15 marzo, 2006

III-FENOMENOLOGÍA DEL ESTADO HIPNÓTICO

III-FENOMENOLOGÍA DEL ESTADO HIPNÓTICO

Generalidades

El sujeto en estado hipnótico, suele conservar su lucidez mental, pudiendo asociar y organizar ideas, resolver problemas, aun complejos, hacer cálculos, improvisar detalles y tomar decisiones, comportándose en una forma tan adecuada a las circunstancias en que se encuentra, que por lo general resulta imposible reconocer la existencia del estado hipnótico. Ya hemos citado un caso experimental de Erickson (1), en el cual un grupo de psiquiatras y psicólogos no reconoció el estado hipnótico sonambulístico* de una joven que terminaba de darles una conferencia científica.

(*Según Esdaile, el estado sonambulístico es un estado hipnótico liviano que tiene lugar en ciertas personas antes de llegar al estado hipnótico profundo, o después de la salida de éste.)

El estado hipnótico puede manifestarse solamente por algunas modificaciones musculares y viscerales, ya sea en el sentido de una tensión y excitación (reacción “ergotropa”), o en el sentido de una relajación con regularización visceral (reacción “trofotropa”), caracterizando los estados emocionales “alterador” y “estabilizador” respectivamente. Cuando se trata de un estado hipnótico de poca profundidad, tales modificaciones dan lugar a un comportamiento que no difiere ostensiblemente del que se presenta espontáneamente en variadas circunstancias de la vida diaria.

Con todo, suele haber una cierta modificación de la productividad intelectual del sujeto, tanto más marcada cuanto más profundo es su estado hipnótico. Es corriente que, las tareas sencillas que requieren concentración e una sola idea, mejoramiento de la memoria, vivacidad de fantasía, etc., se cumplan más eficientemente. Pero al mismo tiempo, la persona hipnotizada tiene menos sentido del humor, tiende a acceder seria y literalmente a lo que se le propone, carece del sentido de proporción y persigue una meta con actividad desmesurada, por lo cual hay tareas en las cuales su productividad está disminuida.

Es obvio que la confusión de la fantasía con la realidad, posible en algunos sujetos, puede crear situaciones contradictorias e incompatibles. Por ejemplo, un individuo puede alucinar a una mujer con el aspecto de una quinceañera y luego ver que ella tiene cincuenta y tantos años. Como regla general, el sujeto trata de racionalizar estas contradicciones, pudiendo dar en el citado caso una explicación “lógica” acerca de la influencia que puede tener la iluminación sobre la apariencia de una persona, los cambios que pueden resultar del maquillaje, etc. Solamente en etapas relativamente profundas del estado hipnótico se reduce la necesidad de hacer tales racionalizaciones, al aparecer una cierta “pereza” para la actividad mental.

La posibilidad de obtener los “fenómenos” del estado emocional hipnótico, dependen de la combinación de tres factores fundamentales: la RETROGRESIÓN al funcionamiento psicológico de la primera infancia, con su característica inhibición imperfecta, tanto de la tendencia primitiva a confundir la fantasía con la realidad (mientras no se ha desarrollado el sentido crítico), como de la difusión de los impulsos psíquicos al cuerpo; la SUGESTIONABILIDAD derivada de la motivación para aceptar las proposiciones del operador; las CARACTERÍSTICAS INDIVIDUALES del sujeto, en cuanto a su capacidad innata para unos y otros fenómenos y su habilidad para desarrollar los fenómenos que tiene en estado de latencia.

Ya hemos analizado detenidamente la retrogresión y la sugestibilidad.

La práctica muestra que ningún sujeto puede tener todos los numerosos fenómenos que se conocen. Por ejemplo, es bien posible que un sujeto logre una anestesia o una alucinación con relativa facilidad, hasta en un estado hipnótico liviano, mientras otros sujetos solamente las logren en un estado hipnótico más profundo, tras un largo período de entrenamiento, o no las logren jamás. Es posible que estas últimas personas tengan facilidad para fenómenos diferentes, como la catalepsia, la influencia sobre las funciones viscerales, etc.

Al mismo tiempo, la posibilidad de obtener un determinado fenómeno en un sujeto varía de acuerdo al procedimiento que utiliza el operador.

El fenómeno debe ser solicitado de una manera comprensible para el sujeto. Por ejemplo, no es lo mismo decirle “su páncreas va a segregar más insulina”, que sugerirle una viva representación mental de estar comiendo azúcar, lo cual puede repercutir sobre las secreciones digestivas y pancreáticas en el individuo bajo estado hipnótico. A veces, el sujeto indica lo que hay que decir o hacer para obtener en él un determinado fenómeno. Por ejemplo, una joven pidió que pasásemos el dedo por la mejilla en el lugar donde se quería obtener una anestesia para un extracción dentaria. Otra persona dijo que le sería más fácil lograr un enrojecimiento de su mano si le diésemos la proposición de imaginar que un sol fuerte la estaba calentando.

El fenómeno se obtendrá mucho más fácilmente si se justifica la proposición. Así, para obtener un aumento de la fuerza muscular, podemos sugerir al sujeto que apriete el dinamómetro con la mano lo más fuertemente que pueda, “porque esto le ayudará a conocer el límite de sus fuerzas, lo cual le será muy útil en la vida”. Basta con que la racionalización sea aceptable para el sujeto, aunque ella sea inexacta o ilógica.

Se logra aumentar la gama de los fenómenos hipnóticos en un mismo sujeto haciendo uso de la relación hipnótica “negativa” para obtener los fenómenos que no se obtienen con la relación hipnótica “positiva” y viceversa. Hemos tenido sujetos de ambos sexos que no cumplía ciertas proposiciones aun sencillas, como las de levantar una mano o ejecutar algún movimiento, cuando éstas eran dadas en la forma suave que caracteriza la relación hipnótica positiva. Pero cuando asimos una actitud más categórica (relación hipnótica negativa), diciéndoles con voz autoritaria que podían levantar su mano, etc., las proposiciones fueron cumplidas.

En general, podrían hacerse varios centenares de citas bibliográficas referentes a los fenómenos que han sido obtenidos por diversos investigadores. Pero intentaremos solamente hacer una breve reseña de estos fenómenos, deteniéndonos en los más característicos, para dar una comprensión más clara de las formas de comportamiento que pueden encontrarse en las personas en estado hipnótico.

Todos estos fenómenos se pueden obtener en los estados hipnóticos inducidos por medio de una relación interpersonal, y muchos de ellos también en el estado auto-hipnótico.

1. El “Sueño” Hipnótico

Las técnicas de inducción hipnóticas utilizadas casi hasta los últimos años, solían hacer mucha insistencia al sujeto de que éste “se estaba cansando” y que “quería cerrar los ojos y dormir”. El sujeto, motivado para acceder a las proposiciones del operador, efectivamente cerraba sus ojos y quedaba relativamente inmóvil, lo cual, conjuntamente con la tranquilidad y relajación muscular que le confería el estado emocional hipnótico, le daba un aspecto similar al de una persona dormida.

De aquí se generalizó la idea de que el sujeto en estado hipnótico es una persona que duerme, cumpliendo las proposiciones del operador de moverse, hablar, etc., en un estado de “sueño”, con los ojos cerrados o abiertos.

Pero, ¿es este fenómeno de “sueño” hipnótico equivalente al sueño ordinario? Para resolver este punto, hay que comparar las características del uno y del otro, que, como se verá, son completamente diferentes. Esto ha sido objeto de numerosos trabajos experimentales (2,3,4,5), que llegan a conclusiones variadas y contradictorias, principalmente por no contemplar separadamente las dos modalidades –alteradora y estabilizadora – del estado hipnótico.

Se sabe que el sueño ordinario tiene características fisiológicas bien definidas. La persona que duerme tiene una respiración más pausada, un pulso más lento, un metabolismo basal más bajo, los reflejos tendinosos de la rodilla disminuidos en amplitud, una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos con contracción de los vasos cerebrales, un aumento considerable de la resistencia de la piel a la corriente eléctrica.

Estas son manifestaciones de una reacción orgánica “trofotropa”, la cual caracteriza tanto al sueño fisiológico como a la modalidad del estado hipnótico que denominamos estabilizadora o positiva. El estado hipnótico de modalidad alteradora o negativa tiene manifestaciones fisiológicas completamente opuestas.

Los estudios electroencefalográficos muestran que los trazados obtenidos en el estado hipnótico de tipo positivo tienen semejanza con los que se obtienen en una determinada fase del sueño fisiológico (6, 7).

Hoy se sabe que el sueño fisiológico se compone de cuatro estadios que se reconocen por tener electroencefalogramas diferentes (8). Estos estadios se suceden para constituir un ciclo de aproximadamente 90 minutos de duración y estos ciclos se repiten 4-6 veces en un sueño de 6-9 horas.

Uno de los estadios del sueño se caracteriza por la presencia de ensueños. Toda persona tiene ensueños durante un quinto a un tercio del tiempo que duerme, si bien algunos individuos recuerdan sus sueños y otros no.

Precisamente, la fase de sueño con ensueños da lugar a una forma peculiar de actividad mental que se caracteriza por una considerable exaltación de la fantasía, pérdida del sentido crítico, agudización de la memoria para algunos hechos y olvido de otros, reviviscencia de experiencias pasadas, transidentificaciones, etc.

Exactamente el mismo tipo de actividad mental se presenta (más en unos individuos que en otros) en cierta fase de profundidad hipnótica, e que pueden sobrevenir los fenómenos de hipermnesia, amnesia, “regresión de edad”, desempeño de papel, etc. Por su gran similitud con los ensueños, dichos fenómenos hipnóticos merecen la denominación de “fenómenos oníricos”.

El electroencefalograma del estado hipnótico de tipo positivo se identifica con el electroencefalograma del estadio del sueño fisiológico con ensueños, y no hay ningún fenómeno psicofisiológico propio de los ensueños que no pueda tener lugar en el estado hipnótico.

2. Cumplimiento de las Sugestiones “Post-hipnóticas”.

Es erróneo suponer que al darse la orden de “despertar” al sujeto profundamente hipnotizado, se obtiene la terminación inmediata del estado hipnótico y con él el de la retrogresión psicológica. El sujeto que ha reaccionado tanto a la sugestión de pasar a un estado semejante al sueño, como a otras sugestiones, reacciona a esta orden de despertar como a una sugestión más, que implica la terminación de la sesión, proponiendo el comienzo de la salida de la retrogresión psicológica. Esta salida se efectuará gradualmente igual que la salida de cualquier estado emocional. En algunas personas requiere unos segundos, en otras, varias decenas de minutos, dependiendo fundamentalmente de la madurez psicológica del individuo (9)

Es evidente que a medida que el estado emocional hipnótico va perdiendo poco a poco su intensidad, el sujeto va saliendo del estado de retrogresión psicológica. La salida total de esta retrogresión no indica que el estado emocional hipnótico ha desparecido por completo. Al contrario, este estado puede persistir, teniendo una menor duración en las relaciones hipnóticas secundarias que en las principales, donde es renovado constantemente.

El estado de retrogresión psicológica se reconoce por la presencia de la “hipersugestibilidad”. Como ya se ha dicho, esta retrogresión reinstala el funcionamiento psicológico que existe normalmente en la primera infancia y hace posible los fenómenos hipnóticos.

Por consiguiente, cuando el sujeto pierde la capacidad de continuar presentando los fenómenos hipnóticos que había tenido, se puede decir que él ha salido del estado de retrogresión psicológica.

El hecho de que una persona no sale inmediatamente sino e forma gradual del estado de retrogresión psicológica es de fácil demostración, como lo pone en evidencia el siguiente ejemplo:

Proponemos a un sujeto bajo estado hipnótico profundo, capaz de lograr el fenómeno de la catalepsia, que levante su mano derecha, y le decimos que su brazo se pone rígido...rígido...y él no lo puede bajar...ni doblar...y que el brazo quedará levantado y rígido hasta que le digamos que la rigidez desaparezca. Luego le proponemos que “muy pronto va a salir del estado hipnótico”..., que “está saliendo”...que “ha salido”...y que “puede levantarse”...El sujeto experimental abandona el sillón, pero con su brazo inmóvil y rígido. Conversamos con él durante uno o dos minutos, acerca de lo que ha sentido bajo el estado hipnótico, si ha descansado bien, etc. Al hablar, la persona mantiene su brazo rígido, siempre en la misma posición, como si no tuviese conciencia de que ese brazo existe. Luego le decimos...que nos interesaría que tomase un lápiz y escribiese su nombre. La persona se acerca al escritorio y sólo entonces se percata de que el brazo está rígido y que él no puede bajarlo para tomar el lápiz.

En ese momento nos valemos de cualquier pretexto para dejar al sujeto solo en la habitación, sin haber hecho ningún comentario acerca de su brazo. Observándolo sin que él lo sepa, vemos que mira su brazo, comienza a tocarlo con la mano izquierda, y trata de movilizarlo con ésta. Vuelve a tocarlo, a frotarlo, a movilizarlo, y al repetir estas maniobras, al final baja el brazo. En total, pasaron diez minutos desde la terminación de la sesión hasta la desaparición de la catalepsia.

Una vez que él ha bajado su brazo, volvemos a la pieza, nos disculpamos por haberlo dejado, y le volvemos a pedir que escriba su nombre, sin mencionar que había habido una catalepsia. El firma y nos dice que la posición incómoda que había adoptado le había hecho entumecer el brazo.

Así, pese a que no le quitamos la sugestión de la catalepsia, ésta desapareció sola en el curso de diez minutos. En otros sujetos, la catalepsia puede desaparecer en algunos segundos o puede durar hasta media hora, lo cual es raro.

Sabiendo esto, se reconoce lo absurdo de ciertos relatos que suelen aparecer en las revistas populares, como por ejemplo, la descripción del caso de un aviador que cayó súbitamente con una parálisis de ambas piernas, sin tener causa orgánica para ello, recordando luego que había sido hipnotizado dos años atrás, y que se le había dado- si quitársela- la sugestión de que sus piernas estaban paralizadas (10).

Ya hemos mostrado que el efecto de cualquier sugestión dada por el operador al sujeto en estado hipnótico profundo y aceptada por éste, desaparece rápidamente al salir el sujeto del estado de retrogresión psicológica, independientemente de si el operador la quitó o no.

Es indiscutible que el aviador del relato era un histérico, y los histéricos no requieren ninguna sugestión hipnótica para tener una parálisis, pues la característica de estos enfermos reside en su tendencia a adquirir parálisis, cegueras, trastornos viscerales, etc., de origen puramente psíquico, en forma espontánea.

Daremos otro ejemplo. El operador puede sugerir al sujeto que al despertar tendrá un fuerte deseo de comer una manzana...que la comerá...y que se olvidará de que recibió esta sugestión...Cuando el sujeto sale del estado hipnótico profundo, su comportamiento puede ser diferente: 1) si no le gustan las manzanas, no hará ningún caso de la sugestión recibida; 2) si le gustan las manzanas, aceptará la sugestión y comerá esa fruta, y si tiene capacidad para la “amnesia hipnótica”, no se dará cuenta por qué la quiso comer. Solamente al salir de la retrogresión psicológica recordará que el operador le había sugerido que comiese la manzana.

Este ejemplo ilustra no solamente la transitoriedad del olvido (amnesia) sugerido, sino también el hecho de que ninguna persona cumplirá, ni siquiera en el estado hipnótico profundo o el estado post-hipnótico las sugestiones que contraría sus gustos o sus creencias, a menos que se les dé una racionalización que le sea aceptable no solamente en el estado hipnótico profundo, sino también fuera de éste, en un estado normal.

Un caso más: suelen aparecer e los diarios comunicaciones que afirma que la policía está buscando a cierto hipnotizador aficionado para que haga despertar a uno de sus hipnotizados, a quien olvidó de dar la sugestión de salir del sueño hipnótico, y que no ha podido ser despertado por nadie en el transcurso de una semana. (¡) En realidad, ¿qué sucede si el hipnotizador abandona a un sujeto en estado hipnótico profundo con la sugestión de que duerma hasta que él vuelva para despertarlo?

Como regla general, el sujeto abandonado no tarda más de veinte a treinta minutos en despertar por sí solo, sin esperar la sugestión de hacerlo, “porque le falta algo”. También puede ocurrir que el sujeto pase del estado de sueño hipnótico al sueño ordinario, durmiendo durante una hora o una hora y media, y despertándose como si se hubiese tratado de una siesta.

Todo lo antedicho se refiere a las sugestiones cuya aceptación requiere la existencia de un estado de retrogresión psicológica. Esto ya indica que la duración del efecto de estas sugestiones no puede ser más larga que la duración del estado de retrogresión psicológica en sí.

Tratándose de sugestiones que no requieren un estado de retrogresión psicológica para ser aceptadas, por ejemplo, que “los lentes oscuros le quedan muy bien” (cuando no es así), su efecto puede ser muy duradero, si bien se desvanece con la declinación del estado emocional hipnótico que ha tenido lugar en el curso de una relación hipnótica secundaria.

Pero las relaciones hipnóticas principales, donde hay una reactivación permanente del estado emocional hipnótico (como ocurre por ejemplo en el caso de padres e hijos), las sugestiones que no contrarían los deseos individuales de la persona persistirán durante largo tiempo y podrán ser incorporadas a sus convicciones propias y su personalidad. Esto constituye verdaderas sugestiones post-hipnóticas.

En el futuro, todo intento de contradecir estas convicciones en el curso de una conversación puede levantar resistencias emocionales y actitudes defensivas contra el interlocutor, lo cual puede constituir un fuerte obstáculo para el establecimiento de un contacto hipnótico con tal persona.

La incorporación de sugestiones que luego obrarán como sugestiones como sugestiones post-hipnóticas puede hacerse por vía simple o compleja. En el primer caso, las proposiciones son aceptadas e incorporadas directamente si racionalización. En el segundo caso, estas proposiciones deben ser racionalizadas. Es indiferente a este respecto que la relación hipnótica sea experimental o de la vida diaria.

En las diferentes etapas del desarrollo psicofisiológico se producen variaciones en la forma de la sugestionabilidad.

El niño de primera infancia acepta sugestiones de modo simple, no teniendo la necesidad de someter las proposiciones de sus padres a la crítica o de confrontarlas con su propia comprensión de la realidad. Solamente rechaza las proposiciones que le son emocionalmente inaceptables en dicho momento, o que de acuerdo a su experiencia, le pueden causar desagrado. Esto constituye una regla general para todas las edades y todos los aspectos del estado hipnótico

Además, la inmadurez neuro-psicológica del infante hace posible el cumplimiento de ciertas sugestiones que requieren una considerable influencia de la psiquis sobre el soma. Como ilustración, puede recordarse el ya citado caso de la anestesia que la madre induce con caricias y palabras en el niño lastimado. Esta clase de sugestiones solamente pueden ser cumplidas por el adulto en las etapas avanzadas de una retrogresión psicológica (estado hipnótico de cierta profundidad).

Al llegar a la edad de los “¿por qué?”, el niño manifiesta la necesidad de recibir racionalizaciones para aceptar las proposiciones de sus padres, conjuntamente con toda la atmósfera psicológica que las rodea.

A esta altura del desarrollo, se puede obtener la aceptación de ciertas proposiciones que él anteriormente rechazaba, ligándolas por medio de una racionalización adecuada a algo que le es aceptable.

Aproximadamente al mismo tiempo, el niño ensancha su círculo de contactos interpersonales, extendiéndolo a parientes, maestros, vecinos, amigos, etc. Generalmente sus relaciones hipnóticas principales continúan siendo con sus padres, agregándoseles otras relaciones hipnóticas de tipo principal o secundario con diferentes personas. (Los padres pueden transmitir su relación hipnótica con el niño a una maestra o un pariente sin perderla ellos mismos, como el operador puede transmitir el “contralor hipnótico” en el ambiente experimental. A veces, cuando los padres no pueden satisfacer las necesidades emocionales de su hijo, su relación con éste puede volverse del tipo secundario.

El niño absorbe y se impregna de la atmósfera de convicciones, prejuicios, nociones éticas, conceptos de valores, etc. de los ambientes con los cuales mantiene relaciones hipnóticas principales. Estos datos pueden ser incorporados con la emoción correspondiente o sin ella. Gracias a la extensión de sus contactos y su mayor experiencia, el niño ya desecha muchas nociones, sustituyéndolas por otras a medida que avanza su desarrollo. Otros datos se confirman, pudiendo reforzar su significación emocional. Tal es el proceso siempre activo de la educación, con incorporación de sugestiones que obrarán como post-hipnóticas, que transcurre desde el nacimiento hasta la senectud, si bien con ritmo diferente.

La idea errónea que se tenía acerca de la terminación del estado hipnótico condujo a una comprensión completamente equivocada en lo referente a las sugestiones “post-hipnóticas”. Todavía es corriente encontrarlas definidas como sugestiones que el sujeto acepta bajo el estado hipnótico y cumple después de haber recibido la orden de “despertar”.

En realidad, sólo corresponde llamar “post-hipnóticas” a las sugestiones que son cumplidas cuando el sujeto ya ha salido por completo del estado emocional hipnótico bajo el cual estas sugestiones fueron dadas (9).

Sabemos que el estado hipnótico se desvanece gradualmente después de la separación entre el hipnotizado y el hipnotizador, y que con su declinación va perdiéndose el efecto de las sugestiones aceptadas en su transcurso.

Frecuentemente, el cumplimiento de sugestiones dadas posteriormente a la orden de “despertar” no puede ser catalogado como post-hipnótico, pues toda esta actuación se lleva a cabo en presencia del operador, con quien el sujeto todavía está en relación hipnótica.

Tomaremos algunos ejemplos.
Damos bajo el estado hipnótico la sugestión: “Cuando le hayamos dicho que la sesión hipnótica está terminada, usted se levantará del sillón e irá directamente a la biblioteca, tomará el libro Don Quijote, de Cervantes, lo abrirá en la página 12 y se pondrá a leer”.

En este caso, como ante cualquier otra sugestión, podemos esperar diferentes reacciones: que el sujeto no cumpla exactamente; o, por último, que la cumpla a medias, por ejemplo, abriendo el libro en la página 40, o tomando un libro de otro autor y abriéndolo en la pagina 12, o efectuando a su propio parecer cualquiera de las innumerables combinaciones posibles en esta situación.

El cumplimiento de la sugestión en este caso puede ser considerado intra-hipnótico.

Supongamos ahora que el operador haya dado al sujeto la misma sugestión, pero diciendo que ésta será cumplida al cabo de cinco días a determinada hora; y que en el transcurso de estos cinco días, el operador tiene la oportunidad de encontrarse diariamente con el sujeto. En este caso, la sugestión podrá ser cumplida al cabo del tiempo indicado, en la misma forma que en el caso anterior, es decir, con las mismas posibilidades de ser cumplida, o cumplida a medias. Pero tampoco en este caso se trata de una sugestión post-hipnótica, pues los contactos diarios del operador con el sujeto renuevan sistemáticamente su relación hipnótica, en forma similar a la renovación de la relación hipnótica entre los niños y sus padres en el proceso de la educación. El cumplimiento de esta sugestión también será intra-hipnótico.

Por este motivo, todos los experimentos realizados para establecer el plazo de efectividades de las sugestiones post-hipnóticas, siendo el operador marido, padre, maestro, etc., del sujeto, es decir, una persona que ha podido entrar diariamente en contacto con éste, no lograron su propósito, pues tomaron sugestiones intra-hipnóticas por post-hipnóticas.

Si en el curso de los cinco días del ejemplo anterior no hubiese habido ningún contacto entre el sujeto y el operador, la sugestión seguramente no hubiera sido cumplida,* a menos que el sujeto hubiese tenido otra motivación para complacer al operador, como en el caso de los “mediums profesionales” que esperan retribución monetaria por prestarse a demostraciones o experimentos.

(Para el cumplimiento de esta clase de sugestión, la profundidad del estado hipnótico no juega rol alguno, aunque casi hasta los últimos tiempos se creía, lo cual era completamente erróneo, que las sugestiones recibidas bajo el estado hipnótico profundo eran más eficaces y se cumplían tras un período de tiempo más largo. La profundidad del estado hipnótico sólo influye sobre la clase de sugestión, pero no sobre su eficacia o duración. El estado especial de retrogresión a la psicología de la primera infancia capacita al sujeto, como ya sabemos, para presentar alucinaciones, modificaciones viscerales de origen psíquico, etc., etc., de acuerdo con sus capacidades individuales, todo los cual será descrito en los subcapítulos siguiente).

La situación es completamente diferente cuando se logra dar al sujeto una sugestión que concuerda exactamente con su tendencia emocional actual, sus intereses, sus convicciones, sus hábitos, etc. Las sugestiones de esta clase pueden ser cumplidas al cabo de largo tiempo, sin ninguna renovación del contacto entre el operador y el sujeto.

Por ejemplo, si a un enfermo que realmente desea ser curado de sus trastornos psicosomáticos, y que ha sido educado en una atmósfera de creencia e lo sobrenatural, en las supersticiones, en los efectos misteriosos, las curas milagrosas, etc., se le da bajo estado hipnótico la sugestión de que exactamente dentro de cinco meses, en tal fecha, a las doce de la noche en punto, él debe ir y sentarse bajo tal puente sobre tal río, y cuando oiga el primer canto del gallo, debe sumergirse en el agua sin haberse desvestido, con la cara siempre hacia el este, tras lo cual experimentará un sacudimiento eléctrico, y luego irá a su casa, se acostará y despertará curado, con toda probabilidad este sujeto cumplirá las instrucciones al pie de la letra, y posiblemente mejorará o curará*

(Esta mejoría o curación en realidad no es más que una supresión temporaria de síntomas muy evidentes, como una parálisis, por otros menos evidentes, como por ejemplo, un malestar digestivo. Este hecho suele tener lugar con gran facilidad en los enfermos histéricos, particularmente cuando ellos experimentan cualquier estado emocional intenso).

Esta concordancia entre las sugestiones y la disposición emocional de un paciente es lo que determina el “poder” de los curanderos entre ciertas personas.

Una instrucción de la misma índole, dada a personas educadas de modo diferente, independientemente de su nivel cultural, sería vista como ridícula, y sus detalles serían rápidamente olvidados.

Es obvio que el cumplimiento de estas sugestiones no resulta de la relación hipnótica secundaria en que fueron recibidas, sino de la reactivación de sugestiones post-hipnóticas emocionalmente incorporadas en el curso del proceso educativo. Ya hemos indicado que los datos que concuerdan con las convicciones del sujeto son vistos por él como un reflejo de sí mismo y refuerzan las sugestiones post-hipnóticas pre-existentes, y el mismo efecto de ir a sentarse bajo un puente y sumergirse vestido podrían haber tenido lugar si el individuo hubiera encontrado datos igualmente concordantes con sus tendencias emocionales en un libro, una película cinematográfica, una conversación con un desconocido, etc.

Así, la persistencia prolongada de ciertas sugestiones hipnóticas no es debida a la relación hipnótica presente, sino a la reactivación de las sugestiones “post-hipnóticas” educativas, que han llegado a formar parte de la personalidad del sujeto.

Mientras se comprendía el hipnotismo como un hecho de carácter sobrenatural y se pensaba que el operador ejercía un dominio sobre el sujeto y podía obligarle a hacer lo que quería, manipulándolo como a un autómata indefenso, había motivos para hablar de los posibles peligros del hipnotismo y de las sugestiones hipnóticas.

Este temor al hipnotismo tiene sus raíces en los tiempos en que se quemaba a las brujas porque su “mal de ojo” causaba enfermedades, y los barberos desempeñaban funciones de cirujanos. Por extraño que parezca, aun hoy se encuentran personas, hasta con diploma universitario, que asumen la misma actitud ante el hipnotismo. Ellos solamente demuestra que las sugestiones que recibieron a este respecto en el proceso de su educación, fueron incorporadas por ellos con emociones potentes, y que la experiencia propia no pudo alterarlas, a la vez que las relaciones hipnóticas principales re-educadoras no obraron sobre ellas, o aun las reforzaron.

En la actualidad, cuando el hipnotismo ha sido integrado en la psicología de la vida diaria y vinculado a la relación entre los padres y los hijos, de importancia fundamental para la salud psicológica y la educación, hablar de los peligros del hipnotismo equivale a hablar de los posibles peligros de las buenas relaciones entre los padres y los hijos en particular. En el último caso hay razones más poderosas para temer las consecuencias de una relación inadecuada, pues la actitud indeseable de los padres ante sus hijos (tanto de rechazo como de sobreprotección) puede ser causa en éstos de neurosis, problemas de conducta, trastornos psicosomáticos, tartamudeces, etc.

* * *

Los fenómenos hipnóticos, en esencia, no son otra cosa que las manifestaciones de los cambios que tienen lugar en el organismo en las reacciones emocionales de intensidad aumentada.

Como es obvio, las modificaciones del organismo son diferentes cuando se induce un estado hipnótico de modalidad “alteradora” por el procedimiento de Charcot de golpear súbitamente un gong detrás de la cabeza de un sujeto despreveido o cuando se estimula un estado hipnótico de modalidad “estabilizadora” con el proceder suave y arrullador de Liebault y Bernheim.

Las modificaciones que sobrevienen e uno u otro caso, afectan en forma tan Inter.-compenetrada los aspectos psíquicos, bioquímicos, etc., del organismo como unidad, que todo intento de clasificación de las mismas, es decir, de los fenómenos hipnóticos, será necesariamente esquemático, con superposiciones inevitables en los grupos que puedan hacerse.

Por otra parte, cualquier fenómeno hipnótico que se puede obtener no se presenta aisladamente, sino es acompañado de otros fenómenos.

Por ejemplo, si obtenemos una catalepsia de mano, ésta se acompañará necesariamente de una anestesia de la misma mano. Frecuentemente, cuando una persona en una fase liviana del estado hipnótico no puede lograr directamente el fenómeno de la anestesia, dicho fenómeno puede ser obtenido por vía indirecta, desencadenando primeramente una catalepsia. En cambio, la anestesia no se acompaña necesariamente de catalepsia.

Los fenómenos que las personas presentan e el estado hipnótico revelan solamente sus capacidades individuales. Lo que es más, el sujeto que ha presentado un determinado fenómeno en una sesión hipnótica puede no ser capaz de presentarlo en sesiones ulteriores. Ello puede ser debido a múltiples factores: modificación de la disposición emocional del sujeto, inducción de otra modalidad del estado hipnótico, cambio de ambiente (por ejemplo, inducción hipnótica individual o colectiva), diferencias en el modo e que se procura estimular la aparición del fenómeno, etc.

3. Fenómenos motores

Este grupo comprende todos los fenómenos relacionados con el sistema muscular y la parte del sistema nervioso que rige los movimientos voluntarios.

Ya hemos mencionado repetidas veces el conocido fenómeno de la catalepsia, que permite mantener una parte o la totalidad del cuerpo rígida y totalmente inmóvil en una determinada posición sin experimentar cansancio alguno.

Buscando los aspectos más dramáticos del estado hipnótico, los “hipnotizadores” teatrales suelen mostrar la catalepsia rígida Global. Cuando ésta alcanza un a intensidad extrema (para lo cual ellos entrenan al sujeto previamente durante largo tiempo), el cuerpo rígido del sujeto no solamente puede ser colocado como una tabla sobre los respaldos de dos sillas, una debajo de los hombros y otra debajo de los pies, sino también se puede hacer sentar a una o varias personas sobre el tronco suspendido en esta forma y permanecer sentadas durante un tiempo prolongado.

La catalepsia ha formado parte del “éxtasis” de los shamanes en los rituales de los pueblos primitivos.

Este fenómeno, que parece tan anómalo a un observador superficial, no es más que la reinstalación de la catalepsia normal de los niños de pocos meses, quienes, como es sabido, pueden mantener su cuerpo durante largo rato en una misma posición. Esta capacidad potencial es la que se desarrolla mediante un entrenamiento intensivo bajo el estado hipnótico o auto-hipnótico con fines de experimentación o demostración teatral.

El fenómeno opuesto, consistente e una disminución del too muscular, empieza con la “relajación” corriente, y en su forma extrema llega a la flexibilidad cérea. Al producirse ésta, los miembros caen con una flaccidez completa y pueden ser manipulados como si fuesen de goma, adoptando las posiciones más exageradas.

Es también posible lograr un aumento de la fuerza y resistencia muscular. Por ejemplo, uno de los numerosos investigadores en este campo, Haldfield (11), midió la fuerza muscular de sus sujetos experimentales con un dinamómetro de mano antes de inducir el estado hipnótico en ellos. De los datos obtenidos calculó la cifra media de su fuerza muscular, que fue de 101 libras. Después de haberlos llevado al estado hipnótico y haberles dado la proposición de un aumento e su fuerza muscular, tomó nuevamente la misma medida y obtuvo una cifra media muy aumentada ¡150 libras!

¿Significa esto que el estado hipnótico aumenta la fuerza muscular de la persona? Naturalmente, no. Mediante la eliminación de inhibiciones, el estado hipnótico da la posibilidad de movilizar las reservas que toda persona tiene y que utiliza e circunstancias excepcionales de su vida, como ser en momentos de peligro. Esta fuerza, se encuentra habitualmente en estado latente

Otro fenómeno consiste en el impedimento de los movimientos voluntarios. Una prueba que los hipnotizadores teatrales efectúa a menudo en los sujetos en estado hipnótico liviano, consiste en sugerirles que no podrán abrir los ojos o separar las manos entrelazadas voluntariamente. El individuo en estado hipnótico que se representa mentalmente una incapacidad para realizar los mencionados movimientos, efectivamente no podrá realizarlos.

De un modo comparable se pueden provocar parálisis, ya sean limitadas, como la de un dedo, o extensas, como la de una o ambas piernas. Estas parálisis pueden ser fláccidas o espasmódicas. Tanto su extensión como su modalidad dependen de la clase de proposición que se ha dado al sujeto, o de la idea que él tiene acerca del comportamiento de las personas paralizadas. Como regla general, los sujetos se representan mentalmente una parálisis de límites sencillos, que termina en una rodilla, un codo, o un hombro, completamente diferente de las parálisis provenientes de lesiones del sistema nervioso que interés el territorio de distribución de un nervio, una raíz o una vía nerviosa.

Como es natural, el fenómeno de una parálisis, a igual que otros fenómenos, desaparece con la desaparición del estado hipnótico profundo, habitualmente e el curso de unos minutos.

4. Fenómenos sensoriales

El funcionamiento de cualquiera de los órganos de los sentidos (vista, oído, olfato, tacto, gusto, sensibilidad profunda) puede ser modificado de tres maneras diferentes: 1) Puede haber una modificación menos, con abolición o limitación de ese funcionamiento, como ocurre en las anestesias, las cegueras, las sorderas, etc., parciales o totales. 2) Puede haber una modificación en más, obteniéndose un aumento o una agudización de la sensibilidad cutánea, de la visión, del olfato, etc. 3) Puede haber una modificación cualitativa, a causa de la cual se obtienen percepciones anómalas que no corresponden a los estímulos provenientes del mundo exterior, como las parestesias, las alucinaciones, etc.

En principio, es mucho más fácil obtener una disminución o una alteración de las funciones sensoriales que una mejora de las mismas.

La anestesia, como fenómeno del estado hipnótico puede presentarse e formas diferentes de acuerdo con las capacidades individuales del sujeto. Puede haber: pérdida de la sensibilidad táctil (anestesia, propiamente dicha), pérdida de la sensibilidad dolorosa (analgesia), pérdida de la sensibilidad al frío y al calor (termo-anestesia), o más raramente, pérdida de las sensaciones de posición, de peso, de resistencia, de vibración, etc Estas variantes pueden presentarse en forma aislada o combinada, si bien corrientemente se emplea la palabra “anestesia” para designar la analgesia con cierto grado de anestesia táctil, o la analgesia pura.

En algunos sujetos se logra una anestesia prácticamente igual la que se obtiene por medio de un bloqueo con novocaína de los nervios sensitivos, con una sola importante diferencia: la anestesia con novocaína toma todo el territorio de distribución del nervio que ha sido bloqueado, mientras que la anestesia hipnótica tiene los límites que el sujeto se representa mentalmente, siendo muy frecuente encontrar un límite horizontal, produciendo las anestesias “en guante” o en “calcetín”.

En otras personas, se obtiene una forma diferente de analgesia hipnótica, que consiste en una pérdida de la reacción emocional al dolor. El paciente reconoce que está obrando sobre él un estímulo doloroso, pero éste no le causa desesperación, irritación o siquiera malestar. Se ha dicho que hay una modificación e al integración psicológica de la experiencia dolorosa (12), igual que lo que ocurre en la operación de la lobotomía cerebral. Por esta razón, se suele describir al fenómeno como una “lobotomía psicológica”.

La exploración de la anestesia hipnótica puede hacerse no solamente por medio de los procedimientos corrientes de pellizcamiento de la piel, pinchazo con aguja estéril, o compresión de las articulaciones de los dedos, sino también con una corriente eléctrica que puede medirse. Estabrooks encontró que el pasaje de una corriente de 15 voltios por una mano era doloroso, y el pasaje de una corriente de 20 voltios intolerable en estado corriente; pero bajo anestesia hipnótica, el sujeto puede tolerar 120 voltios sin dar señales de sufrimiento.

Una persona no solamente niega sentir dolor cuando se aplica un estímulo doloroso a una región bajo anestesia hipnótica, sino tampoco se observa la menor contorsión de su rostro, ni se produce la irregularidad respiratoria o la aceleración del pulso que acompaña al dolor (13).

Esta anestesia ha sido aplicada en otros tiempos a la cirugía mayor (14) dando resultados incomparablemente superiores a los de cualquier otra anestesia que se haya empleado hasta la fecha, con las ventajas de abolir las molestias post-operatorias, reducir las hemorragias, eliminar el schock, aunque con el inconveniente de que no se obtiene en todas las personas, ni con la rapidez deseada.

Actualmente, la anestesia hipnótica tiene dos importantes campos de aplicación, los partos indoloros y el trabajo odontológico, si no se tiene en cuenta a los fakires que se presentan en los teatros haciendo demostraciones de anestesia autohipnótica, al acostarse sobre un lecho de clavos, introducir agujas en su cuerpo, etc

Lo contrario de la anestesia es el fenómeno de la hiperestesia o aumento de la sensibilidad y la hiperalgesia o aumento de la sensibilidad al dolor. Puede haber también parestesias, cuando el sujeto siente, sin motivo externo provocador, hormigueos, picazón, entumecimiento, etc.

Las limitaciones funcionales que afectan el sentido de la vista también pueden tomar diferentes formas. A veces se trata de una ceguera total, otras veces ésta corresponde solamente a la visión de los colores, a un solo ojo, o a una parte del campo visual. También puede suceder que un sujeto deje de ver algún objeto específico, por ejemplo, una determinada persona dentro de una multitud, un detalle en la decoración de una pieza, etc., lo cual constituye una alucinación negativa. En estos casos, el individuo se comporta como si el objeto para el cual él tiene una alucinación negativa efectivamente no existiese. Si se trata de una silla interpuesta en su camino, no hace nada para evitar el tropiezo con ella. Si se trata de una persona que entra en la habitación, procede como si no hubiera tal persona.

La ceguera hipnótica causa la abolición de la reacción de parpadeo pero no la abolición de la contracción de la pupila a la luz. Por consiguiente, no se trata de modificaciones en el propio ojo, sino de modificaciones en la recepción de los estímulos visuales por el encéfalo.

Muchos investigadores han hecho experimentos para demostrar la posibilidad de lograr un aumento de la capacidad de observación visual. Por ejemplo, una prueba conocida y espectacular consiste en mostrar al sujeto un naipe, mezclado con los restantes y pedirle que lo localice. Esto es logrado con tanta frecuencia que los “hipnotizadores” de la vieja escuela pensaron que habría una cierta clarividencia. Sin embargo, el hecho puede explicarse perfectamente por la observación concentrada que permite al sujeto en estado hipnótico reconocer pequeñísimos detalles en la carta, que escapan a otros observadores. En esencia, es la misma capacidad que desarrollan algunos jugadores.

Kline (15) también efectuó un experimento presentando a un sujeto unos cubos de Kohs aparentemente idénticos en 25 posiciones diferentes y pidiéndole que identificara los cubos. Se hicieron 200 pruebas bajo estado hipnótico y el sujeto acertó en 144, mientras que sólo pudo acertar 40 veces en igual número de pruebas hechas bajo el estado corriente. El individuo dijo que bajo el estado hipnótico podía retener mucho mejor la imagen del cubo y percibir detalles que pasaban inadvertidos por él cuando estaba en estado no hipnótico.

La alteración cualitativa de la percepción visual ha sido estudiada con gran interés. Se dice que hay alucinaciones visuales positivas cuando el sujeto tiene la impresión subjetiva de ver lo que no existe en el mundo exterior, en otras palabras, cuando hay una discordancia entre sus percepciones y las que “normalmente” se tienen ante los mismos estímulos. Puede tratarse de percepciones de luz o color, o de la percepción de objetos. El individuo que tiene este fenómeno hipnótico se comporta como si lo que él percibiese fuese efectivamente real. Si alucina un charco de agua en el suelo, hará un rodeo para evitarlo, o subirá sus pantalones si cree que lo debe cruzar. Si alucina la entrada de un amigo en la pieza, mira y sonríe hacia el lugar por donde lo “ve” entrar. Esta clase de conducta es muy buscada por los hipnotizadores teatrales por las situaciones risibles que determina.

Hasta hace poco, estaban en boga ciertas técnicas hipnoterapéuticas que buscaban obtener alucinaciones e las cuales el paciente proyecta sus propios recuerdos o sus problemas en el mundo exterior, ya sea sobre una bola de cristal o un espejo (habitualmente también imaginarios) o sobre un escenario teatral o una pantalla cinematográfica. Así, el sujeto puede alucinarse a sí mismo en tercera persona, o en forma doble, como si el estuviese al mismo tiempo en el sillón del consultorio y en un escenario que se desenvuelve ante su vista. En esencia, es lo mismo que ocurre en los sueños.

Habitualmente, la alucinación de una luz fuerte no determina contracción de la pupila, aunque ésta puede tener lugar e ciertos casos de estado hipnótico muy profundo. Erickson y Erickson (16) encontraron que la sugestión de colores era seguida e sus sujetos por la aparición de imágenes consecutivas del color complementario.

En cuanto al sentido del oído, la indiferencia inicial a los sonidos ajenos ala situación hipnótica, puede pasar en el estado hipnótico profundo a ser una sordera uni o bilateral, o una sordera selectiva para ciertos tonos o ciertos ruidos específicos.

Aunque el sujeto con sordera de origen hipnótico se comporta como el que tiene el mismo tipo de sordera orgánica, se ha querido investigar si sus reacciones involuntarias frente al sonido también están disminuidas o anuladas. Malmo, Boag y Ragnisky (17) registraron por medio de un electromiógrafo una reducción muy marcada en las reacciones motoras involuntarias ante un sonido brusco.

La posibilidad de obtener un aumento en la agudeza de la audición no está probada todavía. Algunos autores informan que el sujeto puede llegar a oír ruidos más débiles, y más distantes de los que oye en circunstancias normales, o que se logra una amplificación en el registro de tonalidades que éste puede oír, pero otros autores afirman que no se supera el máximo que el sujeto puede lograr en el estado no hipnótico.

En lo referente a las alucinaciones auditivas, Schneck (18) distingue los casos en los cuales el sujeto “oye” una voz “gritando dentro de él” y los casos en los cuales esta voz es proyectada en el mundo exterior, pareciéndole al sujeto que viene desde “afuera”. En el último caso, el sujeto puede “conversar” con una persona que ve en su alucinación. Estos fenómenos son aprovechado por las personas que actúan como “médium”.

Puede hacerse que el sujeto alucine música, viéndosele adoptar una posición apropiada para escucharla o marcar el compás.

Como es evidente, los sentidos del olfato y del gusto no se prestan tan bien como los de la vista y del oído al estudio de su agudeza o amplitud de campo de percepción. Sin embargo, la abolición del olfato (anosmia) o la anosmia-anestesia pueden ser demostradas dramáticamente haciendo que el sujeto inhale amoníaco sin contorsión facial ni lágrimas. Si se añade una alucinación a la anosmia, el sujeto puede tener la apariencia de estar inhalando un perfume exquisito.

En las alucinaciones gustatorias, el sujeto puede creer que en vez de masticar un pedazo de pan está masticando carne. Como se verá más adelante, las secreciones digestivas se adaptan a la clase de alimento que el individuo cree estar consumiendo.

Pronko y Hill (19) hicieron la experiencia de administrar una gota de agua bajo la lengua en veinte sujetos con las sugestiones que era: 1) jugo de limón, 2) jarabe, 3) agua. Al mismo tiempo, recogieron con un algodón la saliva secretada. La cantidad de saliva fue máxima al sugerir que se trataba de jugo de limón.

Aun en ausencia de modificación en la percepción gustatoria, puede modificarse la reacción de agrado o desagrado que está determina. Así una cucharada de aceite de ricio puede resultar deliciosa para el que normalmente siente repugnancia por este producto, y el cigarrillo puede volverse desagradable a un fumador (mientras dura el estado hipnótico profundo).

5. Fenómenos viscerales

Este grupo de fenómenos ha sido objeto de un gran número de estudios experimentales, haciendo uso de los más diversos procedimientos ideados para el control de las funciones fisiológicas.

Se trata de un campo de estudio que tiene un enorme interés para la comprensión de las enfermedades psicosomáticas.

Ha de recordarse que el estado hipnótico no crea mecanismos fisiológicos nuevos, sino solamente facilita, o al contrario, inhibe, los mecanismos psicosomáticos preexistentes (20). Se trata, esencialmente, de la estimulación deliberada de los mismos cambios que tienen lugar espontáneamente en los estados emocionales de la vida diaria.

Se conoce la posibilidad de influir sobre la función cardíaca desde hace más de un siglo. El mismo Braid, que creó la palabra “hipnotismo” en 1843, afirmó haber logrado este efecto e sus pacientes.

La presión arterial puede ser modificada por medio de sugestiones de trabajo pesado, de situaciones desagradables, o de emociones diversas, como las de dolor somático, ansiedad, alegría, ira, pena, etc. (21, 22, 23).

Se logra fácilmente producir alteraciones del ritmo respiratorio y de la ventilación pulmonar por medio de sugestiones de trabajo. Dolor o excitación y reposo.

En cuanto al aparato digestivo se han hecho numerosos experimentos bajo el estado hipnótico. Utilizando la técnica de las “comidas imaginarias”, se ha demostrado que la sola representación mental de una ingestión puede ejercer una gran influencia sobre el funcionamiento digestivo: a) hace desaparecer las contracciones del estómago que se deben al hambre (24); b) aumenta la secreción del jugo gástrico (25); c) modifica el color y la viscosidad del jugo duodenal (26), como también su riqueza en fermentos según la clase de alimento que se cree ingerir (27); d) modifica la secreción de la bilis (26); e) aumenta los glóbulos blancos de la sangre en forma igual a la leucocitosis que sigue a las comidas verdaderas (28); f) aumenta el nivel de glucosa en la sangre (29). Con ello, se ve que el tubo digestivo se prepara para digerir las comidas imaginarias, del mismo modo que se prepararía al ingerirse el mismo alimento. Obviamente, las reacciones difiere si el sujeto tiene hambre o está satisfecho.

Ha sido comprobada la influencia poderosa de las emociones sobre los procesos digestivos. Entre otros investigadores, Heillig y Hoff (30) hallaron que el jugo digestivo tenía una acidez mayor si se sugería la ingestión de una comida agradable en vez de una comida repulsiva al individuo bajo estado hipnótico; Wittkower (31) demostró la influencia de las emociones provocadas bajo estado hipnótico sobre la secreción biliar, afirmando que los factores psicológicos juegan un papel muy importante en las enfermedades del hígado y de las vías biliares, y Mohr (32) obtuvo una alteración del nivel de glucosa en la sangre mediante sugestiones de emociones fuertes.

También se han hecho estudios experimentales referentes a la función urinaria. Marx (33), por ejemplo, obtuvo un aumento de la secreción de orina, con disminución de la densidad de la misma, al dar sugestiones de ingestión de agua a un sujeto que sostenía y llevaba a los labios un vaso vacío. Otros (34) han obtenido modificaciones e la composición química de la orina (en cuanto a la excreción de cloruros, fosfatos y agua) al sugerir situaciones agradables o desagradables.

La posibilidad de influir en las funciones endocrinas y genitales bajo el estado hipnótico es bien conocida. Por ejemplo, se puede detener o provocar la menstruación, lograr la disminución de las secreciones vaginales, aumentar la secreción de leche en las madres, y prevenir el espasmo tubario que constituye una causa importante de esterilidad (35). Rodríguez López, Reynolds. Álvarez y Caldeyro Barcia (36) han tomado registros gráficos de las contracciones uterinas en el curso del parto, hallando que la contractibilidad irregular se regulariza con la inducción hipnótica y se vuelve nuevamente irregular al salir la mujer de la hipnosis. La sola inducción hipnótica (causando una estabilización emocional) es suficiente para producir muchos de estos efectos de normalización de las funciones genitales femeninas, no precisándose sugestiones especiales. Volveremos a este importante tema al describir la utilización del estado hipnótico para el tratamiento de los trastornos ginecológicos.

La glándula tiroides es particularmente sensible a la influencia de los estados emocionales, habiéndose comprobado que su actividad puede disminuir (con el consiguiente descenso mensurable del metabolismo basal) con las sugestiones de relajación y tranquilidad bajo estado hipnótico (37).

Las representaciones mentales sugeridas bajo estado hipnótico tienen una influencia considerable sobre el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Pueden obtenerse enrojecimientos o palideces (vasodilatación o vasocontricción) en diferentes partes del cuerpo, y es bien conocida la posibilidad de detener hemorragias. Este último fenómeno, ya logrado en los ambientes culturales primitivos por medio de las “encantaciones”, es actualmente provocado con gran frecuencia en la práctica de la hipnodontia (trabajo odontológico bajo estado hipnótico).

Se logran obtener numerosas modificaciones de la piel: manchas (máculas), lesiones en relieve (pápulas), puntos hemorrágicos (petequias) y urticaria. Un campo de estudio particularmente interesante se refiere a la influencia de las representaciones mentales sobre las reacciones alérgicas. La experimentación ha sido efectuada principalmente sobre la lesión alérgica más elemental y de más fácil contralor: la pápula o roncha que aparece en la piel en la zona en que se inyecta una mínima cantidad de alérgeno. Clarkson (38) ha impedido bajo estado hipnótico la aparición de esta reacción en una persona que anteriormente había reaccionado en forma muy violeta a la inyección de extracto de huevo. De igual modo, Marcus y Sahlgren (39) impidieron la aparición de reacciones cutáneas al extracto de polen, y Diehl y Heinichen (40) obtuvieron importantes variaciones en la magnitud de estas reacciones, que alcanzaron del 28 al 81 % de su valor medio. Estos fenómenos obligan a hacer una revisión de la interpretación algo simplista de la alergia que ha prevalecido hasta los últimos años.

6. Desempeño de papel

Es frecuente que el sujeto bajo estado hipnótico acepte la proposición de comportarse como si hubiese vuelto a un cierto período de su niñez. Habla un lenguaje infantil, identifica al operador con alguna persona a quien conoció en su infancia, describe su fiesta de cumpleaños, dando detalles acerca de los niños que asistieron a ella, los juegos que jugaron, los regalos que recibió “como si los estuviera viendo”, y expresa sus emociones con la espontaneidad de un niño.

Otras veces, habiéndoselo propuesto el operador, el sujeto procede como si tuviese mucha más edad de la que realmente tiene, al grado de presentar las reacciones que corresponden a la senilidad.

O puede asumir la personalidad de otro individuo, vivo o muerto, “viendo” a su alrededor el ambiente que pudo haber rodeado a este personaje, hablando como él hubiera hablado y expresando sus reacciones emocionales como las hubiera expresado él.

Estos fenómenos han sido descritos como una “regresión de edad”, una “progresión de edad” y una “transidentificación”, respectivamente.

En primer lugar, ha de recordarse que el sujeto bajo estado hipnótico tiene un estado psicológico comparable al de u niño que quiere complacer a sus padres. Si el operador le pide que “vuelva a su período de infancia”, o “se sienta otra persona”, etc., y si este pedido no es contrario a las convicciones profundas del sujeto (si lo fuese, saldría del estado hipnótico), el sujeto pondrá todas sus capacidades psíquicas en la representación de papel que se propone.

Los sujetos que tienen capacidad para la agudización de la memoria (fenómeno de la hipermesia) movilizan un caudal de recuerdos, a veces remotos y semi-olvidados, revelando conocimientos insospechados en lo relacionado con su papel. Si tienen la capacidad para exaltar su fantasía, éstas les sirven para llenar todas las lagunas que dejan los recuerdos. Si logran la imperfecta diferenciación entre el pensamiento propio y la realidad exterior, pueden “ver” y “oír” lo que proviene de las representaciones mentales que surgen de los recuerdos o de las fantasías. Y si son capaces de difundir estas representaciones mentales a su funcionamiento corporal, logran desempeñar el papel con todas las reacciones corporales que podrían corresponder a las situaciones creadas por él.

Los sujetos que tienen varias de estas capacidades a la vez, pueden lograr identificaciones muy notables con el papel que desempeñan. Por ejemplo, figuran en la literatura referente al hipnotismo, casos de sujetos, que al “revivir” su infancia “olvidaron” un idioma aprendido en la edad adulta (41), acertaron en la identificación simultánea de la fecha y el día de la semana en que tuvieron lugar muchos de los acontecimientos que representaban (42), respondieron a las “pruebas de inteligencia” como lo hubieran hecho los niños de esa edad, (43, 44) o presentaron ciertas reacciones psicosomáticas que habían experimentado en el pasado (45).

El desempeño de un papel bajo el estado hipnótico constituye una manifestación muy general y característica del hipnotismo. Uno de los investigadores en este campo, Sarbin (46), ha expresado un concepto original en cuanto al mecanismo de los fenómenos hipnóticos en general, diciendo que todos ellos derivan del “desempeño de un papel”, en la forma muy especial en que puede desempeñarlo una persona en estado hipnótico, con movilización de múltiples recursos físicos y psíquicos. Por ejemplo, el sujeto desempeñaría e forma más o menos perfecta, el papel de una persona incansable, de una persona sorda, de una persona que está comiendo, de una persona que ve determinados objetos inexistentes, etc., etc.

Recientemente apareció en los Estados Unidos de N. A. un libro de gran difusión bajo el título de The Search for Bridey Murphy (En Búsqueda de Bridey Murphy), escrito por el comerciante e hipnotizador aficionado Morey Bernstein (47), quien llevó a un estado hipnótico profundo a la Sra. Ruth Simmons, sugiriéndole la “regresión de edad” a etapas cada vez más tempranas de su infancia, hasta llegar al período pre-natal. Entusiasmada con su papel, y capaz de tener ricas fantasías, la sujeto luego pasó a describir su muerte y su vida en una previa encarnación en la personalidad de Bridey Murphy, una irlandesa que vivió hace aproximadamente 150 años, relatando cómo presenció sus propios funerales y dando detalles de su supuesta vida anterior, con mención de conocidos, calles, diarios y todo el ambiente que la había rodeado desde su muerte hasta su nacimiento. Estos “recuerdos” fueron grabados sobre cinta magnética, en base de lo cual se editó el mencionado libro.

Unos meses después de la salida del libro, que causó tanta sensación por suponérsele la revelación de algo sobrenatural, el Rdo. Wally White, de Chicago, que había conocido a la sujeto en su infancia, cotejó sus “recuerdos” con los hechos de su vida real, y escribió una serie de artículos que aclararon totalmente el misterio de esa “re-encarnación”.

Resulta que la sujeto había pasado toda su infancia entre irlandeses de Chicago, había bailado la jiga típica de Irlanda en la calle por unos centavos y también recitado poemas con un definido acento irlandés. Todos los nombres que mencionó en sus “recuerdos” bajo estado hipnótico provenían de esa colonia irlandesa entre la cual vivió cuando era una niña de siete años de edad.

Esta publicación es solamente notable como demostración de la agudeza de memoria para hechos, relatos, lecturas, etc., la vivacidad de fantasías, y la capacidad para coordinar recuerdos e invenciones en un todo armónico, que pueden existir en el estado hipnótico.

7. Acerca de la Naturaleza de los Fenómenos Hipnóticos

Como ya se ha indicado, el estado emocional hipnótico tiene entre sus atributos dos que interesan muy especialmente para la explicación de la naturaleza de la mayor parte de los fenómenos hipnóticos: la Sugestionabilidad y la Retrogresión a la psicología de la primera infancia.

Si bien la sugestionabilidad es uno de los factores que intervienen en la revelación de un determinado grupo de fenómenos hipnóticos, ella está muy lejos de ser una especie de fuerza mágica creadora de dichos fenómenos. Resulta extraño que este concepto, propio de épocas pasadas, todavía figure hoy en las publicaciones referentes al hipnotismo.

Recordemos que la sugestionabilidad ha sido definida (9) como “una especial motivación para aceptar, incorporar en uno mismo y ejecutar las proposiciones directas o implícitas de otra persona, la cual es equivalente a la motivación que tiene el niño para aceptar, asimilar y llevar a cabo las proposiciones de sus padres, cuando los padres proveen las caricias que el niño necesita en el momento o asumen una actitud autoritaria con él”. En el primer caso hablamos de una motivación “positiva” y en el segundo caso de una “negativa”.

El conjunto de los fenómenos hipnóticos logrados o logrables está limitado por la naturaleza del estado de retrogresión psicológica en sus diferentes niveles de profundidad. En cuanto a cada sujeto, intervienen también sus capacidades individuales, como también la modalidad positiva o negativa del estado hipnótico.

Para una mejor comprensión, los fenómenos hipnóticos pueden ser divididos e tres grupos fundamentales (48).
I. Los fenómenos que constituyen una función del estado de retrogresión psicológica (desencadenado por cualquier reacción emocional de intensidad aumentada), apareciendo espontáneamente o al ser propuestos por el operador.

II. Los fenómenos que aparece sin sugestión directa a su respecto, como efecto colateral de otras proposiciones, capaces de desencadenar estados emocionales en el sujeto.

III. Los fenómenos independientes de toda sugestión, que forman parte integrante del propio estado emocional hipnótico en sus modalidades “positiva” y “negativa”.

Los fenómenos del primer grupo pueden ser subdividido en precoces y tardíos.

Los fenómenos precoces corresponden a ciertas formas de comportamiento propias a la primera infancia y al período neonatal, siendo ejemplos típicos la catalepsia y la anestesia.

La capacidad de mantener diferentes partes del cuerpo en una misma posición durante largo tiempo y sin cansancio, existe en los infantes, desapareciendo e el transcurso de los dos primeros dos años de vida. Es bien conocida la postura espontánea del recién nacido que se duerme con los puños cerrados y sostenidos en el aire por arriba de su cabeza, siendo esto sólo un ejemplo de su capacidad general para mantener inmóviles sus miembros y su cuerpo e una misma posición por largo período de tiempo. Posiblemente ello constituya una prolongación de la catalepsia del feto manteniendo su posición arrollada en el útero.

Otro fenómeno, la anestesia, reinstala la escasa sensibilidad del recién nacido, que le permite tolerar las compresiones y las contusiones que resultan del trauma del parto, las aplicaciones de fórceps y las pequeñas operaciones quirúrgicas efectuadas sin anestesia en los primeros momentos de la vida extrauterina. Más tarde la madre logra anestesias con gran facilidad en el niño que se ha lastimado.

En el futuro, cuando los sujetos entran en estado estuporoso, es decir en una retrogresión psicológica hasta los primeros días de su vida, presentan como parte integrante de este estado y sin sugestión alguna, un gran descenso de su sensibilidad al dolor (anestesia) y una inmovilidad completa (catalepsia).

Cuando el sujeto se halla en un estado hipnótico más liviano, le resulta fácil reinstalar estos fenómenos precoces al recibir una simple proposición del operador a este respecto. Por ejemplo, el sujeto puede aceptar la proposición de levantar una mano, y luego mantenerla levantada, sin percatarse de este hecho durante toda la sesión. Para lograr la catalepsia total, buscada por los hipnotizadores teatrales, se precisa desarrollar la misma capacidad precoz mediante el entrenamiento.

Lo mismo se refiere a la anestesia, que puede ser una insensibilidad total, o una eliminación del componente psicológico de “angustia” resultante de la estimulación dolorosa.

Los fenómenos tardíos se relacionan con aquella etapa del proceso del desarrollo de la psiquis, en la cual el niño, tiene un funcionamiento psíquico muy similar al de los ensueños (oniroide), que le hace posible aceptar proposiciones extravagantes, confundir lo que es producto de su imaginación con lo que tiene existencia real, y experimentar alucinaciones.

Por el solo hecho de haber entrado e un estado de retrogresión a la psicología de la primera infancia, el sujeto bajo estado hipnótico readquiere esta modalidad de funcionamiento psicológico. El operador que le sugiere una alucinación (positiva o negativa, visual, auditiva, olfatoria, gustativa o cenestésica) no hace más que dar un tema aun mecanismo psicológico que el sujeto ya tiene con mayor o menor grado de desarrollo en sus diferentes aspectos. La aceptabilidad de este tema depende también del ambiente en que se encuentra el sujeto: un ambiente de experimentación o de la vida diaria.

Al grupo de los fenómenos más tardíos podemos referir la posibilidad de agudizar la memoria y de tener representaciones eidéticas.

El desempeño de un papel, en sus innumerables variantes, constituye un proceso fundado sobre varias peculiaridades del estado de retrogresión psicológica, interviniendo a la vez: la agudización de la memoria respecto a hechos experimentados personalmente o recogidos de relatos de otras personas, el aumento de la vivacidad de la fantasía, y aún las alucinaciones verdaderas.

El operador que solicita al sujeto el desempeño del papel de una persona que no oye, o el de un período de su infancia o senectud, etc., etc., se limita a dar una orientación hacia la cual el sujeto podrá canalizar el funcionamiento psicológico que tiene el momento. En el desempeño de un papel se pone e evidencia el hecho de que la persona e estado de retrogresión psicológica no se despoja de toda la experiencia que ha adquirido hasta la fecha.

El estado de retrogresión psicológica reinstala también la espontaneidad y falta de inhibiciones propias al niño.

Consideramos necesario destacar un hecho muy característico e importante que hasta ahora no hemos encontrado descrito como fenómeno o atributo del estado hipnótico: el negativismo (o actitud caprichosa). Este puede aparecer frente a cualquier proposición cuyo cumplimiento requiera el operador, presentándose e forma particularmente característica frente a la proposición de que el sujeto salga del estado hipnótico profundo con el fin de terminar la sesión hipnótica. En estas circunstancias el sujeto puede aparentar que no ha oído la proposición, o al insistirse en ella, adoptar la expresión de terquedad de un niño pequeño y sacudir la cabeza, diciendo categóricamente “¡No quiero!”. Es decir, pese a hallarse en estado hipnótico, el sujeto se niega a cumplir proposiciones, siendo ineficiente su sugestionabilidad. La única solución consiste en hacerlo pasar a un estado emocional hipnótico negativo y darle órdenes imperativas, como hacen los padres con sus hijos cuando éstos se vuelven negativistas.

Los sujetos que se han negado en tal forma a salir del estado hipnótico profundo, suelen dar las más diversas explicaciones (racionalizaciones) de por qué adoptaron esta actitud. Williams (49) ha reunido un número de casos de diferentes autores, de sujetos que no han querido salir del estado hipnótico profundo, dando luego las más diversas racionalizaciones a este hecho.

Fenómenos del segundo grupo. A éstos relacionamos las manifestaciones viscerales, como las referentes a las secreciones viscerales, como las referentes a las secreciones digestivas, urinarios o endocrinas, a las modificaciones motrices del pulso, de la respiración, del tubo digestivo, de los vasos sanguíneos, a las alteraciones térmicas, metabólicas, bioquímicas, etc., etc.

Es evidente que es imposible obtener estos fenómenos por sugestión directa, pues al decirse a un sujeto “Su páncreas segregará más insulina” o “Su peristaltismo intestinal se enlentecerá”, aun los sujetos que saben lo que es páncreas, insulina y peristaltismo, no pueden representarse mentalmente los mecanismos de dichos efectos, ni poner estos mecanismos en acción.

Estos fenómenos se logran por vía indirecta, como efecto colateral espontáneo de diversos estados emocionales, que pueden ser desencadenados e el sujeto mediante la sugestión de una idea o situación vinculada a la emoción (de modo directo o condicionado).

Por ejemplo, se puede hacer experimentar a un individuo en estado de retrogresión psicológica la alucinación de tener hambre y oler el aroma de un trozo de carne asada. Si le agrada la carne , dicho individuo experimentará un estado emocional que a su vez determinará un aumento de la secreción de los jugos digestivos, como ocurriría si el sujeto, sin estar bajo estado hipnótico, efectivamente tuviese hambre y oliese carne asada.

Gorton (20) ha indicado muy acertadamente que “no hay nada peculiar a la hipnosis en estas situaciones, excepto la manera en la cual la emoción es producida por medio de la sugestión”.

En las circunstancias expuestas, toda sugestión referente a las secreciones digestivas hubiera sido totalmente superflua. Sin embargo, es muy corriente que se den sugestiones superfluas de esta misma índole y se atribuya a éstas en forma totalmente injustificada el efecto obtenido.

Gorton (20) destaca un punto que ha estado sujeto a controversias: la posibilidad o imposibilidad de obtener una aceleración de los latidos cardíacos mediante la sugestión directa: “Su corazón está latiendo más rápidamente”, indicando que en la literatura, algunos autores afirman haber obtenido este efecto, mientras que otros o lo pudieron obtener.*

(*La literatura está repleta de contradicciones en cuanto a la obtención de fenómenos hipnóticos. Estas contradicciones son muy evidentes e el material recolectado por Weitzenhoffer (50).

Realizamos la experiencia de dar esa misma sugestión a veintitrés de nuestros sujetos. En veintiuno de ellos no hubo aceleración alguna de los latidos del corazón, mientras que en dos esta aceleración era franca. ¿No habrían estos últimos sujetos capaces de asociar por ellos mismos la aceleración cardíaca a alguna fantasía emocionalmente significativa, que les había producido aceleración cardíaca en el pasado? Les interrogamos acerca de lo que habían sentido cuando les dimos la proposición. Uno de ellos relató que se había imaginado que se hallaba mirando hacia abajo desde una gran altura y que alguien le había dado un leve empujón sobre el hombro. El otro dijo haber sentido una vaga inquietud, que le parecía deberse a algo, pero que él no podía darse cuenta exactamente a qué se debía.

Este sencillo experimento indica que algunos individuos que reciben una sugestión directa respecto a un fenómeno visceral pueden cumplirla solamente por su capacidad para asociar espontáneamente este fenómeno a una emoción vinculada con él.

Fenómenos del tercer grupo. Estos no tienen que ver con sugestiones directas o indirectas, sino derivan de la naturaleza emocional del estado hipnótico “positivo” o “negativo” en sí.

El estado emocional hipnótico positivo, que definimos como resultado de la “estimulación condicionada del mismo estado emocional que el sujeto experimentaba en su infancia al recibir las caricias y arrullos de su madre cuando él los necesitaba” (51), tiene un efecto espontáneo de estabilización emocional que se traduce por una relajación muscular y una regularización y normalización de las funciones viscerales que previamente habían estado alteradas por causas psicógenas.

El sujeto en estado emocional hipnótico positivo de cierta intensidad adopta una posición de relajación en la cual sus miembros y su cuerpo descansan con un mínimo de contractura muscular, sus líneas faciales se alisan y sus movimientos superfluos desaparecen, reduciéndose también la frecuencia del pulso y de la respiración, particularmente si ésta había estado aumentada por motivos emocionales antes de la inducción del estado hipnótico.

Todo esto es logrado por las inducciones hipnóticas maternas que ya han sido descritas detalladamente en el Capítulo II (El Estado Hipnótico), y que son vitalmente imprescindibles para la sobrevida y el desarrollo normal en la infancia. El mismo proceso se observa hasta en los diferentes mamíferos.

La estabilización emocional hipnótica determina beneficios psicoterapéuticos que muchas veces son atribuidos injustificadamente a sugestiones.

Las reacciones emocionales, alteradoras y estabilizadoras, experimentadas en circunstancias diversas de la vida cotidiana, ejercen poderosa influencia sobre los procesos naturales de adaptación y recuperación.

Es bien sabido que las emociones pueden, por un lado, originar y agravar las enfermedades y por otro lado, no sólo apresurar los procesos curativos, sino a veces ejercer un efecto tan espectacular que se tiende a hablar de “curaciones inexplicables” o “milagrosas”.

Precisamente, el estado emocional hipnótico de modalidad positiva o estabilizadora (tanto espontáneo como deliberadamente inducido) tiene la importantísima cualidad de favorecer las complejas funciones nutritivas, adaptativas y recuperadoras del organismo.

Esto beneficia no solamente a los pacientes catalogados como “funcionales” o “nerviosos” o “psicosomáticos”, sino también, y e forma principal, a las personas con enfermedades definidamente orgánicas, pues en toda enfermedad orgánica juega un papel sumamente importante el sistema neuro-vegetativo

Un ejemplo típico es el de los enfermos con lesión reciente de infarto de miocardio quienes, al ser llevados a un estado hipnótico positivo por medio de una estimulación suave y arrulladora, experimentan rapidísimamente la desaparición del dolor debido a su lesión cardíaca orgánica. A la vez, se acelera muy notablemente el proceso de su adaptación y recuperación.

También la sola inducción de un estado hipnótico positivo resulta extremadamente beneficiosa e los post-operatorios, eliminando en forma muy evidente el sufrimiento que habitualmente sigue a cualquier operación y haciendo más breve la convalecencia.

Un efecto particularmente llamativo es la eliminación del hipo de los operados del abdomen, aun el hipo severísimo, de varios días de duración, que no cede a ningún medicamento y hace imposible la alimentación y el reposo, al extremo de convertirse en un peligro para la vida del enfermo.

Del mismo modo se logra hacer cesar los accesos de asma, los accesos de jaqueca, los vómitos de las embarazadas, e innumerables otros trastornos.

Merece especial atención el hecho de que la acción farmacodinámica de diversos medicamentos se torna diferente según la modalidad de la reacción emocional en que se encuentra el individuo mientras está actuando la droga. (Este tema será considerado detenidamente más adelante.)

Un fenómeno espectacular se refiere a la detención de hemorragias.

Frecuentemente los odontólogos, habiendo inducido el estado hipnótico en un sujeto y obtenido una anestesia, le dan la sugestión de que no perderá o perderá muy poca sangre.

Efectivamente, los sujetos que logran una insensibilidad total o una eliminación del componente emocional del dolor, tienen un mínimo de pérdida de sangre al hacérseles una extracción de muelas. A primera vista se trata de un resultado casi mágico de la sugestión.

Para el esclarecimiento de este punto, los autores hicieron un experimento en una clínica odontológica, tomando seis sujetos fácilmente hipnotizables, en quienes se iba a hacer extracción dentaria. Se les dio solamente la sugestión de que sentiría cómo trabajaba el doctor, pero no sentirían dolor...que no le prestarían atención alguna...o si llegaban a sentir algún dolor, éste no les molestaría y lo tolerarían bien...

No se dijo absolutamente nada referente a la pérdida de sangre. Como resultado, en la totalidad de los casos, la pérdida de sangre fue mínima, prácticamente insignificante, pese a que hubo extracciones de raíces técnicamente difíciles.

Esto indica que la sugestión de reducción de la pérdida de sangre es superflua y la reducción de esta pérdida es un componente de la estabilización emocional hipnótica o un efecto colateral de la anestesia. Es un hecho conocido que las emociones violentas como la ira y el dolor, pueden aumentar la adrenalinemia, lo que favorece las hemorragias. La tranquilización mediante el estado emocional hipnótico positivo ejerce un efecto contrario.

Las repercusiones viscerales espontáneas de las modalidades positiva y negativa del estado emocional hipnótico constituyen un campo casi inexplorado para la investigación, que tiene la máxima importancia, pues ofrece la posibilidad de aclarar los mecanismos que intervienen en la producción de las enfermedades psicosomáticas y los efectos psicoterapéuticos del estado emocional hipnótico en sí (53).

Al explicarse los fenómenos hipnóticos como consecuencias naturales y normales del estado emocional hipnótico y de la retrogresión psicológica, se eliminan los supuestos poderes misteriosos de la sugestión. La sugestión queda relegada al modesto rol de un papel de tornasol que solamente revela el estado psicológico en que se encuentra el individuo en estado hipnótico en el ambiente de experimentación.

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