., en un estado de “sueño”, con los ojos cerrados o abiertos.

Pero, ¿es este fenómeno de “sueño” hipnótico equivalente al sueño ordinario? Para resolver este punto, hay que comparar las características del uno y del otro, que, como se verá, son completamente diferentes. Esto ha sido objeto de numerosos trabajos experimentales (2,3,4,5), que llegan a conclusiones variadas y contradictorias, principalmente por no contemplar separadamente las dos modalidades –alteradora y estabilizadora – del estado hipnótico.

Se sabe que el sueño ordinario tiene características fisiológicas bien definidas. La persona que duerme tiene una respiración más pausada, un pulso más lento, un metabolismo basal más bajo, los reflejos tendinosos de la rodilla disminuidos en amplitud, una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos con contracción de los vasos cerebrales, un aumento considerable de la resistencia de la piel a la corriente eléctrica.

Estas son manifestaciones de una reacción orgánica “trofotropa”, la cual caracteriza tanto al sueño fisiológico como a la modalidad del estado hipnótico que denominamos estabilizadora o positiva. El estado hipnótico de modalidad alteradora o negativa tiene manifestaciones fisiológicas completamente opuestas.

Los estudios electroencefalográficos muestran que los trazados obtenidos en el estado hipnótico de tipo positivo tienen semejanza con los que se obtienen en una determinada fase del sueño fisiológico (6, 7).

Hoy se sabe que el sueño fisiológico se compone de cuatro estadios que se reconocen por tener electroencefalogramas diferentes (8). Estos estadios se suceden para constituir un ciclo de aproximadamente 90 minutos de duración y estos ciclos se repiten 4-6 veces en un sueño de 6-9 horas.

Uno de los estadios del sueño se caracteriza por la presencia de ensueños. Toda persona tiene ensueños durante un quinto a un tercio del tiempo que duerme, si bien algunos individuos recuerdan sus sueños y otros no.

Precisamente, la fase de sueño con ensueños da lugar a una forma peculiar de actividad mental que se caracteriza por una considerable exaltación de la fantasía, pérdida del sentido crítico, agudización de la memoria para algunos hechos y olvido de otros, reviviscencia de experiencias pasadas, transidentificaciones, etc.

Exactamente el mismo tipo de actividad mental se presenta (más en unos individuos que en otros) en cierta fase de profundidad hipnótica, e que pueden sobrevenir los fenómenos de hipermnesia, amnesia, “regresión de edad”, desempeño de papel, etc. Por su gran similitud con los ensueños, dichos fenómenos hipnóticos merecen la denominación de “fenómenos oníricos”.

El electroencefalograma del estado hipnótico de tipo positivo se identifica con el electroencefalograma del estadio del sueño fisiológico con ensueños, y no hay ningún fenómeno psicofisiológico propio de los ensueños que no pueda tener lugar en el estado hipnótico.

2. Cumplimiento de las Sugestiones “Post-hipnóticas”.

Es erróneo suponer que al darse la orden de “despertar” al sujeto profundamente hipnotizado, se obtiene la terminación inmediata del estado hipnótico y con él el de la retrogresión psicológica. El sujeto que ha reaccionado tanto a la sugestión de pasar a un estado semejante al sueño, como a otras sugestiones, reacciona a esta orden de despertar como a una sugestión más, que implica la terminación de la sesión, proponiendo el comienzo de la salida de la retrogresión psicológica. Esta salida se efectuará gradualmente igual que la salida de cualquier estado emocional. En algunas personas requiere unos segundos, en otras, varias decenas de minutos, dependiendo fundamentalmente de la madurez psicológica del individuo (9)

Es evidente que a medida que el estado emocional hipnótico va perdiendo poco a poco su intensidad, el sujeto va saliendo del estado de retrogresión psicológica. La salida total de esta retrogresión no indica que el estado emocional hipnótico ha desparecido por completo. Al contrario, este estado puede persistir, teniendo una menor duración en las relaciones hipnóticas secundarias que en las principales, donde es renovado constantemente.

El estado de retrogresión psicológica se reconoce por la presencia de la “hipersugestibilidad”. Como ya se ha dicho, esta retrogresión reinstala el funcionamiento psicológico que existe normalmente en la primera infancia y hace posible los fenómenos hipnóticos.

Por consiguiente, cuando el sujeto pierde la capacidad de continuar presentando los fenómenos hipnóticos que había tenido, se puede decir que él ha salido del estado de retrogresión psicológica.

El hecho de que una persona no sale inmediatamente sino e forma gradual del estado de retrogresión psicológica es de fácil demostración, como lo pone en evidencia el siguiente ejemplo:

Proponemos a un sujeto bajo estado hipnótico profundo, capaz de lograr el fenómeno de la catalepsia, que levante su mano derecha, y le decimos que su brazo se pone rígido...rígido...y él no lo puede bajar...ni doblar...y que el brazo quedará levantado y rígido hasta que le digamos que la rigidez desaparezca. Luego le proponemos que “muy pronto va a salir del estado hipnótico”..., que “está saliendo”...que “ha salido”...y que “puede levantarse”...El sujeto experimental abandona el sillón, pero con su brazo inmóvil y rígido. Conversamos con él durante uno o dos minutos, acerca de lo que ha sentido bajo el estado hipnótico, si ha descansado bien, etc. Al hablar, la persona mantiene su brazo rígido, siempre en la misma posición, como si no tuviese conciencia de que ese brazo existe. Luego le decimos...que nos interesaría que tomase un lápiz y escribiese su nombre. La persona se acerca al escritorio y sólo entonces se percata de que el brazo está rígido y que él no puede bajarlo para tomar el lápiz.

En ese momento nos valemos de cualquier pretexto para dejar al sujeto solo en la habitación, sin haber hecho ningún comentario acerca de su brazo. Observándolo sin que él lo sepa, vemos que mira su brazo, comienza a tocarlo con la mano izquierda, y trata de movilizarlo con ésta. Vuelve a tocarlo, a frotarlo, a movilizarlo, y al repetir estas maniobras, al final baja el brazo. En total, pasaron diez minutos desde la terminación de la sesión hasta la desaparición de la catalepsia.

Una vez que él ha bajado su brazo, volvemos a la pieza, nos disculpamos por haberlo dejado, y le volvemos a pedir que escriba su nombre, sin mencionar que había habido una catalepsia. El firma y nos dice que la posición incómoda que había adoptado le había hecho entumecer el brazo.

Así, pese a que no le quitamos la sugestión de la catalepsia, ésta desapareció sola en el curso de diez minutos. En otros sujetos, la catalepsia puede desaparecer en algunos segundos o puede durar hasta media hora, lo cual es raro.

Sabiendo esto, se reconoce lo absurdo de ciertos relatos que suelen aparecer en las revistas populares, como por ejemplo, la descripción del caso de un aviador que cayó súbitamente con una parálisis de ambas piernas, sin tener causa orgánica para ello, recordando luego que había sido hipnotizado dos años atrás, y que se le había dado- si quitársela- la sugestión de que sus piernas estaban paralizadas (10).

Ya hemos mostrado que el efecto de cualquier sugestión dada por el operador al sujeto en estado hipnótico profundo y aceptada por éste, desaparece rápidamente al salir el sujeto del estado de retrogresión psicológica, independientemente de si el operador la quitó o no.

Es indiscutible que el aviador del relato era un histérico, y los histéricos no requieren ninguna sugestión hipnótica para tener una parálisis, pues la característica de estos enfermos reside en su tendencia a adquirir parálisis, cegueras, trastornos viscerales, etc., de origen puramente psíquico, en forma espontánea.

Daremos otro ejemplo. El operador puede sugerir al sujeto que al despertar tendrá un fuerte deseo de comer una manzana...que la comerá...y que se olvidará de que recibió esta sugestión...Cuando el sujeto sale del estado hipnótico profundo, su comportamiento puede ser diferente: 1) si no le gustan las manzanas, no hará ningún caso de la sugestión recibida; 2) si le gustan las manzanas, aceptará la sugestión y comerá esa fruta, y si tiene capacidad para la “amnesia hipnótica”, no se dará cuenta por qué la quiso comer. Solamente al salir de la retrogresión psicológica recordará que el operador le había sugerido que comiese la manzana.

Este ejemplo ilustra no solamente la transitoriedad del olvido (amnesia) sugerido, sino también el hecho de que ninguna persona cumplirá, ni siquiera en el estado hipnótico profundo o el estado post-hipnótico las sugestiones que contraría sus gustos o sus creencias, a menos que se les dé una racionalización que le sea aceptable no solamente en el estado hipnótico profundo, sino también fuera de éste, en un estado normal.

Un caso más: suelen aparecer e los diarios comunicaciones que afirma que la policía está buscando a cierto hipnotizador aficionado para que haga despertar a uno de sus hipnotizados, a quien olvidó de dar la sugestión de salir del sueño hipnótico, y que no ha podido ser despertado por nadie en el transcurso de una semana. (¡) En realidad, ¿qué sucede si el hipnotizador abandona a un sujeto en estado hipnótico profundo con la sugestión de que duerma hasta que él vuelva para despertarlo?

Como regla general, el sujeto abandonado no tarda más de veinte a treinta minutos en despertar por sí solo, sin esperar la sugestión de hacerlo, “porque le falta algo”. También puede ocurrir que el sujeto pase del estado de sueño hipnótico al sueño ordinario, durmiendo durante una hora o una hora y media, y despertándose como si se hubiese tratado de una siesta.

Todo lo antedicho se refiere a las sugestiones cuya aceptación requiere la existencia de un estado de retrogresión psicológica. Esto ya indica que la duración del efecto de estas sugestiones no puede ser más larga que la duración del estado de retrogresión psicológica en sí.

Tratándose de sugestiones que no requieren un estado de retrogresión psicológica para ser aceptadas, por ejemplo, que “los lentes oscuros le quedan muy bien” (cuando no es así), su efecto puede ser muy duradero, si bien se desvanece con la declinación del estado emocional hipnótico que ha tenido lugar en el curso de una relación hipnótica secundaria.

Pero las relaciones hipnóticas principales, donde hay una reactivación permanente del estado emocional hipnótico (como ocurre por ejemplo en el caso de padres e hijos), las sugestiones que no contrarían los deseos individuales de la persona persistirán durante largo tiempo y podrán ser incorporadas a sus convicciones propias y su personalidad. Esto constituye verdaderas sugestiones post-hipnóticas.

En el futuro, todo intento de contradecir estas convicciones en el curso de una conversación puede levantar resistencias emocionales y actitudes defensivas contra el interlocutor, lo cual puede constituir un fuerte obstáculo para el establecimiento de un contacto hipnótico con tal persona.

La incorporación de sugestiones que luego obrarán como sugestiones como sugestiones post-hipnóticas puede hacerse por vía simple o compleja. En el primer caso, las proposiciones son aceptadas e incorporadas directamente si racionalización. En el segundo caso, estas proposiciones deben ser racionalizadas. Es indiferente a este respecto que la relación hipnótica sea experimental o de la vida diaria.

En las diferentes etapas del desarrollo psicofisiológico se producen variaciones en la forma de la sugestionabilidad.

El niño de primera infancia acepta sugestiones de modo simple, no teniendo la necesidad de someter las proposiciones de sus padres a la crítica o de confrontarlas con su propia comprensión de la realidad. Solamente rechaza las proposiciones que le son emocionalmente inaceptables en dicho momento, o que de acuerdo a su experiencia, le pueden causar desagrado. Esto constituye una regla general para todas las edades y todos los aspectos del estado hipnótico

Además, la inmadurez neuro-psicológica del infante hace posible el cumplimiento de ciertas sugestiones que requieren una considerable influencia de la psiquis sobre el soma. Como ilustración, puede recordarse el ya citado caso de la anestesia que la madre induce con caricias y palabras en el niño lastimado. Esta clase de sugestiones solamente pueden ser cumplidas por el adulto en las etapas avanzadas de una retrogresión psicológica (estado hipnótico de cierta profundidad).

Al llegar a la edad de los “¿por qué?”, el niño manifiesta la necesidad de recibir racionalizaciones para aceptar las proposiciones de sus padres, conjuntamente con toda la atmósfera psicológica que las rodea.

A esta altura del desarrollo, se puede obtener la aceptación de ciertas proposiciones que él anteriormente rechazaba, ligándolas por medio de una racionalización adecuada a algo que le es aceptable.

Aproximadamente al mismo tiempo, el niño ensancha su círculo de contactos interpersonales, extendiéndolo a parientes, maestros, vecinos, amigos, etc. Generalmente sus relaciones hipnóticas principales continúan siendo con sus padres, agregándoseles otras relaciones hipnóticas de tipo principal o secundario con diferentes personas. (Los padres pueden transmitir su relación hipnótica con el niño a una maestra o un pariente sin perderla ellos mismos, como el operador puede transmitir el “contralor hipnótico” en el ambiente experimental. A veces, cuando los padres no pueden satisfacer las necesidades emocionales de su hijo, su relación con éste puede volverse del tipo secundario.

El niño absorbe y se impregna de la atmósfera de convicciones, prejuicios, nociones éticas, conceptos de valores, etc. de los ambientes con los cuales mantiene relaciones hipnóticas principales. Estos datos pueden ser incorporados con la emoción correspondiente o sin ella. Gracias a la extensión de sus contactos y su mayor experiencia, el niño ya desecha muchas nociones, sustituyéndolas por otras a medida que avanza su desarrollo. Otros datos se confirman, pudiendo reforzar su significación emocional. Tal es el proceso siempre activo de la educación, con incorporación de sugestiones que obrarán como post-hipnóticas, que transcurre desde el nacimiento hasta la senectud, si bien con ritmo diferente.

La idea errónea que se tenía acerca de la terminación del estado hipnótico condujo a una comprensión completamente equivocada en lo referente a las sugestiones “post-hipnóticas”. Todavía es corriente encontrarlas definidas como sugestiones que el sujeto acepta bajo el estado hipnótico y cumple después de haber recibido la orden de “despertar”.

En realidad, sólo corresponde llamar “post-hipnóticas” a las sugestiones que son cumplidas cuando el sujeto ya ha salido por completo del estado emocional hipnótico bajo el cual estas sugestiones fueron dadas (9).

Sabemos que el estado hipnótico se desvanece gradualmente después de la separación entre el hipnotizado y el hipnotizador, y que con su declinación va perdiéndose el efecto de las sugestiones aceptadas en su transcurso.

Frecuentemente, el cumplimiento de sugestiones dadas posteriormente a la orden de “despertar” no puede ser catalogado como post-hipnótico, pues toda esta actuación se lleva a cabo en presencia del operador, con quien el sujeto todavía está en relación hipnótica.

Tomaremos algunos ejemplos.
Damos bajo el estado hipnótico la sugestión: “Cuando le hayamos dicho que la sesión hipnótica está terminada, usted se levantará del sillón e irá directamente a la biblioteca, tomará el libro Don Quijote, de Cervantes, lo abrirá en la página 12 y se pondrá a leer”.

En este caso, como ante cualquier otra sugestión, podemos esperar diferentes reacciones: que el sujeto no cumpla exactamente; o, por último, que la cumpla a medias, por ejemplo, abriendo el libro en la página 40, o tomando un libro de otro autor y abriéndolo en la pagina 12, o efectuando a su propio parecer cualquiera de las innumerables combinaciones posibles en esta situación.

El cumplimiento de la sugestión en este caso puede ser considerado intra-hipnótico.

Supongamos ahora que el operador haya dado al sujeto la misma sugestión, pero diciendo que ésta será cumplida al cabo de cinco días a determinada hora; y que en el transcurso de estos cinco días, el operador tiene la oportunidad de encontrarse diariamente con el sujeto. En este caso, la sugestión podrá ser cumplida al cabo del tiempo indicado, en la misma forma que en el caso anterior, es decir, con las mismas posibilidades de ser cumplida, o cumplida a medias. Pero tampoco en este caso se trata de una sugestión post-hipnótica, pues los contactos diarios del operador con el sujeto renuevan sistemáticamente su relación hipnótica, en forma similar a la renovación de la relación hipnótica entre los niños y sus padres en el proceso de la educación. El cumplimiento de esta sugestión también será intra-hipnótico.

Por este motivo, todos los experimentos realizados para establecer el plazo de efectividades de las sugestiones post-hipnóticas, siendo el operador marido, padre, maestro, etc., del sujeto, es decir, una persona que ha podido entrar diariamente en contacto con éste, no lograron su propósito, pues tomaron sugestiones intra-hipnóticas por post-hipnóticas.

Si en el curso de los cinco días del ejemplo anterior no hubiese habido ningún contacto entre el sujeto y el operador, la sugestión seguramente no hubiera sido cumplida,* a menos que el sujeto hubiese tenido otra motivación para complacer al operador, como en el caso de los “mediums profesionales” que esperan retribución monetaria por prestarse a demostraciones o experimentos.

(Para el cumplimiento de esta clase de sugestión, la profundidad del estado hipnótico no juega rol alguno, aunque casi hasta los últimos tiempos se creía, lo cual era completamente erróneo, que las sugestiones recibidas bajo el estado hipnótico profundo eran más eficaces y se cumplían tras un período de tiempo más largo. La profundidad del estado hipnótico sólo influye sobre la clase de sugestión, pero no sobre su eficacia o duración. El estado especial de retrogresión a la psicología de la primera infancia capacita al sujeto, como ya sabemos, para presentar alucinaciones, modificaciones viscerales de origen psíquico, etc., etc., de acuerdo con sus capacidades individuales, todo los cual será descrito en los subcapítulos siguiente).

La situación es completamente diferente cuando se logra dar al sujeto una sugestión que concuerda exactamente con su tendencia emocional actual, sus intereses, sus convicciones, sus hábitos, etc. Las sugestiones de esta clase pueden ser cumplidas al cabo de largo tiempo, sin ninguna renovación del contacto entre el operador y el sujeto.

Por ejemplo, si a un enfermo que realmente desea ser curado de sus trastornos psicosomáticos, y que ha sido educado en una atmósfera de creencia e lo sobrenatural, en las supersticiones, en los efectos misteriosos, las curas milagrosas, etc., se le da bajo estado hipnótico la sugestión de que exactamente dentro de cinco meses, en tal fecha, a las doce de la noche en punto, él debe ir y sentarse bajo tal puente sobre tal río, y cuando oiga el primer canto del gallo, debe sumergirse en el agua sin haberse desvestido, con la cara siempre hacia el este, tras lo cual experimentará un sacudimiento eléctrico, y luego irá a su casa, se acostará y despertará curado, con toda probabilidad este sujeto cumplirá las instrucciones al pie de la letra, y posiblemente mejorará o curará*

(Esta mejoría o curación en realidad no es más que una supresión temporaria de síntomas muy evidentes, como una parálisis, por otros menos evidentes, como por ejemplo, un malestar digestivo. Este hecho suele tener lugar con gran facilidad en los enfermos histéricos, particularmente cuando ellos experimentan cualquier estado emocional intenso).

Esta concordancia entre las sugestiones y la disposición emocional de un paciente es lo que determina el “poder” de los curanderos entre ciertas personas.

Una instrucción de la misma índole, dada a personas educadas de modo diferente, independientemente de su nivel cultural, sería vista como ridícula, y sus detalles serían rápidamente olvidados.

Es obvio que el cumplimiento de estas sugestiones no resulta de la relación hipnótica secundaria en que fueron recibidas, sino de la reactivación de sugestiones post-hipnóticas emocionalmente incorporadas en el curso del proceso educativo. Ya hemos indicado que los datos que concuerdan con las convicciones del sujeto son vistos por él como un reflejo de sí mismo y refuerzan las sugestiones post-hipnóticas pre-existentes, y el mismo efecto de ir a sentarse bajo un puente y sumergirse vestido podrían haber tenido lugar si el individuo hubiera encontrado datos igualmente concordantes con sus tendencias emocionales en un libro, una película cinematográfica, una conversación con un desconocido, etc.

Así, la persistencia prolongada de ciertas sugestiones hipnóticas no es debida a la relación hipnótica presente, sino a la reactivación de las sugestiones “post-hipnóticas” educativas, que han llegado a formar parte de la personalidad del sujeto.

Mientras se comprendía el hipnotismo como un hecho de carácter sobrenatural y se pensaba que el operador ejercía un dominio sobre el sujeto y podía obligarle a hacer lo que quería, manipulándolo como a un autómata indefenso, había motivos para hablar de los posibles peligros del hipnotismo y de las sugestiones hipnóticas.

Este temor al hipnotismo tiene sus raíces en los tiempos en que se quemaba a las brujas porque su “mal de ojo” causaba enfermedades, y los barberos desempeñaban funciones de cirujanos. Por extraño que parezca, aun hoy se encuentran personas, hasta con diploma universitario, que asumen la misma actitud ante el hipnotismo. Ellos solamente demuestra que las sugestiones que recibieron a este respecto en el proceso de su educación, fueron incorporadas por ellos con emociones potentes, y que la experiencia propia no pudo alterarlas, a la vez que las relaciones hipnóticas principales re-educadoras no obraron sobre ellas, o aun las reforzaron.

En la actualidad, cuando el hipnotismo ha sido integrado en la psicología de la vida diaria y vinculado a la relación entre los padres y los hijos, de importancia fundamental para la salud psicológica y la educación, hablar de los peligros del hipnotismo equivale a hablar de los posibles peligros de las buenas relaciones entre los padres y los hijos en particular. En el último caso hay razones más poderosas para temer las consecuencias de una relación inadecuada, pues la actitud indeseable de los padres ante sus hijos (tanto de rechazo como de sobreprotección) puede ser causa en éstos de neurosis, problemas de conducta, trastornos psicosomáticos, tartamudeces, etc.

* * *

Los fenómenos hipnóticos, en esencia, no son otra cosa que las manifestaciones de los cambios que tienen lugar en el organismo en las reacciones emocionales de intensidad aumentada.

Como es obvio, las modificaciones del organismo son diferentes cuando se induce un estado hipnótico de modalidad “alteradora” por el procedimiento de Charcot de golpear súbitamente un gong detrás de la cabeza de un sujeto despreveido o cuando se estimula un estado hipnótico de modalidad “estabilizadora” con el proceder suave y arrullador de Liebault y Bernheim.

Las modificaciones que sobrevienen e uno u otro caso, afectan en forma tan Inter.-compenetrada los aspectos psíquicos, bioquímicos, etc., del organismo como unidad, que todo intento de clasificación de las mismas, es decir, de los fenómenos hipnóticos, será necesariamente esquemático, con superposiciones inevitables en los grupos que puedan hacerse.

Por otra parte, cualquier fenómeno hipnótico que se puede obtener no se presenta aisladamente, sino es acompañado de otros fenómenos.

Por ejemplo, si obtenemos una catalepsia de mano, ésta se acompañará necesariamente de una anestesia de la misma mano. Frecuentemente, cuando una persona en una fase liviana del estado hipnótico no puede lograr directamente el fenómeno de la anestesia, dicho fenómeno puede ser obtenido por vía indirecta, desencadenando primeramente una catalepsia. En cambio, la anestesia no se acompaña necesariamente de catalepsia.

Los fenómenos que las personas presentan e el estado hipnótico revelan solamente sus capacidades individuales. Lo que es más, el sujeto que ha presentado un determinado fenómeno en una sesión hipnótica puede no ser capaz de presentarlo en sesiones ulteriores. Ello puede ser debido a múltiples factores: modificación de la disposición emocional del sujeto, inducción de otra modalidad del estado hipnótico, cambio de ambiente (por ejemplo, inducción hipnótica individual o colectiva), diferencias en el modo e que se procura estimular la aparición del fenómeno, etc.

3. Fenómenos motores

Este grupo comprende todos los fenómenos relacionados con el sistema muscular y la parte del sistema nervioso que rige los movimientos voluntarios.

Ya hemos mencionado repetidas veces el conocido fenómeno de la catalepsia, que permite mantener una parte o la totalidad del cuerpo rígida y totalmente inmóvil en una determinada posición sin experimentar cansancio alguno.

Buscando los aspectos más dramáticos del estado hipnótico, los “hipnotizadores” teatrales suelen mostrar la catalepsia rígida Global. Cuando ésta alcanza un a intensidad extrema (para lo cual ellos entrenan al sujeto previamente durante largo tiempo), el cuerpo rígido del sujeto no solamente puede ser colocado como una tabla sobre los respaldos de dos sillas, una debajo de los hombros y otra debajo de los pies, sino también se puede hacer sentar a una o varias personas sobre el tronco suspendido en esta forma y permanecer sentadas durante un tiempo prolongado.

La catalepsia ha formado parte del “éxtasis” de los shamanes en los rituales de los pueblos primitivos.

Este fenómeno, que parece tan anómalo a un observador superficial, no es más que la reinstalación de la catalepsia normal de los niños de pocos meses, quienes, como es sabido, pueden mantener su cuerpo durante largo rato en una misma posición. Esta capacidad potencial es la que se desarrolla mediante un entrenamiento intensivo bajo el estado hipnótico o auto-hipnótico con fines de experimentación o demostración teatral.

El fenómeno opuesto, consistente e una disminución del too muscular, empieza con la “relajación” corriente, y en su forma extrema llega a la flexibilidad cérea. Al producirse ésta, los miembros caen con una flaccidez completa y pueden ser manipulados como si fuesen de goma, adoptando las posiciones más exageradas.

Es también posible lograr un aumento de la fuerza y resistencia muscular. Por ejemplo, uno de los numerosos investigadores en este campo, Haldfield (11), midió la fuerza muscular de sus sujetos experimentales con un dinamómetro de mano antes de inducir el estado hipnótico en ellos. De los datos obtenidos calculó la cifra media de su fuerza muscular, que fue de 101 libras. Después de haberlos llevado al estado hipnótico y haberles dado la proposición de un aumento e su fuerza muscular, tomó nuevamente la misma medida y obtuvo una cifra media muy aumentada ¡150 libras!

¿Significa esto que el estado hipnótico aumenta la fuerza muscular de la persona? Naturalmente, no. Mediante la eliminación de inhibiciones, el estado hipnótico da la posibilidad de movilizar las reservas que toda persona tiene y que utiliza e circunstancias excepcionales de su vida, como ser en momentos de peligro. Esta fuerza, se encuentra habitualmente en estado latente

Otro fenómeno consiste en el impedimento de los movimientos voluntarios. Una prueba que los hipnotizadores teatrales efectúa a menudo en los sujetos en estado hipnótico liviano, consiste en sugerirles que no podrán abrir los ojos o separar las manos entrelazadas voluntariamente. El individuo en estado hipnótico que se representa mentalmente una incapacidad para realizar los mencionados movimientos, efectivamente no podrá realizarlos.

De un modo comparable se pueden provocar parálisis, ya sean limitadas, como la de un dedo, o extensas, como la de una o ambas piernas. Estas parálisis pueden ser fláccidas o espasmódicas. Tanto su extensión como su modalidad dependen de la clase de proposición que se ha dado al sujeto, o de la idea que él tiene acerca del comportamiento de las personas paralizadas. Como regla general, los sujetos se representan mentalmente una parálisis de límites sencillos, que termina en una rodilla, un codo, o un hombro, completamente diferente de las parálisis provenientes de lesiones del sistema nervioso que interés el territorio de distribución de un nervio, una raíz o una vía nerviosa.

Como es natural, el fenómeno de una parálisis, a igual que otros fenómenos, desaparece con la desaparición del estado hipnótico profundo, habitualmente e el curso de unos minutos.

4. Fenómenos sensoriales

El funcionamiento de cualquiera de los órganos de los sentidos (vista, oído, olfato, tacto, gusto, sensibilidad profunda) puede ser modificado de tres maneras diferentes: 1) Puede haber una modificación menos, con abolición o limitación de ese funcionamiento, como ocurre en las anestesias, las cegueras, las sorderas, etc., parciales o totales. 2) Puede haber una modificación en más, obteniéndose un aumento o una agudización de la sensibilidad cutánea, de la visión, del olfato, etc. 3) Puede haber una modificación cualitativa, a causa de la cual se obtienen percepciones anómalas que no corresponden a los estímulos provenientes del mundo exterior, como las parestesias, las alucinaciones, etc.

En principio, es mucho más fácil obtener una disminución o una alteración de las funciones sensoriales que una mejora de las mismas.

La anestesia, como fenómeno del estado hipnótico puede presentarse e formas diferentes de acuerdo con las capacidades individuales del sujeto. Puede haber: pérdida de la sensibilidad táctil (anestesia, propiamente dicha), pérdida de la sensibilidad dolorosa (analgesia), pérdida de la sensibilidad al frío y al calor (termo-anestesia), o más raramente, pérdida de las sensaciones de posición, de peso, de resistencia, de vibración, etc Estas variantes pueden presentarse en forma aislada o combinada, si bien corrientemente se emplea la palabra “anestesia” para designar la analgesia con cierto grado de anestesia táctil, o la analgesia pura.

En algunos sujetos se logra una anestesia prácticamente igual la que se obtiene por medio de un bloqueo con novocaína de los nervios sensitivos, con una sola importante diferencia: la anestesia con novocaína toma todo el territorio de distribución del nervio que ha sido bloqueado, mientras que la anestesia hipnótica tiene los límites que el sujeto se representa mentalmente, siendo muy frecuente encontrar un límite horizontal, produciendo las anestesias “en guante” o en “calcetín”.

En otras personas, se obtiene una forma diferente de analgesia hipnótica, que consiste en una pérdida de la reacción emocional al dolor. El paciente reconoce que está obrando sobre él un estímulo doloroso, pero éste no le causa desesperación, irritación o siquiera malestar. Se ha dicho que hay una modificación e al integración psicológica de la experiencia dolorosa (12), igual que lo que ocurre en la operación de la lobotomía cerebral. Por esta razón, se suele describir al fenómeno como una “lobotomía psicológica”.

La exploración de la anestesia hipnótica puede hacerse no solamente por medio de los procedimientos corrientes de pellizcamiento de la piel, pinchazo con aguja estéril, o compresión de las articulaciones de los dedos, sino también con una corriente eléctrica que puede medirse. Estabrooks encontró que el pasaje de una corriente de 15 voltios por una mano era doloroso, y el pasaje de una corriente de 20 voltios intolerable en estado corriente; pero bajo anestesia hipnótica, el sujeto puede tolerar 120 voltios sin dar señales de sufrimiento.

Una persona no solamente niega sentir dolor cuando se aplica un estímulo doloroso a una región bajo anestesia hipnótica, sino tampoco se observa la menor contorsión de su rostro, ni se produce la irregularidad respiratoria o la aceleración del pulso que acompaña al dolor (13).

Esta anestesia ha sido aplicada en otros tiempos a la cirugía mayor (14) dando resultados incomparablemente superiores a los de cualquier otra anestesia que se haya empleado hasta la fecha, con las ventajas de abolir las molestias post-operatorias, reducir las hemorragias, eliminar el schock, aunque con el inconveniente de que no se obtiene en todas las personas, ni con la rapidez deseada.

Actualmente, la anestesia hipnótica tiene dos importantes campos de aplicación, los partos indoloros y el trabajo odontológico, si no se tiene en cuenta a los fakires que se presentan en los teatros haciendo demostraciones de anestesia autohipnótica, al acostarse sobre un lecho de clavos, introducir agujas en su cuerpo, etc

Lo contrario de la anestesia es el fenómeno de la hiperestesia o aumento de la sensibilidad y la hiperalgesia o aumento de la sensibilidad al dolor. Puede haber también parestesias, cuando el sujeto siente, sin motivo externo provocador, hormigueos, picazón, entumecimiento, etc.

Las limitaciones funcionales que afectan el sentido de la vista también pueden tomar diferentes formas. A veces se trata de una ceguera total, otras veces ésta corresponde solamente a la visión de los colores, a un solo ojo, o a una parte del campo visual. También puede suceder que un sujeto deje de ver algún objeto específico, por ejemplo, una determinada persona dentro de una multitud, un detalle en la decoración de una pieza, etc., lo cual constituye una alucinación negativa. En estos casos, el individuo se comporta como si el objeto para el cual él tiene una alucinación negativa efectivamente no existiese. Si se trata de una silla interpuesta en su camino, no hace nada para evitar el tropiezo con ella. Si se trata de una persona que entra en la habitación, procede como si no hubiera tal persona.

La ceguera hipnótica causa la abolición de la reacción de parpadeo pero no la abolición de la contracción de la pupila a la luz. Por consiguiente, no se trata de modificaciones en el propio ojo, sino de modificaciones en la recepción de los estímulos visuales por el encéfalo.

Muchos investigadores han hecho experimentos para demostrar la posibilidad de lograr un aumento de la capacidad de observación visual. Por ejemplo, una prueba conocida y espectacular consiste en mostrar al sujeto un naipe, mezclado con los restantes y pedirle que lo localice. Esto es logrado con tanta frecuencia que los “hipnotizadores” de la vieja escuela pensaron que habría una cierta clarividencia. Sin embargo, el hecho puede explicarse perfectamente por la observación concentrada que permite al sujeto en estado hipnótico reconocer pequeñísimos detalles en la carta, que escapan a otros observadores. En esencia, es la misma capacidad que desarrollan algunos jugadores.

Kline (15) también efectuó un experimento presentando a un sujeto unos cubos de Kohs aparentemente idénticos en 25 posiciones diferentes y pidiéndole que identificara los cubos. Se hicieron 200 pruebas bajo estado hipnótico y el sujeto acertó en 144, mientras que sólo pudo acertar 40 veces en igual número de pruebas hechas bajo el estado corriente. El individuo dijo que bajo el estado hipnótico podía retener mucho mejor la imagen del cubo y percibir detalles que pasaban inadvertidos por él cuando estaba en estado no hipnótico.

La alteración cualitativa de la percepción visual ha sido estudiada con gran interés. Se dice que hay alucinaciones visuales positivas cuando el sujeto tiene la impresión subjetiva de ver lo que no existe en el mundo exterior, en otras palabras, cuando hay una discordancia entre sus percepciones y las que “normalmente” se tienen ante los mismos estímulos. Puede tratarse de percepciones de luz o color, o de la percepción de objetos. El individuo que tiene este fenómeno hipnótico se comporta como si lo que él percibiese fuese efectivamente real. Si alucina un charco de agua en el suelo, hará un rodeo para evitarlo, o subirá sus pantalones si cree que lo debe cruzar. Si alucina la entrada de un amigo en la pieza, mira y sonríe hacia el lugar por donde lo “ve” entrar. Esta clase de conducta es muy buscada por los hipnotizadores teatrales por las situaciones risibles que determina.

Hasta hace poco, estaban en boga ciertas técnicas hipnoterapéuticas que buscaban obtener alucinaciones e las cuales el paciente proyecta sus propios recuerdos o sus problemas en el mundo exterior, ya sea sobre una bola de cristal o un espejo (habitualmente también imaginarios) o sobre un escenario teatral o una pantalla cinematográfica. Así, el sujeto puede alucinarse a sí mismo en tercera persona, o en forma doble, como si el estuviese al mismo tiempo en el sillón del consultorio y en un escenario que se desenvuelve ante su vista. En esencia, es lo mismo que ocurre en los sueños.

Habitualmente, la alucinación de una luz fuerte no determina contracción de la pupila, aunque ésta puede tener lugar e ciertos casos de estado hipnótico muy profundo. Erickson y Erickson (16) encontraron que la sugestión de colores era seguida e sus sujetos por la aparición de imágenes consecutivas del color complementario.

En cuanto al sentido del oído, la indiferencia inicial a los sonidos ajenos ala situación hipnótica, puede pasar en el estado hipnótico profundo a ser una sordera uni o bilateral, o una sordera selectiva para ciertos tonos o ciertos ruidos específicos.

Aunque el sujeto con sordera de origen hipnótico se comporta como el que tiene el mismo tipo de sordera orgánica, se ha querido investigar si sus reacciones involuntarias frente al sonido también están disminuidas o anuladas. Malmo, Boag y Ragnisky (17) registraron por medio de un electromiógrafo una reducción muy marcada en las reacciones motoras involuntarias ante un sonido brusco.

La posibilidad de obtener un aumento en la agudeza de la audición no está probada todavía. Algunos autores informan que el sujeto puede llegar a oír ruidos más débiles, y más distantes de los que oye en circunstancias normales, o que se logra una amplificación en el registro de tonalidades que éste puede oír, pero otros autores afirman que no se supera el máximo que el sujeto puede lograr en el estado no hipnótico.

En lo referente a las alucinaciones auditivas, Schneck (18) distingue los casos en los cuales el sujeto “oye” una voz “gritando dentro de él” y los casos en los cuales esta voz es proyectada en el mundo exterior, pareciéndole al sujeto que viene desde “afuera”. En el último caso, el sujeto puede “conversar” con una persona que ve en su alucinación. Estos fenómenos son aprovechado por las personas que actúan como “médium”.

Puede hacerse que el sujeto alucine música, viéndosele adoptar una posición apropiada para escucharla o marcar el compás.

Como es evidente, los sentidos del olfato y del gusto no se prestan tan bien como los de la vista y del oído al estudio de su agudeza o amplitud de campo de percepción. Sin embargo, la abolición del olfato (anosmia) o la anosmia-anestesia pueden ser demostradas dramáticamente haciendo que el sujeto inhale amoníaco sin contorsión facial ni lágrimas. Si se añade una alucinación a la anosmia, el sujeto puede tener la apariencia de estar inhalando un perfume exquisito.

En las alucinaciones gustatorias, el sujeto puede creer que en vez de masticar un pedazo de pan está masticando carne. Como se verá más adelante, las secreciones digestivas se adaptan a la clase de alimento que el individuo cree estar consumiendo.

Pronko y Hill (19) hicieron la experiencia de administrar una gota de agua bajo la lengua en veinte sujetos con las sugestiones que era: 1) jugo de limón, 2) jarabe, 3) agua. Al mismo tiempo, recogieron con un algodón la saliva secretada. La cantidad de saliva fue máxima al sugerir que se trataba de jugo de limón.

Aun en ausencia de modificación en la percepción gustatoria, puede modificarse la reacción de agrado o desagrado que está determina. Así una cucharada de aceite de ricio puede resultar deliciosa para el que normalmente siente repugnancia por este producto, y el cigarrillo puede volverse desagradable a un fumador (mientras dura el estado hipnótico profundo).

5. Fenómenos viscerales

Este grupo de fenómenos ha sido objeto de un gran número de estudios experimentales, haciendo uso de los más diversos procedimientos ideados para el control de las funciones fisiológicas.

Se trata de un campo de estudio que tiene un enorme interés para la comprensión de las enfermedades psicosomáticas.

Ha de recordarse que el estado hipnótico no crea mecanismos fisiológicos nuevos, sino solamente facilita, o al contrario, inhibe, los mecanismos psicosomáticos preexistentes (20). Se trata, esencialmente, de la estimulación deliberada de los mismos cambios que tienen lugar espontáneamente en los estados emocionales de la vida diaria.

Se conoce la posibilidad de influir sobre la función cardíaca desde hace más de un siglo. El mismo Braid, que creó la palabra “hipnotismo” en 1843, afirmó haber logrado este efecto e sus pacientes.

La presión arterial puede ser modificada por medio de sugestiones de trabajo pesado, de situaciones desagradables, o de emociones diversas, como las de dolor somático, ansiedad, alegría, ira, pena, etc. (21, 22, 23).

Se logra fácilmente producir alteraciones del ritmo respiratorio y de la ventilación pulmonar por medio de sugestiones de trabajo. Dolor o excitación y reposo.

En cuanto al aparato digestivo se han hecho numerosos experimentos bajo el estado hipnótico. Utilizando la técnica de las “comidas imaginarias”, se ha demostrado que la sola representación mental de una ingestión puede ejercer una gran influencia sobre el funcionamiento digestivo: a) hace desaparecer las contracciones del estómago que se deben al hambre (24); b) aumenta la secreción del jugo gástrico (25); c) modifica el color y la viscosidad del jugo duodenal (26), como también su riqueza en fermentos según la clase de alimento que se cree ingerir (27); d) modifica la secreción de la bilis (26); e) aumenta los glóbulos blancos de la sangre en forma igual a la leucocitosis que sigue a las comidas verdaderas (28); f) aumenta el nivel de glucosa en la sangre (29). Con ello, se ve que el tubo digestivo se prepara para digerir las comidas imaginarias, del mismo modo que se prepararía al ingerirse el mismo alimento. Obviamente, las reacciones difiere si el sujeto tiene hambre o está satisfecho.

Ha sido comprobada la influencia poderosa de las emociones sobre los procesos digestivos. Entre otros investigadores, Heillig y Hoff (30) hallaron que el jugo digestivo tenía una acidez mayor si se sugería la ingestión de una comida agradable en vez de una comida repulsiva al individuo bajo estado hipnótico; Wittkower (31) demostró la influencia de las emociones provocadas bajo estado hipnótico sobre la secreción biliar, afirmando que los factores psicológicos juegan un papel muy importante en las enfermedades del hígado y de las vías biliares, y Mohr (32) obtuvo una alteración del nivel de glucosa en la sangre mediante sugestiones de emociones fuertes.

También se han hecho estudios experimentales referentes a la función urinaria. Marx (33), por ejemplo, obtuvo un aumento de la secreción de orina, con disminución de la densidad de la misma, al dar sugestiones de ingestión de agua a un sujeto que sostenía y llevaba a los labios un vaso vacío. Otros (34) han obtenido modificaciones e la composición química de la orina (en cuanto a la excreción de cloruros, fosfatos y agua) al sugerir situaciones agradables o desagradables.

La posibilidad de influir en las funciones endocrinas y genitales bajo el estado hipnótico es bien conocida. Por ejemplo, se puede detener o provocar la menstruación, lograr la disminución de las secreciones vaginales, aumentar la secreción de leche en las madres, y prevenir el espasmo tubario que constituye una causa importante de esterilidad (35). Rodríguez López, Reynolds. Álvarez y Caldeyro Barcia (36) han tomado registros gráficos de las contracciones uterinas en el curso del parto, hallando que la contractibilidad irregular se regulariza con la inducción hipnótica y se vuelve nuevamente irregular al salir la mujer de la hipnosis. La sola inducción hipnótica (causando una estabilización emocional) es suficiente para producir muchos de estos efectos de normalización de las funciones genitales femeninas, no precisándose sugestiones especiales. Volveremos a este importante tema al describir la utilización del estado hipnótico para el tratamiento de los trastornos ginecológicos.

La glándula tiroides es particularmente sensible a la influencia de los estados emocionales, habiéndose comprobado que su actividad puede disminuir (con el consiguiente descenso mensurable del metabolismo basal) con las sugestiones de relajación y tranquilidad bajo estado hipnótico (37).

Las representaciones mentales sugeridas bajo estado hipnótico tienen una influencia considerable sobre el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Pueden obtenerse enrojecimientos o palideces (vasodilatación o vasocontricción) en diferentes partes del cuerpo, y es bien conocida la posibilidad de detener hemorragias. Este último fenómeno, ya logrado en los ambientes culturales primitivos por medio de las “encantaciones”, es actualmente provocado con gran frecuencia en la práctica de la hipnodontia (trabajo odontológico bajo estado hipnótico).

Se logran obtener numerosas modificaciones de la piel: manchas (máculas), lesiones en relieve (pápulas), puntos hemorrágicos (petequias) y urticaria. Un campo de estudio particularmente interesante se refiere a la influencia de las representaciones mentales sobre las reacciones alérgicas. La experimentación ha sido efectuada principalmente sobre la lesión alérgica más elemental y de más fácil contralor: la pápula o roncha que aparece en la piel en la zona en que se inyecta una mínima cantidad de alérgeno. Clarkson (38) ha impedido bajo estado hipnótico la aparición de esta reacción en una persona que anteriormente había reaccionado en forma muy violeta a la inyección de extracto de huevo. De igual modo, Marcus y Sahlgren (39) impidieron la aparición de reacciones cutáneas al extracto de polen, y Diehl y Heinichen (40) obtuvieron importantes variaciones en la magnitud de estas reacciones, que alcanzaron del 28 al 81 % de su valor medio. Estos fenómenos obligan a hacer una revisión de la interpretación algo simplista de la alergia que ha prevalecido hasta los últimos años.

6. Desempeño de papel

Es frecuente que el sujeto bajo estado hipnótico acepte la proposición de comportarse como si hubiese vuelto a un cierto período de su niñez. Habla un lenguaje infantil, identifica al operador con alguna persona a quien conoció en su infancia, describe su fiesta de cumpleaños, dando detalles acerca de los niños que asistieron a ella, los juegos que jugaron, los regalos que recibió “como si los estuviera viendo”, y expresa sus emociones con la espontaneidad de un niño.

Otras veces, habiéndoselo propuesto el operador, el sujeto procede como si tuviese mucha más edad de la que realmente tiene, al grado de presentar las reacciones que corresponden a la senilidad.

O puede asumir la personalidad de otro individuo, vivo o muerto, “viendo” a su alrededor el ambiente que pudo haber rodeado a este personaje, hablando como él hubiera hablado y expresando sus reacciones emocionales como las hubiera expresado él.

Estos fenómenos han sido descritos como una “regresión de edad”, una “progresión de edad” y una “transidentificación”, respectivamente.

En primer lugar, ha de recordarse que el sujeto bajo estado hipnótico tiene un estado psicológico comparable al de u niño que quiere complacer a sus padres. Si el operador le pide que “vuelva a su período de infancia”, o “se sienta otra persona”, etc., y si este pedido no es contrario a las convicciones profundas del sujeto (si lo fuese, saldría del estado hipnótico), el sujeto pondrá todas sus capacidades psíquicas en la representación de papel que se propone.

Los sujetos que tienen capacidad para la agudización de la memoria (fenómeno de la hipermesia) movilizan un caudal de recuerdos, a veces remotos y semi-olvidados, revelando conocimientos insospechados en lo relacionado con su papel. Si tienen la capacidad para exaltar su fantasía, éstas les sirven para llenar todas las lagunas que dejan los recuerdos. Si logran la imperfecta diferenciación entre el pensamiento propio y la realidad exterior, pueden “ver” y “oír” lo que proviene de las representaciones mentales que surgen de los recuerdos o de las fantasías. Y si son capaces de difundir estas representaciones mentales a su funcionamiento corporal, logran desempeñar el papel con todas las reacciones corporales que podrían corresponder a las situaciones creadas por él.

Los sujetos que tienen varias de estas capacidades a la vez, pueden lograr identificaciones muy notables con el papel que desempeñan. Por ejemplo, figuran en la literatura referente al hipnotismo, casos de sujetos, que al “revivir” su infancia “olvidaron” un idioma aprendido en la edad adulta (41), acertaron en la identificación simultánea de la fecha y el día de la semana en que tuvieron lugar muchos de los acontecimientos que representaban (42), respondieron a las “pruebas de inteligencia” como lo hubieran hecho los niños de esa edad, (43, 44) o presentaron ciertas reacciones psicosomáticas que habían experimentado en el pasado (45).

El desempeño de un papel bajo el estado hipnótico constituye una manifestación muy general y característica del hipnotismo. Uno de los investigadores en este campo, Sarbin (46), ha expresado un concepto original en cuanto al mecanismo de los fenómenos hipnóticos en general, diciendo que todos ellos derivan del “desempeño de un papel”, en la forma muy especial en que puede desempeñarlo una persona en estado hipnótico, con movilización de múltiples recursos físicos y psíquicos. Por ejemplo, el sujeto desempeñaría e forma más o menos perfecta, el papel de una persona incansable, de una persona sorda, de una persona que está comiendo, de una persona que ve determinados objetos inexistentes, etc., etc.

Recientemente apareció en los Estados Unidos de N. A. un libro de gran difusión bajo el título de The Search for Bridey Murphy (En Búsqueda de Bridey Murphy), escrito por el comerciante e hipnotizador aficionado Morey Bernstein (47), quien llevó a un estado hipnótico profundo a la Sra. Ruth Simmons, sugiriéndole la “regresión de edad” a etapas cada vez más tempranas de su infancia, hasta llegar al período pre-natal. Entusiasmada con su papel, y capaz de tener ricas fantasías, la sujeto luego pasó a describir su muerte y su vida en una previa encarnación en la personalidad de Bridey Murphy, una irlandesa que vivió hace aproximadamente 150 años, relatando cómo presenció sus propios funerales y dando detalles de su supuesta vida anterior, con mención de conocidos, calles, diarios y todo el ambiente que la había rodeado desde su muerte hasta su nacimiento. Estos “recuerdos” fueron grabados sobre cinta magnética, en base de lo cual se editó el mencionado libro.

Unos meses después de la salida del libro, que causó tanta sensación por suponérsele la revelación de algo sobrenatural, el Rdo. Wally White, de Chicago, que había conocido a la sujeto en su infancia, cotejó sus “recuerdos” con los hechos de su vida real, y escribió una serie de artículos que aclararon totalmente el misterio de esa “re-encarnación”.

Resulta que la sujeto había pasado toda su infancia entre irlandeses de Chicago, había bailado la jiga típica de Irlanda en la calle por unos centavos y también recitado poemas con un definido acento irlandés. Todos los nombres que mencionó en sus “recuerdos” bajo estado hipnótico provenían de esa colonia irlandesa entre la cual vivió cuando era una niña de siete años de edad.

Esta publicación es solamente notable como demostración de la agudeza de memoria para hechos, relatos, lecturas, etc., la vivacidad de fantasías, y la capacidad para coordinar recuerdos e invenciones en un todo armónico, que pueden existir en el estado hipnótico.

7. Acerca de la Naturaleza de los Fenómenos Hipnóticos

Como ya se ha indicado, el estado emocional hipnótico tiene entre sus atributos dos que interesan muy especialmente para la explicación de la naturaleza de la mayor parte de los fenómenos hipnóticos: la Sugestionabilidad y la Retrogresión a la psicología de la primera infancia.

Si bien la sugestionabilidad es uno de los factores que intervienen en la revelación de un determinado grupo de fenómenos hipnóticos, ella está muy lejos de ser una especie de fuerza mágica creadora de dichos fenómenos. Resulta extraño que este concepto, propio de épocas pasadas, todavía figure hoy en las publicaciones referentes al hipnotismo.

Recordemos que la sugestionabilidad ha sido definida (9) como “una especial motivación para aceptar, incorporar en uno mismo y ejecutar las proposiciones directas o implícitas de otra persona, la cual es equivalente a la motivación que tiene el niño para aceptar, asimilar y llevar a cabo las proposiciones de sus padres, cuando los padres proveen las caricias que el niño necesita en el momento o asumen una actitud autoritaria con él”. En el primer caso hablamos de una motivación “positiva” y en el segundo caso de una “negativa”.

El conjunto de los fenómenos hipnóticos logrados o logrables está limitado por la naturaleza del estado de retrogresión psicológica en sus diferentes niveles de profundidad. En cuanto a cada sujeto, intervienen también sus capacidades individuales, como también la modalidad positiva o negativa del estado hipnótico.

Para una mejor comprensión, los fenómenos hipnóticos pueden ser divididos e tres grupos fundamentales (48).
I. Los fenómenos que constituyen una función del estado de retrogresión psicológica (desencadenado por cualquier reacción emocional de intensidad aumentada), apareciendo espontáneamente o al ser propuestos por el operador.

II. Los fenómenos que aparece sin sugestión directa a su respecto, como efecto colateral de otras proposiciones, capaces de desencadenar estados emocionales en el sujeto.

III. Los fenómenos independientes de toda sugestión, que forman parte integrante del propio estado emocional hipnótico en sus modalidades “positiva” y “negativa”.

Los fenómenos del primer grupo pueden ser subdividido en precoces y tardíos.

Los fenómenos precoces corresponden a ciertas formas de comportamiento propias a la primera infancia y al período neonatal, siendo ejemplos típicos la catalepsia y la anestesia.

La capacidad de mantener diferentes partes del cuerpo en una misma posición durante largo tiempo y sin cansancio, existe en los infantes, desapareciendo e el transcurso de los dos primeros dos años de vida. Es bien conocida la postura espontánea del recién nacido que se duerme con los puños cerrados y sostenidos en el aire por arriba de su cabeza, siendo esto sólo un ejemplo de su capacidad general para mantener inmóviles sus miembros y su cuerpo e una misma posición por largo período de tiempo. Posiblemente ello constituya una prolongación de la catalepsia del feto manteniendo su posición arrollada en el útero.

Otro fenómeno, la anestesia, reinstala la escasa sensibilidad del recién nacido, que le permite tolerar las compresiones y las contusiones que resultan del trauma del parto, las aplicaciones de fórceps y las pequeñas operaciones quirúrgicas efectuadas sin anestesia en los primeros momentos de la vida extrauterina. Más tarde la madre logra anestesias con gran facilidad en el niño que se ha lastimado.

En el futuro, cuando los sujetos entran en estado estuporoso, es decir en una retrogresión psicológica hasta los primeros días de su vida, presentan como parte integrante de este estado y sin sugestión alguna, un gran descenso de su sensibilidad al dolor (anestesia) y una inmovilidad completa (catalepsia).

Cuando el sujeto se halla en un estado hipnótico más liviano, le resulta fácil reinstalar estos fenómenos precoces al recibir una simple proposición del operador a este respecto. Por ejemplo, el sujeto puede aceptar la proposición de levantar una mano, y luego mantenerla levantada, sin percatarse de este hecho durante toda la sesión. Para lograr la catalepsia total, buscada por los hipnotizadores teatrales, se precisa desarrollar la misma capacidad precoz mediante el entrenamiento.

Lo mismo se refiere a la anestesia, que puede ser una insensibilidad total, o una eliminación del componente psicológico de “angustia” resultante de la estimulación dolorosa.

Los fenómenos tardíos se relacionan con aquella etapa del proceso del desarrollo de la psiquis, en la cual el niño, tiene un funcionamiento psíquico muy similar al de los ensueños (oniroide), que le hace posible aceptar proposiciones extravagantes, confundir lo que es producto de su imaginación con lo que tiene existencia real, y experimentar alucinaciones.

Por el solo hecho de haber entrado e un estado de retrogresión a la psicología de la primera infancia, el sujeto bajo estado hipnótico readquiere esta modalidad de funcionamiento psicológico. El operador que le sugiere una alucinación (positiva o negativa, visual, auditiva, olfatoria, gustativa o cenestésica) no hace más que dar un tema aun mecanismo psicológico que el sujeto ya tiene con mayor o menor grado de desarrollo en sus diferentes aspectos. La aceptabilidad de este tema depende también del ambiente en que se encuentra el sujeto: un ambiente de experimentación o de la vida diaria.

Al grupo de los fenómenos más tardíos podemos referir la posibilidad de agudizar la memoria y de tener representaciones eidéticas.

El desempeño de un papel, en sus innumerables variantes, constituye un proceso fundado sobre varias peculiaridades del estado de retrogresión psicológica, interviniendo a la vez: la agudización de la memoria respecto a hechos experimentados personalmente o recogidos de relatos de otras personas, el aumento de la vivacidad de la fantasía, y aún las alucinaciones verdaderas.

El operador que solicita al sujeto el desempeño del papel de una persona que no oye, o el de un período de su infancia o senectud, etc., etc., se limita a dar una orientación hacia la cual el sujeto podrá canalizar el funcionamiento psicológico que tiene el momento. En el desempeño de un papel se pone e evidencia el hecho de que la persona e estado de retrogresión psicológica no se despoja de toda la experiencia que ha adquirido hasta la fecha.

El estado de retrogresión psicológica reinstala también la espontaneidad y falta de inhibiciones propias al niño.

Consideramos necesario destacar un hecho muy característico e importante que hasta ahora no hemos encontrado descrito como fenómeno o atributo del estado hipnótico: el negativismo (o actitud caprichosa). Este puede aparecer frente a cualquier proposición cuyo cumplimiento requiera el operador, presentándose e forma particularmente característica frente a la proposición de que el sujeto salga del estado hipnótico profundo con el fin de terminar la sesión hipnótica. En estas circunstancias el sujeto puede aparentar que no ha oído la proposición, o al insistirse en ella, adoptar la expresión de terquedad de un niño pequeño y sacudir la cabeza, diciendo categóricamente “¡No quiero!”. Es decir, pese a hallarse en estado hipnótico, el sujeto se niega a cumplir proposiciones, siendo ineficiente su sugestionabilidad. La única solución consiste en hacerlo pasar a un estado emocional hipnótico negativo y darle órdenes imperativas, como hacen los padres con sus hijos cuando éstos se vuelven negativistas.

Los sujetos que se han negado en tal forma a salir del estado hipnótico profundo, suelen dar las más diversas explicaciones (racionalizaciones) de por qué adoptaron esta actitud. Williams (49) ha reunido un número de casos de diferentes autores, de sujetos que no han querido salir del estado hipnótico profundo, dando luego las más diversas racionalizaciones a este hecho.

Fenómenos del segundo grupo. A éstos relacionamos las manifestaciones viscerales, como las referentes a las secreciones viscerales, como las referentes a las secreciones digestivas, urinarios o endocrinas, a las modificaciones motrices del pulso, de la respiración, del tubo digestivo, de los vasos sanguíneos, a las alteraciones térmicas, metabólicas, bioquímicas, etc., etc.

Es evidente que es imposible obtener estos fenómenos por sugestión directa, pues al decirse a un sujeto “Su páncreas segregará más insulina” o “Su peristaltismo intestinal se enlentecerá”, aun los sujetos que saben lo que es páncreas, insulina y peristaltismo, no pueden representarse mentalmente los mecanismos de dichos efectos, ni poner estos mecanismos en acción.

Estos fenómenos se logran por vía indirecta, como efecto colateral espontáneo de diversos estados emocionales, que pueden ser desencadenados e el sujeto mediante la sugestión de una idea o situación vinculada a la emoción (de modo directo o condicionado).

Por ejemplo, se puede hacer experimentar a un individuo en estado de retrogresión psicológica la alucinación de tener hambre y oler el aroma de un trozo de carne asada. Si le agrada la carne , dicho individuo experimentará un estado emocional que a su vez determinará un aumento de la secreción de los jugos digestivos, como ocurriría si el sujeto, sin estar bajo estado hipnótico, efectivamente tuviese hambre y oliese carne asada.

Gorton (20) ha indicado muy acertadamente que “no hay nada peculiar a la hipnosis en estas situaciones, excepto la manera en la cual la emoción es producida por medio de la sugestión”.

En las circunstancias expuestas, toda sugestión referente a las secreciones digestivas hubiera sido totalmente superflua. Sin embargo, es muy corriente que se den sugestiones superfluas de esta misma índole y se atribuya a éstas en forma totalmente injustificada el efecto obtenido.

Gorton (20) destaca un punto que ha estado sujeto a controversias: la posibilidad o imposibilidad de obtener una aceleración de los latidos cardíacos mediante la sugestión directa: “Su corazón está latiendo más rápidamente”, indicando que en la literatura, algunos autores afirman haber obtenido este efecto, mientras que otros o lo pudieron obtener.*

(*La literatura está repleta de contradicciones en cuanto a la obtención de fenómenos hipnóticos. Estas contradicciones son muy evidentes e el material recolectado por Weitzenhoffer (50).

Realizamos la experiencia de dar esa misma sugestión a veintitrés de nuestros sujetos. En veintiuno de ellos no hubo aceleración alguna de los latidos del corazón, mientras que en dos esta aceleración era franca. ¿No habrían estos últimos sujetos capaces de asociar por ellos mismos la aceleración cardíaca a alguna fantasía emocionalmente significativa, que les había producido aceleración cardíaca en el pasado? Les interrogamos acerca de lo que habían sentido cuando les dimos la proposición. Uno de ellos relató que se había imaginado que se hallaba mirando hacia abajo desde una gran altura y que alguien le había dado un leve empujón sobre el hombro. El otro dijo haber sentido una vaga inquietud, que le parecía deberse a algo, pero que él no podía darse cuenta exactamente a qué se debía.

Este sencillo experimento indica que algunos individuos que reciben una sugestión directa respecto a un fenómeno visceral pueden cumplirla solamente por su capacidad para asociar espontáneamente este fenómeno a una emoción vinculada con él.

Fenómenos del tercer grupo. Estos no tienen que ver con sugestiones directas o indirectas, sino derivan de la naturaleza emocional del estado hipnótico “positivo” o “negativo” en sí.

El estado emocional hipnótico positivo, que definimos como resultado de la “estimulación condicionada del mismo estado emocional que el sujeto experimentaba en su infancia al recibir las caricias y arrullos de su madre cuando él los necesitaba” (51), tiene un efecto espontáneo de estabilización emocional que se traduce por una relajación muscular y una regularización y normalización de las funciones viscerales que previamente habían estado alteradas por causas psicógenas.

El sujeto en estado emocional hipnótico positivo de cierta intensidad adopta una posición de relajación en la cual sus miembros y su cuerpo descansan con un mínimo de contractura muscular, sus líneas faciales se alisan y sus movimientos superfluos desaparecen, reduciéndose también la frecuencia del pulso y de la respiración, particularmente si ésta había estado aumentada por motivos emocionales antes de la inducción del estado hipnótico.

Todo esto es logrado por las inducciones hipnóticas maternas que ya han sido descritas detalladamente en el Capítulo II (El Estado Hipnótico), y que son vitalmente imprescindibles para la sobrevida y el desarrollo normal en la infancia. El mismo proceso se observa hasta en los diferentes mamíferos.

La estabilización emocional hipnótica determina beneficios psicoterapéuticos que muchas veces son atribuidos injustificadamente a sugestiones.

Las reacciones emocionales, alteradoras y estabilizadoras, experimentadas en circunstancias diversas de la vida cotidiana, ejercen poderosa influencia sobre los procesos naturales de adaptación y recuperación.

Es bien sabido que las emociones pueden, por un lado, originar y agravar las enfermedades y por otro lado, no sólo apresurar los procesos curativos, sino a veces ejercer un efecto tan espectacular que se tiende a hablar de “curaciones inexplicables” o “milagrosas”.

Precisamente, el estado emocional hipnótico de modalidad positiva o estabilizadora (tanto espontáneo como deliberadamente inducido) tiene la importantísima cualidad de favorecer las complejas funciones nutritivas, adaptativas y recuperadoras del organismo.

Esto beneficia no solamente a los pacientes catalogados como “funcionales” o “nerviosos” o “psicosomáticos”, sino también, y e forma principal, a las personas con enfermedades definidamente orgánicas, pues en toda enfermedad orgánica juega un papel sumamente importante el sistema neuro-vegetativo

Un ejemplo típico es el de los enfermos con lesión reciente de infarto de miocardio quienes, al ser llevados a un estado hipnótico positivo por medio de una estimulación suave y arrulladora, experimentan rapidísimamente la desaparición del dolor debido a su lesión cardíaca orgánica. A la vez, se acelera muy notablemente el proceso de su adaptación y recuperación.

También la sola inducción de un estado hipnótico positivo resulta extremadamente beneficiosa e los post-operatorios, eliminando en forma muy evidente el sufrimiento que habitualmente sigue a cualquier operación y haciendo más breve la convalecencia.

Un efecto particularmente llamativo es la eliminación del hipo de los operados del abdomen, aun el hipo severísimo, de varios días de duración, que no cede a ningún medicamento y hace imposible la alimentación y el reposo, al extremo de convertirse en un peligro para la vida del enfermo.

Del mismo modo se logra hacer cesar los accesos de asma, los accesos de jaqueca, los vómitos de las embarazadas, e innumerables otros trastornos.

Merece especial atención el hecho de que la acción farmacodinámica de diversos medicamentos se torna diferente según la modalidad de la reacción emocional en que se encuentra el individuo mientras está actuando la droga. (Este tema será considerado detenidamente más adelante.)

Un fenómeno espectacular se refiere a la detención de hemorragias.

Frecuentemente los odontólogos, habiendo inducido el estado hipnótico en un sujeto y obtenido una anestesia, le dan la sugestión de que no perderá o perderá muy poca sangre.

Efectivamente, los sujetos que logran una insensibilidad total o una eliminación del componente emocional del dolor, tienen un mínimo de pérdida de sangre al hacérseles una extracción de muelas. A primera vista se trata de un resultado casi mágico de la sugestión.

Para el esclarecimiento de este punto, los autores hicieron un experimento en una clínica odontológica, tomando seis sujetos fácilmente hipnotizables, en quienes se iba a hacer extracción dentaria. Se les dio solamente la sugestión de que sentiría cómo trabajaba el doctor, pero no sentirían dolor...que no le prestarían atención alguna...o si llegaban a sentir algún dolor, éste no les molestaría y lo tolerarían bien...

No se dijo absolutamente nada referente a la pérdida de sangre. Como resultado, en la totalidad de los casos, la pérdida de sangre fue mínima, prácticamente insignificante, pese a que hubo extracciones de raíces técnicamente difíciles.

Esto indica que la sugestión de reducción de la pérdida de sangre es superflua y la reducción de esta pérdida es un componente de la estabilización emocional hipnótica o un efecto colateral de la anestesia. Es un hecho conocido que las emociones violentas como la ira y el dolor, pueden aumentar la adrenalinemia, lo que favorece las hemorragias. La tranquilización mediante el estado emocional hipnótico positivo ejerce un efecto contrario.

Las repercusiones viscerales espontáneas de las modalidades positiva y negativa del estado emocional hipnótico constituyen un campo casi inexplorado para la investigación, que tiene la máxima importancia, pues ofrece la posibilidad de aclarar los mecanismos que intervienen en la producción de las enfermedades psicosomáticas y los efectos psicoterapéuticos del estado emocional hipnótico en sí (53).

Al explicarse los fenómenos hipnóticos como consecuencias naturales y normales del estado emocional hipnótico y de la retrogresión psicológica, se eliminan los supuestos poderes misteriosos de la sugestión. La sugestión queda relegada al modesto rol de un papel de tornasol que solamente revela el estado psicológico en que se encuentra el individuo en estado hipnótico en el ambiente de experimentación.

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IV-LA INDUCCIÓN DEL ESTADO HIPNÓTICO

IV -LA INDUCCIÓN DEL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades

Los procedimientos que resultan eficaces para la inducción del estado hipnótico en la práctica tienen la apariencia superficial de ser heterogéneos y mutuamente irreconciliables. En algunos casos se induce dicho estado mediante el mismo procedimiento con el cual la madre tranquiliza y arrulla a su hijo; en otras ocasiones se golpea bruscamente un gong o se obliga al sujeto a mirar fijamente una luz centelleante, a tocar una vara “magnetizada”, etc.

Sin embargo, por debajo de esta heterogeneidad existe un principio básico, que surge de la naturaleza del estado hipnótico en sí.

Lo que se hace en todos los casos consiste meramente en estimular al sujeto, por unos u otros medios, para que él desarrolle una reacción emocional de intensidad aumentada, de modalidad estabilizadora o alteradora (1).

Como veremos más adelante, estos medios han de variar según la idiosincrasia del sujeto, las convicciones previas de éste, el ambiente individual o colectivo en que se efectúa la inducción hipnótica, etc., etc.

En algunas ocasiones el operador debe poner todo su esfuerzo e ingenio en hallar los medios y procedimientos adecuados para el caso individual de su sujeto. Esto constituye la inducción hipnótica directa o activa (2).

Otras veces, el operador es un elemento completamente pasivo, un mero catalizador de las convicciones referentes a su prestigio, de las pre-sugestiones, o de los prejuicios que ya tiene el sujeto. Estos son los elementos decisivos de la inducción hipnótica por vía indirecta, siendo a menudo indiferente lo que diga o haga el operador (2).

En la práctica, las vías directa e indirecta de inducción hipnótica suelen combinarse, con predominancia de una o de otra.

Inducción Hipnótica Mediante el Procedimiento Natural o Directo

En estos procedimientos, el sujeto es estimulado a desarrollar en sí mismo el estado emocional hipnótico por un operador (en el ambiente experimental o terapéutico) o por cualquier otra persona (en un ambiente de la vida diaria), que asume una actitud análoga a la que suelen asumir los padres para provocar un estado emocional hipnótico positivo o negativo en sus hijos.

Ya hemos indicado que la actitud comprensiva y aceptadora se asocia al estado emocional hipnótico positivo y la actitud autoritaria al negativo. Por medio de estas actitudes (y no de técnicas) se estimulan los condicionamientos y las asociaciones a la entrada en el estado emocional hipnótico que el sujeto había desarrollado en su vida, y si el sujeto está emocionalmente dispuesto para ello desencadena el desarrollo de dicho estado.

Ambrose (4), Rosen (5), LeCron y Bordeaux, (6) y muchos otros autores contemporáneos han destacado especialmente la equivalencia entre la inducción hipnótica por medio de la actitud comprensiva y aceptadora y la relación entre los padres y los hijos.

Ya describimos en el capítulo “El Estado Hipnótico” la equivalencia entre los consejos de Erickson referentes a la “preparación del sujeto para la inducción deliberada del estado hipnótico” y los consejos de Carnagie para “ganar amigos e influir sobre las personas” en la vida diaria. En realidad, no se trata de una preparación sino de la inducción hipnótica en sí, pues las manifestaciones de una actitud comprensiva y aceptadora suelen estimular los condicionamientos y las asociaciones a la entrada en el estado emocional hipnótico.

El psiquiatra australiano A. Meras (3) da consejos muy semejantes a los médicos que quieren lograr una reacción hipnótica “positiva” con sus pacientes, destacando la importancia de prestar atención a la actitud que se asume desde el primer momento de la entrevista.

Además, la entrada en estado hipnótico tiene invariablemente asociaciones con la “relajación muscular” o el “ablandamiento” o “la ausencia de tensiones”, pues desde su más temprana infancia, el sujeto se había ablandado cuando su madre lo acariciaba y arrullaba.

He aquí una ilustración de una de las muchas maneras en que se puede proceder y hablar en la práctica, para inducir el estado emocional hipnótico con fines clínicos o experimentales:

Se comienza dando algunas explicaciones perfectamente racionales al sujeto, que son adecuadas a las circunstancias y que él no tendrá dificultad alguna en aceptar. Puede decírsele:

“El procedimiento terapéutico que vamos a emplear con usted es un procedimiento de ablandamiento, que consiste e entrenarlo a dejar todos los músculos del cuerpo flojos, libres para acomodarse como quieran, y para descansar efectivamente.
Quienes experimentan este ablandamiento, lo encuentran agradable- descansan perfectamente, dejan correr sus ideas, pierden la tensión que los había estado agotando...- Hay personas que, al entrar en este estado, tienden a dar expresión a sus emociones...Pueden querer reír, llorar o hablar. A veces se avergüenzan de su espontaneidad y tratan de detener el estado de ablandamiento...Usted debe sentirse en completa libertad y no tratar de retener sus emociones...pues está en un consultorio médico...y todas estas reacciones son completamente naturales.

“Hay personas que logran un buen ablandamiento en la camilla...otras prefieren un sillón...cada persona elige lo que le resulta más cómodo...Algunas eligen la camilla y luego, al cabo de cierto tiempo, cambian al sillón...todo depende de la comodidad que logran encontrar...De usted depende la elección para empezar...Elija...y ahora...póngase bien...bien...cómodo...busque la posición más cómoda para usted...la posición que le hará más fácil ablandarse...Puede recostarse sobre el respaldo..apoyar su cabeza...póngase cómodo...todo lo cómodo que pueda...puede cruzar las piernas...poner sus manos sobre los brazos del sillón...o sobre su falda...Elija usted la posición que le es más cómoda...en la cual se siente mejor...y puede descansar mejor...”

Ser reduce luego la variedad de las palabras, cuidando de mantener una voz de tono y cadencia agradables. A la vez, pueden hacerse leves roces sobre el cabello, el brazo, o la mano del sujeto. Así se continúa:

“Ablándese usted...deje su cuerpo tan blando,...blando...que no quede ninguna tensión...ni un solo músculo tenso...como si estuviese en una bañera llena de agua tibia...y su cuerpo estuviese flotando en esa agua...blando...calientito...y cómodo...sin ninguna tensión en su cuerpo...

“Deje ablandar los músculos de su cuello...bien blandos...ablande los músculos de su cara...de su frente...de su mentón..deje que todos los músculos de su cara se ablanden...se ablanden bien, bien...Ablande sus brazos...y déjelos reposar cómodamente ablandados...muy cómodos...y bien ablandados...Ablande sus piernas...y deje que todo su cuerpo se ablande...déjelo ablandarse y estar cómodo..muy...muy ...cómodo.

“Y mientras todo su cuerpo está descansando...cómodo...blando...deje que su mente también descanse...usted está cómodo...nada lo molesta. Si quiere puede escuchar lo que ocurre a su alrededor..pero nada de ello le interesa...Ablándese usted...ablande bien todo su cuerpo...y disfrute de este estado...blando...cómodo...y agradable...”

Se puede continuar en la misma forma, con algunas variantes en las palabras o en los temas hasta que se observen señales de relajación muscular en el sujeto: un borramiento de líneas faciales, una inmovilización y expresión particular de los ojos, una caída fláccida de los miembros, y un aspecto general comparable al de un niño que descansa. Podemos afirmar entonces que el sujeto ha entrado en estado emocional hipnótico, sin haber recibido sugestiones de sueño y sin haber cerrado los ojos, en un típico “hipnotismo despierto”. El sujeto ya puede lograr los fenómenos hipnóticos de acuerdo con sus capacidades individuales.

Para inducir el estado emocional hipnótico, se puede hablar de una infinidad de temas, que pueden depender de la preferencia del terapeuta o de los deseos del sujeto.

Así, Erickson (7) ha llevado a un estado hipnótico profundo a una persona mientras ésta fumaba, hablándole en forma casual acerca de los placeres de fumar...en un cómodo sillón...mirando el humo que asciende...sintiendo la facilidad de levantar el cigarrillo a la boca...el sentido interno de satisfacción al absorberse en el acto de fumar...cómodamente...sin preocuparse por las cosas exteriores...etc.

Algunas personas adquieren el estado hipnótico con gran rapidez, en el curso de uno o dos minutos.

Si el sujeto no reacciona, hay que aceptar su comportamiento como un hecho natural y corriente, prolongar el monólogo, darle una explicación racional de lo que se busca, y preguntarle qué prefiere que se haga para que pueda ablandarse mejor. El sujeto puede decir que se varíe más el tema del monólogo, o que le gustaría imaginar que está viajando en un tren, mirando por la ventanilla, etc., etc.

Cuando se ha inducido el estado hipnótico con fines terapéuticos, no juega papel decisivo la profundidad de este estado, y el terapeuta procede como se indicará en otro capítulo.

Pero si el sujeto fue llevado al estado hipnótico con fines experimentales y se quiere obtener el estado hipnótico más profundo (el mayor grado de retrogresión psicológica) que se pueda alcanzar, se prosigue del modo siguiente:

En primer lugar hay que recordar que el operador que ha logrado hallar y estimular los condicionamientos y las asociaciones al estado hipnótico, ha dado un impulso al desarrollo de este estado por el propio sujeto. Lo más importante ahora es no perturbar este desarrollo del estado hipnótico, que el sujeto puede profundizar por sí mismo, con muy poca estimulación.

Por esto, conviene alternar períodos e que se habla y períodos en que se guarda silencio. Como regla general, hablamos durante treinta segundos a un minuto, y luego decimos al sujeto que él podrá continuar ablandándose solo, y entrar en este estado de ablandamiento cada vez más profundamente...

Pasados unos cinco minutos, se le vuelve a decir: “usted descansa...y se siente cómodo...ablandándose más...continúe ablandándose...su cabeza recostada sobre el respaldo el sillón está muy cómoda...todos sus músculos están flojos...usted se siente cómodo...y le resulta agradable este estado...usted continúa entrando más y más profundamente en este estado...Ablándese solo...Yo permaneceré a su lado...y dentro de cinco minutos le hablaré nuevamente...ablándese más y disfrute este estado...”

Se continúa de este modo hasta lograrse la profundidad hipnótica (retrogresión psicológica) que se requiere para los fines experimentales.

LeCron (8) ha descrito la obtención de estados hipnóticos estuporosos profundísimos mediante el mismo procedimiento, con la diferencia de hablar durante cinco a diez minutos y guardar silencio durante el mismo período de tiempo.

La profundización del estado emocional hipnótico es un proceso puramente individual. Algunos sujetos alcanzan inmediatamente su estado hipnótico más profundo, otros requieren horas de entrenamiento y diferentes variaciones en el modo de proceder con ellos. Por ejemplo, en algunos casos se obtiene más fácilmente la profundización hipnótica si se alternan los procedimientos positivos y negativos, o como los llama Ferenczi (9) la hipnosis “materna” y la “paterna”.

Frecuentemente, el operador quiere asegurarse que el sujeto ha desarrollado el estado hipnótico y tener una idea acerca de la profundidad de dicho estado.

Una prueba muy sencilla del estado hipnótico consiste en tocar muy levemente las pestañas del sujeto y comprobar la abolición del reflejo de cierre de los párpados. Es de interés el hecho que, en el curso de una sesión hipnótica, este reflejo suele desaparecer y reaparecer repetidamente, lo cual indica que el estado hipnótico no es inmutable sino que tiene oscilaciones espontáneas de mayor y menor profundidad.

En el ambiente psicoterapéutico, la profundidad hipnótica se aprecia de modo muy sencillo. Se hace al sujeto alguna pregunta muy simple, por ejemplo, ¿está cómodo? Y se observa su modo de responder. El individuo bajo estado hipnótico liviano responde prontamente. En cambio, quien está en un estado hipnótico más profundo contesta con cierta dificultad, apenas susurrando la palabra “sí”, o haciendo un simple movimiento de los labios, o no contesta en absoluto.

Cuando la inducción hipnótica se hace con fines quirúrgicos u odontológicos, resulta adecuado hacer la prueba de la analgesia. Se previenen al sujeto que se va a comprimir su dedo y que él sentirá la compresión pero la tolerará perfectamente. Luego se hace una fuerte compresión y se observa la expresión facial del sujeto. Es importante no decirle que él no sentirá la compresión pues el sentido del tacto se conserva mucho más que la sensibilidad dolorosa.

En el laboratorio de experimentación es corriente buscar el fenómeno de levitación de la mano como prueba del estado hipnótico, diciendo con voz suave al sujeto: “Mientras usted descansa...su mano se pone liviana..muy liviana...pronto subirá en el aire...cuanto más profundo s su descanso tanto más subirá su mano en el aire...está subiendo lentamente...etc., etc....” no es válido como índice del estado hipnótico un ascenso rápido y deliberado de la mano, sino un levantamiento lento y pausado.

También se han utilizado pruebas “desafiantes” por ejemplo, diciendo al sujeto que trate de separar sus manos entrelazadas a la vez que se afirma de modo categórico y autoritario que él no podrá hacerlo. Esta prueba, al obligar al sujeto a realizar un esfuerzo incompatible con un estado hipnótico de cierta profundidad, puede causar la salida del estado hipnótico.

Claro está que en el ambiente terapéutico estas pruebas no son necesarias ni adecuadas, pues como dice Meares con mucha razón (10), “ellas tienen una cualidad dramática o extravagante, con sabor a teatro de variedades y son capaces de alterar al paciente sensible, siendo inadecuadas para la práctica del consultorio”.

Hasta el momento hemos hablado solamente de los procedimientos que aprovechan los condicionamientos para el estado hipnótico positivo (derivado de las actitudes cariñosas y comprensivas de los padres hacia sus hijos). Pero este procedimiento no es aplicable a todos los sujetos. Hay una minoría de individuos que entran en un estado hipnótico mejor y más rápidamente con la ayuda de la relación hipnótica negativa (derivada de los condicionamientos para las actitudes severas y autoritarias de los progenitores). De acuerdo con nuestra experiencia, corresponden a este grupo los niños de seis a nueve años de edad, como también los adultos que han crecido en un ambiente familiar que los sobreprotegía sistemáticamente.

Para estos casos, la entrevista se conduce de una manera completamente diferente de lo que se ha dicho con referencia al estado hipnótico positivo. En vez de pedir, se exige, y en vez de persuadir, se dan órdenes, aunque estas exigencias y estas órdenes deben ser graduadas de acuerdo con lo que el sujeto puede aceptar.

Llevando la actitud autoritaria a un grado extremo, Woolman y Jacoby (11) describen un procedimiento “en el cual el niño es tomado y empujado bruscamente sobre una silla, con la orden “¡DUERME!”, con la cual se obtiene un estado hipnótico profundo.

También se puede recurrir a estímulos físicos, intensos y sorpresivos, como en el histórico procedimiento de Charcot que iba al extremo de golpear un gong o hacer explotar pólvora de algodón en la proximidad del sujeto.

Como ya se ha dicho el estado hipnótico negativo puede pasar con gran facilidad al positivo, y viceversa. Por lo cual se puede comenzar la inducción hipnótica en forma autoritaria, lo que determina un estado emocional hipnótico negativo y luego pasar a la actitud persuasiva que conduce al estado hipnótico positivo, o proceder a la inversa.

Para terminar la sesión, decimos, por ejemplo, al sujeto: “Posiblemente usted se ha ablandado muy bien...y descansado muy bien...y se siente muy tranquilo...sin ninguna tensión...Daremos esta sesión por terminada...hasta su próxima visita...”

Normalmente la persona se levanta del sillón. Algunos se van en seguida, otros se detiene a comentar sus impresiones. Pero hay casos muy raros (hemos tenido dos de ellos) de sujetos que, habiendo alcanzado un estado hipnótico profundo, no quieren terminar la sesión y permanecen en el sillón o la camilla sin querer levantarse. Al decírsele que la sesión está terminada y que se levante, esta persona revela una expresión de capricho, semejante a la de un niño negativista de tres años de edad (sabemos que se halla en estado retrogresivo), mueve la cabeza, frunce los labios y dice “¡No quiero!”

Le seguimos diciendo suavemente que ha estado descansando durante una hora, que este tiempo es suficiente, que la otra sesión será más larga, y que se levante. Nuevamente sacude la cabeza y dice “¡No quiero!” Si se tiene suficiente tiempo, se le puede decir que descanse cuanto quiera, y que él mismo se levantará cuando desee hacerlo. Generalmente no queda en este estado más de media hora. Pero si hay apuro, es inútil seguir hablando en forma persuasiva, pues ello solamente aumenta la terquedad del sujeto. En estos casos es preferible cambiar la actitud de persuasiva a autoritaria, siendo preferible hacerse una “transmisión de contralor hipnótico” a otro operador, quien dirá con tono severo: “Comprendo que este estado es muy agradable, y que usted no quiere salir de él, que le gusta desentenderse de las preocupaciones de la vida diaria. Pero usted podrá lograr el mismo estado en la habitación contigua, donde hay un sillón tan cómodo como éste, en el cual usted podrá continuar su estado de ablandamiento. Levántese y vaya a la otra pieza, si no lo hace, otra persona podrá ocupar ese sillón. ¡Levántese...rápido...!¡Más rápido!...Se le trata como a un niño caprichoso.

Muchos creen que la repetición de las inducciones hipnóticas hace que éstas sean más rápidas y fáciles, lográndose estados hipnóticos más profundos en el sujeto en cada nueva sesión. La práctica demuestra que tal noción es errónea, salvo para el caso especial de un limitado grupo de personas “hipnófilas” (mediums).

Inducción del Estado Hipnótico Mediante Procedimientos Indirectos

Este grupo comprende las técnicas ideadas en los siglos pasados, cuando el hipnotismo era comprendido como algo misterioso, o como el resultado de una dominación de una persona sobre otra. En la actualidad, estas técnicas son utilizadas principalmente para las demostraciones teatrales, aunque hay también quienes se valen de ellas para fines terapéuticos o experimentales, no pudiendo desligarse del pasado.

Nos referimos aquí a las técnicas de efecto misterioso o de empleo tradicional, como, por ejemplo, las miradas fijas, las bolas de cristal, las varas de hierro supuestamente magnetizadas, las luces centelleantes, y cientos de otros procedimientos, olvidados, existentes, o posibles, todo lo que pueda crear la imaginación de los hipnotizadores tanto teatrales como experimentales, en concordancia con la mentalidad y credulidad de su época.

A primera vista, todo ello parece esotérico y vinculado a fuerzas sobrenaturales, aparentemente sin responder a ninguna ley común. Pero este misterio no es más que un castillo de naipes que se derrumba con la mayor facilidad. Por extraño que parezca, estos sistemas de inducción hipnótica tienen como fundamento el procedimiento directo que acabamos de describir. En estos casos, los “poderosos hipnotizadores” no son más que simples receptores de la transmisión de contralor hipnótico de los individuos que han establecido relaciones hipnóticas directas con el sujeto en la vida diaria. Esta transmisión también puede derivar de determinadas pre-sugestiones.

Esto se podrá comprender mejor analizando algunos casos concretos.

El psicólogo Hugo Biegel (12) hizo un experimento con un grupo de estudiantes nocturnos en un instituto de enseñanza secundaria. Todos ellos ya habían actuado anteriormente como sujetos en el trabajo de hipnotismo experimental de Biegel, es decir, todos ellos habían sido llevados al estado hipnótico por él, en repetidas ocasiones.

Este experimento fue hecho con el fin de investigar los efectos de las sugestiones pre-hipnóticas. Biegel reunió a su grupo de estudiantes y les presentó a una persona que no conocían, diciendo que se trataba de un joven amigo que quería aprender a hipnotizar, y que le gustaría saber si su amigo podría hipnotizar a algunos de los presentes. Intencionadamente se dio una noción falsa a los estudiantes- pues el llamado “joven amigo” era en realidad un médico competente, que practicaba inducciones hipnóticas con fines terapéuticos y experimentales y había logrado sus mejores resultados precisamente con gente joven como ellos. Tras esta presentación, el amigo de Biegel no logró inducir el estado hipnótico en ninguno de los estudiantes presente, a pesar de haber intentado hacerlo con los individuos que anteriormente habían sido los más fáciles de hipnotizar. Ocurrieron hechos curiosos: todos estos estudiantes tomaron los actos y palabras del médico con escepticismo, críticas y risas, y hasta unos le daban instrucciones técnicas acerca de lo que él debía hacer con los otros.

En un seminario sobre hipnotismo para post-graduado, realizado en Los Ángeles en diciembre de 1953 (1), una de las asistentes a las clases fue llamada por un instructor para actuar como sujeto de Erickson en una demostración de inducción hipnótica, y entró en un estado hipnótico muy profundo cuando Erickson no había hecho más que invitarla a sentarse en un sillón.

Cuando algunos de los presentes la rodearon luego para preguntarle acerca de su experiencia en dicha sesión hipnótica, ella manifestó que era la primera vez que la hipnotizaba Erickson, y que había entrado con tanta rapidez en el estado hipnótico “porque Erickson tenía un enorme prestigio para ella, y ella había deseado siempre ser hipnotizada por él” (2).

Averiguamos más adelante que ella había colaborado sistemáticamente con el instructor que la había llamado, actuando desde tiempo atrás como su sujeto en investigaciones y demostraciones de hipnotismo, y que dicha persona le había hablado continuamente en forma muy elogiosa de Erickson, destacando sus condiciones de hipnotizador de extraordinaria capacidad y de psiquiatra renombrado.
* * *

El siguiente experimento fue efectuado por los autores:
Elegimos dos señoritas, una de veinte y otra de veinticinco años de edad, a quienes estábamos tratando por tartamudez con hipnoterapia, pero a quienes nunca se les dijo que su tratamiento tenía que ver con el hipnotismo, sino que se trataba de un “procedimiento de ablandamiento”. En el curso de su “tratamiento por ablandamiento” ambas habían logrado desarrollar estados hipnóticos bastante profundos.

Dijimos a cada una de ellas por separado, que recientemente había venido de España un médico famoso, que trataba las tartamudeces por medio de un procedimiento nuevo, haciendo uso del hipnotismo con grupos de pacientes, a quienes hacía mirar fijamente una bola de cristal, y si ellas tenían interés en probar esta forma de tratamiento, podían venir exactamente dentro de una semana, para recibir un tratamiento de prueba. Ambas aceptaron gustosamente esta proposición.

Aparte de esto, averiguamos que una de las jóvenes, que venía del campo y tenía escasa instrucción, no conocía la palabra “hipnotismo” ni asociaba nada con ella, si bien era supersticiosa y creía en fuerzas ocultas.

La otra, una empleada de oficina, quien también era supersticiosa. Declaró que el hipnotismo resulta de un poder misterioso que tienen ciertas personas con ojos fríos y penetrantes, y que al ejercer este poder sobre otros, pueden leer sus pensamientos u obligarles a hacer cualquier cosa. Ella había presenciado una demostración de hipnotismo teatral y había sentido ese poder a distancia, pues cuando el hipnotizador dijo al público que no podrían separar sus manos, ella había sentido sus dedos trabados, y había temido ser llamada a escena, pero afortunadamente, llamaron a otros. Siendo niña, había oído hablar por primera vez del hipnotismo en la casa de su tía.

El día indicado ellas fueron presentadas a este “famoso médico hipnotizador”, quien en realidad era un maestro jubilado del interior del país, quien no sabía nada acerca del hipnotismo, aparte del hecho de haber presenciado una demostración de hipnotismo teatral, hacía alrededor de treinta años. El había aceptado colaborar en nuestro experimento y asumió muy satisfactoriamente el papel de un hipnotizador de los tiempos de Mesmer.

Con un tono de voz autoritario ordenó a ambas jóvenes que mirasen sendas bolas de cristal, y les dijo que al mirar esas bolas muy fijamente...sus ojos se estaban cansando...sus párpados se estaban volviendo pesados...pesados...muy pesados..., etc. La joven que conocía el hipnotismo entró casi inmediatamente en un estado hipnótico profundo, mientras que la chica del campo no reaccionó en absoluto.

Varios días después, la chica del campo comentó sus impresiones, diciéndoos que el médico-hipnotizador le había hecho recordar a un sacerdote que había enseñado en su escuela, y que a ella no le había gustado su forma imperativa de hablar.

La empleada de oficina dijo que había una diferencia radical entre el tratamiento con relajación y el tratamiento bajo estado hipnótico, porque el primero le producía un estado agradable y descansado, con sentimiento de tranquilidad y seguridad, mientras que el “estado hipnótico” le excitaba los nervios y le causaba inquietud, y que cuando ella quiso abrir sus ojos y no pudo, experimentó el mismo estado que había tenido en el teatro cuando le dijeron que quería separar sus manos pero no podía.

Esta diferenciación entre el “estado de relajación” y el “estado hipnótico” estaba plenamente justificada, pues en el primer caso se trataba de un estado hipnótico positivo, que utilizamos en psicoterapia, y en el segundo caso, de un estado hipnótico negativo. Estos estados ya han sido definidos y sabemos que cada uno de ellos se transforma fácilmente en el otro ante un cambio de actitud del operador

* * *

¿Qué tienen en común estos tres casos?

En el primero, el experimentador ya tenía una relación hipnótica con el grupo de estudiantes, y pudo dar a éste* una sugestión indirecta que tuvo el efecto de bloquear toda posibilidad de establecimiento de una relación hipnótica entre cada uno de los estudiantes y su “amigo”. En este caso, hubo un actor decisivo: la “trasmisión de relación hipnótica” en sentido inverso. El propio Biegel interpreta el resultado de su experimento como debido a una falta de “prestigio”.

En el segundo ejemplo, Erickson “indujo” un estado hipnótico profundo con sólo decir a la sujeto que tomase asiento en el sillón. Aquí, a diferencia del caso anterior, ya intervinieron dos factores, cuya importancia comparativa es difícil de definir.

Por un lado, hubo una transmisión indirecta a Erickson de la relación hipnótica que el instructor tenía con la sujeto.

Los experimentos hipnóticos sistemáticos del instructor con esta mujer indican que había una relación hipnótica de tipo principal entre ellos. El hecho de que el instructor la invitó personalmente a ser la sujeto de Erickson, sirvió para re-establecer su relación hipnótica con ella y al mismo tiempo transmitir esta relación a Erickson

Por otro lado, en el transcurso de su relación hipnótica con el instructor, la sujeto le había oído hablar sistemáticamente acerca de la capacidad extraordinaria de Erickson como hipnotizador y psiquiatra, por lo cual, según su propia expresión, ella “había deseado siempre ser hipnotizada por Erickson”. Esto indica que dichos datos habían sido incorporados por ella con cierta emoción.

El encuentro con Erickson fue plenamente suficiente para que ella entrase en u estado auto-hipnótico de considerable intensidad, y posiblemente con una retrogresión psicológica marcada. Este estado auto-hipnótico se trasformó en una relación interpersonal hipnótica con Erickson por el solo hecho de haberla invitado a sentarse con él en el sillón.

Finalmente, en el tercer caso, una persona completamente profana en cuanto a conocimientos del hipnotismo en general y de la inducción hipnótica en particular, logró en menos de un minuto inducir un estado hipnótico profundo en una de los sujetos- precisamente en aquella que tenía una idea bien definida del hipnotismo, a la cual se adaptó la actitud de dicha persona.

En este caso, también participaron dos factores: una transmisión indirecta de la relación hipnótica de nosotros al maestro jubilado, y el desencadenamiento de un estado auto-hipnótico, que se transformó luego en una relación interpersonal hipnótica por el mecanismo ya indicado, pues es evidente que la joven había incorporado conceptos emocionalmente significativos para ella referentes al hipnotismo y a los hipnotizadores en el curso de su educación, habiéndolos reactivado y reforzado en su vida, particularmente cuando presenció la demostración de hipnotismo teatral en la cual no pudo separar sus manos.

La bola de cristal que utilizó el operador en nuestro experimento pudo haber sido sustituida con el mismo éxito por el uso de luces brillantes, pases misteriosos, o cualquier otro recurso adecuado a la mentalidad del sujeto.

La otra joven no entró en estado hipnótico a pesar de los esfuerzos del “hipnotizador” porque la palabra “hipnotismo” carecía de significación para ella. Aún la transmisión indirecta de la relación hipnótica que habíamos efectuado no dio resultado, porque la actitud autoritaria del “hipnotizador” no fue adecuada para su caso particular. Si el “hipnotizador” hubiera asumido ante esta chica de campo una actitud aceptadora, posiblemente se hubiera logrado una inducción hipnótica.

Comparando los casos segundo y tercero, vemos que el maestro jubilado, totalmente desconocedor del hipnotismo, logró inducir un estado hipnótico casi instantáneamente, y que el renombrado hipnotizador y psiquiatra de gran prestigio, Erickson logró el mismo efecto con la misma rapidez. El éxito en estos casos no fue obra del ni del maestro jubilado ni de Erickson, como tampoco el ”amigo” de Biegel fue el responsable de su propio fracaso. En todos los casos los supuestos operadores fueron simples catalizadores de sugestiones post-hipnóticas emocionalmente incorporadas por el sujeto en el curso de su educación o re-educación, o receptores de una transmisión de relación hipnótica, tanto directa como indirecta, de personas con quienes el sujeto se encontraba en relación hipnótica principal o secundaria, ya sea en la vida diaria o en un ambiente de experimentación.

Normalmente, todos los procedimientos de inducción hipnótica se entrelazan, siendo difícil o imposible definir el grado en que interviene uno u otro, en un determinado caso.

El mecanismo psicológico de la inducción hipnótica es exactamente el mismo en la vida diaria y en los ambientes terapéuticos y experimentales. La diferencia aparente está en el comportamiento de los sujetos, que depende de la motivación creada por las circunstancias y el ambiente y del grado de retrogresión psicológica, las convicciones y las capacidades del propio sujeto.

La transmisión de la relación (contralor) hipnótica es un hecho corriente en la vida diaria. El “prestigio” en todas sus acepciones, como ya hemos indicado, consiste en una transmisión de relaciones hipnóticas a una persona con referencia a determinado aspecto de su personalidad y de su campo de acción. Este prestigio puede reforzarse o perderse ante un individuo, según la concordancia o discordancia del comportamiento de la persona que lo tiene con las expectativas de éste.

Esta transmisión de la relación hipnótica también juega un papel importante en la educación de los niños, quienes acepta las opiniones favorables o desfavorables que los padres les dan acerca de otras personas, hasta que su propia experiencia emocional les haga aceptar o rechazar las relaciones hipnóticas así trasmitidas.

Es interesante hacer notar que ya en 1897, Wetterstandt (13) había observado que la inducción hipnótica se facilitaba considerablemente si el futuro sujeto recibía previamente pre-sugestiones de parientes o amigos referentes a la capacidad y condiciones del hipnotizador. Por esto, cuando se hallaba ante pacientes difíciles de hipnotizar, instruía a los parientes de éstos que les implantasen durante el sueño normal la sugestión de que serían rápida y profundamente hipnotizados por Wetterstandt. Hoy sabemos que los parientes tenían relación hipnótica con el sujeto y podía haber hecho lo mismo hablándole en estado de vigilia.

La segunda modalidad de inducción hipnótica indirecta, por intermedio de una reactivación de sugestiones emocionalmente incorporadas, trayendo un estado auto-hipnótico que se convierte en una relación hipnótica con una persona adecuada, también se encuentra con frecuencia en la vida diaria. Existe en la admiración extasiada de artistas, en la acción de ciertos curanderos, en los rituales de sectas religiosas, en los cultos primitivos, en la actuación de hipnotizadores teatrales, etc., etc.

La historia del hipnotismo está repleta de ejemplos demostrativos de esta situación. Uno de los más notables corresponde a Mesmer en el período culminante de su fama, cuando el público estaba hablando de él, dando voces de las hazañas asombrosas que él realizaba, y sus futuros pacientes estaban preparados para los efectos notables que sobrevendrían en ellos al experimentar directa o indirectamente su “poder”.

Los pacientes de Mesmer acudían con pre-sugestiones y “transmisiones de contralor hipnótico” a favor de él y del ambiente que lo rodeaba. Muy a menudo, ellos entraban en estado hipnótico profundo mientras sostenían unas varas “magnetizadas” en el consultorio, sin haber visto todavía a Mesmer. Todo lo que correspondía a Mesmer era hacer una entrada lo suficientemente impresionante con su manto negro y vara de hierro, y quienes todavía no habían entrado en estado hipnótico, lo hacían al ser tocados con esta vara.

La técnica de Mesmer fue modificada más delante de acuerdo con los nuevos conceptos y las nuevas creencias populares acerca del hipnotismo. Al final del siglo XIX se comprendía el hipnotismo como el resultado de una dominación del sujeto por una persona de “fuerza de voluntad superior” y se creía que el sujeto se convertía en un autómata dormido, si voluntad alguna.

En estas circunstancias, se esperaba del “hipnotizador” una confianza absoluta en sus poderes, y él procuraba hacer ver a los pacientes que la tenía. Revelar la más mínima duda acerca de sus habilidades para lograr el éxito, hubiera equivalido a comprometer todas sus posibilidades de lograrlo. Generalmente tomaba una actitud autoritaria, volviéndose más y más exigente a medida que el sujeto mostraba una mayor “sumisión”.

Algunos “hipnotizadores” encontraron que era conveniente demostrar sus poderes a sus nuevos pacientes, dejándoles ver otros sujetos bajo estado hipnótico. Wetterstand(13) llegó al extremo de llenar su casa con personas hipnotizadas que dormían en las diferentes piezas: un espectáculo impresionante para los que acudían por primera vez.

La finalidad del”hipnotizador” era ajustarse al papel de “un hombre de gran fuerza de voluntad”

En esos tiempos se recurría invariablemente al empleo de los más diversos dispositivos “para ayudar a la inducción hipnótica”.

Siguiendo la técnica de Braid, se ha dado preferencia a los procedimientos que fijan la vista, haciendo mirar al sujeto no solamente la clásica lamparita o bola reluciente, sino también una llave, un reloj, un espejo rotativo, el complicado dispositivo de Luys con espejo que reflejan luz intermitente, una marca sobre la pared, la mano del “hipnotizador” sostenida frente a la cara del sujeto, los ojos que lo mira fijamente, etc., etc. Otros han recurrido a estímulos auditivos, como el tic-tac de un reloj o un metrónomo, a estímulos táctiles como la fricción de la cabeza del sujeto con la mano, etc. El renombrado profesor inglés Elliotson* inducía el estado hipnótico en sus sujetos ofreciéndoles que tocasen un a moneda de níquel “magnetizada” (En una ocasión se cambió disimuladamente la moneda por un pedazo de plomo, y los sujetos igual entraron en estado hipnótico al tocarlo).

(*Figura cumbre de la medicina británica de su época, Profesor de la Universidad de Londres, presidente de la Real Sociedad de Medicina y Cirugía de Londres, uno de los fundadores del Hospital Universitario de Londres, introductor del estetoscopio en Inglaterra. (1791-1868).

Podría citarse un gran número de otras ocurrencias y “procedimientos” de apariencia misteriosa, que variaban casi hasta el infinito de acuerdo con la inventiva de los “hipnotizadores”, y en su tiempo, todos tenían éxito, porque quienes empleaban estos procedimientos no era más que catalizadores de las “transmisiones de contralor hipnótico” o de sugestiones emocionales incorporadas.

Como vemos, los métodos de inducción hipnótica en el ambiente terapéutico o experimental han variado con las épocas, de acuerdo con el desarrollo de los conocimientos en general y las interpretaciones del hipnotismo aceptadas por el mundo científico y el público. Las comprensiones nuevas del hipnotismo, y con ellas los nuevos procedimientos de inducción hipnótica no se difundieron inmediatamente, sino todavía coexisten con las comprensiones anticuadas, precisándose tiempo para que las unas sean sustituidas por las otras. Actualmente es posible encontrar personas que conservan los conceptos del hipnotismo y de las técnicas de inducción hipnótica de los tiempos de Mesmer, cuando se decía que el hipnotismo resultaba de una fuerza sobrenatural “magnética” y que la inducción se hacía por magnetizadores y objetos magnetizados.

También se encuentran personas que admiten que el hipnotismo corresponde a una dominación debida a una fuerza de voluntad, que el hipnotismo quita la voluntad al sujeto por medios misteriosos, que se puede hipnotizar a una persona contra la voluntad de ésta, que se puede obligar al sujeto a hacer cualquier cosa, que el hipnotismo es sueño, etc.

Las bibliotecas están llenas de libros escritos en el siglo pasado, o libros contemporáneos que continúan transcribiendo las viejas ideas, los cuales se utilizan para referencia en materia de hipnotismo. Esta persistencia de viejos conceptos tras la aparición de descubrimientos nuevos, tanto en los círculos científicos como entre el público, es un hecho que se ha repetido innumerables veces en la historia. Como ejemplo clásico: después que Copérnico había publicado a mediados del siglo XVI su descubrimiento acerca de la rotación de la tierra alrededor del sol, la mayoría de las universidades continuaron enseñando a varias generaciones el Sistema de Ptolomeo, según el cual la tierra está fija y los astros giran alrededor de ella.

Por este motivo, en la actualidad los terapeutas y experimentadores emplean a la vez el procedimiento de inducción hipnótica basado en la estimulación de los condicionamientos naturales a este estado, basado en la comprensión contemporánea del hipnotismo, y en los procedimientos anticuados que surgen de los conceptos del siglo pasado.

Merecen citarse a este respecto unas palabras de Erickson (1) que caracterizan en forma bien definida la situación relacionada con la inducción del estado hipnótico en el día de hoy: “Yo he tenido bachilleres que querían pases y luces fuertes y discusiones de fuerzas ocultas. Y he tenido obreros que estaban dispuestos a entrar en trance con una discusión científica del hipnotismo”.

Mientras no se comprendía la naturaleza del estado hipnótico, se han utilizado los procedimientos innecesariamente complicados para la profundización de este estado. Por ejemplo, el célebre profesor Charcot decía que para lograr un estado hipnótico profundo (sonambulístico) había que frotar la cabeza del paciente. Otros hacen alucinar al sujeto una escalera por la cual está bajando con la esperanza de que el estado hipnótico se profundice a medida que el sujeto “baja”. También se ha utilizado un procedimiento en el cual se confunde al sujeto, hablándole de cosas contradictorias.

En forma semejante, algunos han insistido en que se debe dar al sujeto antes de terminar la sesión la sugestión de que la próxima vez que venga, él entrará más rápidamente en estado hipnótico y logrará un estado más profundo. Ya sabemos que todas las sugestiones hipnóticas, dadas en un estado hipnótico profundo, tienen un resultado nulo a este respecto (15), primeramente por su efecto fugaz, y además porque equivaldrían a proponer al sujeto que la próxima vez él hablará de corrido un idioma extraño, del cual conoce solamente las primeras diez palabras. Consideramos más adecuado aconsejarle que se entrene en su casa en este “ablandamiento” mediante el cual inducimos el estado hipnótico en circunstancias terapéuticas y experimentales. Le decimos que este entrenamiento le dará la posibilidad de entrar cada vez más profundamente en dicho estado.

Al describir la inducción directa del estado hipnótico hemos indicado que si el sujeto ha entrado en este estado, él lo profundizará por sí solo, siendo necesario no perturbar el desarrollo del proceso que se ha desencadenado. Por ello hay que alternar los períodos en que el operador habla al sujeto y los períodos en que se guarda silencio.

Hemos hecho mención de los procedimientos mixtos, en los cuales se combinan la inducción hipnótica directa y la indirecta, en diferentes proporcione.

Cada persona que viene a un terapeuta invariablemente tiene ciertas pre-sugestiones referentes a él o al procedimiento que él aplica. Siendo favorables, estas pre-sugestiones pueden acelerar tanto la inducción hipnótica, como el plazo requerido para la curación del enfermo, aun cuando el terapeuta utilice solamente el procedimiento directo.

Por otro lado, todo individuo puede encontrar en el terapeuta una actitud, revelada por un gesto, una manera de hablar, una expresión comprensiva, etc., que estimula las asociaciones y los condicionamientos del sujeto al estado hipnótico, sumando su efecto al de las pre-sugestiones recibidas, aunque el terapeuta aplique el procedimiento indirecto para la inducción hipnótica.

Solamente en el caso de niños pequeños puede encontrarse la inducción directa en forma pura, pues ellos todavía carecen de pre-sugestiones*.

Las mismas reglas que rigen la inducción hipnótica individual se aplican a la inducción hipnótica colectiva.

(*: En un tiempo se creía que los niños pequeños no eran hipnotizables porque éstos no entraba en estado hipnótico con los procedimientos que hacen uso de miradas fijas, pases, etc.)

Hipnotizabilidad

Toda persona tiene la capacidad para entrar en el estado emocional hipnótico con la ayuda de una estimulación adecuada.

Pero esto no significa que cualquier operador pueda lograr la inducción hipnótica en todos sus sujetos.

Hay personas con quienes un operador tarda unos pocos segundos para lograr un estado hipnótico profundo. En otros sujetos, solamente induce un estado hipnótico liviano, requiriendo a veces más de un centenar de sesiones para ello. Por ejemplo, Bramwell describe un caso en que se precisaron 60 horas para inducir un estado hipnótico, y Erickson otro caso interesante, estudiado con fines experimentales, en el cual se logró la primera inducción hipnótica ¡solamente al cabo de 300 horas!

Como regla general, se recomienda al operador que no logra inducir el estado hipnótico en un sujeto en un número limitado de sesiones que pase este sujeto a otro operador. Un sujeto difícil de hipnotizar para una determinada persona, a veces puede ser llevado al estado hipnótico en pocos segundos por otra. El hecho es que todos los operadores tienen éxitos con algunos individuos y fracasos con otros.

Muchos autores han publicado su material respecto al porcentaje de sujetos que no lograron hipnotizar.

Wetterstandt (13)...3 %
Van Pelt (16)...5 %
Christense (17)...6 %
Liébault (18)..8.5 %
Davies y Husband (19)...19 %
Hull (20)...10.5 %
Barry,Mackinon y Murray (21)...16 %
Friedlander y Sarbin (22)...33 %

Como se ve, hay una enorme variabilidad e el porcentaje de fracasos de los diferentes autores: ¡del 3 al 33 %!*

(* Actualmente en Chile, el Prof. Dr. Julio Dittborn (23), está realizando experimentos referentes a hipnotizabilidad. Ha de destacarse que Chile ha sido el primer país de Sudamérica en incluir el hipnotismo en sus programas de enseñanza universitaria.)

Todas estas variaciones de la hipnotizabilidad dependen primordialmente de las relaciones interpersonales, pudiendo distinguirse algunos factores (24):

a) La capacidad del operador para hallar los condicionamientos o asociaciones del sujeto, vinculados a una actitud comprensiva y aceptadora, cuya estimulación desencadena el estado hipnótico tanto en la vida diaria como en el ambiente terapéutico.
b) Las pre-sugestiones o transmisiones del contralor hipnótico en relación al operador o al hipnotismo en general. Es evidente que si el sujeto comprende el hipnotismo con un criterio contemporáneo y no cree en misterios, el operador podrá mirarlo fijamente con ojos oscuros cuanto quiera, hacer cualquier número de pases, etcétera, sin que se induzca con ello el estado hipnótico.
c) La edad del sujeto. La influencia de la edad sobre la hipnotizabilidad puede ser ilustrada con una tabla sobre 744 casos de Liébault: (18)

Hasta los 7 años de edad Total 23 sin fracasos
De 7 a 14 – 65 sin fracasos
De 14 a 21- Total 87- 9 ó 10.3 % de fracasos
De 21 a 28- Total 98- 9 ó 9.1 % de fracasos
De 28 a 35- Total 84- 5 ó 5.9 % de fracasos
De 35 a 42- Total 85- 7 ó 8.2 % de fracasos
De 42 a 49 –Total 106- 13 ó 122 % de fracasos
De 49 a 56- Total 68- 3 ó 4.4 % de fracasos
De 56 a 63- Total 69- 10 ó 14.4 % de fracasos
Más de 63- Total 59- 8 ó 13.5 % de fracasos

En cuanto a la edad más baja en que se logra inducir el estado hipnótico experimental, ésta oscila alrededor de los dos años y medio (25), pues se requiere que el niño comprenda las sugestiones destinadas a probar la existencia del estado hipnótico, aunque en la vida diaria los niños son llevados al estado hipnótico por sus padres desde su nacimiento, lo cual, como ya se ha mostrado, es vitalmente necesario para ellos (26).

Para los niños de diferentes edades, juega un papel muy importante el procedimiento mediante el cual se induce el estado hipnótico, y su hipnotizabilidad depende de éste. Los niños pequeños solamente pueden ser llevados al estado hipnótico por medio de procedimientos directos. Los procedimientos directos “positivos”, en los cuales se procura imitar la manera la manera en que la madre tranquiliza y arrulla a su hijo, obtienen las inducciones hipnóticas más fáciles y rápidas en niños de 2 1/2 a 5 años de edad. En cambio, la inducción hipnótica directa mediante un procedimiento “negativo” o autoritario, da los mejores resultados en niños de seis a nueve años.

d) La idiosincrasia del sujeto. Hay personas que tienen una mayor facilidad que otras para desarrollar reacciones emocionales de intensidad aumentada (estado hipnótico).

Volgyesi (27) considera que esto constituye un rasgo familiar y habla de dos categorías de seres humanos: los “psicoactivos” que están siempre “más próximos a las apreciaciones concretas de la vida de vigilia”, y los “psicopasivos” que, en su grado extremo, “pasan toda su vida en un estado hipnótico (comparativamente)”.

Similarmente, Bjokhem (28) distingue cuatro temperamentos: A, B, C y D, de los cuales los dos últimos son los más propensos a presentar las manifestaciones del estado emocional hipnótico.

Merece destacarse muy especialmente una categoría muy reducida de individuos “hipnófilos” que son capaces de desarrollar a voluntad e instantáneamente las condiciones psicofisiológicas propias de los estados emocionales de intensidad aumentada, pero haciéndolo “en frío”, es decir, sin vivencia emocional en el momento.

De este limitado grupo se suelen tomar los “mediums” para demostraciones de hipnotismo. A la vez, comúnmente se incurre en el error de efectuar investigaciones exclusivamente sobre tales individuos y después querer aplicar las conclusiones (válidas exclusivamente para ellos) a la generalidad de las personas.

e) El estado general del individuo en el momento. En ciertas circunstancias de la vida, de enfermedad, inanición, heridas serias, trabajo de parto, post-operatorio, etc., sobreviene un aumento considerable de la hipnotizabilidad, que desaparece con la recuperación de las condiciones normales.

Es interesante que ya el Abate Faría había reconocido que una sangría puede volver hipnotizables a los que no lo habían sido previamente.

f) El hecho de formar parte de una muchedumbre humana. La muchedumbre constituye un terreno fertilísimo, tanto para el “contagio” de emociones como para la intensificación emocional por influencias recíprocas. Se ha dicho que la psiquis colectiva es una psiquis en estado hipnótico.

Por este motivo, las demostraciones colectivas de hipnotismo en clínicas, salones de conferencias, o teatros, se caracterizan por la extrema facilidad con que se induce el estado hipnótico y la gran rapidez con que se obtienen diversos fenómenos hipnóticos.

Hay una enorme diferencia entre las demostraciones colectivas de hipnotismo y la hipnosis inducida en el consultorio en individuos aislados.

El célebre fundador de la Escuela de Nancy, Hipólito Bernheim, dio testimonio de este hecho al confesar sinceramente que “sus grandes éxitos terapéuticos (con la hipnosis) había sido siempre en pacientes de sus salas de hospital, nunca en enfermos en su consultorio privado.”

4. Acerca de las Demostraciones Teatrales de Hipnotismo

Creemos que no está de más detenernos por un momento en los métodos utilizados para las demostraciones del estado hipnótico y sus fenómenos por los hipnotizadores teatrales que deambulan por el mundo, siendo corrientemente de bajo nivel cultural, pese a estar recargados de supuestos títulos. Nos interesa este tema porque los hipnotizadores teatrales han contribuido al mantenimiento de muchos prejuicios referentes al hipnotismo, aun entre personas instruidas.

Como regla, estos “seres de poder sobrenatural” viajan con un equipo compuesto de dos o tres persona bien entrenadas en el logro de los fenómenos hipnóticos más espectaculares, como la catalepsia Global, la insensibilidad completa al dolor, etc., quienes constituyen el eje d e sus funciones teatrales.

Aparte de esto, cada hipnotizador procura seleccionar del auditorio en el teatro algunas personas con las cuales podrá demostrar fenómenos también espectaculares, pero que no requieren ningún entrenamiento. La selección de personas adecuadas para tal demostración constituye la llave del éxito del hipnotizador. Para efectuar esta selección, el método más utilizado consiste en decir primeramente a todo el auditorio que junten con fuerza las manos con los dedos entrelazados y que traten de separarlas, lo cual no podrá hacer. Entre varios cientos de espectadores, puede haber una o dos docenas de individuos que efectivamente no logran separar sus manos. Luego el hipnotizador o sus ayudantes invitan a algunas de tales personas a pasar al escenario.

Como ya sabemos, éstas son personas que, gracias a sus convicciones emocionalmente incorporadas, han entrado en un estado auto-hipnótico mucho antes de ser sometida a la prueba de no poder separar sus manos. Dicha proposición del hipnotizador sirvió solamente para hacerles pasar de sus estado auto-hipnótico a una relación hipnótica con él.

Los individuos que reaccionan en tal forma ante u hipnotizador teatral son totalmente comparables a las personas que ante la sola presencia de un ratón entran en un estado emocional auto-hipnótico de diversa intensidad, reaccionando a cualquier movimiento de este animal con gritos, saltos sobre sillas, etc. El hipnotizador teatral tiene un papel tan pasivo como el ratón en la determinación del estado auto-hipnótico, con la sola ventaja de poseer el poder de la palabra que le permite orientar las reacciones de los sujetos.

La selección de las personas que fueron incapaces de separar sus manos no es suficiente para el hipnotizador teatral, pues no todas las personas que se encuentran en estado hipnótico son igualmente capaces de presentar los fenómenos que él quiere mostrar a los espectadores. Por esto, el hipnotizador comienza dando las sugestiones más diversas a los sujetos de su equipo, a la vez que observa cuidadosamente a los individuos seleccionados que se hallan en el escenario, con el fin de reconocer a aquellos que revelan en su expresión facial, sus gestos, o sus movimientos, una identificación con las personas del equipo que reciben y cumplen la sugestión de un fenómeno u otro. Esta identificación permite presumir que la persona será capaz de lograr fenómenos similares.

Ahora el ”hipnotizador” se siente seguro de sí mismo y, acercándose a las personas elegidas, procede a hacerles pases misteriosos, mirarlas fijamente, tocarlas con una varilla, darles sugestiones de que sus párpados se están cerrando, etc., etc. Con esto, se hace ver que se está efectuando una inducción hipnótica, cuando en realidad dichas personas habían logrado el estado hipnótico mucho antes, posiblemente mientras todavía no habían entrado en el teatro, sin necesidad para ello de ninguna intervención activa del hipnotizador. Luego, conociendo aproximadamente las capacidades de sus sujetos para presentar estos fenómenos en ellos, comienza a demostrar estos fenómenos en ellos si bien está siempre pronto para modificar sus sugestiones si el sujeto no tiene el comportamiento que el hipnotizador espera de él.

El éxito suele lograrse con gran facilidad porque el auditorio pronto se constituye en una “multitud psicológica”, adquiriendo con ello una gran tendencia a la intensificación emocional y a la imitación recíproca.

A veces los hipnotizadores teatrales pasan momentos muy desagradables, frente a los cuales su escasa cultura los deja desorientados. Ello puede suceder cuando el hipnotizador da la orden de despertar a un sujeto, y el sujeto asume una actitud caprichosa, negándose a hacerlo. En un ambiente terapéutico el proceder adecuado sería tratar a este sujeto como se trataría a un niño caprichoso, o dejarlo dormir sin prestarle atención hasta que él mismo salga de su estado hipnótico. Pero en el escenario puede no haber tiempo suficiente para ello. Este hecho poco frecuente suele ser objeto de muchos comentarios, diciéndose que al hipnotizador le faltó fuerza de voluntad, que ocurrió algo temible, etc., etc

Hay otras situaciones, todavía más raras, que nada tienen que ver con el hipnotizador en general o el hipnotizador en particular. Puede dar la casualidad que el sujeto que se presta a la demostración teatral sea un enfermo de narcolepsia* que debido a su enfermedad sufre una tendencia a caer frecuentemente en un estado de sueño profundo. Si la demostración de hipnotismo coincide con uno de sus ataques de sueño, o dicho ataque sobreviene a poco tiempo de la demostración y se prolonga un día o más, la culpa del sueño prolongado del enfermo es atribuida injustificadamente al hipnotizador y la prensa se apresura a hacer comentarios sensacionalistas a este respecto.

Algo muy similar ocurre con los enfermos que sufren de psicosis alucinatoria y no hacen más que demostrar en el escenario las alucinaciones que tienen habitualmente. Como es obvio, estos enfermos continuarán alucinando después de terminada la demostración teatral. Pero habrá quien interpretará sus alucinaciones como la “terrible” consecuencia de una sugestión que el hipnotizador dio y se olvidó de retirar, ilustrativa de lo peligroso que puede ser el hipnotismo.

Ha de agregarse que los hipnotizadores teatrales suelen mezclar las demostraciones de hipnotismo con demostraciones de trucos ingeniosamente preparados que da la idea de una aparente clarividencia, lectura de pensamiento, etc., con lo cual se aumenta aún más la confusión que rodea al hipnotismo.

(* La narcolepsia, o hipnolepsia, o hipersomnia paroxística, o enfermedad de Gelineau, es una enfermedad crónica, poco frecuente, que se inicia preferentemente en la pubertad y se observa más en el hombre que en la mujer, caracterizándose por ataques bruscos de sueño que pueden durar minutos, horas y en casos extraordinarios aun días (mal narcoléptico).

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V-HIPNOTISMO Y PSICOTERAPIA

V -HIPNOTISMO Y PSICOTERAPIA

Breve reseña de algunos puntos fundamentales

El tratamiento por medio del hipnotismo no es más que una forma especial de la psicoterapia.

La psicoterapia en general comprende todos los efectos psicológicamente beneficiosos que pueden derivar de una relación interpersonal constructiva. El eminente psiquiatra Maserman (1) ha dicho que viene a ser psicoterapia “todo procedimiento accesible al terapeuta ético , que permite al paciente volverse más feliz, más creador y mejor adaptado a su medio familiar y social”.

En la actualidad existen y practican psicoterapia numerosas y variadas escuelas y orientaciones, que se basan sobre teorías diferentes y mutuamente contradictorias, a las cuales adaptar sus procedimientos. Así, MacCary y Sheer (2) hacen una lista de cincuenta y seis orientaciones o escuelas, sin pretender abarcarlas todas. Algunas de éstas no vacilan en afirmar que son las únicas que realizan la “verdadera psicoterapia científica” que cura a los enfermos.

Para mostrar la diversidad de sus procedimientos , daremos algunos ejemplos.

Esquemáticamente , la escuela freudiana dice: Para curar a un enfermo psíquico, hay que ayudarle a descubrir y aceptar ciertas experiencias penosas que tuvieron lugar en su infancia, vinculadas principalmente a la imposibilidad de satisfacer sus requisitos sexuales y sus deseos incestuosos.

Con este fin, se hacen sesiones psicoanalíticas diarias durante tres años o más, en las cuales el paciente habla de lo que le viene a la mente y el terapeuta le ayuda a “encontrar” la relación de sus recuerdos reprimidos y sus actitudes emocionales con su sexualidad infantil.

La escuela de Adler tiene otro punto de vista, y afirma que para curar al paciente hay que darle una comprensión del origen de su enfermedad, pero que éste tiene poco o nada que ver con el instinto sexual, sino que deriva de un complejo de inferioridad.

La psicoterapia consiste en conversar con el enfermo acerca de su “estilo individual de vida”, las metas que persigue, y los medios que emplea para alcanzarlas, hasta convencerlo de que sus trastornos provienen de un esfuerzo por compensar su inferioridad, aun a costa de un perjuicio para sí mismo.

Otra escuela, fundada por Jung, tiene un concepto diferente: para curar al que tiene trastornos psicológicos, hay que hacerle comprender que sus trastornos reproducen los mitos, las cosmogonías arcaicas y el pensamiento primitivo del Inconsciente colectivo.

La psicoterapia consiste en hablar con el paciente y demostrarle cómo su pensamiento alterado no es más que un equivalente de la mitología universal.

A su vez, las numerosas escuelas “directivas” declaran: para que el paciente sane, hay que enseñarle a ejercer un contralor intelectual sobre los aspectos afectivos e impulsivos de su personalidad.

El psicoterapeuta debe desempeñar un papel activo, continuado, de acuerdo con su propio criterio, la “educación para la vida” del enfermo.

Por otro lado, la escuela no-directiva de Rogers asegura: lo esencial para la curación del enfermo es la relación Inter.-personal entre éste y el médico, que crea en el paciente un estado de seguridad, y le permite resolver sus problemas (o “redefinir su individualidad”) como él lo encuentra mejor, sin interferencia de parte del terapeuta.

La psicoterapia debe limitarse a proporcionar esta relación no-directiva.

Hemos mencionado solamente cinco de las numerosas orientaciones psicoterapéuticas de la actualidad, pero éstas son suficientes para ilustrar la heterogeneidad de los procedimientos que se aplica al tratamiento de los enfermos.

Pero no es esto lo más importante. El hecho principal es que, pese a sus diferencias, tanto las escuelas mencionadas como todas las demás LOGRAN CURAR ENFERMOS, y el porcentaje de mejorías que obtienen estas diferentes escuelas tiene muy pequeñas oscilaciones.

El material estadístico de once importantes centros psicoterapéuticos de los Estados Unidos de América y de Europa (3) permite comparar los resultados obtenidos con la utilización de diferentes procedimientos, incluyendo el hipnotismo. El porcentaje de curaciones y mejorías de las más diversas orientaciones terapéuticas ha variado entre un mínimo de 55 % y un máximo de 76 %, aproximándose en la mayoría de los casos a la cifra de 67 %. Por ejemplo, las estadísticas de Fenichel, basadas en el material del Instituto Psicoanalítico de Berlín, dan un 58 % de mejorías.

Es claro que el factor curativo de estas variadas psicoterapias no reside en lo que hay de diferente en las ideas y los procedimientos que utilizan, sino en algo que es común a todas estas escuelas y orientaciones. ¿Qué tienen en común todas estas orientaciones variadas y contradictorias que logran curar a los enfermos?

La revista oficial de la Sociedad de Psiquiatría de los Estados Unidos de América (American Journal of Psychiatry) está publicando un número creciente de artículos que afirman la absoluta indiferencia de que se siga una u otra escuela, o se dé una u otra explicación al paciente, siempre y cuando se le proporcione una relación interpersonal constructiva.

El conocido especialista e psiquiatría infantil, Leo Kanner (4), dice a este respecto que el factor principal de la psicoterapia no es la elección de cierto “método” o de cierta “escuela”, sino el propio terapeuta que tiene la llave de todo el proceso psicoterapéutico.

Para la confirmación de esto, el psiquiatra investigador Fiedler (5) reunió una comisión de psiquiatras expertos para actuar como jueces en un experimento, que consistió en registrar por medio de un grabador de sonido, y luego analizar las entrevistas psicoterapéuticas de un número de terapeutas de diferentes escuelas y orientaciones (mutuamente irreconciliables). Los jueces compararon estas grabaciones y encontraron que las actuaciones de los terapeutas de larga experiencia de diferentes escuelas eran muy semejantes entre sí, más semejantes que las actuaciones de terapeutas experimentados y novicios de una misma escuela.

Yendo todavía más lejos, Sargant y Slater (6) indican que los resultados de los métodos físicos de tratamiento de enfermos psíquicos (como la insulina, el electroshock, las sedaciones y las estimulaciones, etc.) dependen en un grado considerable de la relación Inter-personal entre el paciente y el médico.

Sintetizando todo lo antedicho, podemos concluir que el factor curativo de las diferentes psicoterapias está comprendido en la relación Inter.-personal entre el terapeuta y el paciente. Algunas escuelas llaman a esta relación “rapport”, otras, una “transferencia positiva”.

Ya nos detuvimos largamente en el capítulo “El Estado Hipnótico” sobre el hecho de que en cualquier relación interpersonal puede sobrevenir un contacto hipnótico, si se estimulan los condicionamientos al estado emocional hipnótico que vienen de la infancia del individuo, pudiendo constituirse a continuación una relación hipnótica. Como sabemos, esto requiere muy poco: en términos generales, una actitud de interés, comprensión y aceptación respecto a la otra persona. También hemos mostrado claramente que el estado hipnótico no es un estado de somnolencia, sino que salvo raras excepciones e el ambiente experimental, se presenta en forma “despierta”.

Uno de los primeros en reconocer la equivalencia de la relación entre el terapeuta y el paciente en el tratamiento psicoanalítico y la relación hipnótica, fue Watkins (7), quien demostró que la “transferencia” psicoanalítica no es otra cosa que un “trance” o estado hipnótico.

En forma semejante, la escuela psicoterapéutica de Schultz (8), que aplica un procedimiento denominado “entrenamiento autógeno”, buscando la relajación progresiva de diferentes grupos musculares, reconoce que este procedimiento corresponde a una inducción hipnótica.

Podría presentarse otros ejemplos de autores de otras escuelas que admiten que en el curso de sus relaciones interpersonales con el paciente se establece un “rapport”, o una “transferencia”, que es equivalente a una relación hipnótica.

A menudo e las revistas científicas el problema de si se debe informar al paciente que el hipnotismo intervienen e el tratamiento que se le va a aplicar, o si es preferible evitar la palabra “hipnotismo”.

El término “hipnotismo”, ligado a muchas pre-sugestiones que todavía están firmemente arraigadas en la mente popular, puede despertar temores o transmitir una idea falseada del estado que se procura lograr, creando la expectativa de un estado de sueño o de pérdida de conocimiento, o por lo menos, de algo radicalmente diferente de lo que se experimenta en la vida diaria. Por estos motivos Hero (9), aconseja no hablar de hipnotismo, sino llamarlo una “enseñanza de autocontrol”; Cohn (10) propone que se le describa como un “tratamiento de relajación”; otros hablan de “entrenamiento autógeno”, “terapia por imaginación”, etc., etc.

Es comprensible que las relaciones emocionales hipnóticas constituyan el principio curativo de todas las psicoterapias, pues el estado hipnótico “positivo” determina una estabilización emocional e la persona que lo experimenta, igual que lo que ocurre en las inducciones hipnóticas materno-infantiles. Esta estabilización emocional permite al individuo movilizar en forma activa sus propias fuerzas biológicas de recuperación y desarrollo, gracias a las cuales podrá lograr un funcionamiento psicológico que lo hará más feliz, más creador, y mejor adaptado a su medio familiar y social, creándose a la vez una mejor capacidad para defenderse ante nuevas agresiones emocionales. En este efecto curativo no juega ningún papel la profundidad hipnótica o el hecho de que se trate de un “sueño hipnótico” o de un “hipnotismo despierto”.

Con esto se hace evidente que ninguna forma de psicoterapia, con o sin inducción deliberada del estado hipnótico puede modificar las características heredadas de una persona, ni mucho menos moldearla de acuerdo a un “ideal” preconcebido, pues solamente opera con el material que la persona tiene y que ha sido afectado por perturbaciones emocionales.

La psicoterapia tampoco puede dar en una dosis única toda la experiencia que una persona de determinada edad normalmente adquiere al vivir en un determinado ambiente, porque la relación terapéutica suele ser demasiado breve para poder sustituir todo el proceso educativo.

La psicoterapia con inducción deliberada del estado emocional hipnótico (hipnoterapia) tiene una muy importante ventaja sobre otras formas de psicoterapia: su rapidez. Al ir directamente hacia el establecimiento de una relación hipnótica, acorta considerablemente el tiempo requerido para la curación de los enfermos, en la proporción aproximada de uno a diez. Este hecho ha sido destacado en forma especial en el informe del Subcomité de la Asociación Médica Británica para el estudio del empleo médico del hipnotismo, del año 1955, que afirma: “El hipnotismo puede determinar el desarrollo rápido o inmediato de una relación entre el hipnotizador y el sujeto, de la misma naturaleza e intensidad que la que se produce más lentamente en el curso de la psicoterapia” (11).

* * *

Sólo en los últimos decenios se ha aclarado que la inmensa mayoría de las personas que necesitan psicoterapia está muy lejos de parecerse a los tradicionales “casos psiquiátricos”. Son personas que se desenvuelven más o menos satisfactoriamente dentro de un ambiente. Muchas de ellas no tienen la más mínima sospecha de que su tartamudez, su úlcera de estómago, la irregularidad de su presión arterial, sus digestiones pasadas. Sus desórdenes menstruales, etc., tiene origen psíquico. Firmemente convencidos de la naturaleza orgánica de su enfermedad, estos enfermos psicosomáticos suelen recorrer consultorios y clínicas con el afán de que alguien les dé un remedio capaz de aliviar sus sufrimientos. Suelen pasar de especialista a especialista, siendo sometidos a innumerables procedimientos diagnósticos y terapéuticos, con grandes pérdidas de tiempo, gastos enormes y repetidas desilusiones.

Hasta pueden ser sometidos a operaciones quirúrgicas mutilantes, tras las cuales los trastornos que motivaron la operación continúan, y el enfermo reinicia su ciclo de consultas. En una publicación sobre este tema, Johnson (12) presenta las historias clínicas de 200 pacientes que fueron sometidos a intervenciones quirúrgicas innecesarias por dolor de vientre o bajo-vientre, que, como se comprobó, tenía un origen puramente psíquico. Todos ellos empeoraron después de la operación.

Otros médicos, Bennett y Engle (13), han informado acerca de 121 mujeres y 14 hombres, que en total fueron sometidos a 244 operaciones, incluyendo intervenciones sobre el riñón, la glándula tiroides, la vesícula, etc., y después de esas operaciones se reconoció que no había habido necesidad de operar, por tratarse de trastornos de origen psicológico.

Un caso aislado interesante ha sido publicado por H. Roser (14). Se refiere a una paciente de 32 años de edad, que había sufrido durante cinco años y medio de un dolor muy severo en la región lumbar, por el cual se le había hecho una operación de la columna vertebral y se le había puesto repetidamente corsé de yeso. A pesar de todos estos tratamientos, ella seguía sufriendo, y solamente podía desplazarse e un sillón de ruedas. Se requirieron 11 sesiones hipnoterápicas para que la enferma pudiese caminar y sentirse bien. Hemos tenido un caso análogo que requirió 34 sesiones.

Otros síntomas, como el “nerviosismo” (inestabilidad emocional), los temores infundados (fobias), la agresividad injustificada, la timidez incapacitante, etc., etc., son corrientemente interpretados como un trastorno de “carácter”, más bien que una enfermedad psicológica.

Se ha creado el término de “psiquiatría menor”, que abarca las enfermedades psicosomáticas y las alteraciones psicológicas que se presentan con suma frecuencia en personas que continúan actuando con cierta eficacia en su medio familiar y social, pese a sus sufrimientos y a la utilización incompleta de sus capacidades, en cuanto a productividad y adaptación al medio ambiente.

* * *

En los comienzos, relativamente recientes, del desarrollo de la psicoterapia, se había creído en la necesidad de seguir la tendencia general de la Medicina, y encasillar a todos los enfermos dentro de una clasificación preconcebida. Se hizo una clasificación de acuerdo a sindromes (agrupaciones de síntomas), distinguiendo la “neurosis de ansiedad”, la “histeria de ansiedad”, la “histeria de conversión”, los “trastornos de carácter”, etc.

Estos encasillamientos son completamente artificiales e innecesarios. Por ejemplo, la misma persona que tiene un temor morboso que la haría clasificar como “histeria de ansiedad”, puede tener a la vez un dolor de cabeza persistente sin causa orgánica, que correspondería a una “histeria de conversión”, y una timidez excesiva que perturba sus relaciones sociales, constituyendo un “trastorno de carácter”. Por otro lado, importa poco si se trata de una histeria de ansiedad, una histeria de conversión o un trastorno de carácter para los fines del tratamiento. Los síntomas que presentan los enfermos (o los síndromes en que se agrupan estos síntomas) no son más que las expresiones externas de un trastorno de la personalidad.

Este trastorno puede expresarse de modos muy diversos. No se tiene todavía una explicación satisfactoria por qué unos enfermos reacciona con tartamudez, mientras otros presentan perturbaciones digestivas, úlceras de piel, temores, etc.

Por esto, hoy en día, la actitud frente al diagnostico es diferente (15).

En su importante libro sobre Psiquiatría Infantil, Leo Kaner (4) propone que el “diagnóstico” tradicional sea sustituido por una breve descripción de las características fundamentales del caso. Por ejemplo, “Intranquilidad y agresividad de un niño pre-escolar no deseado, presionado incesantemente por padres con espíritu de perfección”.

Ninguna forma de psicoterapia, incluyendo el tratamiento por inducciones deliberadas del estado hipnótico (hipnoterapia) puede dar resultado cuando el enfermo no desea ser curado o cuando no se puede modificar el medio ambiente que constituye la fuente de sus trastornos emocionales, particularmente al tratarse de niños perjudicados por un medio ambiente psicológicamente perturbado.

En nuestra práctica hemos tenido alrededor de un 20 % de fracasos explicables por estos motivos (16). Frecuentemente se ha tratado de perturbaciones psicológicas severas en los padres. Podemos ilustrar la situación con un caso típico.

Una niña de 6 años de edad fue traída por un comportamiento excesivamente caprichoso y una gran agresividad hacia la madre, a quien exigía que cumpliese en forma inmediata sus más nimios deseos, insultándola con gran frecuencia, preferentemente en presencia de extraños. Tenía al mismo tiempo vómitos, para los cuales no se había encontrado causa orgánica. En cambio, era muy dócil en la escuela, mostrándose muy temerosa de cometer cualquier error en su trabajo escolar.

Existía el antecedente de que una hermana de la paciente, diez años mayor que ella, había presentado el mismo comportamiento a su edad, y luego, al llegar a la adolescencia, había abandonado su casa. La madre trajo a la paciente temerosa de que ella pudiese hacer lo mismo.

Más adelante se comprobó que la madre era una persona de emotividad muy inestable, quien sobreprotegía en forma opresiva a la hija, no permitiéndole hacer ningún movimiento sin intentar corregirla. Continuamente le decía que no caminara de una manera o de otra; que no aflojara la bufanda, que no jugara de una manera sino de otra, que no hablara con determinados niños, etc. En la casa no dejaba a la hija durante media hora sin hacerle observaciones.

Cuando se aclaró después de varias entrevistas que por un lado estamos tratando de lograr un equilibrio emocional por medio de la hipnoterapia, mientras que por el otro lado, al volver la paciente a la casa, se inducían otras clases de emociones en ella, se vio que el tratamiento no podía progresar. Se propusieron dos soluciones. Primero, que la misma madre se sometiera a tratamiento para mejorar su estabilidad emocional, con el fin de que pudiera tratar a la niña sin esa sobreprotección opresiva. Al negarse la madre a ello, se propuso que se separase temporariamente de la hija, enviándola como interna a una escuela o a la casa de algunos parientes y visitándola rara vez. Entre tanto se requerían muy pocas sesiones terapéuticas para lograr la estabilización emocional de la niña, mientras la madre podía tranquilizarse en el intervalo para luego conducir mejor la educación de su hija. Esto tampoco fue aceptado.

Técnica de la hipnoterapia

Hay una diferencia radical entre la hipnoterapia de antaño y la hipnoterapia de hoy.
Los antiguos terapeutas solamente reconocían una posibilidad en el hipnotismo, utilizable con fines curativos: la sugestión directa. Su plan de acción consistía en llevar al paciente a un estado hipnótico, por cualquier medio, lo más rápidamente posible, y provocar en él un “fenómeno hipnótico” exactamente contrario a sus síntomas. Por ejemplo, cuando un enfermo se quejaba de dolor de cabeza, se procuraba sugerirle la desaparición de ese dolor; cuando tenía una parálisis, se le sugería la aparición de fuerzas en el miembro paralizado, etc.

En algunos casos de enfermedades funcionales (principalmente en histéricos) hubo resultados momentáneamente espectaculares, pero, como regla general, la “curación” obtenida era fugaz, desvaneciéndose muy pronto al desaparecer la relación hipnótica entre el terapeuta y el paciente. Pronto volvía el mismo síntoma o aparecían nuevos síntomas en sustitución de éste. A veces ocurría, en forma puramente accidental, que el nuevo síntoma era menos incapacitador que el primero.

En este procedimiento, el terapeuta era considerado el elemento activo, y el enfermo el pasivo, de acuerdo a la vieja teoría del hipnotismo que admitía una dominación del hipnotizador sobre el hipnotizado. En estas circunstancias la desilusión era inevitable.*

(* Es históricamente interesante el hecho de que el psicoanálisis surgió de los fracasos de la sugestión directa. En 188, Breuer había hecho varios intentos de curar con sugestiones directas a la paciente histérica Anna O., sin resultado, cuando de pronto obtuvo en ella una mejoría espectacular después de haberla estimulado a recordar bajo el estado hipnótico ciertas experiencias penosas de su vida. El descubrimiento de Breuer interesó a Freud, quien ideó la teoría psicoanalítica de la represión de los recuerdos penosos en el Subconsciente.
En los tiempos de Breuer y Freud no se conocía otro aspecto del hipnotismo que no fuera el “trance” inducido por medios espectaculares, llevando al sujeto a un estado de sueño. A Freud le desagradó la posibilidad de que un fracaso en la inducción de esa clases de trance comprometiese su prestigio, y prefirió trabajar con el sujeto en estado “despierto” (comprendido en ese entonces como no hipnótico).
Pese a ello, Freud reconoció que “si el psicoanálisis había de volverse accesible a las masas, el retorno al hipnotismo sería necesario”.)

Con el tiempo se volvió al hipnotismo como “coadyuvante” de otras clases de psicoterapia.

Así, después de la Primera Guerra Mundial, al sentirse una necesidad apremiante de procedimientos psicoterapéuticos bastante más rápidos que el psicoanálisis ortodoxo, entonces en boga (requiriendo dos, tres o más años de sesiones diarias), J. A. Hadfield (17) aplicó un procedimiento psicoanalítico bajo un estado hipnótico deliberadamente inducido, que denominó “hipno-análisis”, reduciendo considerablemente el tiempo requerido para el tratamiento.

El razonamiento era: si la terapia debía consistir (como se suponía) en el “descubrimiento de las experiencias traumáticas” por medio del recuerdo de experiencias pasadas, el análisis de los sueños, la reviviscencia de actitudes emocionales, etcétera, el hipnotismo podía acelerar considerablemente este “descubrimiento” mediante los “fenómenos” de la agudización hipnótica de la memoria, la inducción de sueños por sugestión, la exaltación de la fantasía, y la “reviviscencia” de las experiencias infantiles.

Efectivamente la inducción deliberada del estado emocional hipnótico acortó el tiempo requerido para las curaciones por el psicoanálisis. Linder (18) ha llamado al hipno-análisis “una forma radicalmente abreviada de psicoterapia dinámica” Pero se tuvo la sorpresa de encontrar que la curación no coincidía con el descubrimiento de las experiencias *. Hoy sabemos que la causa de la aceleración de los resultados era otra: el establecimiento rápido y directo de la relación interpersonal hipnótica.

Otras escuelas, que no se interesan tanto por la recuperación de recuerdos remotos como por el análisis de los motivos actuales que mantienen la conducta anormal, también han encontrado que el hipnotismo acelera considerablemente la eficacia de su plan de trabajo. Wolberg (19), que describe con lujo de detalles el empleo del hipnotismo como adyuvante de los procedimientos psicoanalíticos y psicobiológicos, ha dicho respecto a estos últimos: “la hipnosis ha resultado sumamente efectiva como un catalizador de las diversas técnicas utilizadas e la terapia psicobiológica”, indicando que refuerza la eficacia de los procedimientos de conducción, tranquilización, persuasión, desensibilización, re-educación y re-condicionamiento.

Según este autor, “la hipnosis permite un desarrollo más rápido de los sentimientos de confianza y proximidad, imprescindibles para el éxito del tratamiento psicobiológico”.

Al verse que los procedimientos psicoterapéuticos de cualquier escuela lograban curaciones más rápidas cuando se hacía la inducción deliberada del estado hipnótico, se pensó que el estado hipnótico en sí debía tener propiedades curativas, completamente independientes de las manipulaciones que cada escuela hacía bajo este estado.

Con esto se resucitó un procedimiento ya empleado exitosamente por “mesmeristas” como Deluze y otros. Jacob H. Cn (10) le aplicó en 1949 el nombre de “hipno-síntesis”. Este procedimiento es sumamente sencillo: consiste en inducir el estado hipnótico en el paciente y decirle que puede disfrutar de este estado como él quiera, que puede permanecer en silencio, o hablar, o reír, o hacer lo que encuentre necesario, “disfrutado la sensación de ser lo que verdaderamente es”. La profundidad del estado hipnótico no desempeña papel alguno.

Este procedimiento permite hacer no menos de diez veces más corto el plazo de tratamiento e comparación con otras formas de psicoterapia.

El estado emocional hipnótico permite al propio paciente movilizar sus fuerzas biológicas de recuperación y desarrollo, es decir, el paciente toma una participación activa en su curación. El papel del terapeuta es, en cambio, pasivo, porque en esta forma de hipnoterapia, él no procura forzar al paciente a revivir recuerdos penosos, ni a aceptar interpretaciones preconcebidas, ni le impone metas planeadas por el médico. Lo que se hace es reinstalar la misma actitud psicoterapéutica que asume la madre para normalizar un disturbio emocional en su hijo, creándole una estabilización emocional sin exigirle abstracciones, ni darle interpretaciones teóricas, ni imponerle metas. Por este motivo, la hipnoterapia moderna o tiene ninguno de los inconvenientes de los procedimientos psicoterapéuticos e los cuales el médico quiere imponer convicciones o formas de comportamiento al enfermo.

La hipnoterapia actual, por su sencillez y facilidad de aplicación está de completo acuerdo con la tendencia moderna de la psicoterapia en general, acerca de la cual escribe Leo Kanner (20): “Hubo un tiempo cuado las controversias teóricas, los esquemas fantásticos, los reclamos extraños, y las terminologías desorientadoras desanimaban a la mayoría los médicos a utilizar los métodos psiquiátricos en el tratamiento de sus paciente. Les decían ciertas autoridades que se requería una técnica elaborada y ceremoniosa...Debe ser reconfortante saber que la psiquiatría ha pasado el estadio de tanteos y especulaciones abstractas. Ella ha adquirido una confianza justificada en el sentido común crítico y natural...”

* * *

En nuestra práctica psicoterapéutica preferimos no utilizar la palabra “hipnotismo”, por lo menos en las primeras sesiones. Describimos a los pacientes el estado hipnótico como un estado de relajación, o de aprendizaje de autocontrol. Independientemente de la denominación que le damos, la técnica del tratamiento será la misma, pues solamente hacemos uso del procedimiento natural de inducción hipnótica con la ayuda de la relajación muscular (21).

Decimos desde el principio a los enfermos que al encontrarse en este estado de “relajación”, o de “aprendizaje de auto-control”, etc., algunas personas lloran, otras se ríen, hablan, tienen fantasías, se sobresaltan, o se mueven. Ellos deben sentirse en completa libertad, sin temer nada, y sin tratar de reprimir estas reacciones, pues ellas son beneficiosas para su curación.

En el caso de niños, procuramos ganar su confianza, dejándoles jugar, dibujar o pintar, o haciéndoles observar cómo inducimos el estado hipnótico en otro chico. Es imprescindible ganar la confianza del niño para poder obtener la inducción hipnótica.

Como dice Ambrose (24), la tarea más ardua es ganar la confianza del niño; logrado esto, se puede usar cualquier técnica.

Realizamos luego la inducción del estado hipnótico de la manera descrita detalladamente en el Capítulo IV. Si no se logra inducirlo en la primera sesión, se insiste en las siguientes.

Normalmente, la sesión hipnótica dura de treinta minutos a una hora. Le decimos al sujeto que se ablande de la misma manera en su casa, en un cómodo sillón, o al acostarse, lo que le ayudará a lograr este ablandamiento más fácilmente en la próxima sesión.

Como regla general, los pacientes vienen dispuestos a conversar, por lo cual hablamos con ellos durante quince a veinte minuto antes de empezar la inducción hipnótica, contestando sus preguntas en la forma más sencilla posible y dando racionalizaciones que estimulen su fe en sí mismo. Aceptamos todas sus ideas y todos sus impulsos como perfectamente naturales, cuidándose mucho de no moralizar.

Habitualmente las primeras diez o quince sesiones se efectúan día por medio, indicándose al paciente que más adelante, la frecuencia de las entrevistas dependerá de él, de acuerdo con las necesidades emocionales que él tenga. Pasado este plazo, el enfermo suele alargar el intervalo entre las entrevistas cuando experimenta una disminución de su necesidad de recibir apoyo del terapeuta. Si se repiten con excesiva frecuencia las inducciones hipnóticas, el propio enfermo deja de entrar en estado hipnótico.

A este respecto, el psiquiatra norteamericano J. M. Schneck (22) informó en 1953, en una Conferencia de la Asociación para la Investigación sobre Enfermedades Nerviosas y Mentales (Association for Research in Nervous and Mental Diseases), que “contrariamente a una opinión difundida, hay una menor dependencia del paciente frente al terapeuta en todas las formas de hipnoterapia que en los tratamientos no hipnóticos”.

Al venir el paciente a la segunda sesión ya lo informamos acerca del curso que suele tomar la curación. Por ejemplo, en el caso de la tartamudez, decimos lo siguiente:

“La curación suele ir en línea ascendente, pero no en forma continua, sino con marcados altibajos. Habrá días en que usted se sentirá muy bien y muy tranquilo, y hablará con un mínimo de tartamudez. Empezará a creer que está curado. Pero, de repente, al día siguiente, usted podrá volver a tartamudear, aún como nunca había tartamudeado en su vida. Esto no lo debe alterar, pues corresponde al curso normal de la curación. Así se seguirán los altibajos durante el tratamiento, pero los malos momentos serán cada vez más espaciados y menos marcados”.

En nuestra práctica, la mayoría de los tartamudos de más de 15 años de edad, ha experimentado una mejoría crítica ente la quinta y la décima sesión. Desde ese momento, las sesiones se hacen una vez por semana y el enfermo progresa rápidamente.

Aproximadamente un 15 % de nuestros pacientes tartamudos han vuelto una o dos veces después de terminado el tratamiento, a causa de alguna experiencia emocional difícil.

Por ejemplo, un estudiante de 25 años de edad, que había tartamudeado desde los cinco años, llegó a hablar bien después de veintiséis sesiones hipnoterapéuticas. Tres meses después pidió una entrevista suplementaria, diciéndonos que estaba hablando en forma muy satisfactoria, pero había quedado alarmado al oír decir a un profesor que la tartamudez tiende a volver después de una curación aparente. Le explicamos en una conversación de cerca de una hora que la tartamudez es síntoma de desequilibrio emocional y desaparece cuando este desequilibrio emocional se corrige. Posiblemente el profesor había leído uno de los libros anticuados que todavía abundan en las bibliotecas. Siete meses más tarde pidió otra consulta porque había tartamudeado varias veces en un examen difícil. Le volvimos a decir que posiblemente todos sus compañeros de clase tienen dificultad para expresarse cuando deben hablar acerca de algo que no saben, pero esto no significa que son tartamudos, porque vuelve rápidamente a hablar de modo normal. La salud emocional no es la indiferencia completa a los momentos difíciles, sino la capacidad de normalizarse pronto después de cada experiencia traumática. Él ha demostrado que tiene esta capacidad de normalización, pues volvió a hablar bien después del examen.

El plazo de tratamiento de los tartamudos depende en gran parte de la edad del enfermo, obteniéndose curaciones tanto más rápidas cuanto más joven es el paciente

Otro factor que influye sobre la rapidez del tratamiento es el ambiente que rodea al enfermo.

Atendimos a un niño de 3 años de edad, tartamudo desde los 6 años, sin obtener ninguna mejoría al cabo de quince sesiones. Luego nos enteramos que después de cada sesión, la madre le decía en forma terminante que ese tratamiento no servía para nada, porque la tartamudez no se cura con relajación, sino con ejercicios de la garganta, y él estaba perdiendo innecesariamente el tiempo.

En vez de valerse de las más pequeñas mejorías para alentar al paciente, la madre hacía uso de su relación hipnótica constante, de tipo “negativo”, con el hijo para neutralizar la relación hipnótica que él tenía con nosotros. Cuando se citó a la madre para explicarle el mecanismo del tratamiento y se mencionó el hipnotismo, ella dijo que ésas eran cosas diabólicas y que ahora se daba cuenta que había tenido razón al pensar que nada bueno resultaría de ello.

campo de Aplicación de la Hipnosis Terapéutica

Es un gran error suponer que la hipnosis “sirve solamente para los trastornos funcionales” (o “neuróticos”, o “hipocondríacos”, o “imaginarios”). Al contrario, los enfermos que son beneficiados en forma más espectacular por la hipnosis son aquellos que sufren de enfermedades definidamente “orgánicas”. Estos últimos consultan, no al psiquiatra, sino al médico general.

Toda la moderna Medicina Psicosomática está fundada sobre la noción de que las emociones pueden originar y agravar las enfermedades orgánicas. Ya no se discute el frecuente origen emocional de la úlcera de estómago, la hipertensión arterial, muchas enfermedades cardíacas, la colitis ulcerosa, los eczemas, el bocio exoftálmico, y un sinnúmero de otros estados morbosos.

Como dice acertadamente Más de Ayala (23): “Muchas enfermedades orgánicas causadas por factores externos o por microorganismos no se hubieran producido si la resistencia natural y la energía vital del sujeto no estuvieran debilitadas por la tensión emocional que surge de la vida cotidiana en su lucha por la existencia.. NO obedece sólo a razones microbianas el hecho de que aumenten las enfermedades infecciosas, y también las muertes, en épocas de angustia colectiva, como las que se atraviesan en las guerras y, en especial, después de las grandes derrotas o colapsos de los países”.

Lo que logra la hipnoterapia es re-establecer el balance(o la “homeostasis”) emocional, con lo cual se pone al organismo en condiciones adecuadas para la libre acción de sus fuerzas naturales de adaptación, recuperación y desarrollo. Son precisamente, estas fuerzas naturales que la hipnosis puede movilizar las que logran la curación de los enfermos (“natura medicatrix”).

Así, no ha de haber diferencia en el tratamiento de enfermedades de una u otra víscera o correspondiendo a los dominios de una u otra especialidad médica.

Con esta aclaración fundamental, pasaremos a enumerar, a título ilustrativo, algunas afecciones que ha recibido especial atención e las publicaciones sobre hipnoterapia.

Medicina General. Los disturbios emocionales causan frecuentemente trastornos en el tubo digestivo, tales como pérdida del apetito, vómitos sin causa orgánica, ardores, pesanteces, síndromes hepáticos, diarreas y estreñimientos.

Estos trastornos pueden combinarse en forma tal que simulan con gran exactitud el cuadro de una enfermedad con lesión orgánica. Un caso típico es el de los “síndromes ulcerosos funcionales”, en los cuales existen los mismos dolores, la misma acidez, el mismo espasmo del píloro, que caracteriza la úlcera del estómago o del duodeno. Actualmente se ha comprobado que los factores psíquicos pueden ser causa de una verdadera úlcera.

También se constituyen cuadros que simulan o determinan las lesiones orgánicas del hígado y la vesícula biliar, o lesiones intestinales, llegando a la colitis ulcerosa crónica que suele desesperar a los médicos que se limitan a hacer tratamientos somáticos

Muchos síntomas del corazón también tienen origen psíquico, particularmente las palpitaciones, las alteraciones del ritmo cardíaco (extrasístoles) y los dolores precordiales.

En el infarto de miocardio, la hipnoterapia suele hacer desaparece rápidamente el sufrimiento, y acelera considerablemente la curación.

Actualmente se está insistiendo sobre la influencia de los factores psicológicos sobre la presión arterial. Van Pelt (25) ha publicado los buenos resultados que logró con hipnoterapia en las formas tempranas del aumento de la presión.

Es bien conocido el hecho de que los estados de “nerviosismo” pueden repercutir sobre el aparato urinario, causando micciones imperiosas, y aún involuntarias. La s micciones involuntarias repetidas, generalmente nocturnas (eneuresis), muy rara vez tienen origen orgánico, debiéndose en la mayoría de los casos a causas psicológicas Hay una experiencia muy extensa con el empleo de la hipnoterapia en la enuresis de los niños. Abundan las publicaciones sobre este tema, siendo una de las más importantes la de Koster (26), que ha atendido 2.500 enuréticos (en su gran mayoría menores de 16 años de edad, aunque también algunos de 17ª 46 años), hallando que la hipnoterapia constituye un tratamiento ideal para estos casos, capaz de dar un 98 % de curaciones permanentes si el enfermo no es abandonado demasiado pronto.

También se han obtenido excelentes resultados con hipnoterapia en casos de impotencia y eyaculaciones precoces.

Uno de los terrenos de aplicación de la hipnoterapia más interesante es el de las enfermedades alérgicas. Ha pasado el tiempo en que se tenía un concepto simplista de estas enfermedades, suponiendo que son producidas por una reacción química dentro del organismo comparable a una reacción química en la probeta del laboratorio: la unión de un “alérgeno” que viene de afuera, con un “antígeno” que está en el cuerpo, produciendo el “choque” que causa los síntomas. Hoy se sabe que el proceso alérgico resulta de un mecanismo sumamente complejo, en el cual desempeña un papel importante los factores psíquicos.

Como demostración de este hecho, están los numerosísimos casos en que la precipitación de los accidentes alérgicos no es producida por un “alérgeno”, sino por un trastorno emocional o un reflejo condicionado. Es bien conocida la clásica auto-observación de Trousseau, que tuvo un ataque de asma por alergia a la avena al enterarse que un criado se la estaba robando, y el caso de Sir William Osler, de un enfermo alérgico a las rosas que reaccionaba con el mismo corrimiento nasal (fiebre del heno) frente a rosas de papel.

Los alérgicos suelen tener ciertas modalidades de trastornos de su personalidad. F. Escardó (27) ha encontrado que los niños asmáticos tienen frecuentemente temores, aprensión a la enfermedad, tendencia a sonrojarse en forma excesiva, enuresis, mordedura de uñas o tendencia a la fabulación. Se ha visto que los accidentes alérgicos, muy frecuentes en los caos de “psiquiatría menor”, son sumamente raros en los psicóticos internados en hospitales de enfermedades mentales (28).

La psicoterapia puede producir enormes beneficios en los casos de alergia (asmas, urticarias, fiebre del heno, etcétera), que desesperan de obtener mejoría con cualquier otra clase de tratamiento (29, 30).

Así, citamos en un trabajo (31) nueve casos de niños de cuatro a ocho años de edad, traídos solamente por ansiedad, y síntomas diversos de origen psíquico (temores, timidez, enuresis, crisis de llanto, vómitos, problemas de conducta, etc.), que tenían manifestaciones alérgicas en la forma de asma y urticaria. Al hacer un tratamiento hipnoterapéutico suficiente para obtener la desaparición de los trastornos que motivaron la consulta, de 3 a 12 sesiones hipnóticas, observamos modificaciones notables en su estado alérgico. No volvió a producirse ninguna manifestación de la alergia en un período de dos años de observación, en 3 casos; las manifestaciones se hicieron muchísimo más leves y espaciadas en 4 casos y no hubo modificaciones de la alergia en dos casos.

Abundan las enfermedades psicógenas catalogadas como “reumáticas”, habiendo numerosas publicaciones de mejorías o curaciones totales de las mismas con hipnoterapia.

Otro problema interesante es el de la obesidad. El paciente obeso no es meramente una persona que ingiere un exceso de alimento, sino una persona emocionalmente tensa que encuentra un alivio para su tensión al comer. En esto es comparable al fumador o al alcoholista. Por este motivo, el obeso puede tolerar un régimen dietético intensivo y breve, que ocupa su pensamiento, pero le es sumamente difícil mantener un régimen dietético constantemente. La hipnoterapia efectúa un tratamiento radical al mejorar la tensión emocional en sí.

Neurología. El neurólogo atiende muchos cuadros dolorosos: dolores de cabeza, jaquecas, las más diversas “neuralgias” y “neuritis” que pueden ser sumamente rebeldes a los calmantes, a las inyecciones de vitaminas, las aplicaciones locales, los masajes, la diatermia, etc., mejorando solamente con psicoterapia.

Otras veces están afectadas las funciones motrices, dando origen a parálisis y contracturas, espasmos, movimientos involuntarios o imperiosos, tales como temblores, movimientos coreiformes, tics, etc También puede haber cegueras, sorderas y anestesias. La histeria clásica ha sido definida por una rica sintomatología de esta índole

Se sabe que la epilepsia tiene múltiples formas y que en el 50 % de los casos se benefician con la hipnoterapia. Rosen (32), por ejemplo, ha tomado el caso de una epilepsia curada con hipnoterapia, que había sido rebelde a todo otro tratamiento, incluso a la neuro-cirugía, para describir e forma detallada, entrevista por entrevista, el procedimiento hipnoterapéutico que él emplea.

Puede ser incluidos en este grupo los enfermos insomnes, los que se muerden las uñas (onicofagia), los alcoholistas, los grandes fumadores, los que se sonrojan con excesiva facilidad, los tartamudos, etc.

Estos enfermos, considerados muy difíciles de tratar, responden admirablemente a la hipnoterapia. Como sus síntomas son evidentes y su mejoría fácil de comprobar, ellos constituyen los casos que se describen con mayor frecuencia para mostrar la eficacia de la hipnoterapia.

La tartamudez es tratada corrientemente con hipnoterapia en el día de hoy. Hay a este respecto publicaciones interesantes de Levbarg (33), McCord (34) y muchos otros.

Nuestra experiencia personal en el tratamiento de tartamudos, acerca de la cual ya hemos hecho algunos comentarios, comprende curaciones logradas en pacientes de cinco a cuarenta y cinco años de edad. Los casos más espectaculares son propios de los niños, pudiendo obtenerse en éstos curaciones hasta en cuatro a seis sesiones, en condiciones ambientales favorables.

Pediatría. Los casos psicosomáticos que se encuentran en los niños son muy semejantes a los que el médico general ve en el adulto.

Es bien sabido que el niño tiene la peculiaridad de ser fácil de hipnotizar, y que los resultados de la hipnoterapia son particularmente rápidos en él (24).

A igual que otros terapeutas, hemos tenido excelentes resultados en casos de ansiedad, temores, enuresis, tartamudez, estados alérgicos, obsesiones, mordeduras de uñas, dificultades escolares, etc., tanto más rápidamente cuanto más pequeño era el niño y más normal el ambiente que lo rodeaba

Enfermedades cutáneas. La medicina moderna ha dejado de ver los problemas cutáneos como problemas puramente “locales” en los cuales se debe utilizar algo que “seque las lesiones húmedas y humedezca las lesiones secas”. La piel es vista actualmente como una parte importante del organismo total, y sus enfermedades como la expresión de una alteración en ese organismo.

La piel parece ser particularmente sensible a las influencias psíquicas, conociéndose bien el enrojecimiento de la “vergüenza”, la palidez del “miedo”, el aspecto moteado de la “ira”, el aumento de una picazón cuando se teme la necesidad de rascarse En el capítulo referente a los fenómenos hipnóticos hemos indicado la posibilidad de producir enrojecimientos difusos (eritemas), manchas (máculas), lesiones en relieve (pápulas), hemorragias de la piel, y según algunos investigadores, también ampollas.

Estos hechos son suficientes para indicar la aplicación de la hipnoterapia en las afecciones dermatológicas. Efectivamente la hipnoterapia ha sido empleada con resultados excelentes e diversas afecciones. MacDowell (35) cita éxitos hipnoterapéuticos en casos de alopecia areata, dermatitis medicamentosa, eczema, eritrodermia, hemorragias espontáneas, liquen plano, neurodermatitis, pénfigo vulgar, prurito, soriasis rosácea, transpiraciones profusas, urticaria y verrugas. Kartamisev (36), en Rusia, practica la hipnoterapia, en un grupo muy similar de enfermedades.

Ginecología y Obstetricia. Éste es un importante campo de aplicación de la hipnoterapia.

El factor psicológico tiene un papel muy significativo en muchos casos de menstruaciones dolorosas (dismenorrea), en los cuales no se encuentra causa orgánica evidente, o se encuentra una causa orgánica de importancia dudosa, por ejemplo, una pequeña anormalidad en la posición del útero, o un pequeño quiste de ovario, que son insignificantes en relación con las lesiones que otras mujeres toleran perfectamente. Otras veces hay dolores de cabeza o estados de tensión en los períodos premenstruales o menstruales, que también mejoran con hipnoterapia.

Las irregularidades de la menstruación también tienen mucho que ver con la inestabilidad emocional de la mujer. Un disturbio emocional puede ser causa de menstruaciones escasa (oligomenorrea), falta de menstruación (amenorrea), o menstruaciones excesivamente abundantes o frecuentes, como también de hemorragias intermenstruales.

Un cuadro psicosomático curioso es el de la pseudociesis o simulación de un embarazo, que no consiste en un fingimiento voluntario, sino e la reproducción exacta de todos los síntomas secundarios del mismo. Además de la ausencia de menstruaciones, puede haber malestares digestivos, distensión abdominal (habitualmente por gases) y aún modificaciones de las secreciones endocrinas.

La frigidez, problema psicológico, ha sido curada con éxito con hipnoterapia.

Krogery y Freed (36), como muchos otros autores, insisten sobre la esterilidad psicógena, explicádola por un espasmo de las trompas que impide que el óvulo llegue a ser fecundado. Este espasmo ha sido comprobado al hacer la insuflación de las trompas en el estado corriente y en el estado hipnótico (que lo suprime).

Se ha demostrado la enorme eficacia de la hipnoterapia en el tratamiento de las náuseas y los vómitos de los primeros meses de embarazo. Kroger y De Lee (37) han curado en esta forma 19 casos, algunos de los cuales habían llegado a un estado tóxico extremadamente grave.

Quien tiene el mayor número de casos de vómitos de embarazo curados con hipnoterapia es Platonov (38), que con sus colaboradores logró curar un 84 % de 593 casos bien manifiestos, haciendo un promedio de siete sesiones por enferma.

De modo similar, se han obtenido mejorías de los ardores de estómago del embarazo. También se ha logrado evitar abortos, eliminando el “hábito abortivo” de una mujer.

Otra aplicación interesante de los procedimientos hipnoterapéuticos se refiere a los problemas de la lactancia. Es bien conocida la enorme influencia que los factores psicológicos ejercen sobre la secreción láctea. Dumbar (39) ha hecho una revisión de la bibliografía acerca de este tema. Ya en el siglo pasado, la escuela francesa de hipnotismo dirigida por Liébault y Bernheim, había hecho innumerables observaciones acerca de la posibilidad de aumentar o disminuir la secreción de leche, haciendo uso del hipnotismo.

En los últimos años el hipnotismo ha venido a ocupar un lugar cada vez más importante como medio de obtener el parto sin dolor, desplazando otros procedimientos (40).

Entre las embarazadas pueden encontrarse diferentes clases de sujetos. Algunas son capaces de lograr el fenómeno hipnótico de una anestesia completa, al grado de no sentir ningún dolor durante el proceso del parto.

Otras mujeres logran un estado en el cual sienten el estímulo doloroso, pero éste no les produce ningún efecto emocional de “mortificación” o “desesperación”.

Finalmente, están los sujetos que no pueden adquirir el fenómeno de la anestesia. Aun así, la inducción hipnótica las beneficia por la estabilización emocional que produce en ellas. Esta estabilización emocional es buscada en el procedimiento del “parto natural” de Grantley D. Read, que, como lo ha demostrado Kroger (41), corresponde a un procedimiento hipnótico “despierto” que elimina el temor al parto, y con él la agudización de las molestias derivadas de ese temor.

Como hecho curioso, es digno de destacar que Grantley Read, en la última edición en español de su libro “Parto sin Dolor” (49), niega categóricamente que su procedimiento de “parto natural” tenga relación alguna con el hipnotismo, y se expresa en tono irónico acerca de la aseveración del profesor de obstetricia W. S. Kroger de que aquel procedimiento corresponde exactamente al hipnotismo despierto.

No dudamos que el famoso obstetra Read conozca los adelantos de los conocimientos acerca del hipnotismo como un hecho inseparable de la vida diaria. Si afirma que su procedimiento nada tiene que ver con el hipnotismo, posiblemente lo haga con fines puramente propagandísticos, pues sabe que la sola palabra “hipnotismo” trae a la mente de muchas personas la idea de algo temible, dominador y nocivo.

No ha sido él el primero en poner cuidado de evitar toda alusión al hipnotismo al difundir un procedimiento basado en la hipnosis.

Para que el lector pueda convencerse por sí mismo de que el “parto natural” de Read no es más que un procedimiento hipnótico, haremos la siguiente breve confrontación entre lo que él recomienda, y el procedimiento de inducción hipnótica que hemos descrito en el presente libro.

El Dr. Read insiste e que su procedimiento está fundado exclusivamente en la relajación y en el convencimiento de la mujer de que el parto es un proceso completamente fisiológico y que el dolor no tiene por qué existir en él. Afirma en la página 231 del citado libro, que no se debe abandonar a la paciente hasta que nos se haya conseguido un estado bien definido de relajación muscular controlada de todo su cuerpo. Indica en la misma página que para lograr esta relajación el terapeuta debe hablar en forma tranquila, demostrando comprensión, sinceridad y amable atención. Se hacen entrevistas repetidas de entrenamiento de “relajación” y se da a la mujer la tarea de practicar esta relajación durante media hora en su casa. Afirma (pág. 329) que las molestias del parto serán tanto menos marcadas cuanto más hábil sea la mujer para lograr la relajación.

Los autores, en su trabajo terapéutico y de experimentación inducen el estado hipnótico solamente por medio del “ablandamiento”(ver sección dedicada al procedimiento natural de inducción del estado hipnótico). Para la obtención del resultado deseado, procuraremos asumir una actitud comprensiva y aceptadora, y hablar al sujeto con la misma tranquilidad y suavidad con que los padres hablan a un niño. Para lograr un estado hipnótico más profundo decimos al sujeto que se entrene en su casa en este ablandamiento en los intervalos de las sesiones. Damos racionalizaciones al sujeto respecto a la relación entre su tartamudez o sus trastornos psicosomáticos y su estado de tensión nerviosa. Como Read, no utilizamos la palabra “hipnotismo” en las primera sesiones, para que el paciente experimente el estado hipnótico y reconozca que se trata de un estado normal que él ha tenido en su vida diaria. Cuando le decimos luego que hemos hecho hipnotismo, son muy poco los pacientes que quieren creerlo.

La igualdad queda a la vista.

Read considera que, de todos los factores que intervienen en su procedimiento, lo esencial para la obtención del parto sin dolor es hacer comprender a la mujer encinta los mecanismos fisiológicos del parto, por medio de explicaciones, diagramas, etc., quitando importancia a la relación interpersonal entre el terapeuta y el paciente- que constituye una relación hipnótica.

El error de la suposición de Read fue demostrado por medio de una experiencia en enorme escala efectuada en la Unión Soviética, donde un procedimiento muy similar al de Read fue aplicado a centenares de miles de mujeres, bajo la denominación “parto sin dolor por psicoprofilaxis”.

La utilización de este procedimiento fue hecha obligatoria en todo el territorio de la Unión Soviética por una orden del Ministerio de Salud, dada en febrero de 1951 y acompañada de instrucciones detalladas respecto a lo que debía hacerse. Estas instrucciones indicaban que el requisito básico para la obtención de un parto indoloro era informar a la mujer embarazada acerca de los mecanismos del parto.

Este método, basado exclusivamente sobre informaciones, que por lo general eran dadas fría y formalmente a las mujeres el curso de las consultas ordinarias del médico, o aun estando la paciente sobre la camilla en trabajo de parto (¡) tuvo rotundos fracasos.

Estos fracaso han sido revelados en todos los informes de los Académicos, profesores y médicos destacados que acudieron al Congreso de la ciudad de Kiev, celebrado en febrero de 1956 (50) con el fin expreso de resumir los resultados de cinco años de experiencia y de proponer perfeccionamientos a este método.

Así, uno de los relatores, el profesor Konstantiov, destacó que “no era comprensible por qué mujeres médicas, con suficientes conocimientos acerca de la fisiología los mecanismos del parto sufrían dolores al dar a luz..” y declaró que “no se puede lograr partos indoloros mediante la descripción del acto del parto; la idea de un parto indoloro solamente puede ser sugestionada...los mejores resultados psicoprofilácticos fueron obtenidos precisamente por los médicos que eran capaces de sugestionar...”

Se encuentra conclusiones muy análogas en todos los demás informes, reconociendo la ineficacia de la información formalmente impartida, y destacando la necesidad de hacer hincapié en una actitud comprensiva, estimulante, tranquilizadora, etc., hacia la paciente, dándole al mismo tiempo sugestiones de parto indoloro.

Es ilustrativa de esta tendencia general de los relatos, la afirmación del académico Nicolaev, de que “el método psicoprofiláctico es, ante todo, un método de sugestión verbal a la mujer”.

El profesor Lurié afirmó que “la experiencia cotidiana mostró que la preparación (psicoprofiláctica) era eficaz solamente cuando el médico actuaba con calma, entusiasmo, cuando en la preparación de las embarazada había elementos de sugestión...”

El Profesor Jordania recomendó “reforzar e el procedimiento de la preparación psicoprofiláctica los elementos de sugestión directa e indirecta”.

El Profesor Petrov-Maslakov también indicó que “hay que esforzarse e intensificar y afirmar los elementos de sugestión que indudablemente están en la preparación previa de las embarazadas”.

Otros, como los Profesores Terejova y Beloshapko proponen que se combine el “procedimiento psicoprofiláctico” en su modalidad original con el empleo de drogas.

En tal caso, la información serviría solamente para elevar el nivel cultural de la mujer, obteniéndose el parto indoloro mediante las drogas.

En resumen, puede verse que la actitud comprensiva alentadora, etc., que se recomienda asumir e la gran mayoría de los relatos, no es más que la relación hipnótica, que hace posible la aceptación de sugestiones de parto indoloro. Esto es exactamente igual a lo que Read llama “proceder demostrando comprensión, sinceridad y amable atención” y “convencer a la mujer de que el parto no tiene por qué causarle dolor”. Por consiguiente, dicha actitud es el factor efectivo para la obtención del parto indoloro, y no la información acerca de los mecanismos del parto, destacada tanto por Read como en las instrucciones soviéticas.

Respecto al propio Read, hay otro hecho interesante. Su persona ha llegado a estar rodeada de tal atmósfera de presugestiones para las parturientas, que, igual a lo que ocurrió con Mesmer, su sola presencia en la sala de partos resulta suficiente para desencadenar un estado auto-hipnótico que les permite dar a luz sin dolor. Esta situación está señalada en las palabras de True (51): “Cuando Read entra en la sala de trabajo de parto, la sugestión de éxito se hace tan fuerte en sus pacientes, que basta para hacerles perder todos sus temores y cumplir la preparación que han recibido previamente”.

La inducción hipnótica no sólo elimina los sufrimientos, sino también favorece el proceso de parto. Heron y Abramson (42) han indicado la reducción de la duración del primer estadio del trabajo de parto en las embarazadas tratadas con hipnoterapia.

Rodríguez López, Reynolds, Álvarez y Caldeyro Barcia (43), han tomado trazados de contracciones uterinas, encontrado que las contracciones que habían sido irregulares antes de la inducción hipnótica se volvían perfectamente regulares en el estado hipnótico, y nuevamente irregulares después de él.

Las mismas propiedades anestésicas del hipnotismo que se aprovechan para el parto, son utilizables para otros fines. En la actualidad se está aplicando el hipnotismo cada vez más extensamente para el trabajo odontológico en los Estados Unidos y Europa.

Siendo la anestesia hipnótica la única anestesia inocua, Cochran (44) ha abogado a favor de su empleo en pacientes que tienen un profundo temor a la anestesia general o en quienes la aplicación de una anestesia química es desaconsejable, como en los enfermos cardíacos o renales avanzados, que precisan cualquier operación quirúrgica.

El proceso de la recuperación postoperatoria transcurre mucho más rápidamente y queda eliminada la necesidad de calmantes, en los individuos operados bajo anestesia hipnótica.

Diversos trastornos que pueden aparecer tras la anestesia química, tales como el hipo, los vómitos, los espasmos, etc. (aun en sus formas severas que no ceden a ninguna medicación y resultan peligrosos para la vida del paciente) desaparecen espectacularmente con la hipnosis.

Hipnoterapia de la Vida Diaria

La fuente original de la acción hipnoterapéutica reside en la relación del niño con su madre. El niño, en su peculiar situación indefensa, con dependencia completa de los mayores, con necesidades enormes, tiene su propia escala de problemas emocionales. Quitarle un juguete que le interesa puede ser equivalente a quitarle todas sus posesiones. En cualquier situación de alarma, desengaño (frustración) o dolor, el niño va corriendo a la madre, quien con su actitud comprensiva y cariñosa establece la relación hipnótica positiva, que no solamente le ayuda a estabilizar sus emociones en el momento, sino lo capacita y entrena para obtener esta estabilización por sí mismo o con una pequeña ayuda de otras personas ante los traumas psicológicos que experimentará en el futuro.

Como ya se ha indicado, las múltiples y mutuamente contradictorias escuelas y orientaciones psicoterapéuticas tienen un común denominador que es el verdadero factor curativo: es la relación interpersonal fundada en una actitud comprensiva, reconfortante, aceptadora y estimulante. Se trata de cualidades muy sencillas de todo ser humano, existentes independientemente de la inteligencia y de la profesión. Como sabemos, las relaciones interpersonales que tienen estas cualidades suelen desencadenar el estado hipnótico, con su efecto de estabilización emocional de eficacia curativa, independientemente de si tienen lugar entre el psicoterapeuta y el paciente o entre los maestros y sus alumnos, los consejeros religiosos y los creyentes, los médicos y sus enfermos, los amigos, los compañeros de estudio o trabajo, los vecinos u otros.

Todas estas persona, no sabiendo nada acerca de las numerosas y contradictorias ideologías psicoterapéuticas, ayudan a la recuperación de los trastornos incipientes, ejerciendo una acción preventiva que de acuerdo con su carácter y cultura puede corresponder a los métodos de una u otra escuela. Ellos impiden la aparición de los disturbios psicológicos de mayor entidad. Para esto no se precisa una preparación especial, sino saber tratar a la gente.

Esto muestra que la inmensa mayoría de los problemas psicológicos se resuelven fuera del consultorio del psicoterapeuta en los ambientes normales de la vida cotidiana.

Según palabras del psiquiatra norteamericano S. Rosenzweig (45), toda forma de psicoterapia puede ostentar curaciones, sea un tratamiento por persuasión, la Ciencia Cristiana, o cualquiera de las numerosas ideologías que han sido propuestas. Otro psiquiatra, Ziskind (46), también asimila las curaciones espontáneas y provenientes de fuentes religiosas y ocultistas a las psicoterapéuticas. Esto concuerda con las ideas de numerosos psiquiatras contemporáneos.

Cualquier médico ocupa una posición muy especial en cuanto a la psicoterapia. Como lo dice W. Meninger (47), “la mayoría de los problemas psiquiátricos menores puede y deben ser atendidos por el médico general y los especialistas en otros campos de la medicina”.

En toda consulta, el paciente trasmite a su médico sus problemas, sus temores, sus esperanzas, etc., y a su vez el médico transmite al paciente ya sea consejos, o material informativo, o interpretaciones (48).

La práctica ha revelado que en cualquier ambiente, los consejos más adecuados, las informaciones más exactas, las interpretaciones formuladas de la manera más ingeniosa, y los estímulos más insistentes para que la persona se exprese, fracasa al no concordar con las necesidades emocionales de esa persona.

Por otro lado, cualquier consejo, cualquier información, cualquier interpretación, cualquier oportunidad para expresarse, dan excelentes resultados psicoterapéuticos si existe una relación emocional adecuada entre dos individuos, con la debida actitud de interés, comprensión y aceptación que conduce a la relación interpersonal hipnótica.

BIBLIOGRAFÍA

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VI-ALGUNOS PRINCIPIOS DE LA HIPNOTERAPIA

VI-ALGUNOS PRINCIPIOS DE LA HIPNOTERAPIA

1.Resumen de nociones básicas


El análisis del estado emocional hipnótico en todos sus múltiples aspectos no se limita a tener un interés especulativo, sino tiene suma importancia práctica, pues puede explicar el origen de los trastornos psicológicos y proporcionar los fundamentos para la definición de principios de la psicoterapia.

La psicoterapia es la prevención o el tratamiento de trastornos de origen emocional por medio de estados emocionales salutíferos que favorecen la libre acción de los poderes naturales de recuperación y desarrollo propios de una persona. Tales estados emocionales salutíferos pueden resultar de dos fuentes que obra conjuntamente: las relaciones interpersonales constructivas de la vida diaria, dentro de las cuales la relación con el psicoterapeuta profesional no es más que un caso particular, y las circunstancias impersonales que favorecen la entrada del individuo en estado auto-hipnótico.

La relación interpersonal constructiva, caracterizada esencialmente por una actitud de interés, comprensión y aceptación es precisamente la relación que conduce al establecimiento de un estado emocional hipnótico siempre y cuando tal actitud corresponda a las necesidades de la persona y sea aceptada por ésta.

En este libro ya hemos analizado detalladamente la naturaleza y las características del estado emocional hipnótico. Destacaremos ahora en forma sintética algunos puntos básicos, imprescindibles para el desarrollo de nuestro tema referente a algunos principios de la hipnoterapia.

a) El estado emocional hipnótico positivo, en su aspecto más elemental y puro, es el estado emocional que experimenta un niño al recibir las caricias maternas en el momento en que las necesita. Existe también un estado emocional hipnótico negativo que tiene lugar originariamente cuando los padres proceden en forma autoritaria con el niño en su momento oportuno (1).

Estos estados emocionales hipnóticos positivo y negativo son fácilmente intertransformables, y además sólo excepcionalmente se presentan en forma pura, pues por lo general se les asocian otros matices emocionales.

b) Las caricias y los arrullos maternos, con la actitud comprensiva y aceptadora que les corresponde, constituyen un procedimiento directo de inducción del estado emocional hipnótico en los niños. Esta actitud comprensiva y aceptadora viene a constituir la asociación básica para la entrada en estado emocional hipnótico en el curso de las diversas relaciones interpersonales del individuo.

Dicha asociación básica entre el estado emocional hipnótico y una determinada actitud interpersonal, se acompaña de asociaciones secundarias del estado emocional hipnótico con otros factores que fueron concomitantes con las caricias maternas, por ejemplo, un estado de relajación, una posición cómoda, temperatura agradable, música suave, y muchos otros factores ambientales. Cuando se induce el estado emocional hipnótico por procedimiento directo en presencia de estos elementos secundarios, de acuerdo con sus variantes individuales, se pueden lograr estados emocionales hipnóticos más rápidos e intensos. Además, las asociaciones secundarias al estado emocional hipnótico constituyen la base para el logro de un estado autohipnótico que desempeña un papel muy importante en la estabilización emocional.

Los incontables procedimientos, variados y fantásticos, que se utilizan para la inducción del estado hipnótico no son más que derivados de este procedimiento directo (2).

c) La modalidad más pura y primitiva del estado emocional hipnótico positivo tiene el importante atributo de una ESTABILIZACIÓN EMOCIONAL, que se caracteriza por una tranquilización psíquica , una relajación de todos los músculos del cuerpo, y una regularización de las funciones viscerales que habían sido alteradas por emociones perturbadoras: enlentecimiento del pulso o de la respiración, previamente acelerados por factores emotivos, normalización de las secreciones y de los movimientos digestivos, reducción de la sensibilidad al dolor, disminución de las pérdidas sanguíneas provenientes de pequeños vasos, etc. (3). Estas son características intrínsecas del estado emocional hipnótico positivo, y para lograr cualesquiera de estos efectos no se precisa dar ninguna sugestión específica.

Tal estabilización emocional, lograda en el trato interpersonal constructivo de la vida diaria o en el ambiente psicoterapéutico, trae grandes beneficios a ciertas clases de enfermedades con trastornos psicológicos.

Pero el estado emocional hipnótico tiene a la vez otra característica de gran importancia: una considerable facilidad para absorber los más diversos matices emocionales de la persona de la persona con quien se está en relación hipnótica. Comprendemos la extrema complejidad de la vida emocional y la dificultad de hacer clasificaciones capaces de contemplar todos sus aspectos. Pero para nuestro trabajo, es suficiente destacar que las emociones pueden tener matices de satisfacción, tranquilización, agrado o elación (altivez, soberbia), y por otro lado, de insatisfacción, irritación, desagrado, opresión, etc. A la vez, puede tener los más diversos grados de intensidad y diferente duración. Estas emociones absorbidas bajo el estado hipnótico pueden ser sustituidas rápidamente unas por otras, aun por aquellas que le son diametralmente opuestas. Esto es comparable a los que ocurre en los niños, quienes puede pasar en un instante del llanto a la risa o viceversa.

La transmisión de los matices emocionales tiene lugar, tanto en el ambiente de experimentación como en la vida diaria, por medio de gestos, tonos de voz, movimientos más o menos bruscos, etc., a veces por señales tan insignificantes que dan la apariencia de una transmisión telepática. Este hecho puede observarse muy claramente en los bebés de pocos meses, que pueden reconocer tales expresiones del estado emocional de su madre, mucho antes de poder comprender la palabra hablada.

Tanto las reacciones emocionales positivas como las negativas pueden ser constructivas o destructivas respecto a la salud psíquica del individuo, según la participación de unos y otros en su vida, y su capacidad para lograr las compensaciones necesarias para un equilibrio emocional saludable.
d) Las relaciones interpersonales de la vida diaria que, por sus características especiales, conducen al establecimiento del estado emocional hipnótico predominantemente positivo o negativo, son complejas, entrelazadas y fluctuantes (4).

Un individuo puede tener relaciones hipnóticas de tipo principal o secundario con varias personas a la vez, pudiendo ejercer simultáneamente las funciones de “hipnotizado” e “hipnotizador” en sus diversas relaciones. Las relaciones hipnóticas principales puede volverse secundarias y viceversa.

Es digno de hacer notar que la relación hipnótica del sujeto con el psicoterapeuta profesional es siempre un relación secundaria, mientras que muchas de las relaciones hipnóticas de la vida diaria son principales, tales como las relaciones del niño con sus padres, las relaciones entre esposos, entre amigos íntimos, etc.

Las relaciones hipnóticas, tanto principales como secundarias, de la vida diaria o del ambiente de experimentación, no son fijas e invariables, sino pueden intensificarse, debilitarse, o aún interrumpirse bruscamente, lo que llamamos bloqueo de relación hipnótica. Los bloqueos interrumpen una relación hipnótica previamente existente durante un tiempo, o definitivamente. La producción de los bloqueos no depende del tinte predominante de la emoción en las relaciones hipnóticas, sino puede tener lugar cuando una persona con quien se está en relación hipnótica se opone a ciertos deseos intensos o convicciones profundas del individuo, como también en otras circunstancias.

Un bloqueo de relación hipnótica, entre dos individuos puede desaparecer por sí solo, o con la ayuda de una tercera persona ya que tiene relación hipnótica con el individuo que experimenta el bloqueo, o logra establecer esta relación, efectuando luego una transmisión de relación hipnótica de modo indirecto, por medio de buenas recomendaciones, elogios, palabra amigables, etc. Esto es esencialmente lo mismo que ocurre en el ambiente de experimentación cuando el operador dice a un sujeto bajo estado hipnótico que haga el mismo caso a una determinada tercera persona que el que le había estado haciendo a él. Este hecho se llama una transmisión de contralor hipnótico.

e) Finalmente, las numerosas e irreconciliables escuelas y orientaciones psicoterapéuticas logran en igual grado (aunque con diferencias marcadas en el tiempo de tratamiento) la mejoría o curación de los enfermos, porque el factor responsable de sus éxitos no reside en los diferentes fundamentos teóricos de una u otra orientación, sino en su común denominador; una relación interpersonal constructiva capaz de conducir al estado emocional hipnótico y de desencadenar emociones con un tinte favorable para ayudar al paciente a restablecer su salud (5).

f) Muchas veces la psicoterapia debe ser asociada al empleo de diversos medicamentos. Algunos de éstos obran sobre los trastornos físicos que repercuten sobre la psiquis del enfermo, como por ejemplo, los antianémicos y tónicos, las vitaminas, las hormonas, los antiespasmódicos, etc. Otros, los psico-fármacos pueden obrar en ciertos casos como coadyuvantes de la psicoterapia, por su efecto tranquilizador o estimulante sobre el estado psíquico, si bien en ningún caso pueden sustituir a la psicoterapia en sí.

2. El balance emocional y su importancia

Sabemos que desde el momento del nacimiento de un niño la madre o un sustituto materno induce sistemáticamente en él, por medio de caricias y arrullos, un estado emocional hipnótico positivo (6). Los efectos de estabilización emocional, característicos de dicho estado, logrados por la madre, son vitalmente imprescindibles para el niño de pocos meses, constituyendo un proceso defensivo de la naturaleza, presente no solamente en el ser humano, sino también en diversos mamíferos. Dichas estabilizaciones emocionales neutralizan las repercusiones viscerales desorganizadoras ocasionadas por las experiencias emocionales traumáticas, siendo estas repercusiones especialmente severas en el niño pequeño, dada la íntima interrelación que tiene entre su psiquis y su cuerpo.

El infante está expuesto a muy diversas emociones alteradoras (es decir, lo opuesto a una estabilización emocional) que pueden provenir ya sea del exterior, como por ejemplo las ocasionadas por un ruido fuerte, un desplazamiento brusco, etc., o de su propia madre, al tener ella un disturbio emocional de cualquier índole que el niño capta

La alternación de emociones alteradoras y de estabilizaciones emocionales en una determinada proporción es normal y deseable. Las investigaciones de Cannon (7),Dumas (8) y otros han demostrado que las emociones alteradoras ligeras, tanto agradables como desagradables, causan un aumento moderado de todas las funciones fisiológicas normales, influyendo sobre las secreciones y los movimientos digestivos, el pulso, la respiración, la presión arterial, los procesos metabólicos, etc.

En cambio, las emociones que por su fuerza o repetición desbordan las posibilidades del individuo para tolerarlas, obran como verdaderos agentes agresivos, causado un “stress” con sus fases de alarma, adaptación y agotamiento, pudiendo producir alteraciones funcionales y aun lesiones de ciertos órganos, tales como úlcera de estómago, lesiones ulcerativas del intestino grueso, crisis asmáticas psicógenas, etc., etc., es decir toda la amplísima gama de las enfermedades psicosomáticas.

Pero ha de destacarse que la misma emoción que resulta ser ligera y constructiva para un individuo, puede ser intolerable y destructiva para otro, particularmente si esta segunda persona tiene poca edad o poca madurez emocional.

Cuanto más pequeño es el infante, tanto más imperiosa es su necesidad de recibir ayuda para estabilizar su estado emocional, pues su propia capacidad auto-estabilizadora es todavía muy insuficiente.

Pero el niño pequeño no ha de ser visto como un ser pasivo, que invariablemente necesita las caricias maternas para estabilizar su estado emocional cada vez que experimenta cualquier emoción alteradora por estímulo externo o a partir de una relación interpersonal. Al contrario, es un ser activo que aprovecha las experiencias de estas emociones alteradoras para elaborar constructivamente en sí mismo sus propias defensas ante las emociones, de acuerdo con la capacidad que corresponde a su nivel de desarrollo psicofisiológico según su edad.

Así, por un lado, el niño va logrando una cierta adaptación a los estímulos exteriores repetidos que en un tiempo habían desencadenado en él emociones alteradoras, como los ruidos bruscos, la vista de animales, etc., etc.

Por otro lado, en el trascurso de sus relaciones hipnóticas con la madre, el niño va asociando el estado emocional hipnótico con las circunstancias en que la madre le induce dicho estado: tales como la relajación muscular, una posición cómoda, un ambiente tibio, sonidos o movimientos rítmicos, etc. Por intermedio de estas asociaciones el niño podrá lograr un estado auto-hipnótico en ciertas ocasiones al tener necesidad de estabilización emocional. El juego proporciona a los niños muchas oportunidades para lograr estados auto-hipnóticos, como también para elaborar nuevas asociaciones a este estado. Así, comienza a reducirse la dependencia de los niños de su madre o sustitutos maternos, siendo este hecho característico de una maduración emocional.

Las asociaciones al estado hipnótico se van modificando y volviendo cada vez más complejas hasta la plena madurez, y habiéndose logrado ésta, también continúan evolucionando de acuerdo a la experiencia del individuo en la vida.

Una persona plenamente madura no es una persona insensible a la emoción, sino un individuo que puede lograr una estabilización emocional por sí mismo, gracias al estado auto-hipnótico que logra en los momentos en que ha experimentado emociones alteradoras, teniendo relativamente poca necesidad en estas situaciones de relaciones interpersonales hipnóticas.

El estado auto-hipnótico, fuente de estabilización emocional, es un hecho corrientísimo de la vida diaria, experimentado por todos con insospechada frecuencia, aunque preferentemente en unas u otras circunstancias, según las características individuales de cada persona. Por ejemplo, hay quienes lo logran con mayor facilidad al pescar en aguas tranquilas, o al tejer junto al hogar, al escuchar o tocar música, al entretenerse con los hijos, al asistir a servicios religiosos, al dedicarse a una actividad creadora, etc., etc. Maslow (9) ha destacado la importancia de estas experiencias para el mantenimiento de una salud psíquica óptima.

Para lograr un grado normal de madurez en la edad adulta, es imprescindible que el individuo haya tenido durante el proceso de su formación psicológica un determinado balance entre las emociones alteradoras y las emociones estabilizadoras, adecuado para cada nivel de su desarrollo psicofisiológico.

Si el individuo no recibe suficientes emociones estabilizadoras de sus relaciones interpersonales hipnóticas durante su desarrollo, él no habrá tenido las suficientes oportunidades para establecer y elaborar las asociaciones que necesita para lograr estados autohipnóticos con el fin de obtener una estabilización emocional cuando tiene necesidad de ella. La significación de esta deficiencia de emociones estabilizadoras varía según la edad del individuo: en los niños más pequeños puede ser cuestión de vida o muerte.

Por otra parte, si el individuo no ha recibido suficientes emociones alteradoras, él no habrá tenido la suficiente necesidad de entrenarse para lograr el estado auto-hipnótico como fuente de estabilización emocional, pues ante cualquier emoción alteradora, esta estabilización le ha sido siempre proporcionada por sus padres. Tal es el caso abstracto de una “sobreprotección aceptadora” pura. Si bien esta actitud de los padres beneficia a los niños de primera infancia, ella causa perjuicios tanto más severos cuanto más edad tenga el individuo.

En uno y otro caso, las personas retienen un mayor o menor grado de inmadurez.

Estas personas, que en el proceso de su desarrollo han recibido una marcada desproporción entre las emociones alteradoras y emociones estabilizadoras, estarán predispuestas a tener perturbaciones psicológicas, manifestadas por trastornos psicosomáticos o problemas de comportamiento.

Una parte de las personas que han quedado emocionalmente inmaduras, logra desprenderse tarde o temprano del ambiente familiar que no solamente no les proporcionaba el balance emocional adecuado dentro del propio medio familiar, sino a la vez le impedía establecer suficientes contactos con personas ajenas a la familia. Por intermedio de nuevas relaciones hipnóticas de la vida diaria, algunas de ellas de tipo principal y otras de tipo secundario, estos individuos podrán lograr un cierto grado de maduración más tardíamente, y aumentar su capacidad para defenderse contra las emociones alteradoras en el futuro, recurriendo al estado auto-hipnótico al tener necesidad de estabilización emocional, y solamente en situaciones excepcionales a la ayuda de otras personas.

La psicoterapia no tiene la finalidad de transformar a los pacientes en seres de hierro, totalmente indiferentes a toda clase de emoción. Su objeto consiste en ayudar al individuo a lograr una estabilización emocional con la suficiente prontitud tras sus emociones alteradoras corrientes, para que dichas emociones alteradoras no le produzcan trastornos psicológicos capaces de alterar su salud física, su desarrollo psíquico, su felicidad o su capacidad creadora en sus condiciones normales de vida.

Esta estabilización emocional puede ser lograda ya sea por el propio individuo, mediante la auto-hipnosis, o en caso de emociones violentas, estableciendo una relación interpersonal constructiva emocionalmente estabilizadora con otra persona.

La psicoterapia corrige trastornos emocionales por medio de emociones adecuadas. En primer lugar, procura aprovechar todas las posibilidades de establecimiento de relaciones interpersonales favorables dentro del ambiente que rodea al enfermo. Esto se complementa con la relación interpersonal constructiva entre el paciente y el terapeuta, que solamente procura imitar las relaciones interpersonales constructivas de la vida diaria.

Por medio de la psicoterapia se ayuda al paciente a madurar emocionalmente. Es interesante que los propios pacientes perciben muy claramente esta maduración, al afirmar que después de haberse efectuado la psicoterapia, ellos “sienten que han crecido” o “ han comenzado a pensar y a reaccionar como personas adultas”.

La psicoterapia no puede seguir un plan uniforme para todos, sino debe ser eminentemente flexible y dinámica, adaptándose a cada caso individual.

La modalidad de la psicoterapia a aplicarse en cada caso dependerá del diagnóstico de las relaciones interpersonales que son significativas en la vida del paciente.

Algunas de estas relaciones podrán trabar y aún anular la labor psicoterapéutica, mientras que otras relaciones puede ser aprovechadas por el terapeuta para acelerar la maduración y consiguiente curación del paciente. Ha de recordarse siempre que la relación hipnótica con el terapeuta es una relación hipnótica secundaria, mientras que las relaciones hipnóticas de la vida diaria del paciente pueden ser principales. De hecho, solamente una parte insignificante de las personas que tienen trastornos psicológicos llega al terapeuta, pues la gran mayoría logra su curación y maduración emocional gracias a las relaciones hipnóticas principales que la persona establece en su ambiente habitual.

En cambio, la modalidad de psicoterapia no depende de los síntomas que presenta el enfermo.

No ha sido plenamente aclarado todavía por qué algunos individuos con perturbaciones psicológicas presentan terrores nocturnos, mientras que otros tartamudean, o tienen dolores de cabeza o malestares digestivos. Hay casos en los cuales parece haber una tendencia familiar y congénita a localizar un estado emocional en una determinada función. Esto es comparable a lo que ocurre en Medicina General, donde se observa que hay familias que tienen un determinado órgano (como la garganta, los riñones, etc.), particularmente receptivos para las infecciones. Pero no basta esta receptividad para que el órgano se enferme, sino debe haber una infección. No se habla de una enfermedad heredada en estos casos, sino de una enfermedad infecciosa.

Lo mismo se aplica a la tartamudez, que había sido interpretada erróneamente en el pasado como una enfermedad familiar y hereditaria, cuando en realidad se trata de una enfermedad de origen emocional como muchas otras, si bien ciertas familias están más predispuestas que otras a presentar tartamudez cuando sufre un trastorno emocional.

Estos son los motivos por los cuales los psiquiatras contemporáneos tienden a eliminar los diagnósticos basados sobre síntomas y síndromes (como la clasificación en casos de “histeria de ansiedad”, “neurosis de ansiedad”, “trastornos de carácter”, etc.), y sustituirlos por la descripción del caso individual dentro de un ambiente. Los diagnósticos de Leo Kanner (10), formulados como “una extrema dependencia como resultado de una super-protección materna”, o “una delincuencia ostentativa en un niño ansioso de alejarse de la sordidez y del maltrato domésticos”, etc., etc., ilustran muy bien esta tendencia moderna.

Como puede verse, estos son diagnósticos que revelan la calidad de las relaciones interpersonales del paciente y el régimen de vida que él lleva. Aquí no interesa si el enfermo moja su cama, tiene un tic, o la clase de trastornos de conductas que manifiesta.

Un diagnóstico de esta índole, aparentemente sencillo, a veces sólo puede ser hecho tras una investigación meticulosa. Las causas de los trastornos emocionales, tanto en niños como en personas mayores, se van descubriendo gradualmente, a veces en el curso de varias entrevistas, no solamente a partir de lo que dice el paciente o relatan sus acompañantes, sino también mediante la observación de gestos, entonaciones y actos que revela actitudes no verbalizadas.

En vista de que los trastornos psicológicos* tienen su origen fundamental en las anormalidades del balance entre emociones alteradoras y emociones estabilizadoras como también entre tintes emocionales positivos y negativos, creemos que el diagnóstico que servirá de guía a la psicoterapia debe ser basado principalmente en el estudio de dicho balance, determinado por las relaciones interpersonales del individuo. Ha de tenerse en cuenta tanto la infancia del paciente , donde las anormalidades del balance emocional perturban el proceso de su maduración psicológica, como la época presente, cuando la persistencia o reaparición de las mismas anormalidades causa trastornos psicológicos en el individuo insuficientemente maduro.

(* Nos referimos a la llamada “psiquiatría menor”.)

Hemos insistido ya sobre la necesidad vital de las expresiones de cariño (que o son más que una inducción hipnótica por procedimiento directo con su efecto de estabilización emocional) para los infantes Como lo han demostrado recientemente Spitz (12) y otros autores, la ausencia o insuficiencia grave de caricias puede causar la muerte de los niños pequeños.

Una insuficiencia menos grave del aporte de caricias a los lactantes puede causar perturbaciones en su desarrollo físico y psíquico, causando cuadros clínicos que pueden ser difíciles de diferenciar de los cuadros causados por importantes lesiones orgánicas, pero que mejoran con el aporte de caricias al bebé.

Por ejemplo, en un caso detalladamente descrito por Gelinier-Ortigues y Aubry (13), un niño de 18 meses de edad, que había pasado a 14 familias cuidadoras diferentes desde la edad de dos meses, fue enviado al hospital con sordera, incapacidad para pararse o mantenerse sentado, rigidez de sus extremidades, que a veces quedaban fijas en las posiciones en que eran colocadas, vacilación para tomar objetos con la mano, tendencia a llevar a la boca los objetos que tomaba, etc. En conjunto, su desarrollo psicomotriz correspondía aproximadamente a la edad de seis meses. Cuando una psicoterapeuta se ocupó especialmente de este niño, proporcionándole cuidados tiernos y cariñosos, se observó una rápida mejoría en él, con considerable adelanto de su desarrollo tanto físico como psíquico, como también con la desaparición de su sordera. La psicoterapeuta no había hecho más que convertirse en un sustituto de la madre cariñosa que el paciente necesitaba.

Hemos observado recientemente un caso con rasgos muy similares. Una niña de un año de edad, proveniente de un asilo, presentaba retraso de desarrollo psicomotriz tan severo que se había diagnosticado una anomalía congénita del cerebro de carácter irreparable. Cuando esta niña fue adoptada por una mujer sin hijos, de escasa cultura pero de fuertes instintos maternales, la pequeña tuvo una transformación espectacular, y cuando la vimos, a los dos años de edad, había alcanzado un desarrollo prácticamente normal.

Merece destacarse que la única diferencia entre estos dos casos es que en el primero actuó una psicoterapeuta especialmente preparada, mientras que en el segundo actuó una mujer de poca cultura, pero los resultados fueron iguales. En ambos casos se hizo lo que hace cualquier madre, del género humano o de mamíferos.

En la actualidad, la literatura pediátrica está haciendo hincapié en las consecuencias funestas del “hospitalismo” de los infantes, es decir, una hospitalización prolongada, donde el niño permanece aislado o inmovilizado en su cama, siendo frecuentemente atendido por un personal “metódico y eficiente” que se abstiene de proporcionarle cualquier expresión de afecto. En estas circunstancias, los niños suelen no progresar o aún empeorar, pese a la mejor asistencia médica. Numerosos autores han descrito los síndromes somáticos digesto-nutritivos, respiratorios, febriles, cutáneos, sensorio-motores, etc., causados por esta privación de caricias, que pueden llevar al bebé a la muerte o causarle graves defectos en su desarrollo psicofisiológico.

Talbot (14) ha relatado una anécdota muy ilustrativa acerca de la “vieja Ana”, que solía pasear por las clínicas infantiles de Dusseldorf, Alemania, a principios de este siglo, cargando un niño u otro en sus brazos. Pronto los médicos descubrieron que bastaba con entregar a la vieja Ana un bebé que no progresaba desde el punto de vista nutritivo, para lograr su rápida mejoría. Dicha mujer era evidentemente una excelente psicoterapeuta natural.

Es difícil encontrar situaciones de privación total o casi total de relaciones interpersonales emocionalmente estabilizadoras en los niños mayores. Quizá sean ejemplos los curiosos casos de individuos encontrados en estado salvaje en selvas, habiendo carecido de todo contacto con otros seres humanos, o la posibilidad de un aislamiento total de un individuo en condiciones artificiales.

El solo hecho de que un niño de segunda infancia sea criado en una institución no indica necesariamente la falta de relaciones interpersonales emocionalmente estabilizadoras. En un asilo, el niño ávido de caricias puede recibirlas no solamente de los educadores oficiales (quienes suelen ser los que menos se las proporcionan en muchos casos) sino principalmente de sus propios compañeros, de su misma edad o mayores, quienes establecen amistades íntimas y se aportan estabilización emocional mutuamente al experimentar emociones alteradoras. Estos niños absorben con fruición cada palabra cariñosa que reciben y aprenden muy pronto que les convienen dar cariño si esperan recibirlo de otros. A la vez, tienen amplias oportunidades para el juego, que, como ya dijimos, constituye una fuente de estabilización emocional autohipnótica, y de elaboración de asociaciones a dicho estado. Tales niños suelen tener una maduración emocional rápida y pese a las posibles deficiencias en su “educación”, suelen convertirse en hombres capaces de luchar en la vida teniendo en este sentido ventajas sobre muchos niños criados en sus hogares.

La misma situación se presenta en los niños desatendidos, cuyas familias no les proporcionan suficientes relaciones emocionales estabilizadoras, pero los dejan en completa libertad para jugar y establecer las relaciones que necesitan con sus vecinos, compañeros de escuela, amiguitos, etc.

La situación más desfavorable para el niño se presenta cuando los familiares no sólo no le proporcionan una relación emocional estabilizadora, sino le impiden entrar en contacto con otras personas capaces de proporcionárselas y restringen sus posibilidades de lograr una auto-estabilización mediante el juego. Esta actitud hacia los niños suele ser justificada como una protección contra supuestos peligros, por los cual se le suele describir como una “sobreprotección rechazadora”.

Ha de aclararse que no es necesario encerrar físicamente al niño para impedir sus contactos hipnóticos con otras personas, pues estos contactos puede ser impedidos sobre la base de un conocido atributo del estado emocional hipnótico: la posibilidad de transmitir, o al contrario bloquear la relación hipnótica con otras personas. Basta con que los padres digan que un determinado compañero es un buen niño para favorecer el contacto hipnótico con él. En los casos de sobreprotección, al contrario, los padres suelen decir al hijo que desconfíe de todos los niños de la calle, que no los trate, etc.

La combinación de un cierto grado de insuficiencia de relaciones hipnóticas emocionalmente estabilizadoras y un cierto grado de aislamiento de contactos interpersonales extra-familiares, con privación de oportunidades para el juego, se presentó en forma característica en el siguiente caso:

El niño C. F. D. De 7 ½ de edad, fue traído a nuestro consultorio porque robaba dinero y útiles a sus compañeros de escuela. Se trataba del hijo único de un acaudalado comerciante, habiendo muerto su madre dos años antes de la consulta. El padre, quien casi no tenía contacto con el niño debido a sus ocupaciones, había tomado una institutriz “competente” para cuidar al chico, siendo ésta una mujer de mediana edad, seca e inexpresiva, quien solamente vigilaba que el niño estuviese siempre perfectamente limpio, no rompiese ningún objeto, no hiciese ruido, y terminase sus deberes escolares. Celosa de su “deber”, lo llevaba a pasear de la mano, no permitiéndole jugar con otros niños.

Poco después de haber muerto la madre y venido la institutriz, se observó que el chico se volvía cada vez más callado y serio, sin sonreír ni expresar sus sentimientos. Comenzó a mojar su cama todas las noches.

Cuando cumplió los seis años, el padre eligió para él una escuela con métodos educativos muy estrictos, a la cual el chofer de la familia lo llevaba exactamente cuando tocaba la campana para empezar las clases y lo venía a buscar exactamente cuando las clases terminaban.

Después de ocho entrevistas bisemanales en las cuales investigamos la situación y a la vez efectuamos hipnoterapia procurando sólo aumentar la auto-estimación del paciente, observamos muy pocos cambios en los síntomas que presentaba. Esto es comprensible, porque el niño pasaba sólo dos horas semanales con nosotros y todas las restantes en el ambiente desfavorable de su casa. Aún si hubiésemos hecho sesiones de una hora todos los días, los resultados hubieran sido los mismos, pues se trataba de un individuo en formación psicológica que necesitaba una relación interpersonal constructiva permanente, y a la vez oportunidades para desarrollar sus propias defensas.

Se planteó por consiguiente la necesidad de proporcionar al niño tanto la posibilidad para recibir emociones estabilizadoras permanentemente en su propia casa, como una libertad para el juego, fuente de las mismas emociones por autohipnosis.

Aconsejamos al padre que hiciese venir a la casa, siquiera por tres o cuatro meses, una chica algo mayor que el paciente, de su parentela, conocida o extraña, que fuese alegre, juguetona y cariñosa con los pequeños, para que acompañase al niño todo el tiempo, aun concurriendo a la misma escuela. La institutriz tendría la tarea de vigilar que los dos chicos hiciese sus deberes escolares. El padre comprendió la razón de esta medida (lo cual no siempre sucede) y aceptó gustosamente la proposición que le hicimos.

En el curso del primer mes de haberse tomado una niñera de once años de edad que reunía estas características, la mejoría del estado de ánimo del paciente fue notable. El chico empezó a sonreír, a hablar y a jugar. Mejoró su aspecto físico, y se observó que estaba creciendo más rápidamente. La enuresis se hizo espaciada y luego desapareció, y no hubo más robos. El chico continuó viniendo a sesiones psicoterapéuticas semanales acompañado por su niñera. Al cabo de un total de 12 sesiones decidimos que nuestra misión ya estaba cumplida, pues no podíamos proporcionarle nada mejor de lo que le estaba proporcionando la pequeña niñera y los juegos libres.

Solamente aconsejamos que el chico tuviese mayores oportunidades para ampliar sus contactos sociales.

La niña de 11 años resultó ser una psicoterapeuta ideal para el caso, efectuando una terapia natural por intermedio de la misma relación hipnótica emocionalmente estabilizadora que anteriormente había proporcionado la madre fallecida.

Si no hubiera sido por esta niña, nuestra psicoterapia, aun con sesiones cotidianas, hubiera requerido un número considerable e imposible de predecir de entrevistas terapéuticas, por la gran dificultad de compensar la falta de relaciones emocionales estabilizadoras en el hogar para un chico que tiene necesidad de ellas.

Lo que hicimos fue aprovechar las relaciones hipnóticas de la vida diaria y el juego con fines terapéuticos. En este caso particular hubo que recurrir a la introducción de una nueva persona en el hogar del paciente porque no era factible aconsejar al padre ocupado o a la institutriz de carácter poco propenso a expresar afecto, que estableciesen con el niño una relación cariñosa, comprensiva, afectuosa, etc., adecuada para proporcionarle la estabilización emocional necesaria para su maduración. Un consejo de esta índole hubiera sido imposible de cumplir.

En el adulto, los trastornos psicológicos expresados por síntomas psicosomáticos o por problemas de comportamiento, son el resultado de la incapacidad de un individuo emocionalmente inmaduro para equilibrar por sí mismo los disturbios emocionales que experimenta.

Estos trastornos pueden ser de larga duración, pasajeros o recurrentes; también pueden variar los síntomas que presenta el enfermo, intensificándose, atenuándose o sustituyéndose un síntoma por otro. Toda su dinámica está vinculada a las fluctuaciones de las relaciones interpersonales del individuo y a su proceso de maduración emocional.

En el curso de su vida, las personas inmaduras pueden encontrar relaciones interpersonales capaces de ayudarle a madurar antes de haber manifestado síntomas de origen psicológico. Otras personas llegan a tener síntomas, pero encuentran relaciones interpersonales de la vida diaria que ejerce efectos psicoterapéuticos sobre ellas. Solamente queda un grupo muy limitado de individuos, que por una u otras circunstancias de su vida (o porque su propio estado psicopatológico repele a otras personas) no logran establecer suficientes relaciones interpersonales constructivas en su vida diaria, debiendo recurrir al psicoterapeuta especializado.

El procedimiento psicoterapéutico que aplicamos a los adultos con trastornos psicológicos, pertenecientes a nuestro primer grupo de casos, consiste en inducir en ellos un estado hipnótico por vía directa, y luego proponerles que disfruten este estado como ellos quieran: pudiendo pensar en algo o no pensar en nada en particular, decir cualquier cosa sabiendo que serán escuchados con interés y comprensión, hacer preguntas que procuramos contestar, expresar sin temor alguno sus emociones, etc., etc.

En el transcurso de las entrevistas procuramos investigar las relaciones interpersonales que alteran o estabilizan el estado emocional del enfermo y, sobre todo, las circunstancias impersonales en que el enfermo por sí solo experimenta un mayor o menor grado de “descanso emocional”. Consideramos que estas últimas situaciones pueden constituir elementos básicos para el estado auto-hipnótico del paciente. La tarea del psicoterapeuta consiste precisamente en capacitar al enfermo para lograr por sí mismo su estabilización emocional ante las emociones alteradoras por medio del estado autohipnótico.

Creemos que si bien la profundidad hipnótica (retrogresión psicológica) no es un factor decisivo para el éxito terapéutico, existe una cierta profundidad óptima para cada caso individual, capaz de acortar marcadamente el plazo en el cual el paciente tiene necesidad de la relación con el terapeuta.

Es el propio paciente quien decidirá el número y la frecuencia de las sesiones terapéuticas, pues él percibe lo que le es necesario a medida que va madurando y desarrollando sus fuerzas de auto-estabilización. Es lo mismo que ocurre en la vida diaria, cuando un individuo emocionalmente perturbado busca la ayuda de otras personas en la medida de sus necesidades de recibirla. Un total de veinte a treinta sesiones puede ser distribuido desde seis meses a un año.

De la descripción del procedimiento psicoterapéutico que empleamos, puede verse que no se utiliza ninguna sugestión directa con fines terapéuticos. Antiguamente, desde los tiempos de Mesmer, al tenerse una comprensión errónea del hipnotismo como una dominación de una persona sobre otra, se había procurado hacer uso de la sugestión para curar toda clase de enfermos, obteniendo fracasos casi continuos que comprometieron el prestigio de la hipnoterapia.

El único caso en el cual la sugestión directa o indirecta puede tener u efecto espectacular y a veces beneficioso, aunque a menudo temporal, es el caso de ciertos enfermos histéricos. Como es sabido, la histeria es una enfermedad psicógena, de niños y adultos, que se traduce por una suma facilidad para presentar síntomas psicosomáticos, tales como dolores sin causa orgánica, parálisis, cegueras, anestesias, sorderas, malestares digestivos, trastornos respiratorios, etc., etc., siendo estos síntomas variables y pudiendo haber sustitución de un síntoma por otro, particularmente en cualquier circunstancia que hace experimentar al enfermo una emoción de cierta intensidad. Hay veces que se cambia un síntoma muy incapacitador por otro que perjudica menos al enfermo: por ejemplo, la parálisis de un brazo por la parálisis de un dedo, o una ceguera histérica por un dolor de cabeza u otras molestias relativamente poco alarmantes. Esta sustitución no es necesariamente definitiva, pues siempre persiste la posibilidad de que el enfermo vuelva a tener su síntoma incapacitador.

El estado emocional intenso que favorece la sustitución de síntomas también puede ser desencadenado por algún curandero o algún ambiente especial, a menudo famosos por las “curas milagrosas” de esta índole que han logrado.

Esto tiene las mayores posibilidades de suceder si el enfermo tiene convicciones emocionalmente incorporadas respecto al “poder” de este curandero o ambiente particular, pudiendo haber recibido a la vez una transmisión de relación hipnótica a su favor. Al igual que el hipnotizador ante cuya sola presencia algunos individuos entran en estado auto-hipnótico gracias a sus propias convicciones y reacciones emocionales, el curandero o el ambiente especial son factores pasivos en la eliminación de los síntomas de enfermos histéricos, pues las emociones decisivas para el logro de estos efectos provienen de fuentes anteriores a ellos.

De tiempo e tiempo vemos enfermos con trastornos psicológicos cuyas ideas acerca de la curación por el hipnotismo están ligadas a la noción de curas milagrosas, de dominación y de tratamiento por sugestión directa. Estos aspirantes a experimentar los efectos mágicos de la sugestión son los peores pacientes para el psicoterapeuta, pues resulta muy difícil explicarles que el hipnotismo no es lo que ellos piensan y que su tratamiento debe tomar necesariamente un cierto tiempo.

* * *

Los trastornos psicológicos originados por relaciones interpersonales que aportan insuficiente emociones alteradoras (por sobreprotección) a niños o adultos, se expresan por los mismos síntomas que los trastornos del grupo anterior. Es posible que algunos síntomas predominen, o tengan matices especiales en uno u otro caso de los casos, pero este punto requiere investigaciones ulteriores.
La sobreprotección aceptadora y sus consecuencias tienen lugar muy especialmente en los casos de hijos únicos, o menores, o muy deseados, como también en personas enfermizas o con algún defecto físico, etc., a quienes su familia no sólo no proporciona en grado suficiente las emociones alteradoras, sino también impide establecer relaciones interpersonales fuera del ambiente familiar, capaces de hacerles experimentar tales emociones.

Ya hemos dicho que debe haber un balance entre las emociones estabilizadoras y las emociones alteradoras para que un individuo pueda madurar emocionalmente en forma normal. La insuficiencia de cualquiera de los dos elementos de este balance resulta igualmente perjudicial para la salud psíquica.

La peculiaridad de los casos de insuficiencia de emociones alteradoras reside en que el psicoterapeuta por si solo no puede mejorarlos (con la importante excepción de los casos de ansiedad, que comentaremos en otro grupo),

El paciente no precisa que el psicoterapeuta le proporcione una nueva relación comprensiva y aceptadora que venga a sumarse a las relaciones de la misma índole que la madre u otros familiares ya le proporcionan en exceso. Es preferible no intentar siquiera la psicoterapia directa con estos enfermos, pues lo único que se puede esperar es un fracaso que representará para la psicoterapia en sí. Es muy probable que una parte importante de los fracasos que tienen todas las formas de psicoterapia corresponda a los intentos de tratar enfermos de este grupo.

La psicoterapia sólo puede obrar en forma indirecta, intentando modificar el ambiente que rodea al enfermo, dando consejos, proponiendo la separación del enfermo del ambiente sobreprotector, etc. Sin embargo es relativamente poco frecuente que se acepten estas medidas.

Posiblemente en el futuro, cuando el individuo pierda sus relaciones sobreprotectoras y deba encarar la lucha por la vida por sí solo, ésta le proporcionará abundantes emociones alteradoras que le faltaron en el proceso de su formación psicológica, con lo cual él podrá madurar y perder sus sintomatología.

Un problema particularmente interesante es el de los delincuentes juveniles. Como todos los demás enfermos que han sufrido un desequilibrio de orden emocional, éstos pueden provenir de hogares que les proporcionaron una insuficiencia de emociones estabilizadoras o una insuficiencia de emociones alteradoras.

En el primer caso, son pacientes que responden muy bien al trato cariñoso, como se ha observado en Europa en los niños delincuentes que habían sido abandonados al hambre y a su propia suerte En el segundo caso, es inútil intentar corregir su comportamiento mediante el cariño, pues lo que necesitan los pacientes es una férrea disciplina.

3. La ansiedad por bloqueo temporario de relaciones hipnóticas principales

La ansiedad es un trastorno emocional de carácter intensamente desagradable, que tiene puntos de contacto con el “temor”, la “desesperación”, el “desasosiego”, etc., acompañándose de síntomas muy diversos. Entre los síntomas más característicos del estado de ansiedad figuran las crisis de terror injustificado, generalmente nocturnas, en las cuales el paciente aparece con sudoración profusa, pulso acelerado y expresión de horror en los ojos. Otras veces hay una sensación subjetiva de muerte inminente, con latidos cardíacos rápidos y penosos, o con la impresión de que se está deteniendo la respiración.
Algunos enfermos experimentan vértigos y sensación de desvanecimiento; otros sienten que sus brazos y piernas han dejado de pertenecerles, etc. El enfermo puede quedar inmóvil, irrumpir en llanto, o desplazarse sin objeto.

La ansiedad tiene un curso variable, pudiendo instalarse y desaparecer, atenuarse y empeorar, presentarse en forma de crisis únicas, espaciadas o subintrantes.

El estado ansioso tiene las mayores probabilidades de aparecer en los niños sobreprotegidos, con muy pocas defensas propias ante las emociones alteradoras, particularmente cuando ellos tienen cortas familias, siendo muy estrecho su círculo de contactos interpersonales fuera del ámbito familiar. Pero con el crecimiento, la adquisición de una madurez emocional y el ensanche del círculo de relaciones con otras personas, reducen las probabilidades de aparición de este estado.

La ansiedad puede presentarse sobre un fondo de normalidad psicológica o sobrepuesta a trastornos psicológicos de otra índole. Al desaparecer la ansiedad, suele persistir la sintomatología de fondo.

Comprendemos la ansiedad que resulta frecuentemente del bloqueo abrupto de la relación hipnótica principal del niño con sus padres o sustitutos paternos, en un momento en que el niño tiene especial necesidad de una relación hipnótica emocionalmente estabilizadora por haber experimentado una emoción alteradora frente a la cual no tiene defensas propias suficientes ni la posibilidad de obtener estabilización emocional de otras relaciones interpersonales.

Sabemos que en el ambiente de experimentación, un operador que ha inducido repetidamente el estado emocional hipnótico en un sujeto, puede volverse incapaz de inducirlo nuevamente, por haber contrariado las necesidades emocionales de dicha persona en un determinado momento. Del mismo modo, los padres pueden causar un bloqueo de su relación hipnótica con su hijo cuando éste tiene una necesidad imperiosa de recibir comprensión y caricias tras una experiencia emocionalmente traumática, y en cambio recibe reproches o castigos de los padres, que empeoran su trauma.

En un caso muy típico de esta índole, tomado de nuestra práctica, el niño R. L., de 3 años de edad, experimentó una fuerte alarma al haber golpead a su hermanito de 2 años con un limón sobre la nariz, causándole una pérdida profusa de sangre. La madre castigó severamente por este motivo a nuestro paciente. Desde esa noche, R. L., que había sido anteriormente un chico psicológicamente normal, empezó a tener pesadillas que se repitieron todas las noches, y a despertar gritando, quedando a la vez triste y sin apetito. Al cabo de ocho días fue traído a la consulta.

Ya hemos indicado que el estado emocional hipnótico es imprescindible para la estabilización emocional de los niños. En casos de disturbio, los niños suelen venir corriendo a la madre para que les ayude a estabilizarse. En este caso, cuando el niño asustado tenía una gran necesidad de una relación hipnótica positiva, la madre lo regañó y lo castigó. Esta actitud creó un bloqueo de la relación hipnótica de la madre con su hijo, y cuando ella lo volvió a acariciar varias horas más tarde, ya no se podía establecer la relación hipnótica a causa de este bloqueo.

El bloqueo de relación hipnótica no se produce obligatoriamente tras cualquier castigo o reproche, aún cuando haya habido un fuerte traumatismo emocional. Aun en caso de producirse, este bloqueo puede ser fugaz, pudiendo pasar por sí solo, o ser eliminado por cualquier persona que también tiene una relación hipnótica con el niño, para lo cual es suficiente dar al niño la estabilización emocional que él tanto necesita, y efectuar una transmisión de relación hipnótica a los padres. En este caso, nosotros fuimos esa persona.

Puede también suceder que el bloqueo de una relación hipnótica principal sea de larga duración, pero que el niño no sufra por su causa, por tener a la vez relaciones hipnóticas principales con otros familiares que satisfacen su necesidad de estabilización emocional. Por eso, es comprensible que sea muy pocos los casos que llegan a un psicoterapeuta especializado, correspondiendo éstos en su mayoría a personas que por su edad o modo de vivir tienen una marcada limitación de sus contactos interpersonales fuera de un pequeño círculo familiar, como por ejemplo, en los casos de sobreprotección.

En el ejemplo arriba descrito por R. L., la psicoterapia consistió simplemente en inducir un estado emocional hipnótico en el niño mediante una actitud comprensiva y cariñosa (procedimiento directo) y decirle palabras elogiosas (“Eres un chico muy bueno”), asegurándole que “mamita lo quiere, papito lo quiere...todos lo quieren...mamita lo quiere como siempre...” Como puede verse, no se dio absolutamente ninguna sugestión, salvo la de que era un niño bueno y sus padre lo querían.

La sesión terapéutica no duró más de veinte minutos, y sus resultados fueron aparentemente espectaculares. El paciente no tuvo más pesadillas desde esa noche, su apetito se restableció, y hubo un gran aumento de su vivacidad y alegría.

Lo que hicimos fue realizar indirectamente una transmisión de relación hipnótica a la madre. Con ello, la madre pudo continuar proporcionando al hijo la estabilización emocional necesaria.

Como ya dijimos, la ansiedad se presenta con especial frecuencia en los niños sobreprotegidos, si bien el mecanismo que determina el bloqueo de relaciones hipnóticas principales, causando esta ansiedad, tiene ciertas características especiales en ellos.

Los niños sobreprotegidos suelen recibir las caricias de sus padres no sólo en los momentos en que las necesitan, sino toda vez que los padres quieren satisfacer su propio deseo de proporcionárselas. El hecho de tener que someterse a caricias inoportunas, muchas veces con restrición simultánea de su libertad, resulta a la larga irritante para los niños, despertando en ellos animosidad pasajera hacia los padres. Algunos niños llegan a expresar esta animosidad por una rebeldía agresiva, hasta el extremo de insultar o pegar a los padres, mientras que otros experimentan la misma emoción de desagrado sin expresarla abiertamente. Tal animosidad puede ser causa directa de un bloqueo de relaciones hipnóticas principales entre padres e hijos, no difiriendo este bloqueo en su dinámica, en cuanto a su curso y su desaparición, del bloqueo anteriormente descrito.

En el transcurso de dicho bloqueo de relaciones hipnóticas principales del niño con sus padres, puede suceder que el chico experimente una emoción alteradora cualquiera, que no puede sobrellevar por sí mismo. Esto crea en el niño una necesidad imperiosa de establecer una relación que le ayude a estabilizar su estado emocional.

La persistencia del bloqueo, con la asociación entre las caricias inoportunas de los padres y el estado de irritación que ellas ocasionaron, hace que las caricias paternas (aun cuando el niño las necesita) no sólo sean inefectivas para estabilizar el estado emocional del niño, sino hasta irritantes, agravando con ello su trauma emocional y haciéndole todavía más apremiante la necesidad de emociones estabilizadoras. Si el chico, debido a su régimen de vida, no puede relacionarse con personas que le proporcionen estabilización emocional en estas circunstancias, el estado de ansiedad se vuelve más severo, pudiendo ocurrir en tales casos que una sola entrevista con un terapeuta (profesional o improvisado) ya no les seas suficiente para transmitir la relación hipnótica del terapeuta a los padres.

Esta transmisión de la relación hipnótica con el niño a los padres, efectuada con el fin de hacer cesar un estado de ansiedad, no requiere ninguna sugestión formal, haciéndose habitualmente como en el caso que hemos mencionado, con unas sencillas palabras reconfortadoras y la afirmación de que la madre le tiene afecto. Hasta un gesto o una entonación de la voz pueden ser significativos. Muchos terapeutas efectúan tales transmisiones de relaciones hipnóticas sin darse cuenta de haberlo hecho, y atribuyen su éxito terapéutico a alguna otra maniobra relacionada con las teorías de la escuela psicoterapéutica que ellos siguen.

Los viejos métodos de hipnoterapia, basados en la sugestión, que por su inefectividad han caído en desuso, hubieran considerado imprescindible dar a un niño con ansiedad como R. L., la sugestión: “Tú no tendrás más pesadillas”, y no hubieran vacilado en atribuir a la sugestión el mismo éxito que nosotros obtuvimos sin sugestión alguna. Los partidarios de otro procedimiento psicoterapéutico hubieran atribuido la curación del paciente no a la relación personal constructiva sino al hecho de haber logrado hacer comprender a un niño de pocos años de edad* que sus temores nocturnos se debían a que quería tener relaciones sexuales con su madre, pero temía que el padre se enterase de ello y lo castrase.
(*Procedimiento psicoterapéutico freudiano ortodoxo(17,18).)

Todo psicoterapeuta que trabaja con niños se encuentra muy frecuentemente con casos de ansiedad cuyos síntomas desaparecen con muy pocas sesiones terapéuticas. Así David Levy (15), que utiliza la terapia por el juego, ha presentado doce casos de niños menores de 10 años cuyos disturbios psicológicos desaparecieron con una a tres sesiones terapéuticas. Leo Kanner (10) menciona el caso de un niño que había presentado manifestaciones de ansiedad en el transcurso de varios años y que requirió una sola entrevista psicoterapéutica con simples consejos para perder esta ansiedad. Ambrose(16) ha publicado un número considerable de casos de ansiedad infantil con muy diversos síntomas, curados con una a cinco sesiones de hipnoterapia. Según expresión de este autor: “la inducción del estado hipnótico corta el nudo de la ansiedad”.

Efectivamente, el niño que ha estado ansioso suele cambiar radicalmente después de la hipnoterapia, adquiriendo mayor vivacidad, mayores deseos de jugar y estudiar, mejor color de piel, mejores digestiones, etc., al grado de parecer “otro niño”.

En vista de que los síntoma debidos a un estado de ansiedad constituyen una superestructura, ya sea sobre una base de normalidad psicológica o encubriendo trastornos psicológicos de otra índole, dichos síntomas pueden complicar y oscurecer el cuadro clínico de un enfermo, haciendo difícil el diagnóstico de sus trastornos de fondo.

Por este motivo consideramos recomendable utilizar la inducción deliberada del estado hipnótico, como un “tratamiento de prueba”, para eliminar rápidamente las manifestaciones de ansiedad. Desprendida esta superestructura, podrá verse si hay o no otros trastornos, frente a los cuales debe hacerse el diagnóstico que orientará el tratamiento ulterior del caso.

Un cuadro similar de ansiedad puede sobrevenir en el adulto cuando éste experimenta una emoción alteradora de inusitada violencia. Son muy típicos ciertos casos de “neurosis de guerra”. En la vida corriente puede encontrarse una infinidad de situaciones análogas en cuanto a fuertes choques emotivos, los que son seguidos por una estabilización emocional espontánea si la persona que los ha experimentado tiene suficiente madurez emocional, o se estabiliza con la ayuda de psicoterapeutas improvisados: amigos, sacerdotes, vecinos, o personas extrañas que resultan ser comprensivas.

De igual modo que los niños, los adultos con ansiedad que encuentran necesario recurrir al psicoterapeuta especializado mejora en forma espectacular cuando el terapeuta establece una relación hipnótica con ellos.

4. Criterio de curación

En uno de los capítulos precedentes hemos señalado que hay más de cincuenta y seis escuelas y orientaciones psicoterapéuticas diferentes y mutuamente irreconciliables. Estas diferentes escuelas, y aun los terapeutas individuales de cada escuela, suele tener sus convicciones propias acerca de lo que se debe comprender por curación de trastornos psicológicos.

Por ejemplo, unos afirman que el enfermo con trastornos de origen psíquico puede ser considerado curado cuando ha adquirido la “comprensión íntima” de sus recuerdos sexuales infantiles. Para otros, el requisito imprescindible para la curación es la comprensión de las frustraciones en la lucha por el poder y el éxito. Unos terceros postula que la curación se caracteriza por la comprensión de los conflictos vinculados al Inconsciente Colectivo. Para todos los criterios mencionados la desaparición de los síntomas del enfermo no es tenida en cuenta en el reconocimiento de su curación.

Contrariamente a estas opiniones, otros han dicho que la autocomprensión es un hecho colateral, que puede tener lugar en el enfermo curado, pero que no es de modo alguno el factor decisivo o característico de la curación (19).

El problema es abordado desde otro punto de vista por la escuela no-directiva, que procura definir la curación por medio de un índice derivado de una compleja tabulación que efectúa el terapeuta, registrando los cambios en la actitud y las opiniones del paciente en relación a sí mismo y su ambiente, que suelen tener e el proceso de la psicoterapia, al sobrevenir la “reorganización de la personalidad” del enfermo.

Es comprensible que exista una afirmación contraria, no menos significativa, indicando que la evolución de la mejoría de un enfermo con trastornos de origen psíquico, en cuanto a comportamiento, tono de sentimiento, ambición, sociabilidad, etc., es tan difícil, que no existe para ella ninguna medida disponible (20).

Finalmente, Masserman (21) declara que la curación consiste simplemente en lograr que el paciente se vuelva más feliz, más creador, y mejor adaptado a su medio social de lo que había estado previamente.
* * *

La curación de un enfermo con trastornos de origen psíquico no puede ser definida por nadie más que por el enfermo, salvo en casos muy especiales. Como regla general, el paciente viene al consultorio por su propia voluntad. Ya sabemos que una inmensa mayoría de las personas con trastornos psicológicos no llegan al psicoterapeuta, sino se benefician de la acción preventiva o curativa de sus relaciones hipnóticas de la vida diaria. Sólo la fracción insignificante de personas psicológicamente perturbadas que, por una razón u otra, no han logrado establecer relaciones interpersonales constructivas en su vida diaria, se encuentran en la necesidad de recurrir al psicoterapeuta para su curación.

El individuo que viene a consultar a un psicoterapeuta profesional invariablemente ya tiene su propia representación mental de su enfermedad, como también de la curación que aspira a alcanzar, y muchas veces, hasta del proceder terapéutico que desea que se aplique en su caso. Ya insistimos en que el enfermo es el factor decisivo en su propia curación, necesitando la ayuda del psicoterapeuta solamente para readquirir el poder de movilizar sus propias fuerzas de recuperación y desarrollo. Para que la ayuda del terapeuta sea eficaz, es muy importante que éste sea capaz de comprender los puntos de vista y las necesidades individuales de cada paciente y de adaptarse a ellos, aun al extremo de permitir que el enfermo intervenga e la fijación de la frecuencia y de la duración de las entrevistas terapéuticas.

El propio paciente juzga la utilidad que tiene para él la ayuda del terapeuta, y si dicha ayuda no concuerda con la que él cree necesitar, abandona el tratamiento. Este abandono de tratamiento también puede tener lugar cuando el paciente ha alcanzado la mejoría que se había representado, independientemente de si el terapeuta lo cree curado o no*.
(*Tal mejoría puede ser debida al terapeuta o a un cambio en el ambiente de la vida diaria del paciente, con establecimiento de una relación interpersonal constructiva que complementa o suple la relación con el terapeuta.)

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Una misma desviación de la normalidad puede ser en unos casos el síntoma de un trastorno psicológico emocional actual y en otros una mera peculiaridad de la personalidad del individuo, teniendo un origen remoto en un trastorno emocional de su pasado.

Para exponer más claramente esta situación, analizaremos la anormalidad del habla que se denomina tartamudez, la cual se presta muy bien a la observación tanto objetiva como subjetiva, a diferencia de los malestares o dolores, que sólo puede ser apreciados subjetivamente por quien los sufre.

Los trastornos emocionales tienen su origen en la infancia, debiéndose a una alteración del balance emocional, cuyas diferentes modalidades ya hemos descrito. En el 90 % de los casos la tartamudez se inicia antes de los diez años de edad.


Como resultado de dicha alteración del balance emocional, el individuo experimenta, en mayor o menor grado, un tono de sentimiento marcadamente displacentero, con una tensión física que puede manifestarse por diferentes síntomas, tales como las alteraciones del funcionamiento visceral, entre las cuales se incluye la tartamudez, que rara vez se presenta sola, asociándose por lo general a otras manifestaciones diversas.

La tartamudez con estado de tensión emocional resulta muy penosa, y dificulta el desempeño eficiente del individuo en su medio. Con ello se establece un círculo vicioso, en el cual el individuo tartamudea porque está emocionalmente trastornado, y a la vez sufre un empeoramiento de sus disturbios emocionales a causa de su tartamudez.

En estas condiciones, el individuo desea librarse de su mal, y la psicoterapia puede ser aplicada con éxito, corrigiendo el disturbio del balance emocional mediante el aporte de emociones apropiadas, lo cual hace desaparecer la tensión del paciente, y con ello el síntoma correspondiente.

Por otro lado, hay tartamudeces que se mantienen en ausencia de trastornos emocionales, correspondiendo a lo que Rosenzweig (22) ha llamado un hábito de naturaleza casi mecánica, o una asociación parásita, que perdura más allá del período en que fue acusado por un determinado trastorno.

En estos casos, la tartamudez suele presentarse sin los síntomas que la acompañan en los casos del grupo precedente, siendo a la vez mucho menos severa que la de enfermos emocionalmente trastornados. Dicha tartamudez se manifiesta en forma intermitente, sólo en determinadas ocasiones, o en presencia de ciertas personas. En algunos casos puede suceder que el individuo ni siquiera haya reconocido su condición de tartamudo. Otros, habiendo reconocido su anormalidad, no le dan importancia alguna. Así, hemos visto personas adultas con tartamudez de diferentes grados de intensidad, que venía impulsadas o traídas por sus parientes, y manifestaban en la primera o segunda entrevista que su peculiaridad no les causaba ningún trastorno, pues podían trabajar, tener amigos, divertirse, etc., pese a ella, y que sólo la insistencia de otros les había obligado a consultar. Comúnmente tales personas o suelen tener ningún interés personal en ser ayudadas a curarse, salvo cuando las circunstancias de su vida hacen que su anormalidad les resulte molesta. Aun así el método de tratamiento que requieren es muy diferente del que se aplica al primer grupo, consistiendo sólo en una información adecuada y la auto-educación del paciente. Los resultados serán tanto más rápidos y mejores cuanto mayor sea el deseo de librarse de su hábito molesto. Muchos tartamudos curan por sí solos cuando sobreviene un cambio en su medio ambiente.

El factor que originariamente desencadenó la tartamudez en ambas categorías de personas era el mismo: un trastorno emocional. Pero una parte de los individuos pudo lograr la normalización de su balance emocional gracias a un cambio de sus relaciones interpersonales hipnóticas de la vida diaria, con lo cual desaparecieron todos los síntomas que acompañaban la tartamudez, y ésta misma, en los casos en que no desapareció, se modificó radicalmente, dejando de ser sistemática y manifestándose sólo en algunas ocasiones.

La naturaleza de esta tartamudez residual es fácilmente explicable, porque su comienzo en un trastorno emocional tuvo lugar en un período temprano de la vida, cuando era particularmente activo el proceso de educación y formación de la personalidad del individuo, con elaboración de reflejos condicionados, adquisición de hábitos, etc. La persona pudo incorporar en su personalidad la tendencia a reaccionar con tartamudez a determinados estímulos en determinadas circunstancias, a la manera de un reflejo condicionado (23).

Puede suceder, en algunos casos, que la psicoterapia logre hacer desaparecer la tartamudez severa, incapacitante y penosa, vinculada a un trastorno emocional, pero deje sólo algunos aspectos de la misma, con características de un reflejo condicionado mecánico, mucho más leves y llevaderos, que podrán desaparecer espontáneamente con el tiempo. Para describir más claramente esta situación presentaremos un caso clínico.

El niño S. R., de 12 años de edad, nos fue traído por una tartamudez extremadamente marcada, que le impedía hablar o leer siquiera unas palabras en la escuela, por lo cual la maestra creía que era imposible enseñarle. Tartamudeando constantemente, el chico tenía grandes dificultades para conversar con sus hermanos o compañeros, recibiendo burlas continuas de ellos. No podía siquiera hacer los mandados más sencillos que requerían expresión verbal. A la vez tenía terrores nocturnos. Todo esto le resultaba muy penoso, teniendo él grandes deseos de curar.

El muchacho provenía de un pequeño pueblo de campaña, siendo el hijo menor de una familia campesina, compuesta por el padre y diez hermanos, habiendo fallecido la madre cuando él tenía cuatro años de edad. El padre era peón de estancia y los hijos se criaron prácticamente solos, yendo a trabajar a medida que iban creciendo. Nuestro paciente trabajaba como pastorcillo desde los cinco años de edad. El padre sólo intervenía en la crianza de los chicos para administrarles castigos.

Se nos dijo que la tartamudez había empezado a los seis años de edad, cuando el niño había sido asustado por un hermano disfrazado. Es corriente que se atribuya el origen de una tartamudez a un episodio específico que queda grabado en la memoria, pero al interrogar con más cuidado, se suele averiguar que la anormalidad en el habla había precedido al episodio. Así, en nuestro caso, la hermana de 36 años de edad pudo recordar que el chico había tartamudeado antes de haber tenido el susto referido. En la familia había un tío tartamudo.

El niño era muy retraído, o agradándole la compañía de otros chicos, y prefiriendo estar entre ovejas, petisos y perros, a los que les gustaba mucho acariciar.

Habiendo aquí una insuficiencia franca de relaciones interpersonales emocionalmente estabilizadoras, reconocimos que el caso se prestaba para una psicoterapia exitosa Un hecho muy favorable era que el niño iba a dejar el ambiente en el cual había presentado su tartamudez más penosa, yendo a vivir a la ciudad, en casa de una hermana, mientras se hacía su tratamiento. Estaba muy entusiasmado con el plan de ir a la escuela y aprender un oficio en la ciudad, una vez lograda su curación.

La psicoterapia consistió en inducir el estado emocional hipnótico mediante un procedimiento de “relajación”, proponiendo a un paciente que aprovechase este agradable estado como le pareciese mejor: pudiendo hablar, hacer preguntas, recordar hechos agradables, etc., sin temor alguno. Le aconsejamos que, para su curación más rápida, hiciese esta misma relajación en su casa, asociándola a sus recuerdos de momentos tranquilos y placenteros, tales como el de acariciar a su petiso predilecto, pasear por el monte, u otros momentos gratos de su vida que le viniesen a la mente. Podía hacerlo sentado o recostado, en su cama, bajo un árbol, etc. Con esto, procurábamos que desarrollase en sí mismo un estado auto-hipnótico, como medio importante de estabilización emocional.

Prevenimos al chico que podía tener no sólo mejoría, sino también empeoramiento en el curso de su tratamiento, lo cual no le debía preocupar. Las sesiones se realizarían primeramente tres veces por semana, hasta que él mismo indicase la conveniencia de espaciarlas, de acuerdo a sus necesidades y su mejoría.

En la decimonovena sesión, al cabo de seis semanas de tratamiento, el chico nos comunicó que se sentía mucho menos tenso, que había dejado de tener terrores nocturnos, y que ya podía leer en voz alta estado solo, lo que no había podido hacer antes. Los ejercicios de relajación que hacía en su casa le estaban ayudando mucho. Por estos motivos, creía que las sesiones siguientes podrían hacerse una vez por semana. Luego, al cabo de cuatro semanas, declaró que le sería suficiente venir cada catorce días. A los cuatro meses del comienzo del tratamiento, habiendo recibido un total de veintiséis sesiones, el paciente vino con su hermana a agradecernos, diciendo que se consideraba curado porque ya había podido viajar en ómnibus, hacer compras, conversar sin dificultad con otros chicos, leer en presencia de su hermana y personas extrañas, etc., no habiendo tartamudeado en absoluto en las últimas dos semanas.

Este niño había alcanzado la meta que se había propuesto y se consideraba curado, no deseando recibir más psicoterapia. Su trastorno emocional, y la tartamudez vinculada a éste, habían desaparecido.

Dijimos al niño, como acostumbramos a decir a todo paciente, que viniese a vernos siempre que encontrase necesidad de hacerlo, y que nos agradaría recibir noticias de él. A los once meses de haberse terminado el tratamiento vino a decirnos que se encontraba muy bien, hablaba sin dificultad, había recibido buenas clasificaciones en su nueva escuela, y tenía el propósito de ir a visitar a su padre, a la maestra de su escuela de campaña, y a sus viejos conocidos, para que viesen cómo había cambiado.

¿Estaba curado este niño? Decimos que sí porque el chico había logrado su meta de ser una persona capaz de hablar normalmente, tanto en la escuela como con todas las personas a quienes debía tratar en su vida diaria, aumentando con ello su felicidad personal y su eficiencia.

Este resultado no fue logrado exclusivamente por la psicoterapia realizada por nosotros, sino que se debió a la acción conjunta de nuestra psicoterapia, más el ambiente favorable en que el paciente había establecido sus relaciones hipnóticas principales, más su propia capacitación para lograr el estado emocional autohipnótico para su estabilización emocional.

Al llegar a su pueblo natal, el chico habló sin dificultad con sus hermanos, su maestra y sus amigos; el padre no estaba en la casa, volviendo recién a los cuatro días de su estadía. Al dirigir la palabra al padre, el niño tartamudeo. Este hecho lo alarmó intensamente, por lo cual decidió volver en seguida a la ciudad. Al llegar tartamudeo un poco con su hermana, y vino a consultarnos, deprimido y desalentado, creyendo que no estaba curado y tartamudeaba de nuevo.

Explicamos al paciente y a su hermana, en términos comprensibles para su nivel cultural, que algunas veces los tartamudos adquieren una costumbre de tartamudear sólo con ciertas personas o en ciertas circunstancias especiales, la cual persiste un tiempo después de haberse logrado su curación, desapareciendo gradualmente. Aclaramos que la tartamudez que este chico había tenido frente al padre no indicaba de modo alguno una recaída de su enfermedad, pues el niño podía seguir estudiando y desempeñándose en la ciudad tan bien como lo había hecho en los once meses precedentes. Quizás al volver a ver a su padre tartamudearía un poco nuevamente, pero esta tartamudez será cada vez menos marcada, hasta desaparecer por completo.

Una sola sesión psicoterapéutica fue suficiente para normalizar emocionalmente al paciente. Luego, al cabo de un año, supimos que el chico había tenido una muy ligera tartamudez cuando visitó de nuevo a su padre, pero que ésta no lo había preocupado en absoluto, y que no recordaba ninguna otra ocasión en que hubiese tartamudeado en todo este período de tiempo.

Era evidente que dicha tartamudez en presencia del padre no correspondía a ningún trastorno emocional, sino a un mero reflejo condicionado en vías de desaparición.

La explicación que dimos al paciente tuvo un gran valor profiláctico, pues evitó que la tartamudez pasajera que tuvo en circunstancias especiales se convirtiese en causa de disturbio emocional, desencadenando un círculo vicioso entre éste y la tartamudez. Las explicaciones de esta índole deben ser dadas necesariamente a los enfermos, con fines de prevención.

Merece destacarse además la importancia del cambio de ambiente que tuvo el enfermo. ¿Qué hubiera sucedido si hubiésemos emprendido el tratamiento de S. R. sin que el chico se hubiese separado del padre? Basándonos en nuestra experiencia con casos similares, podemos decir que la curación hubiera sido muy problemática. Por un lado, la relación hipnótica principal entre el niño y su padre hubiera ejecido una acción mucho más potente sobre el estado emocional del paciente que su relación hipnótica secundaria con nosotros. Por otro lado, aun en el mejor de los casos, la persistencia de la costumbre de tartamudear en presencia del padre hubiera dado la impresión de no haber mejoría, lo que hubiera impedido que la psicoterapia redujese la tensión emocional.

Resulta muy fácil diagnosticar desde un comienzo todos los factores que intervienen en el mantenimiento de una tartamudez, y sobre todo prever la posibilidad de que pueda quedar un segundo estrato de tartamudez de tipo hábito o reflejo condicionado, etc., al haberse eliminado la tartamudez por trastorno emocional.

* * *

Todo lo que acabamos de decir acerca de los mecanismos de mantenimiento y el proceso de curación de la tartamudez, puede ser extendido a un número considerable de síntomas originados en un disturbio emocional.

Repetimos que la psicoterapia no puede convertir a las personas en seres totalmente indiferentes a la emoción. Tampoco puede transformar su personalidad. Las posibilidades de la psicoterapia se limitan a lograr que el individuo normalice su balance emocional, con lo cual se corrigen los síntomas resultantes de la alteración de dicho balance, y a la vez, a ejercer una acción preventiva para el futuro, mediante una mejor capacitación de la persona para mantener su normalidad emocional frente a las agresiones, frustraciones, etc., corrientes de la vida cotidiana. Esto no descarta que en circunstancias excepcionales de emociones violentas o persistentes particularmente difíciles de sobrellevar, el individuo puede necesitar de la ayuda de sus relaciones hipnóticas en su ambiente habitual para el restablecimiento de su normalidad emocional y, en caso de faltarle esta ayuda, tener que recurrir a un psicoterapeuta, como cualquier otra persona que hasta el momento no ha tenido necesidad de recibir psicoterapia profesional.

Para lograr una curación así comprendida, el psicoterapeuta combina tres vías simultáneas de acción como mejor viene al caso: el establecimiento de una relación interpersonal hipnótica constructiva con el paciente, la tentativa de atraer la ayuda de las relaciones interpersonales hipnóticas del paciente en su vida diaria a favor del proceso psicoterapéutico (neutralizando unas relaciones y estimulando otras durante el período de tratamiento), y el desarrollo de las asociaciones del paciente a la entrada en estado autohipnótico para la estabilización de su estado emocional.

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VII-UN NUEVO ENFOQUE DE LA HIPNOSIS EXPERIMENTAL

VII

UN NUEVO ENFOQUE DE LA HIPNOSIS EXPERIMENTAL Y TERAPÉUTICA

(Publicado En “The British Journal of Medical Hypnotism”, Vol.XIII, N° 3, 1961, bajo el título: A New Approach to Clinical and Experimental Hypnosis. Agradecemos a dicha Revista el permiso para la reimpresión)

En el presente capítulo queremos considerar la hipnosis de tipo “humano” o “positivo” inducida en el perro.
Bajo el término “hipnosis de tipo humano en el perro” comprendemos la inducción hipnótica por estimulación de reacciones emocionales tranquilizadoras o “trofotropas”.

Creemos que se trata de un enfoque completamente nuevo en la hipnosis animal, pues no hemos hallado referencia alguna a estos hechos en la bibliografía clásica y contemporánea.

Lo que suele denominarse en la bibliografía existente “hipnosis animal” no es más que el resultado de la estimulación de una reacción emocional alteradora en los animales, principalmente de alarma y terror.

El primero en prestar atención a la modalidad de hipnosis que resulta de una emoción alteradora, fue Atanasio Kircher, al describir en 1646 su “experimentum mirabile” consistente en colocar a un animal en una posición antinatural por medio de una maniobra enérgica que impide toda resistencia, y mantenerlo en tal posición durante un breve período de tiempo. Como resultado, el animal se inmoviliza y permanece en la misma posición, inclusive durante horas, después de haberse suprimido la restricción. Este comportamiento recibió varios nombres, tales como hipnosis animal, catalepsia, cataplexia, catatonia, thanatosis, aquinesia, simulación de muerte, autodefensa, etc.

Kircher interpretó este fenómeno como efecto del susto y terror experimentado por el animal. Tal explicación fue aceptada por muchos investigadores, como Preyer (1873), Plath (1876), Babak (1917), Steiniger (1941) y otros.

Las siguientes palabras de Pavlov (1): “Evidentemente, el aterrorizarse ante un gran temor no es más que el reflejo recién descrito”, que figura en su artículo “Sobre la llamada hipnosis de los animales”, indican claramente que dicho autor aceptaba la explicación de Kircher, si bien añadía la explicación de que la tal llamada “hipnosis animal” constituye un reflejo autodefensivo de carácter inhibitorio”.

Pavlov agrega en el mismo artículo, que la reacción de inmovilización del animal no ha de ser necesariamente global de todo el organismo, sino puede tener diferentes grados, dependiendo de la fuerza y duración del estímulo. Así algunos animales conservan los reflejos de los músculos oculares, pudiendo seguir con sus ojos los movimientos del experimentador. También pueden conservarse las respuestas salivales, de modo que el animal, al ver que se le trae comida, comienza a segregar saliva, aunque no puede realizar movimientos para ingerirla. Algunos animales conservan los reflejos tónicos, manteniendo la posición que les fue conferida, es decir, un estado de catalepsia. Otros animales presentan una relajación general de la musculatura.

Las “técnicas“ de inducción hipnótica en los animales son numerosas y variadas. Pero estas técnicas solamente se refieren a la estimulación de emociones alteradoras. Entre muchos otros procedimientos, pueden citarse los que consisten en imprimir bruscamente una posición antinatural, por ejemplo de decúbito dorsal, en sujetar el animal a un eje y hacerlo girar, en atemorizarlo por cualquier medio, proyectando una luz intensa ante él, haciendo un ruido fuerte e inesperado, como el de golpear las manos frente a un conejo (2), etc. El proceder que ha adquirido más notoriedad consiste en desencadenar los “reflejos condicionados retardados” de la experimentación de Pavlov, dándole al animal marcadamente hambriento la señal significativa de que recibirá comida, y no proporcionándole dicho alimento

Es de especial interés la descripción que hace Pavlov (1) de un perro que él tomó para una demostración ante un auditorio, destacando que “el ambiente extraño y complejo causó, sin duda alguna, tal impresión en el animal, que éste se puso rígido y temblaba...y después de un breve lapso quedó dormido sobre el banco, con su musculatura esquelética relajada”. Este caso figura como un típico ejemplo de “hipnosis animal”.

Rickman (3) obtenía el estado “cataléptico” en perros atados a un caballete valiéndose de diferentes estímulos simultáneos, tales como: 1) estallidos similares al disparo; 2) aparición repentina de una figura extraordinaria con abrigo de piel y máscara; 3) encendido de pólvora cerca del animal; 4) balanceo de la plataforma que sostenía al perro. Como resultado de estos fuertes estímulos, obrando simultáneamente en el transcurso de 45 segundos, el animal pegaba un respingo y quedaba inmovilizado con las extremidades enderezadas, la cabeza flexionada hacia atrás, los ojos abiertos, la musculatura en general tensa, la respiración dificultosa. Esto era referido a un estado hipnótico.

Recientemente, Sobrad (4) ha obtenido la “hipnosis animal” atando a un eje sapos, lagartijas, conejos, ratas, gallinas, etc., imprimiéndoles un rápido movimiento rotatorio, con lo cual sobrevenía una catalepsia y otros fenómenos.

Podría continuarse largamente la lista de ejemplos de “técnicas” de inducción hipnótica, con las más variadas y contradictorias explicaciones teóricas del estado hipnótico resultante. Pero, lo más notable, es que una estimulación análoga de reacciones emocionales súbitas, por la alarma, el miedo, el terror, etc., produce un comportamiento psicofisiológico muy similar en los seres humanos, el cual prácticamente sería imposible de explicar sin tomar en consideración los factores subjetivos.

La historia del hipnotismo humano comenzó precisamente con la observación del comportamiento extraño de seres humanos en circunstancias propicias para el desencadenamiento de reacciones emocionales intensas de tipo alterador.

Entre las figuras destacadas de la historia de la hipnosis, puede recordarse al Padre Gassner apareciendo con impresionante ropaje negro, blandiendo un crucifijo, y haciendo que sus sujetos presentasen gemidos, crispaciones, sudores, catalepsias, etc., cayendo muchas veces en un estado lipotímico.

Similarmente Mesmer, en el apogeo de su fama, causaba en sus sujetos la misma reacción que el Padre Gassner, denominándola una “crisis salutaria”. Es muy significativo que el Abate Faría (5), al comentar en 1819 estas “crisis salutarias” de los pacientes de Mesmer, manifestadas por espasmos, crispaciones, convulsiones, sofocaciones, etc., haya declarado que dichas crisis no resultaban de modo alguno de un “magnetismo animal”, sino del temor pánico que se apoderaba de las personas.

Lo mismo puede decirse de los pacientes de James Braid, quienes reaccionaban a la actitud autoritaria con que él aplicaba el procedimiento de “fijación de la mirada”, presentando rigidez tónica general, catalepsias limitadas, aceleración del pulso, dilatación de la pupila, etc., es decir, manifestaciones de una reacción neurovegetativa predominantemente simpática, propias de las emociones alteradoras.

más adelante, Charcot aplicó en la clínica de la Salpêtriére como “técnicas” de inducción hipnóticas, diversos procedimientos causantes de alarma súbita, como por ejemplo u golpe fuerte y súbito de gong detrás de la cabeza de un sujeto totalmente desprevenido, la explosión de un paquete de pólvora de algodón, etc. Con estos procedimientos, los sujetos desarrollaban una reacción emocional intensa con presentación de catalepsia espontánea y otros diversos “fenómenos hipnóticos”.

Diferentes autores han descrito hechos semejantes que sobrevienen en la vida cotidiana, como, por ejemplo, en casos de espanto por el rayo.

En otro trabajo (6) hemos destacado la identidad de la “hipnosis animal” obtenida por Pavlov al aplicar su procedimiento de “reflejos condicionados retardados”, con el cuadro presentado por prisioneros de guerra hambrientos que tenían la expectativa de una inminente obtención de alimento y no lo recibían.

El común denominador de todas las variadas situaciones arriba descritas, que afectan ya sea al hombre o a los animales, en un ambiente de experimentación o en circunstancias de la vida diaria, es evidentemente el hecho de que en ellas se desencadena una reacción emocional intensa de modalidad alteradora.

No es aceptable la explicación de Sobrad (4) de que la hipnosis animal obtenida por su proceder de atar a los animales y hacerlos rotar, corresponda a “un proceso reflexógeno desencadenado por la irritación del organismo por el mundo externo, donde la participación de factores subjetivos no desempeña papel alguno”. Según Sobrad, se trataría simplemente de una adaptación postural resultante de “aceleraciones angulares que causan una estimulación vestibular”. Pero, cuando se efectúan pruebas o adiestramientos a aviadores, haciéndolos girar sujetos en diversas posiciones y con diferentes velocidades, no se desencadena la reacción psicofisiológica equivalente a la “hipnosis animal” lograda por Svorad. En cambio, esta misma reacción de hipnosis animal se presenta típicamente en personas que experimentan una fuerte reacción emocional ante la inminencia o producción de un accidente de aviación. Aparecen en tales casos variados fenómenos hipnóticos, incluyendo la catalepsia global.

Con respecto a la hiposis animal, tampoco es aceptable la afirmación de Pavlov de que se trata de un “reflejo autodefensivo de carácter inhibitorio”.

El siguiente ejemplo, dado por Ayarragaray (7), resulta muy informativo: “...un día un mongol, no teniendo armas para matar a un prisionero, le ordenó quedara acostado en tierra, mientras él trataba de buscar una espada. Cuando volvió para degollar a su víctima, encontró al desgraciado que le esperaba paralizado, sin tratar de huir”. Esta persona, que había tenido todas las posibilidades para escapar al peligro, obviamente no se benefició para nada del supuesto “reflejo autodefensivo” que, a nuestro parecer, no merece tal denominación.

Para comparación puede tomarse el caso mencionado por Volgyesi (8) de un gorrión que entró en estado estuporoso al ser capturado por un gato.

En las variadas circunstancias que acabamos de mencionar, no sobreviene necesariamente en la totalidad de los individuos, humanos o animales, el supuesto “reflejo autodefensivo” a modo de una catalepsia global. Las reacciones difieren considerablemente, interviniendo un importante factor de idiosincrasia individual. Ya hemos indicado que el propio Pavlov había destacado que la “reacción de inmovilización del animal” puede tener diferentes grados y puede estar acompañada de diferentes cambios en el funcionamiento orgánico.

Aparte de la catalepsia, se puede observar en los seres humanos o en animales expuestos a las situaciones arriba descritas otras manifestaciones de índole neurovegetativa, como ser la emisión de orina, la defecación, las erecciones, las eyaculaciones, etc., etc. Eso fue comprobado repetidamente en la experimentación de Pavlov sobre “hipnosis animal”.

Volgyesi (8) describe en su trabajo “Dolor e Hipnosis” cómo los animales vacunos, suinos, etc., que se encuentran en los mataderos tienen el “horror a la ejecución” que presencian y esperan, presentando aparte de otros síntomas, erecciones, orgasmos, eyaculaciones, etc.

Las micciones involuntarias, eyaculaciones, erecciones, etc., son hechos conocidos en los interrogatorios policiales donde se aplican severos castigos corporales. Las personas fuertemente atemorizadas no suelen sentir el dolor de estos castigos, pero presentan las citadas reacciones vegetativas, en plena analogía con los animales de experimentación, por ejemplo perros.

Tales manifestaciones tienen lugar no solamente en los mataderos y los interrogatorios policiales, o en la “hipnosis animal” de Pavlov y otros, sino también han sido observadas por muchos hipnólogos en el curso de inducciones hipnóticas de tipo alterador seres humanos. Así, recientemente el autor ha tenido información de un odontólogo de Argentina, Dr. E., que, al aplicar un procedimiento autoritario recomendado por Woolman y Jacoby (9) (consistente en tomar a un niño rebelde bruscamente de los brazos, sentarlo con cierta violencia en el sillón y darle la orden imperativa “DUERME”), obtuvo en u niño de 7 años de edad un estado cataléptico que permitió realizar durante media hora en forma indolora un trabajo odontológico habitualmente penoso. Pero al terminar este trabajo se observó que en el sillón y el piso había un charco de orina.

También nos relató u médico de Montevideo, Dr. C., que hacía unos años, mientras era estudiante de Preparatorio, él había concurrido a una demostración de hipnotismo teatral con la creencia de que la hipnosis resultaba de alguna fuerza misteriosa. Cuando fue elegido por el hipnotizador para pasar al escenario, se apoderó de él un gran temor que lo dejó como paralizado. Luego, al levantarle el hipnotizador la mano, mostrando al auditorio su catalepsia de brazo, el futuro doctor experimentó una erección y eyaculación.

Este mismo médico recuerda que algo muy similar le sucedió sus tiempos de estudiante de Facultad: al ser llamado a rendir un examen, él se levantó súbitamente y tuvo una extraña vivencia que ahora le resulta difícil describir, caracterizada por amnesia e incapacidad para abrir la boca y responder a los examinadores, teniendo también en estas circunstancias una eyaculación. Encuentra que su reacción era la misma frente al hipnotizador teatral y frente a los profesores.

Interesado e estos hechos, el autor ha conversado con varios hipnotizadores teatrales, algunos de los cuales observaron casos aislados de tales reacciones en sus sujetos.

La finalidad de nuestro trabajo es mostrar la identidad del estado hipnótico de una u otra modalidad en los animales y en los seres humanos.
Hasta ahora hemos insistido solamente en las reacciones emocionales alteradoras, causando el estado hipnótico de tipo “negativo”. Repetimos que, históricamente, el hipnotismo atrajo atención sobre sí por este tipo de reacciones emocionales “negativas” tanto en seres humanos como en animales.

La hipnosis tranquilizadora o “estabilizadora” en seres humanos recién comenzó a ser desarrollada casualmente por la Escuela de Nancy, donde se hizo uso de estímulos suaves y arrulladores.

Para nuestra experimentación, partimos de la base de un concepto ya expuesto en nuestros trabajos precedentes: que el estado hipnótico de tipo positivo más primitivo y simple es el estado que experimenta un infante al recibir las caricias y los arrullos maternos en el momento en que los necesita (10, 11).

Efectuamos nuestros experimentos sobre dos perras de raza mixta, de 6 a 4 años de edad, y 32 y 35 kilos de peso respectivamente. Ambas han estado con nosotros desde que tenía tres semanas de edad. Primeramente, nuestros intentos de inducir un estado hipnótico “positivo” con caricias y voz suave, en los momentos que resultaba convenientes para nosotros, no dieron resultado, hasta que un día tuvo lugar una feliz coincidencia.

Una de estas perras, Maschka, es muy temerosa de las tormentas, durante las cuales se agita, corre descontroladamente por el jardín, gime, ladra en dirección del relámpago o trueno, etc. En el comienzo de una de tales tormentas, Maschka (que normalmente vive en una casilla fuera de la casa) empezó a agitarse y nosotros la dejamos entrar en la casa, la acostamos sobre un costado y empezamos a hablarle suavemente, acariciándole el lomo y el vientre. Al principio, ella reaccionaba con una ligera sacudida a cada golpe de trueno, pero después de 1-2 minutos, se fue apaciguando, hasta que, al cabo de cinco minutos, quedó completamente indiferente a los estímulos de la tormenta, presentando a la vez una respiración enlentecida. Tuvimos la impresión de que Maschka había entrado en un estado hipnótico profundo de tipo positivo, en nada diferente del estado que solemos obtener con el mismo procedimiento en nuestros pacientes.

Para confirmar esta impresión, hicimos una serie de pruebas, comenzando por la consabida prueba de pinchar con una aguja en distintas partes del cuerpo para comprobar la analgesia.

La perra no reaccionó en absoluto a estos pinchazos. No había duda que ella había adquirido espontáneamente la analgesia que constituye una de las características intrínsecas del estado hipnótico profundo*
(*Nos resultó de gran interés el relato que nos hizo el Prof. Elías Milies, de la facultad de medicina de Montevideo, quie en el curso de sus investigaciones fisiológicas e la Universidad de Harvard (E.E.U.U.), pudo mantener a u perro durante 6-8 horas e una posición incómoda de decúbito dorsal y llevar a cabo maniobras tan penosas como un cateterismo uretral, un cateterismo yugular, etc., si que el animal sufriese, por el simple procedimiento de aplicar repetidamente suaves roces a modo de caricias y de hablar al animal con voz tranquilizadora.)

Después de haber encontrado la vía para la inducción hipnótica en nuestra perra**, aprovechamos varias situaciones para este fin, como el comienzo de las tormentas, una enfermedad del animal, una separación de nosotros durante varios días.

(**Es sabido que, salvo en el caso especial de personas hipnófilas, la hipnotizabilidad es muy inconstante, dependiendo del estado psicofisiológico en que se encuentra el organismo en un determinado momento. Para poder inducir el estado hipnótico positivo mediante caricias y arrullos, es fundamental que el individuo tenga necesidad de caricias y arrullos en dicho momento. Así se explica la elevada hipnotizabilidad de enfermos graves, de personas exhaustas, en el período postoperatorio, etc., etc. Como dice Volgyesi (8), tales personas enfermas o debilitadas constituyen los mejores mediums. Precisamente, la posibilidad de inducir el estado hipnótico en Maschka surgía de su necesidad psicofisiológica de recibir nuestra actitud tranquilizadora.)

Realizamos en total seis inducciones hipnóticas con Maschka, las cuales nos demostraron una gran semejanza, en lo esencial, de este tipo de hipnosis en los animales y en los seres humanos. A continuación resumimos las conclusiones que resultan de estos experimentos:
1) El perro responde a la estimulación mediante una voz suavemente modulada, acompañada continuamente de roces leves sobre la pelambre del lomo y del costado, con el desarrollo de un estado hipnótico positivo, solamente cuando tiene necesidad de tales estímulos en las situaciones arriba mencionadas, como de temor, enfermedad, etc.

Estos estímulos deben ser aportados por una persona a quien el animal conoce bien y en quien confía. Si hay otra persona, poco conocida por el animal, presenciando el proceso de la inducción hipnótica, o si hay olores extraños, el perro solamente tiene momentos en que insinúa una entrada en estado hipnótico, pero sale repetidamente de este estado, por lo cual no da la posibilidad de realizar experimentos.

En situaciones análogas hay diferencias individuales en la hipnotizabilidad de los perros. La otra perra nuestra, Marquiza, desarrolló solamente un estado hipnótico muy liviano. Por esto nuestro principal “médium” fue Maschka, y fue sobre ella que efectuamos las observaciones a que nos estamos refiriendo. Ambos animales tienen evidentes diferencias de carácter, pese a ser hermanas: Maschka es muy sensible, muy emotiva, muy prolija, muy recelosa de extraños y, como ya indicamos, corre y ladra continuamente durante las tormentas. Marquiza, en cambio, es juguetona y tranquila, fácilmente establece amistad con todos y, durante las tormentas, permanece quieta en su casilla. Pavlov (1) comprobó en sus experimentos que los perros tienen una gran variedad de “tipos de sistema nerviosos”, con lo cual, evidentemente, han de variar sus reacciones emocionales y los fenómenos que presentan en los estados hipnóticos de uno u otro tipo. No dudamos que, al hacerse más extensa la experimentación sobre perros, se encontrarán los equivalentes típicos de los “hipnófilos” humanos.

2) En el estado hipnótico positivo así inducido, sobreviene una analgesia como fenómeno intrínseco. El animal tolera sin reaccionar en absoluto los pinchazos profundos en el vientre, la lengua, las orejas, las plantas de los pies, atravesándole una pata, etc.
Un hecho interesante es que el primer pinchazo suele desencadenar un reflejo cutáneo de contracciones fibrilares en dicha zona, sin que el perro salga del estado hipnótico. Los pinchazos siguientes en la misma región no determinan este reflejo. Pero, si antes de pinchar al perro se comprime suavemente la piel de ese lugar con el dedo o con un instrumento romo, el reflejo no se produce.

Este experimento con Maschka nos mostró claramente que la abolición del reflejo cutáneo al pinchazo bajo estado hipnótico no tiene nada que ver con la sugestionabilidad, siendo un efecto psicofisiológico intrínseco del estado hipnótico.

Para demostrar este hecho, el autor realizó e el Hospital de Clínicas de Montevideo el siguiente experimento: indujo el estado hipnótico en un individuo totalmente desconocido, quien se encontraba en el postoperatorio de una nefrectomía, logrando casi inmediatamente un estado hipnótico profundo.

Comprobado el estado hipnótico por la abolición del reflejo palpebral, se pinchó el dorso de la mano izquierda del sujeto después de haber comprimido ese lugar con el dedo, y no hubo ningún reflejo. Luego, para la otra mano, solamente se dio la sugestión de que no se sentiría nada. Pero el reflejo cutáneo se produjo inmediatamente. Tal experiencia fue repetida más de una docena de veces, en la clínica o e el consultorio psicoterapéutico, siempre con el mismo resultado.

¿No cometen un error de interpretación ciertos hipnólogos cuando tocan con su mano la región que van a pinchar y, simultáneamente, dan la sugestión verbal: “En esta región usted no sentirá nada”, atribuyendo luego la ausencia de todo reflejo cutáneo a la sugestión verbal?

Merece destacarse además que los promotores de la hipnosis en el Brasil, el Hermano Vitricio (12), el Dr. Paulo Paixao y el Dr. Alberto L. Barreto, han elaborado especialmente una técnica para trabajos odontológicos bajo estado hipnótico, mostrando que la sugestión verbal en el estado hipnótico es completamente innecesaria para abolir el dolor, siendo suficiente que se haga, bajo este estado, toques especiales en las arcadas dentarias superior e inferior. Estos consisten en abarcar la arcada correspondiente entre pulgar e índice y ejercer una cierta compresión sobre ella. (A nuestro parecer, el fenómeno de la analgesia es intrínseco del estado hipnótico, y estos toques solamente hacen desaparecer el reflejo inicial a la estimulación dolorosa de cualquier índole.)

Es conocido el hecho de que, en las anestesias generales químicas, la incisión de la piel desencadena corrientemente un reflejo cutáneo. Algunos procuran eliminar este reflejo con una inyección local de novocaína. Aun en las operaciones quirúrgicas bajo el estado hipnótico, como la que ha sido publicada por Torres Norry y Chudnovsky (13), se ha procurado eliminar este reflejo con novocaína local.

Hemos pedido a varios cirujanos de Montevideo y Buenos Aires que al hacer operaciones bajo anestesia general, ensayasen el procedimiento de hacer desaparecer este reflejo cutáneo, no con novocaína, sino con una simple estimulación de la piel en la línea de incisión, mediante una compresión con un instrumento romo, inmediatamente antes de incindirla. Hemos recibido de varios cirujanos la confirmación de que el reflejo cutáneo queda abolido con esta maniobra.

3) Consideramos que para la determinación de la profundidad del estado hipnótico en el perro, de un modo siquiera relativo, se pueden reconocer tres fases. En la primera fase sobreviene una analgesia intrínseca al pinchazo, incluso profundo y en las partes más sensible del cuerpo. En la segunda fase queda muy disminuida o abolida la audición, y recién en la tercera fase hay disminución o abolición del olfato.

Cuando nuestra perra tenía una analgesia intrínseca completa, observamos que al tomar una de sus orejas con la mano (Maschka tienen normalmente orejas paradas), sobrevenía al instante un movimiento para liberar esa oreja. Al mismo tiempo la perra no hacía caso alguno de cinco agujas atravesándole la oreja, pero bastaba decir suavemente “¡Maschka!” para que ella abriese los ojos.

Al encontrarse que el animal no reacciona cuando se le agarra la oreja, admitimos que ha pasado a una fase más profunda del estado hipnótico. En esta fase llamamos a nuestra perra por el nombre, y ella no respondía.

Si en esta segunda fase, con neta disminución de la audición, acercábamos un cigarrillo encendido a la pelambre del vientre de Maschka y el pelo empezaba a quemarse, la perra reaccionaba levantando ligeramente la cabeza y dirigiéndola hacia el sitio de donde venía el olor a quemado. Pero si aplicábamos a su piel una cuchara recién retirada del agua hirviendo, la perra no le pretaba atención alguna, pese a que luego aparecía una quemadura.

No hemos podido obtener en Maschka la abolición completa del olfato, aunque sí una disminución.

Quienes practican la hipnosis clínica comprueban fácilmente que bajo el estado hipnótico coexiste, como hecho normal, la analgesia intrínseca y la conservación de la audición. Un sujeto a quien se pincha, o extrae una muela sin dolor, suele oír todo lo que ocurre a su alrededor, si bien ole presta atención. En nuestro trabajo psicoterapéutico corrientemente prevenimos a los sujetos que no esperen encontrarse “fuera de este mundo” en el estado hipnótico, pues oirán todo loque ocurre, aunque ello les será indiferente. Hasta en el estado hipnótico más profundo, o estado estuporoso, hay cierto grado de audición.

4) la profundización del estado hipnótico no sobreviene en forma continuamente progresiva, sino con oscilaciones regulares o irregulares de profundidad que varían aún en el mismo individuo en diferentes sesiones hipnóticas. Estas oscilaciones posiblemente son determinadas por diferentes estímulos externos, aunque creemos que se trata, más bien, de una característica del propio proceso psicofisiológico del estado hipnótico.

Cuando, en la fase de analgesia (primera fase) tocábamos con el dedo el borde palpebral de la perra, observamos que había alternadamente momentos en que se producía el reflejo palpebral y momentos en que éste no se producía.

Comprobamos que la analgesia coincidía con la desaparición del reflejo palpebral. Al reinstalarse este reflejo, el perro volvía a reaccionar levemente al pinchazo, levantando la cabeza y bajándola inmediatamente.

Tales reapariciones del reflejo palpebral tienen lugar aún en las fases más profundas, si bien estos retornos son de menor duración y se producen más irregularmente. Esto muestra claramente que la profundización del estado hipnótico no es contigua sino que se caracteriza por oscilaciones de mayor y menor profundidad hipnótica. Tampoco se puede mantener invariablemente un determinado nivel de profundidad hipnótica.

Hemos empezado a utilizar el mismo índice del reflejo palpebral como única prueba del estado hipnótico en nuestra labor psicoterapéutica. Buscamos repetidamente este reflejo tocando levemente las pestañas del sujeto, y encontramos que las oscilaciones de aparición y desaparición del reflejo siempre tienen lugar, aunque ellas son muy diferentes según las personas. Algunos sujetos tienen períodos mucho más prolongados con desaparición de este reflejo que otros. Y aun la misma persona tiene diferencias en distintas sesiones hipnóticas.

Esta misma prueba se presta admirablemente para determinar la profundidad del estado hipnótico inducido para intervenciones quirúrgicas y trabajos odontológicos. Así, cuando la persona se encuentra en estado hipnótico, antes de realizar una maniobra que podría ser dolorosa, es necesario comprobar la no existencia del reflejo palpebral. En caso contrario, es preferible esperar unos momentos hasta que dicho reflejo desaparezca.

Si en la anestesia general química se hace control continuo de la presión sanguínea, del pulso, etc., en la anestesia hipnótica el único control que se necesita es el del reflejo palpebral.

Cuando la intervención exige tracciones fuertes sobre los pedículos viscerales, es prudente complementar la analgesia hipnótica (como se complementa la anestesia general química) con una ligera novocainización de estos pedículos.

5) Se encuentra muy frecuentemente en la literatura sobre hipnosis que las inducciones repetidas del estado hipnótico aumentan la hipnotizabilidad de la persona, permitiéndole lograr con cada nueva inducción estados hipnóticos de desarrollo cada vez más rápidos y de mayor profundidad.

Posiblemente esta afirmación está hasta cierto punto justificada en los casos de personas hipnófilas que se adiestran para lograr las manifestaciones del estado hipnótico “en frío”, no precisando para desarrollar tales manifestaciones ninguna estimulación emocional. Pero en la inmensa mayoría de los pacientes de consultorio psicoterapéutico sucede todo lo contrario a esta afirmación.

Esto concuerda plenamente con lo que ocurrió en las inducciones hipnóticas repetidas en Maschka. Así, al realizar inducciones hipnóticas sucesivas en nuestra perra, observamos que cuanto más breves eran los intervalos entre estas inducciones, tanto menor era la profundidad del estado hipnótico que se lograba, sucediendo que en algunos intentos no se logró la inducción hipnótica e absoluto.

Hallamos que se obtenía la máxima profundidad hipnótica cuando las inducciones eran realizadas, en circunstancias adecuadas, con intervalos no más cortos que de 4-5 semanas.

Sin duda, hay variantes individuales en la hipnotizabilidad de los perros y, seguramente, una más amplia experimentación permitiría encontrar perros “hipnófilos”.

No analizaremos las causas de esta disminución de la hipnotizabilidad con las inducciones hipnóticas repetidas. Prestamos especial atención a este tema en otros trabajos (11), considerando que el factor fundamental de este hecho es la necesidad de estimulación tranquilizadora que tiene el organismo en determinados momentos.

6) La analgesia espontánea del estado hipnótico en el perro se acompaña de una abolición de la gustación, que también constituye un fenómeno intrínseco de la misma fase de la hipnosis.

Así, poníamos en la boca de Maschka con una pipeta, diferentes sustancias amargas, ácidas y saladas, disueltas en agua tibia, a las cuales ella no reaccionaba en absoluto.

Si Maschka hubiera podido entender el habla humana y presentar el fenómeno de “desempeño de papel”, sin duda hubiera podido responder a nuestra sugestión de que, en vez de la amarga tintura de genciana y colombo, tenía en la boca un deliciosos hígado triturado.

Creemos que los sujetos excepcionales que constituyen buenos “mediums”, a quienes se da alguna sustancia amarga y se les dice que es vino, efectivamente la toman como vino, simplemente porque ya tienen una abolición del gusto como fenómeno intrínseco del estado hipnótico, y son capaces de presentar el fenómeno de desempeño de papel. Ellos hubieran podido representar el mismo papel tomando de un vaso vacío. No se trata de modo alguno de una “poderosa sugestión” que cambia la sensación gustativa.

Pero, si poníamos en la boca de Maschka en vez de sustancias amargas, ácidas o saladas, un chorro de agua de la heladera o un trozo de hielo, ella salía del estado hipnótico.

¡Cuántas veces los odontólogos, al trabajar exitosamente sobre dientes sensibles en el estado hipnótico, cometen el error de echar un chorro de agua fría en la boca del paciente para lavar una cavidad, y tienen la desagradable sorpresa de ver salir a este sujeto del estado hipnótico! ¡Esto sucede contrariamente a todas las sugestiones de que el sujeto debe permanecer en dicho estado!

7) Las abreacciones espontáneas bajo estado hipnótico tienen lugar no solamente e seres humanos, sino también en los perros.

Sucedió en una ocasión que yo había estado de viaje durante 5 días, y al volver fui recibido por Maschka con el efusivo y sincero afecto que es capaz de demostrar un perro. Inmediatamente la hice entrar en la casa, la puse en el suelo y comencé a acariciarla y hablarle en voz suave. La perra etró casi inmediatamente en estado hipnótico e inició una extraña conducta, haciendo en posición acostada movimientos bruscos con las patas, gimiendo, abriendo y cerrando los ojos sin levantar la cabeza, etc. Esta conducta duró no más de 1 minuto. Luego quedó tranquila.

¿No es este comportamiento completamente análogo al cuadro psicofisiológico que presentan algunos pacientes en el consultorio psicoterapéutico, cuando se les habla suavemente co un sentimiento de sincera compasión y ellos estallan en llanto, hablar precipitado, etc.?

Solamente queremos destacar los hechos, sin aplicarles ninguna teoría, psicoanalítica u otra para su explicación. Si estos procesos son iguales e el hombre y los anmales, y sobrevienen espontáneamente, es claro que ha de buscarse una ueva explicación psicofisiológica común para unos y otros.

8) Existe ya una abundante bibliografía indicado que las reacciones del organismo ante la administración de unos u otros fármacos difiere según el estado emocional ergotropo o trofotropo en que se encuentra el organismo en dicho momento. El terreo biológico evidentemente no es ivariable, sino se modifica con los estados emocionales, tanto e el hombre como e los animales.

¿Por qué cuando inyectamos a maschk bajo estado hipótico 100 mgr. De Pentotal Sódico por vía itramuscular, la perra durmió ininterrumoidamente durante 6 horas, mientras que, previamente, la inyecció de la misma cantidad de pentotal Sódico, sin inducción hipnótica, no había producido ningún efecto?

¿Por qué en los experimentos de Shlifer (14), Marchand (15) y otros, la inyección de adrenalina al milésimo por vía subcutánea en el estado hipnótico, no produjo la típica reacción de elevación de la presión arterial, de aumento de glucemia o de leucocitosis?

¿Por qué en las investigaciones de Stewart Wolf (16) la droga “Urogastrone” ejerció efectos diametralmente opuestos sobre el estado emocional de dicha persona al administrársela?

¿Por qué, en la experimentación de Heiling y Hoff (17) se comprobaron diferencias en la eliminación de agua, cloruro de sodio y fosfatos por la orina según las emociones que se desencadenaban en un individuo bajo estado hipnótico? Por otra parte, se halló en el Laboratorio de Fisiología Aplicada de la Facultad de Medicina de Tolosa que los náufragos, al haber ingerido un poquito de polvo de lóbulo posterior de hipófisis, pueden beber el agua del océano sin inconveniente, pero con la condición expresa de que lo hagan en un estado de tranquilidad, pues la intranquilidad y las emociones fuertes anularían el efecto del preparado hipofisario.

¿Por qué varios de nuestros enfermos de consultorio psicoterapéutico, que previamente habían tenido reacciones secundarias muy molestas con cambios vasomotores, traspiración, angustia, etc., al tomar drogas como el “Aposté” (Polvo de tiroides, polvo de hipófisis, Vitamina B1), la isonicotin-hidrazida, y otras, no presentaron ninguna de tales reacciones cuando, a los diez minutos de la ingestión del medicamento, se les indujo un estado hipnótico positivo?

Podríamos citar decenas de ejemplos de esta índole.

¿No es factible que la investigación de las variaciones en la acción de los fármacos, cuanto éstos son administrados bajo un estado hipnótico de una u otra modalidad, y en diferente niveles de profundidad hipnótica, proporcione una llave para el tratamiento de enfermedades contra las cuales todavía tenemos pocos recursos eficaces o no los tenemos en absoluto?

Por ejemplo, ciertos remedios anticancerosos no han podido ser utilizados por sus efectos secundarios, los cuales pueden ser eliminables con la administración de la droga bajo un estado hipnótico de cierta profundidad. ¡Cuánto más simple e inocuo es este proceder que los variados y complejos recursos que han sido ensayados para aumentar la tolerancia de diversos fármacos anticancerosos de elevada toxicidad!

Por otra parte, algunas investigaciones recientes del Dr. Robert M. Heriott (Universidad de John Hopkins) sobre la patogenia del cáncer han mostrado que los estados de stress pueden suprimir ciertos agentes catalizadores de la sangre que, por su acción sobre ácidos nucleicos libres, podrían impedir el desarrollo del cáncer. Cabe preguntar, ¿qué influencia ejercería sobre estos factores la reacción emocional trofotropa que es precisamente, opuesta al stress?

Actualmente estamos planeando una serie de experimentos con el empleo de hipnosis y fármacos combinadamente, en enfermos cancerosos.

Los nuevos rumbos para la medicina, que contempla las diferentes condiciones biológicas resultantes de los estados emocionales ergotropo y trofotropo, pueden ser resueltos sólo por el estudio del estado hipnótico deliberadamente inducido de una u otra modalidad.

En la actualidad, los laboratorios de investigación han logrado desencadenar artificialmente e los animales diversas enfermedades comparables a las humanas. Y han efectuado precisos estudios de la acción farmacodinámica de innumerables medicamentos sobre animales, con el fin de aplicarlos después al hombre. Pero no se suele tener e cuenta que las condiciones del laboratorio y las maniobras del experimento colocan necesariamente al animal en un estado de “stress”, es decir, en una sola modalidad de reacción emocional.

A causa de este stress, ¡cuánta experimentación sobre animales ha sido hecha en vano! Y aun cuando se han obtenido resultados, éstos honestos no han podido transportarse a la administración de los mismos fármacos en seres humanos, pues solamente hubieran sido válidos para las personas que se encuentran en un “stress” similar al de los animales de laboratorio.

Los experimentos sobre Maschka muestran que en los perros de laboratorio puede obtenerse no solamente un estado de stress, sino también un estado trofotropo: Así, la experimentación puede tomar en cuenta importantísimas variantes del terreno biológico, de las cuales surgirá una farmacodinamia completamente nueva. Posiblemente muchos medicamentos adquirirán nuevas posibilidades de empleo.

No dudamos que en un próximo futuro, la indicación de una u otra droga, se hará especificando que dicho medicamento ha de ser administrado bajo un estado hipnótico de tipo positivo o negativo.

Ya ha llegado el tiempo para que el estudio de la hipnosis abandone la inclinación a coleccionar rarezas a modo de Ripley, tales como crímenes atribuidos a la hipnosis, calidad de panacea, sugestiones irresistibles de poderes poco menos que mágicos, etc., etc. No es admisible que el desarrollo de la “hipnosis científica” continúe limitándose a la promulgación de leyes para restringir o prohibir el empleo de la hipnosis.

Estas leyes no hacen más que repetir las que ya existen en muchos países desde los tiempos de Mesmer, y reflejan en su contenido las supersticiones medievales de algunos autores contemporáneos, quienes no hacen más que sustituir los “fluidos” de Mesmer por la terminología más “científica” de “reflejos”, “subconsciente”, etc.

Tales leyes causan graves perjuicios al desarrollo científico de la hipnosis. Por un lado, el mundo científico se aparta con repugnancia de la hipnosis que lleva todavía ese tinte de superstición. Por otro lado, se crea alarma entre el público, con lo cual no se hace más que fomentar el prestigio de los hipnotizadores teatrales. Lo principal es que la hipnosis toma una orientación dogmática y malsana, teniendo tanta relación con lo científico como la Astrología con la Astronomía.

Ya es hora que la hipnosis sea enfocada como una reacción emocional de una u otra modalidad, que forma parte integrante de la vida cotidiana de seres humanos y animales. Los “fenómenos hipnóticos” que han sido mirados con asombro no son más que las manifestaciones de un estado emocional de intensidad aumentada. La hipnosis deliberadamente inducida en un ambiente de consultorio o teatral no es más que una parte infinitesimal de la hipnosis de la vida diaria.

Ya a fines del siglo pasado, el eminente neurólogo francés Charcot (18) había hecho, con respecto a la hipnosis, la sabia advertencia de que “el deseo de comenzar con el estudio de los fenómenos más misteriosos, más atrayentes, más raros...ha retardado en veinte o treinta años el conocimiento de la verdad”.


1. Pavlov, I. P.: Los reflejos condicionados a la psicopatología y psiquiatría, Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1945.
2. Ratner, S. C.: Hypnotic reactions of rabbits, “Psychol. Rep”, 4: 209-210, 1958.
3. Rickmann, W. W.: citado por Ivanov-Smolensky, Esbozos, Editorial Universitaria, Buenos Aires, 1955.
4. Sobrad, D.: Paroxyzmálny Ütlm. “Vydavatelstvo Slovenkey Akadémie vied Bratislava”, 1959, Checoeslovakia.
5. Faría, J. C. de: De la cause du sommeil ou étude de la nature de l´homme”, París, 1819.
6. Milechnin, A.: The Pavlovian Síndrome- a trance state developing in starvation victims, “American Journal of Clinical Hypnosis”, Vol. IV, N°3, 1962.
7. Ayarragaray, L.: “Pasiones”, Estudios Médico-Sociales, J. Peuser, Buenos Aires, 1893.
8. Volgyesi, F. A.: El alma lo es todo, Luis de Caralt, Barcelona, 1913.
9. Woolman y Jacoby: Seminar on hipnosis (mimeografiado), Los Ángeles, 1953.
10. Solovey, G. y Milechnin, A.: El hipnotismo de hoy, Ed. Dyaus, Buenos Aires, 1957.
11. Milechnin, A.: La hipnosis, Hachette S. A.., Buenos Aires, 1961.
12. Paixao, P.: Nocoes de Letargia, Río de Janeiro, 1961.
13. Torres Norry, J. Y Chudnovsky, G.: Una operación de hernia inguinal bajo sueño hipnótico, “La Prensa Médica Argentina”, Vol. XLIII, N° 6, 1956.
14. Shlifer, R. Y.: La influencia de la inyección de adrenalina sobre la presión arterial durante el sueño experimental (hipnosis), en “Trabajos del Instituto Psiconeurológico de Ucrania”, Járkov, 1930.
15. Marchand, H.: Ubre vegetative Belanstungsproben bei hypnotisierten Versuchspersonen, “Medizin”, 9: 328, 1956.
16. Wolf, S.: Effects of suggestion and conditioning on the chemical agents in human subjects. The pharmacology of placebo action, “J. Clin. Invest.”, 29: 100, 1950.
17. Heilig, R. Y Hoff, H.: Uber hypnotische Beeinflussung der Nierefunktion, “Deutsche Med. Wchnschr”, 51: 1615, 1925 (b).
18. Charcot, J. M. : citado por Ingenieros, J.: Histeria y sugestión, Roggero-Ronal, Buenos Aires, 1952.